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¿Señales de vida extraterrestre? [OPINIÓN]

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TEXTO PUBLICADO El 7 DE FEBRERO DE 2019 EN EL PERIÓDICO EL NACIONAL

En días pasados, la comunidad científica provocó revuelo entre la población de todo el mundo al dar a conocer que un grupo de astrónomos revelaban detalles respecto a señales misteriosas que emanan de una galaxia lejana, captadas por un telescopio ubicado en Canadá.

Se trata de 13 ráfagas rápidas de ondas de radio, conocidas como FRB (por sus siglas en inglés). En un principio, sólo revelaron que las ondas de radio provenían de una galaxia lejana, pero su naturaleza exacta y su fuente todavía es desconocida para los científicos. Entre las 13 ráfagas de radio FRB, había una señal de repetición muy inusual, proveniente de la misma fuente a unos 1.500 millones de años luz de distancia.

Tal evento ha sido reportado sólo en una ocasión anteriormente por un telescopio diferente al del observatorio Chime, por lo que la astrofísica de la Universidad de British Columbia (UBC) ha externado que “saber que hay otro [evento sonoro] sugiere que podría haber más por ahí […] Y con más repetidores y más fuentes disponibles para el estudio, podremos entender estos enigmas cósmicos, de dónde provienen y qué los causa”, añadió.

El observatorio Chime, ubicado en el valle de Okanagan en la Columbia Británica de Canadá, consta de cuatro antenas semicilíndricas de 100 metros de largo que exploran todo el cielo del hemisferio norte diariamente.

El telescopio del observatorio Chime se puso en marcha en 2018, y de manera casi inmediata detectó 13 del total de explosiones de radio, incluida la repetitiva.

“Hemos descubierto una segunda señal repetitiva y sus propiedades son muy similares a la primera”, dijo Shriharsh Tendulkar, de la Universidad McGill de Canadá, “esto nos dice más acerca de las propiedades de las repetitivas”, apuntó.

Las FRB son destellos cortos y brillantes de ondas de radio que parecen provenir de una región del centro del Universo.

Hasta ahora, los científicos han detectado aproximadamente 60 ráfagas de radio rápidas únicas, y dos que se repiten. Pero creen que podría haber hasta un promedio de 1.000 FRB todos los días.

Una parte de la comunidad científica asegura que se trata de una señal proveniente de una civilización más avanzada a la nuestra y que, envía un mensaje codificado en un lenguaje avanzado para nosotros.

¿Podrá ser esto cierto?

Contactar con extraterrestres fue uno de los usos propuestos por los creadores de los primeros sistemas inalámbricos para enviar información a distancia. A principios del siglo XX, Guglielmo Marconi, uno de los creadores de la radio, creía que esa tecnología se podía emplear para comunicarse con los habitantes de Marte y recibir sus señales. En agosto de 1924, el Gobierno de Estados Unidos declaró un día nacional de silencio radiofónico para buscar este tipo de señales y pidió a los ciudadanos que durante 36 horas apagasen cinco minutos cada hora sus aparatos de radio. Se trataba así de evitar interferencias que ocultasen posibles mensajes marcianos que nunca llegaron.

Desde aquellos primeros intentos de búsqueda de inteligencia extraterrestre, nuestra visión del espacio se ha transformado. Las sondas que han fotografiado Marte desde su órbita y han aterrizado sobre su superficie muestran un desierto gélido sin rastro de civilización. Expediciones similares por todo el Sistema Solar y décadas de detección de todo tipo de señales electromagnéticas sugieren que, salvo que sean extremadamente discretos, no hay alienígenas con sistemas de telecomunicaciones en nuestro vecindario.

La comunidad científica asegura que las posibilidades de encontrar mundos habitados con formas de vida similares a la raza humana son casi ilimitadas. Se estima que solo en nuestra galaxia hay alrededor de 200.000 millones de estrellas y que en todo el universo hay un número similar de galaxias. Son muchas oportunidades para que, en un cosmos con las mismas reglas físicas, surja la inteligencia como lo hizo en la Tierra. Sin embargo, esa misma exploración ha mostrado que el universo es inmenso y que está, fundamentalmente, vacío.

Pese a la frustración, los seres humanos siguen buscando inteligencias extraterrestres, a veces sin poner límites a la imaginación. En octubre de 2015, se supo que el telescopio Kepler había detectado un oscurecimiento peculiar en el brillo de la estrella KIC 8462852. Aquel sol, que se encuentra a 1.480 años luz, pero forma parte de la Vía Láctea, parecía tener a su alrededor algún objeto extraño, distinto de los planetas extrasolares que busca Kepler. Fue entonces cuando Jason Wright, un astrónomo de la Universidad Penn State (EU), planteó que aquellas observaciones podían tener su explicación en una mega estructura creada por una civilización más avanzada que la humana para aprovechar la energía de la estrella. Un análisis realizado por 200 astrónomos y publicado en una revista científica descarta este tipo de construcción y considera más plausible que las distorsiones hayan sido causadas por el choque de dos cometas o por algún tipo de convulsión interna del astro.

