Archivos Mensuales: agosto 2007

Poeta nicaragüense de nombre Salomón de la Selva

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Salomón de la Selva nace en una de las ciudades más importantes de Nicaragua el 20 de marzo de 1893, León. Localidad situada a escasos kilómetros del pacífico en aquel país, que lo acogió con su ambiente tropical en sus primeros 12 años de vida. Desde muy niño dio muestras de una agudeza mental y una firmeza en sus creencias, que lo acompañarían todo el tiempo como sus características más notables. Excelente orador y poseedor de un bagaje cultural amplio.

Se ganó sorpresivamente la admiración del general José Santos Zelaya, presidente de la República de Nicaragua (1893-1909). El general Zelaya le ofreció a los 12 años de edad una beca para estudiar en la ciudad de Nueva York, EE. UU. Aquella primera salida al extranjero influiría radicalmente en el futuro poeta.

Ya en la nación anglosajona, el joven Salomón, se ve empujado a ejercer varios oficios al concluírsele la beca junto con la presidencia de Zelaya. De mensajero a mesero, de mesero a vendedor de periódicos, de vendedor de periódicos a encargado de abarrotes, de encargado de abarrotes a ayudante en los muelles de Nueva York…

Diversos empleos ejecutó con diligencia, no pasaron muchos años para que aprendiera con maestría el inglés, hablándolo como si de su lengua materna se tratase; primaveras más adelante publicó su primer libro en este idioma, Tropical Town and Other Poems (1918), en esa misma fecha, antes de concluir la Primera Guerra Mundial, se alista en el ejército y lucha en Europa bajo la bandera de Jorge V con el objetivo de emigrar al Viejo Continente –su abuela era inglesa-, esta experiencia bélica le serviría para que cuatro años más tarde dé a conocer El soldado desconocido (1922), su obra más reconocida y valorada.

La miseria humana que trajo la Guerra Mundial, y que fue registrada en la mente del poeta, se vio reflejada a través de un espejo nítido para: contemplar la textura de la muerte, la sudoración que produce la desesperanza y el frío en los ojos dejado por la derrota personal en un valle desolado, resultado de la frustración.

Grandes escritores perdieron la vida en el campo de batalla, el alemán Trakl, el francés Apollinaire; y otros tantos, como Eluard, quedaron dañados por los efectos de las sustancias químicas. Esa primera Gran Guerra asentó las bases de una nueva generación de artistas del siglo XX, puede decirse que es una literatura sin fronteras, con una particular riqueza creativa y una libertad de imaginación que presentan excepcionales caracteres de universalidad. Erich Maria Remarque sacó literalmente el demonio traído por el Conflicto, Thomas Mann hizo lo propio al igual que Franz Kafka, James Joyce o Marcel Proust; cada uno a su manera.

Para Salomón de la Selva la Primera Guerra Mundial fue, sin duda, la mayor catástrofe que hasta entonces recordaba, dejándole como saldo un conjunto de poemas directos, prosaicos y en un tono de brutalidad que buscan la rima. El soldado desconocido: el relato bélico contemplado por un soldado.

En su madurez, realizó insuperables traducciones de poetas griegos y a través de su obra presenta las culturas y tierras americanas que a lo largo de su existencia fueron la base de su inspiración. Gran parte de su vida transcurre en México, país en el que publica la mayoría de sus trabajos, ocupando distintos cargos públicos dentro de la administración federal para más tarde partir a Europa como embajador de su nación ante el Vaticano.

Fue también un excelente prosista, además que la totalidad de su producción poética quedó dispersa en folletos, periódicos y revistas en por lo menos un cuarteto de idiomas; escribió una única novela, La vida de San Adefesio (1932) con alto contenido autobiográfico.

En 1952 aparece en México su magno relato Ilustre Familia, 1000 ejemplares numerados financiados por el entonces presidente Miguel Alemán Valdés (Salomón era asesor político del mandatario), con tal alarde de recursos tipográficos, que se ha convertido en una verdadera joya de la tipografía mexicana. En él, el autor plasma su afición por la Grecia antigua.

Salomón de la Selva engendró dos hijos, uno de ellos, el menor, lo procreó con la artista alemana Betty Schroeder. En el otoño de 1995 conocí, en el puerto de Veracruz, a Juan de la Selva Schroeder, hijo del poeta nicaragüense, hombre culto con quien atesoré una amistad sincera hasta su fallecimiento en 2005.

