La narrativa homoerótica de Jaime Bayly

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La literatura cuenta con una voz muy original en lo que a estilo, fuerza, soltura y temática se refiere dentro de las letras latinoamericanas. Jaime Bayly (1965) sorprendió al mundo literario con la publicación en 1994 de su primera novela No se lo digas a nadie (Seix Barral), en ella nos narra una verdad impetuosa, ardiente y reveladora –como toda su prosa-.

Porque eso es lo que es este autor peruano: un joven impetuoso poseedor de una caligrafía ardiente, con la cual narra historias reveladoras sin dejar lugar a la mojigatería. En suma, un narrador de verdades.

En una sociedad que maneja dobles discursos, acostumbrada a las apariencias sociales, a que prevalezca un machismo brutal y responsable en buena parte de la degradación humana; aparece un hombre que se perdió en este fango que llamamos civilización. Dicho hombre, más que contemplar como simple espectador, se sumerge dentro de la colectividad haciéndose partícipe con la finalidad de desentrañar el degenere en que se vive y poder encontrarse a sí mismo.

En el paisaje descrito, Bayly toma el papel de hombre-creador (una especie de alfarero) y del lodo va adquiriendo los elementos para dar forma como si de barro se tratara. Al descifrar su obra, nos resulta fácil, cotidiano, evidente desdibujar al artista con su creación, no caigamos en la trampa –puesta por él-, simplemente el trabajo del escritor es relatar historias que sólo ocurren en su imaginación; cualquier semejanza con su realidad será pura coincidencia.

De la cotidianeidad se va apropiando de sustancias que se encuentran dispersas en universos externos al suyo y al conjugarlas con sus propias experiencias, Jaime Bayly ha obtenido un ambiente conflictivo, marginal y cargado de una prosa homoerótica; no en vano es considerado como una de las voces más brillantes e interesantes de la nueva literatura hispanoamericana.

A diferencia de otros escritores geniales que han hurgado por el sendero de la homosexualidad como el español Álvaro Pombo en Contra natura,  sólo por citar uno de los muchos ejemplos que hay, el peruano desmarca su literatura por lo irónica e irreverente que resulta y gracias a que está escrita con un eficaz oído para todas las jergas e idiomas de la calle. Sensibilizando el corazón de forma perturbadora.

En una entrevista concedida al periodista Andrés Oppenheimer, Jaime Bayly respondió a bocajarro cuando se le cuestionó del por qué de su afición por la escritura: “me convertí en escritor por fastidiar a mis padres, detestan que escriba el tipo de libros que escribo”. Un poco más serio y con la madurez que da el pensamiento afirmó “escribir es, a la vez, una condena y una bendición, y no dudo de que es también mi vocación más verdadera y creo que perdurable”.

Dentro de la narrativa que construye, podremos identificar con facilidad los ingredientes a los que recurre constantemente y de los cuales ya se ha apropiado con sobrada razón. Su agudo oído le permite reproducir con precisión las expresiones del infame mundo limeño haciéndonos respirar bajo una atmósfera divertida.

Actualmente su vida transcurre entre Miami, España y su natal Perú, combinando el oficio de novelista con el de presentador de televisión donde ha trabajado en Lima, Santo Domingo y por supuesto Miami. Desde sus primeras novelas obtuvo una excelente acogida por parte de la crítica y lectores, alcanzando un éxito inmediato.

Entre sus libros enumeramos Fue ayer y no me acuerdo (1995), Los últimos días de “La Prensa” (1996), La noche es virgen (Premio Herralde, 1997), Yo amo a mi mami (1999), Los amigos que perdí (2000), La mujer de mi hermano (2002), El huracán lleva tu nombre (2004) y en 2005 es finalista de uno de los premios literarios más prestigiados, el Premio Planeta, con la novela Y de repente, un ángel.

En su momento, escritores de la talla de Roberto Bolaño y Mario Vargas Llosa han elogiado su obra reiterando que Jaime Bayly es <<uno de los más atractivos narradores jóvenes de la literatura hispanoamericana>>.

Lectura traviesa donde no cabe el prejuicio. El lector deberá estar atento a los vericuetos de cualquiera de estas novelas y no dejarse arrastrar por su fiera valentía, que a pesar de ser afines entre ellas, cada una respira con alma propia.

Jaime Bayly, un claro ejemplo de la renovación generacional en las letras y en los escritores, que invita a una lectura de vida, de supervivencia y descubrimiento.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano
jorgeivangg@hotmail.com
 

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