No es la primera vez que se introduce a probables alienígenas en la explicación de una observación científica peculiar. Una de las más famosas es la que rodeó la detección de unas extrañas señales en el verano de 1967. Jocelyn Bell, una estudiante de doctorado en la Universidad de Cambridge (Reino Unido), llevaba semanas observando el cielo con un gran radiotelescopio. Un día de agosto, Bell observó algo que no coincidía con las fuentes de señales de radio conocidas en el universo. Y tampoco parecía una interferencia. Tras semanas de estudio, identificó su origen en una región particular del cielo y comprobó que aquella fuente vibraba con una velocidad más propia de una señal artificial que de un objeto natural conocido. Durante un tiempo, aunque no fue la primera hipótesis, no se descartó del todo que aquellos pulsos fuesen la primera evidencia de inteligencia extraterrestre. Al final, se comprobó que la señal provenía de una estrella de neutrones, un objeto desconocido hasta la fecha.

Pocos años después, el radiotelescopio Big Ear, en Ohio, recibió una intensa señal de radio de 72 segundos que provenía de la constelación de Sagitario. Sus características coincidían con lo que se esperaba de una señal fruto de algún tipo de tecnología de telecomunicación, pero no se pudo detectar de nuevo. Aquella señal, bautizada como “Wow” por la expresión que escribió su descubridor sobre el papel en el que quedó registrada, es aún lo más parecido a un mensaje extraterrestre que se ha recibido en la Tierra.

La explicación comenzó a darse casi 40 años después, 2016, cuando un equipo del CPS sugirió que la señal podía proceder de la nube de hidrógeno que acompaña a un cometa y, además, el movimiento del cometa explicaría por qué la señal no volvió a verse. Los astrónomos señalaron que había dos cometas en la misma parte del cielo que Big Ear estaba monitorizando aquel día. Esos cometas, P/2008 Y2 (Gibbs) y 266/P Christensen, no habían sido aún descubiertos. Los investigadores obtuvieron una oportunidad de comprobar su idea cuando los dos cometas aparecieron de nuevo en el firmamento, entre noviembre de 2016 y febrero de 2017.

Los científicos informan de que las señales de radio de 266/P Christensen encajan con la señal “Wow!” de hace 40 años. Para verificar sus resultados, comprobaron las lecturas de otros tres cometas también, encontrando resultados similares. Los investigadores reconocen que no pueden afirmar con certeza que la señal “Wow!” fue producida por el cometa 266/P Christensen, pero pueden afirmar con relativa seguridad que fue generada por un cometa.

 

¿Existe la vida extraterrestre?

Tiempo al tiempo

Amos Oz, 76 años de literatura

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Hombre inteligente, sensible y deseoso de encontrar la paz entre los pueblos de Israel y Palestina, Amos Oz (Jerusalén, 1939-2018), fue uno de los escritores israelíes más importantes <<de la narrativa de nuestros días>>, quien estuvo siempre a favor del diálogo y tuvo una visión más justa sobre la tragedia que se vive en Medio Oriente.

Su literatura –suave, envolvente– parte del principio de meterse en la piel del otro, esa que implica ver el punto de vista del hermano o del adversario, y la razón que pueden tener sus acciones. Un ejercicio que nos permite precisamente entrar en la mirada de “lo que no soy” y desde ahí entender a ese “otro”, de desdoblarnos en diferentes personajes, comprender el universo de las perspectivas; una composición notable en la obra de este escritor, combatiendo así el fanatismo de grupos extremistas.

Descendiente de una familia de emigrantes rusos y polacos, se destacó, hasta el último día de su vida, por ser un autor políticamente correcto al analiza las circunstancias en las que se encuentran Israel, Palestina y toda la región de Oriente Próximo con un gran sentido de justicia a favor de la paz, de la coexistencia pacífica al permitir una apertura a la dimensión trágica de la existencia; la cual consideraba él, ha perdido la humanidad.

Los libros de Oz, nos hablan de personajes melancólicos, abatidos, que rememoran el pasado y terminan tristes, pero vivos; en palabras del escritor José Gordon diremos que <<busca soluciones chejovianas>> a las tragedias que se viven en su país, donde prefieren las soluciones shakespearianas (personajes bañados de sangre sobre el escenario con la justicia “poética”[1] levitando por encima de ellos).