Sosteníamos pláticas interminables en las que abordábamos diversos temas aderezándolos con las anécdotas de su padre, él puso en mis manos un ejemplar de El soldado desconocido y me obsequió, meses previos a su muerte, la Ilustre Familia, un portento de obra erudita y visual de la que por cierto, se conservan contadas piezas, además de mostrarme el valor de la obra salomónica.

En 1959 la muerte sorprende en París a Salomón de la Selva, a los 66 años. El único que se ocupó de él, con motivo de su fallecimiento fue Alí Chumacero, quien escribió un obituario en el que se refiere a los escasos libros que publicó el poeta y los periodos tan largos de publicación entre libro y libro que dispersaron su obra, hasta el anonimato.

Pedro Henríquez Ureña, Xavier Villaurrutia, Salvador Novo y José Emilio Pacheco reconocieron el trabajo de De la Selva como “un fundador de nuestra vanguardia, inaugurando la ‘antipoesía’, que tiene en el prosaísmo uno de sus rasgos expresivos más importantes”.[1] Octavio Paz epilogó de él: “Fue el primero que en lengua española aprovechó las experiencias de la poesía norteamericana contemporánea; no sólo introdujo en el poema los giros coloquiales y el prosaísmo sino que el tema mismo de su libro único –El soldado desconocido– también fue novedoso en nuestra lírica: la primera guerra vista y vivida”.[2]

Pienso que no cabe mejor muestra de la labor de Salomón de la Selva, primer traductor al inglés de Rubén Darío, que su poema titulado La bala: “La bala que me hiera/será bala con alma./El alma de esa bala/será como sería/la canción de una rosa/si las flores cantaran,/o el olor de un topacio/si las piedras olieran,/o la piel de una música/si nos fuese posible/tocar a las canciones/desnudas con las manos./Si me hiere el cerebro/me dirá: Yo buscaba/sondear tu pensamiento./Y si me hiere el pecho/me dirá: ¡Yo quería/decirte que te quiero!”[3]


[1] José Emilio Pacheco, “Notas sobre la otra vanguardia”, en Revista Iberoamericana, núms. 106-107, enero-junio de 1979.

[2] Octavio Paz, “Epilogo”, en Laurel, 2da. Edición, Trillas, México, 1986, p. 496.

[3] Salomón de la Selva, “El soldado desconocido y otros poemas”, Fondo de Cultura Económica, México, 1989, p. 73.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano. Cursó estudios de Comunicación y Periodismo (UNAM). Colabora para revistas culturales, literarias, páginas web y periódicos de circulación nacional.
jorgeivangg@hotmail.com

Amélie Nothomb: una renovadora de las letras europeas

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Amélie Nothomb (1967), escritora sardónica, grafómana, que desde su aparición en la escena literaria en 1992 con Higiene del asesino, inyectó vitalidad en la narrativa francófona con la creación de un mundo propio, lúcido e hilarante.

Aprendió el dominio de la lengua japonesa en sus primeros años de vida, ya que su padre fue diplomático en el Extremo Oriente, lo que la ayudó para trabajar como intérprete en Tokio; esta primera experiencia en el mercado laboral japonés le serviría para incorporar elementos en su tan afamada novela Estupor y temblores, en la que deshila la madeja de la jerarquización de nuestros sistemas económicos.

Desde muy corta edad dio muestra de su ingenio, humor, y su habilidad para crear universos, historias, vidas paralelas en un mundo real, lo que la ha convertido en una de las escritoras más diestras y prolíficas del Viejo Continente.

Su universo, esencialmente femenino, se lee de tirón, como todos sus libros que resultan hipnóticos. Sus atributos principales como autora son, la de ser una excelente narradora de historias cortas, y la de ser una exagerada.

Existen dos características más en sus textos: Nothomb escribe a partir de sí misma, es como si se considerara el Centro del Universo y sus obras giraran en torno a ella en un tono ingenioso, sencillo y sorprendente. La otra característica, es la voz cantante que llevan sus personajes femeninos, la protagonista siempre es “ella” –una mujer–, la lista, inteligente, sagaz, enigmática y bella.

Además de las cualidades que ya he nombrado, la joven escritora cultiva obsesiones nada desapercibidas, como los nombres que les da a sus personajes, que van desde el más autobiográfico “Amélie”, hasta los significativos y extravagantes “Plectrude”, “Pannonique” o “CKZ 114”.

Su trabajo lo dividiré en dos bloques. En el primero, encontramos las historias de “ficción” o “fábulas” humanas. En el segundo bloque, entran las de corte autobiográfico; bloques que se mezclan entre sí.

Higiene del asesino, su opera prima, se mueve dentro del bloque de la “fábula”, su autora nos describe la crueldad, el cinismo y la ambigüedad de un anciano convertido en enemigo intransigente de las entrevistas, dada su condición de “premio Nobel de literatura”.

Este ácido personaje de nombre Prétextat Tach, le quedan dos meses de vida y, únicamente cinco periodistas tendrán la “oportunidad” de entrevistarlo antes de su muerte. Los cuatro primeros emisarios son despachados rápidamente por la arrogancia, el desprecio y la capacidad destructiva del señor Tach, que los somete a toda clase de humillaciones. La última escena gira en torno a la quinta entrevista que le realizan al misógino literato. Nina, una periodista desafiante, en la que la sombra de Nothomb resurge para sostener un magistral duelo dialéctico con su alter ego: Prétextat Tach.

Esta clase de juegos psicológicos, los efectúa Amélie Nothomb con su persona dentro de los relatos que construye, insuflando sus deseos de verdugo en intentos de asesinato metafórico. Precisamente el hilo conductor de sus novelas es la metáfora eterna de la muerte. Ya sea que utilice sus propias experiencias para mimetizarlas al papel (autobiografías), o emplee avatares salvajes, seductores, que luchan contra el destino que impone la sociedad del siglo XXI (fábulas); Nothomb denuncia las manías y el sufrimiento humano a través de los roles víctima-verdugo que ella misma se asigna.

Amélie Nothomb <<se ha convertido en una de las autoras francesas más populares y de mayor proyección internacional>>, galardonada con el Gran Premio de la Academia Francesa,[i] Premio Internet,[ii] Premio Arcebispo San Clemente[iii] y el Premio Cultural Leteo.[iv]

Sus habituales reflexiones sobre la belleza, la religión, el poder, su relación con la comida, la identidad, el intercambio de papeles o su manía de creerse dios, han hecho que la prosa cruel, perversa, de un terror psicológico y cargada de humor negro de Amélie Nothomb, estén actualmente renovando las letras europeas y convirtiéndola en una de las autoras de lengua francesa más populares y de mayor proyección internacional.


[i] Otorgado por su novela Estupor y temblores, que obtuvo un éxito impresionante en Francia y el resto de Europa.

[ii] Otorgado por primera vez por los lectores internautas.

[iii] Premio Arcebispo Juan de San Clemente, por su novela Metafísica de los tubos.

[iv] En 2006 se le otorgó por el conjunto de su obra, representativa según el jurado, de la mejor literatura de nuestros días.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com
 
Este artículo fue publicado en:
http://www.lajornadaguerrero.com.mx/2010/12/12/index.php?section=opinion&article=005a1soc
 
Revista “Desde el Sótano” Diciembre 2007

La iniciación, la exclusión y el fatalismo marroquí, en los ojos de Ben Jelloun

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El siguiente texto, es un extracto del testimonio verídico de Khadidiatou Diallo, mujer africana, militante en Francia de la asociación Grupo de Mujeres parala Aboliciónde las Mutilaciones Sexuales (GAMS):

“Nunca me olvidare de ese día. Fue en 1966. Yo tenía 12 años y mi hermana diez. Como todos los veranos, estábamos en casa de nuestros abuelos paternos, en una aldea a15 kilómetrosde Bamako. Una mañana temprano fuimos a ver a mi tía, la hermana de mi padre, a quien siempre queríamos visitar, pues nos consentía mucho.

“Yo no sospechaba nada. Mi tía me llevo al baño y ella y varias mujeres más se abalanzaron sobre mí, me agarraron, me tumbaron y me separaron las piernas. Yo gritaba. No vi el cuchillo, pero sentí que me estaban cortando. Había mucha sangre. Lloré, pero me decían ‘no hay que llorar, es una vergüenza cuando una llora, ahora eres una mujer, lo que te hemos hecho no es nada’. Empezaron a dar palmas y me vistieron con un paño blanco. No me pusieron ninguna venda, sólo algo que habían preparado con aceite de karité y hojas. Le tocaba a mi hermana menor. La oí llorar y pedirme auxilio y eso me hizo sufrir aún más.

“Me embarga un sentimiento de odio y de rabia. Me case a los 22 años. Nunca pude decir que me faltaba algo en mi cuerpo, porque no se admitía que una mujer expresara sus deseos de placer. No es una herida, sino una verdadera mutilación; una herida se cura, pero con la mutilación se pierde algo para siempre”.

Según cálculos dela OrganizaciónMundialdela Salud(OMS), más de 130 millones de mujeres han sido víctimas de mutilaciones sexuales y, anualmente, dos millones de niñas corren el riesgo de sufrir esas prácticas. Existen 28 países del África, y dentro de las comunidades de inmigrantes en Europa, Australia, Canadá y Estados Unidos, que las llevan a cabo.

La mutilación sexual femenina –conocida como excisión–, consiste en cortar la piel que recubre el extremo del clítoris o la extirpación (ablación) de este órgano y, a menudo, se amputa parte de los labios menores. Otra mutilación mucho más extrema es la de la infibulación,[i] es una excisión completada con la ablación de los labios mayores, cuyos muñones se suturan de un extremo a otro, dejando un pequeño orificio para permitir el paso de la orina, el flujo menstrual y más adelante, permitir la penetración. Esta práctica tiene graves consecuencias: hemorragia, anemia, retención de líquidos, infecciones pélvicas y desgarramientos en el parto. Se ha considerado que dicho ritual no tiene vinculación con religión en particular, tribus animistas, judíos, cristianos y musulmanes la practican, siendo esta última la más identificada con este rito considerado de transición.

En este marco, el escritor Tahar Ben Jelloun (Fez, 1944), crea una escritura donde pone en escena temas tabú que hacen emerger un lenguaje prohibido para el islam, relacionado con el cuerpo, la sexualidad, los mitos ancestrales, las leyendas magrebíes, los problemas sensibles de la sociedad contemporánea, como la situación preocupante de la mujer en el mundo árabe con respecto a la exclusión o la mutilación sexual como rito iniciático.

Ben Jelloun se nutre de la rica tradición árabe para construir historias, relatos que se dejan gobernar por los desórdenes de la memoria y la insubordinación de la imaginación, y se alejan del esquema de la novela tradicional, enlazando la tradición oral de Las mil y una noches y de los cuentacuentos de los zocos,[ii] para regalarnos espléndidas narraciones sobre amistad, identidad, violencia erótica e injusticias sociales.

Con respecto a su obra, se ha dicho que es “de una escritura compleja que dificulta toda interpretación lineal”, convirtiendo sus textos de este modo, “en una reflexión constante sobre las posibilidades de contar, extendiendo los límites de la novela”.

Ha publicado poemas, relatos, ensayos, obras teatrales y un buen número de novelas, que le han hecho obtener, entre otros, el Premio Impac de Dublín en 2004, Premio Global Tolerance de la ONUen 1998 y ser el primer escritor magrebí galardonado con el Premio Goncourt de 1987, por La noche sagrada.

Ésta, fue redactada a partir de un hecho real de la segunda mitad del siglo XX, que se confunde con las leyendas marroquíes transmitidas de boca en boca; esta característica hace que la historia del libro permanezca indecisa entre la novela y el cuento, adentrándose en el terreno de lo existente hacia lo extraño y maravilloso, con una serie de microrelatos al margen de la lógica, donde el sueño, la fabulación y el delirio, son presentados como la verdad coexistiendo en el plano terrenal.

La noche sagrada tiene sus inicios en 1985 con El niño de arena, novela también de Tahar Ben Jelloun, juntas constituyen en realidad las dos versiones de una misma historia, la de la protagonista Ahmed/Zahara, y la que miles de mujeres musulmanas viven a diario: la búsqueda de identidad, la segregación, la excisión y la infibulación.

El niño de arena es la aventura de Ahmed, la octava hija de un padre que decreta que la menor de sus hijas sería un hombre para evitar perder la herencia familiar, ya que en la tradición musulmana, sólo los hombres podían heredar. La niña es anunciada, presentada y educada como varón y, el padre organiza la vida de la pequeña minuciosamente, haciendo que ésta crezca creyendo ser un hombre llamado Ahmed, orillado a casarse con su prima para finalmente aceptar la permuta y apartar la femineidad de su cuerpo.

El relato es contado en tercera persona por un cuentista profesional en una plaza de Marrakech, alternando a la vez con ligeras intervenciones de un público atento y muy numeroso. Luego de la muerte de su padre y esposa, Ahmed inicia un excesivo viaje que le hará redescubrir, a manera de cuenta gotas, que es una mujer y no un hombre.

En la mayoría de los países musulmanes, las leyes laborales en el sector industrial o administrativo, tienen como primera víctima a la mujer trabajadora en relación con la desigualdad de sueldos, facilidades maternales o lo referente a la jubilación, mientras que en la agricultura o el trabajo doméstico, no existe ninguna ley que proteja a las trabajadoras.

En lo referente a las leyes familiares, –en cualquier país árabe– como la finalidad es proteger los beneficios de la familia como una unidad económica, le dan todo el poder a los hombres, quienes desde el punto de vista religioso, son los únicos capaces de mantener y defender esa unidad, convirtiendo a las mujeres –reitero– en sus primeras víctimas.

Ya en La noche sagrada, el propio Ahmed toma el lugar del cuentista para dar su versión de la historia, mas ya no como hombre, sino como mujer: Zahara.

Desde la primera línea sentencia: <<Lo que importa es la verdad>>, y en la segunda reafirma su identidad de mujer: <<Ahora que soy vieja dispongo de toda la serenidad para vivir>>.

Zahara nos relata que antes de fallecer su padre, él le confiesa su secreto, el porqué del simulacro, las razones sociales y culturales que lo empujaron a transformarla en un hombre. Es a partir de este punto, que los relatos magrebíes se funden en el drama de Zahara, tejiéndose con implacable fatalismo.

La ideología musulmana se hace presente en la pluma de Ben Jelloun, Zahara, como mujer, tendrá que experimentar un viaje con múltiples eventos iniciáticos, como si de un sueño hubieran salido. A los 20 años de edad, su padre la liberó del engaño, la noche en que murió él, fue una Noche Sagrada en la tradición islámica yla Nochedel Destino para ella, que es raptada como en los cuentos antiguos.

En el mismo contexto, se le presentan sus hermanas <<en un desfile en que lo grotesco supera lo ridículo. Todas llevan una bolsa de plástico>>, se hacen acompañar de navajas, cuchillos o tijeras. La golpean, la insultan, le recriminan el haber <<arruinado a toda la familia. Por tanto es preciso que pague>>. Nació mujer, pero la hicieron pasar por hombre, porque “ser mujer es una desgracia”.

En nombre de una religión, ideología y por el bienestar familiar, las mujeres llevan a cabo fielmente esta costumbre. <<Vamos a hacerte una pequeña circuncisión –le dicen–. La justicia se ha convertido en nuestra pasión. La verdad, en nuestro ideal y nuestra obsesión. El islam, en nuestro guía. Dos de sus compañeras me ataron las manos sobre la fría mesa –relata Zahara a su público–. Me desgarraron el sarual y me levantaron las piernas. La mayor me metió un trapo mojado en la boca. Puso su mano enguantada sobre mi bajo vientre, me aplastó con los dedos los labios de la vagina hasta que sobresaliera bien lo que ella llamaba “la cosa pequeña”, la roció con un líquido, sacó de una caja metálica una hoja de afeitar que mojó con alcohol y me cortó el clítoris. Aullando interiormente, me desvanecí. Un dolor atroz me despertó en plena noche… Tenía el sexo cosido>>.

Estas “ceremonias” obligan, que cada vez sea mayor el número de mujeres de corta edad, que abandonan su país de origen, para emigrar a Europa o América del Norte principalmente,[iii] sumándose a los problemas alimenticios y de trabajo existentes. Todo esto fomenta la prostitución, el odio y la denuncia constante de grupos que consideran el “totalitarismo islamista” comparable con el nazismo y el estalinismo, que desemboca en constantes choques violentos, y estos hechos todos “en nombre de Dios”.

Tahar Ben Jelloun (colaborador habitual del periódico Le Monde), es uno de los novelistas más celebres y uno de los intelectuales más leídos y comprometidos de lengua francesa en la actualidad. Su lectura, nos da la dimensión ética de un hombre que vive en un mundo dividido por el racismo y que ha hecho de puente entre dos civilizaciones.

Crucemos el puente de Occidente a Oriente, y de Oriente a Occidente.


[i] También conocida como circuncisión faraónica.

[ii] Mercados y plazas públicas de Marruecos.

[iii] Un caso significativo es el de Waris Dirie. Nació en Somalia, en una familia nómada. Ignora su edad pero podría tener 35 años. A los cinco, aproximadamente, su madre la condujo a la oscuridad del desierto y dejó que una gitana le extirpara el clítoris. Después, la cosieron con espinas de plantas y le ataron las piernas por 40 días. Su belleza le valió un millonario contrato con la marca Revlon y ser parte de las inolvidables chicas Bond. En septiembre de 1996, fue nombrada por la ONU Embajadora Especial para su campaña en contra de la mutilación femenina. De su libro La flor del desierto, Editorial Planeta, 1999.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com
 
Este texto fue publicado en:
Revista “Molino de Letras”, julio-agosto de 2008.

La narrativa homoerótica de Jaime Bayly

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La literatura cuenta con una voz muy original en lo que a estilo, fuerza, soltura y temática se refiere dentro de las letras latinoamericanas. Jaime Bayly (1965) sorprendió al mundo literario con la publicación en 1994 de su primera novela No se lo digas a nadie (Seix Barral), en ella nos narra una verdad impetuosa, ardiente y reveladora –como toda su prosa-.

Porque eso es lo que es este autor peruano: un joven impetuoso poseedor de una caligrafía ardiente, con la cual narra historias reveladoras sin dejar lugar a la mojigatería. En suma, un narrador de verdades.

En una sociedad que maneja dobles discursos, acostumbrada a las apariencias sociales, a que prevalezca un machismo brutal y responsable en buena parte de la degradación humana; aparece un hombre que se perdió en este fango que llamamos civilización. Dicho hombre, más que contemplar como simple espectador, se sumerge dentro de la colectividad haciéndose partícipe con la finalidad de desentrañar el degenere en que se vive y poder encontrarse a sí mismo.

En el paisaje descrito, Bayly toma el papel de hombre-creador (una especie de alfarero) y del lodo va adquiriendo los elementos para dar forma como si de barro se tratara. Al descifrar su obra, nos resulta fácil, cotidiano, evidente desdibujar al artista con su creación, no caigamos en la trampa –puesta por él-, simplemente el trabajo del escritor es relatar historias que sólo ocurren en su imaginación; cualquier semejanza con su realidad será pura coincidencia.

De la cotidianeidad se va apropiando de sustancias que se encuentran dispersas en universos externos al suyo y al conjugarlas con sus propias experiencias, Jaime Bayly ha obtenido un ambiente conflictivo, marginal y cargado de una prosa homoerótica; no en vano es considerado como una de las voces más brillantes e interesantes de la nueva literatura hispanoamericana.

A diferencia de otros escritores geniales que han hurgado por el sendero de la homosexualidad como el español Álvaro Pombo en Contra natura,  sólo por citar uno de los muchos ejemplos que hay, el peruano desmarca su literatura por lo irónica e irreverente que resulta y gracias a que está escrita con un eficaz oído para todas las jergas e idiomas de la calle. Sensibilizando el corazón de forma perturbadora.

En una entrevista concedida al periodista Andrés Oppenheimer, Jaime Bayly respondió a bocajarro cuando se le cuestionó del por qué de su afición por la escritura: “me convertí en escritor por fastidiar a mis padres, detestan que escriba el tipo de libros que escribo”. Un poco más serio y con la madurez que da el pensamiento afirmó “escribir es, a la vez, una condena y una bendición, y no dudo de que es también mi vocación más verdadera y creo que perdurable”.

Dentro de la narrativa que construye, podremos identificar con facilidad los ingredientes a los que recurre constantemente y de los cuales ya se ha apropiado con sobrada razón. Su agudo oído le permite reproducir con precisión las expresiones del infame mundo limeño haciéndonos respirar bajo una atmósfera divertida.

Actualmente su vida transcurre entre Miami, España y su natal Perú, combinando el oficio de novelista con el de presentador de televisión donde ha trabajado en Lima, Santo Domingo y por supuesto Miami. Desde sus primeras novelas obtuvo una excelente acogida por parte de la crítica y lectores, alcanzando un éxito inmediato.

Entre sus libros enumeramos Fue ayer y no me acuerdo (1995), Los últimos días de “La Prensa” (1996), La noche es virgen (Premio Herralde, 1997), Yo amo a mi mami (1999), Los amigos que perdí (2000), La mujer de mi hermano (2002), El huracán lleva tu nombre (2004) y en 2005 es finalista de uno de los premios literarios más prestigiados, el Premio Planeta, con la novela Y de repente, un ángel.

En su momento, escritores de la talla de Roberto Bolaño y Mario Vargas Llosa han elogiado su obra reiterando que Jaime Bayly es <<uno de los más atractivos narradores jóvenes de la literatura hispanoamericana>>.

Lectura traviesa donde no cabe el prejuicio. El lector deberá estar atento a los vericuetos de cualquiera de estas novelas y no dejarse arrastrar por su fiera valentía, que a pesar de ser afines entre ellas, cada una respira con alma propia.

Jaime Bayly, un claro ejemplo de la renovación generacional en las letras y en los escritores, que invita a una lectura de vida, de supervivencia y descubrimiento.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano
jorgeivangg@hotmail.com
 

“El lector de Bagdad” de Jabbar Yassin Hussin

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Ante la negativa de los Estados Unidos y sus aliados, de no invadir Irak en el 2003, el país árabe ha sido reducido a más escombros de los que ya existían, y como siempre, los mayormente afectados resultan ser los habitantes de aquella nación, aislados por ideologías e intereses muy contrarios a los dos gobiernos involucrados (el local y el extranjero).

Producto de las imágenes y noticias que recibimos de Medio Oriente durante la invasión norteamericana para derrocar el régimen de Saddam Hussein, fuimos convertidos en simples teleespectadores de una imagen recurrente y repetida a la millonésima potencia, que nos daba la sensación de estar contemplando un simple video juego: el lanzamiento de proyectiles sobre un sector de Bagdad.

Algunas de las primeras y más grandes civilizaciones de la antigüedad se desarrollaron en el territorio que hoy conocemos como Irak. En la actualidad, su población vive en la miseria a causa de dos guerras y de un estricto embargo económico internacional. Las sanciones impuestas a Irak por el Consejo de Seguridad dela ONU, han tenido un efecto devastador: han aumentado el desempleo, han provocado la desnutrición de gran parte de la población, han incrementado la mortalidad (norteamericana e iraquí, con la actual guerra de guerrillas) y han dado lugar a la corrupción generalizada.

Estudiantes, trabajadores, ancianos, niños, profesionistas, artistas, hombres y mujeres, se ven en la necesidad de salir de Irak en busca de la dignidad humana, dejando atrás de ellos a familiares, amigos y la tierra que albergó la civilización más antigua del mundo. La salida no es fácil –entiéndase exilio–, al igual que el acceso al país musulmán.

El régimen de Hussein presionó en todos los sectores iraquíes; tomando sólo un ejemplo hallamos que un joven periodista, nacido en Bagdad, tuvo que decidirse por el exilio, resultado de las constantes amenazas de muerte recibidas en su contra.

Jabbar Yassin Hussin (1954), aquel joven exiliado, encontró en la escritura “la nostalgia por lo perdido”, lo perdido por Yassin Hussin, lo perdido por Irak, lo perdido por la humanidad, lo perdido por cada uno de nosotros cada día, en cada guerra, en busca de lo que llamamos libertad y que para otros significa humillación.

Actualmente vive en una pequeña casa de campo en Francia, cerca deLa Rochelle, donde se dedica a la jardinería y, en una fina lengua árabe, escribe cuentos para niños, relatos breves, notas periodísticas, memorias, novelas y poemas. Sus libros han sido traducidos a varios idiomas.

Desde mediados del cuarto milenio a.C., la historia registra los primeros vestigios de nuestra civilización provenientes de los sumerios, que habitaron la cuenca de los ríos Tigris y Éufrates, en el territorio que hoy forma parte de Irak. Este pueblo creó la escritura cuneiforme, llamada así, porque sus signos tienen forma de cuña (a los primeros descubridores les recordaron huellas de pájaros que hubieran corrido sobre arena mojada). Después de los sumerios, quienes lograron la supremacía de Mesopotamia fueron los acadios de origen semita, más tarde llegaron los babilonios con su imperio y finalmente los asirios. La matanza, la destrucción y el saqueo, han sido la constante en este reducidísimo terruño del planeta hasta nuestros días.

El lector de Bagdad, de Jabbar Yassin Hussin, es un conjunto de cuentos fantásticos de un escritor árabe, que se confunde con el árabe más argentino que ha escrito en lengua castellana: Jorge Luis Borges.[1] Y es que al igual que el argentino, el escritor iraquí nos regala un texto donde el libro, la palabra, la escritura, el lenguaje, el signo, son multisensoriales y multidimensionales; el relato que da nombre al libro –El lector de Bagdad– es el hermano árabe del cuento El libro de arena de Borges: la infinita biblioteca que alberga libros infinitos.

En la ficción de Yassin Hussin, se nos relata la realidad reciente de Irak sólo que con otros actores y en otro tiempo. Todo comienza con el sueño premonitorio de un joven cuando éste llega a una estrecha habitación que alberga millares de libros en blanco. El guardián de esta biblioteca es un anciano, él le explica al muchacho que estos libros <<contienen multitud de detalles desconocidos sobre los acontecimientos que acabaron con este imperio y lo llevaron hasta su trágica y definitiva caída… la eterna repetición: igual que en Roma, en Bagdad o en la civilización actual. La historia es la desgracia de la humanidad, de la cual ésta no se librará sino con su extinción. Por eso estos libros carecen de palabras. ¿Para qué hacer referencia a lo que se repetirá continuamente hasta el final del género humano?>>.

Libros en blanco que son <<una gota de nuestra desgracia, de la desgracia de los hombres. Te bastará leer uno atentamente para sentirte abrumado el resto de tu vida…>>, le dice el viejo al chico. A continuación, le pregunta si conoce el cuento de las hormigas que tuvo lugar en un silo de trigo, el joven le menciona si es el del rey que quiso escuchar el relato interminable, <<Sí, -dice el anciano- ese  cuento es la misma Historia (la nuestra y la del resto de la humanidad en la actualidad). Como le ocurrió a aquel rey, amante de los largos relatos, nosotros también acabamos gritando de angustia>>.[2] Los libros en esta singular biblioteca no contienen palabras, y el bibliotecario es el único que los puede leer, sin embargo él nos enseña que un libro <<aunque no tiene palabras pesa mucho. ¿Te imaginas lo que pesaría si las tuviera?>>[3]

Hace cuatro años ya, que “fuimos convertidos en teleespectadores de una imagen recurrente la cual se repetía a la millonésima potencia”; día tras día los medios de comunicación dan cuenta de la desgracia humana alrededor del mundo sólo con imágenes, aunque éstas <<no contienen palabras, deberían pesar mucho>> para llevarnos a la reflexión y que actuemos por nuestro propio bien. En este mismo sentido el escritor húngaro Imre Kertész dice: no hay que ser víctima destripada de la guerra de los Balcanes ni somalí afectado por la hambruna para que el grito de dolor del mundo alcance a la persona y para que reconozcamos en él nuestra propia voz.[4]

Yo, al igual que Jabbar Yassin Hussin, creo que las manifestaciones bélicas del pasado y el presente continuo, deberán ayudarnos para que reconozcamos nuestras limitantes culturales y poder definir mejor nuestro futuro. No esperemos a que llegue “El Tirano” y seque “el árbol de la vida”.[5]


[1] Sus diversos cuentos donde la Cábala y el simbolismo árabe son una constante, han hecho que los estudiosos del mundo Borgesiano lo sitúen metafóricamente como “un escritor árabe nacido en Argentina”.

[2] Yassin Hussin hace referencia a los cuentos transmitidos de generación en generación de forma verbal en Oriente, como lo podrían ser Las mil y una noches. El énfasis es del autor.

[3] Revisar la obra sobre semiótica de Umberto Eco.

[4] Imre Kertész, En Un instante de silencio en el paredón, Barcelona, España, Editorial Herder, 1999.

[5] Referencia a Kishkânû, segundo cuento de El lector de Bagdad.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com
 
Este artículo fue publicado en:
Revista “Molino de Letras” septiembre-octubre de 2008.