Amos Oz utilizó la lengua hebrea como un brillante instrumento para el arte literario, y para la revelación certera de las realidades más acuciantes y universales de nuestro tiempo, así como también fue, una “voz que clamó en el desierto” por la coexistencia en paz y respeto mutuo de los pueblos judío y árabe, mediante un acuerdo histórico basado en la fórmula de dos estados nacionales para una solución justa a través del diálogo entre hermanos.

Las obras de este escritor suman múltiples novelas y numerosos artículos y ensayos; mismas que se han traducido a diversas lenguas.

Considerado uno de los maestros de la prosa hebrea moderna, estudió Filosofía y Letras en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Desde entonces compaginó la escritura con la docencia, además de ser ensayista y periodista, y participó como profesor visitante en la Universidad de Oxford y fue titular de Literatura en la Universidad Ben Gurión en Beer Sheva, Israel, donde se desempeñó como catedrático de Literatura Hebrea Moderna.[2]

En México, Editorial Siruela ha publicado de este autor su ensayo Contra el fanatismo, y las novelas: Una pantera en el sótano, Un descanso verdadero, El mismo mar, Una historia de amor y oscuridad, De repente en lo profundo del bosque (publicada también por el Fondo de Cultura Económica), y No digas Noche.

Esta última, escrita con magistral hondura, nos relata una misma historia contada desde dos puntos de vista distintos, como dije desde un principio, Amos Oz nos hace situarnos con sus novelas en los ojos de Él, Ella y del Otro; Teo, un hombre inteligente, maduro y vital, conoce durante su estancia en América Latina a Noa, una mujer lista, quince años más joven que él, sensual y apasionada. Ellos dos son los encargados de platicarnos su vida, un mismo acontecimiento, temas seculares quizás, sin embargo, dejan huella en lo más profundo de la vida por cómo está contada y estructurada la narración, en eso radica la importancia de la obra de Oz, ya que lo que percibe y siente Teo no es lo mismo que siente y percibe Noa; porque de eso se trata la vida.

No digas Noche nos lleva de la mano a conocer el modo de vida de un Israel envuelto en conflictos, guerras, inmerso en una sociedad acelerada y en un sistema globalizado. Tanto desastre en tierras tan nobles, ha producido olvido en las tradiciones bíblicas de sus habitantes, es así como Amos Oz nos habla del Sabbath,[3] de una fiesta llamada de los Tabernáculos,[4] de los paisajes hebreos y de un pueblo que por tradición es judío y por costumbre ignora sus raíces.

Un libro que te comunica emociones; Teo nos narra sus vivencias; Noa sus sueños y frustraciones; él nos cuenta su vida en Perú, Centroamérica y el inolvidable México hasta toparse a Noa en Caracas, Venezuela. La mágica Noa pierde su brillo con los años junto a Teo; él se vuelve monótono y triste como el desierto que contempla día a día; y un tercer narrador omnisciente les hará compañía en su historia que al final sigue igual: triste, pero con vida, con esperanza, en medio de un desierto, dejando al lector como un personaje más en esta avasallante novela.

Amos Oz, más que escritor, fue un intelectual que abogó por la paz entre israelitas y palestinos y denunció el fatalismo; galardonado en junio del 2007 con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, su repentina muerte durante los últimos días del 2018, deja un vació en las letras universales imposible de llenar, elevando su literatura a una portentosa obra de arte universal.

Sobre su trabajo él mismo dijo que si tuviera que decir en una sola palabra de qué trata su obra literaria, ésta sería <<familias>>. “Si fuera en dos, diría: <<familias infelices>>. Si fuera en más de dos palabras, tendrían que leer mis libros”, añadió Amos Oz.

Sin duda alguna, cualquier libro de Amos Oz los sorprenderá gratamente amigo lector, porque fue de esos poquísimos escritores que poseyó el talento narrativo de una “voz que clama” en nuestro desierto interno, y que llenó como ninguno tantas hojas y hojas con sus obras, relatos y ensayos.

[1] En este caso el sentido poético lo coloco entre comillas, porque los extremistas lo confunden con fanatismo y en eso no hallamos nada de poesía.

[2] Párrafo con información de la redacción de El Universal.

[3] Día séptimo de la semana, que en el relato bíblico Dios ordena para descansar del trabajo. La tradición hebrea nos habla del sábado.

[4] Una de las siete fiestas anuales que Dios dio a su pueblo y que vienen consignadas en Levítico 23.

*Fotógrafo, escritor y periodista mexicano. Cursó estudios de Comunicación y Periodismo (UNAM). Colabora para revistas culturales, literarias, páginas web, diarios y es coordinador de Comunicación de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana.