Archivos Mensuales: noviembre 2007

El semiótico mundo de Umberto Eco

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Al mencionar el nombre de Umberto Eco, nos es prácticamente imposible desligarlo de la semiótica, esa teoría general que estudia los signos en la vida social y que su origen se remonta a los primeros asentamientos de la humanidad; cuando el análisis de los signos de las enfermedades contribuyeron a combatir a éstas y dio por resultado un avance significativo en la medicina.

Umberto Eco, nacido en Alessandria (Piomonte) el 5 de enero de 1932, es teórico de arte, un polémico ensayista, pero sobre todo, es reconocido en el mundo intelectual como el más brillante semiótico de muchas décadas; este italiano, es actualmente titular  de la cátedra de Semiótica y director de la Escuela Superiorde Estudios Humanísticos de la Universidadde Bolonia; ha sido docente en las universidades de Turín, Florencia y Milán, y ha impartido cursos en universidades de Estados Unidos y América Latina. Asimismo dirige la revista VS-Quaderni di Studi Semiotici y es secretario general dela Asociation for Semiotic Studies.

En 1954, Eco, se doctora en filosofía por la Universidad de Turín con una tesis sobre el pensamiento estético medieval, que dos años más adelante se publicaría como un texto filosófico (ya que desde esa época muestra su interés por el razonamiento que derivaría en el estudio de los signos).

A finales de la década del ’50 publica sus ensayos y diversos artículos en revistas universitarias, mas no es hasta la década de 1960 cuando las más importantes publicaciones italianas comienzan a difundir sus ensayos, y la editorial Bompiani (Milán), edita su libro Apocalípticos e Integrados –una serie de ensayos magistrales sobre la cultura de masas, el cómic, el papel de los medios audiovisuales y el influjo de la televisión en el mundo de hoy; una obra de estudio y reflexión para nuestros días– lo que le significa ser considerado en su momento <<el teórico más joven y maduro de Italia>>.

Su faceta de narrador se inicia en 1980 con El nombre de la rosa, novela “gótica”, mezcla de crónica medieval, novela policíaca, relato ideológico en clave, alegoría, que, sobre la base de una trama que tiene por escenario principal una abadía benedictina del siglo XIV, se convirtió en un éxito de ventas internacional –un auténtico fenómeno literario sin precedentes hasta ese momento–, a pesar de contener un argumento filosófico bastante difícil y pasajes en latín que no están traducidos.[i]

El nombre de la rosa da inicio con una prenarración, un relato inconcluso, de un erudito que encuentra en una serie de manuscritos una historia digna de ser contada, ofreciéndole al lector por un lado, una defensa clara del estudio de los símbolos, y por otro, una enrevesada historia detectivesca.

En estos escritos encontrados por el erudito, un joven novicio benedictino de nombre Adso de Melk, nos cuenta su viaje en compañía del sabio franciscano inglés Guillermo de Baskerville hasta un atribulado monasterio italiano benedictino, donde se vienen suscitando una serie de asesinatos; y Guillermo se dispone a descubrir la causa de estos hechos.

Desde el primer capítulo de la novela, el estudio e interpretación de los signos que hace Guillermo de Baskerville sorprende a Adso de Melk y al lector. La trama se desarrolla en un escenario de conflictos y secretos, aderezado por un ambiente de celos, deseos y miedos que Baskerville desentraña de parte de los habitantes del monasterio, mientras seis monjes mueren asesinados uno a uno y él busca la verdad de la callada guerra interna de la abadía.

Este monasterio tiene otra característica que añade más suspenso a la novela: los libros son los que mandan, <<los monjes benedictinos que lo habitan viven por y para los libros>>. Una laberíntica e infinita biblioteca se erige como el santo grial del lugar y nos remonta a La Biblioteca de Babel de Borges; el Libro como significado del universo infinito de vida y muerte.

El nombre de la rosa[ii] pide al lector que participe de la tarea de interpretación de Guillermo, <<que respete la polifonía de los signos, que se detenga antes de decidirse por un significado y que ponga en duda cualquier cosa que prometa un final a la búsqueda>> del significante. Umberto Eco expone la maravilla de la interpretación en sí misma en una verdadera novela.

A esta primera obra en prosa le siguió en 1988, El péndulo de Foucault, una vasta e informe novela sobre el deseo de encontrar un sentido y donde todo está abierto a la interpretación, como es ya costumbre en los textos de Eco. Un libro con todos los elementos de la narrativa de misterio, salvo en lo que se refiere a la revelación final.

Causabon, el protagonista, es el encargado de relatar su aventura en una narración única y coherente con la que quiere reformular la embrollada confusión de la historia del mundo; dándose cuenta que su historia no deja de ser una versión más. Él, Belbo y Diotallevi trabajan juntos en Garamond Press, en la investigación de un libro sobre la historia de las sociedades secretas, que involucra las ciencias ocultas y las conjuras cósmicas.

Todo comienza por ser un juego sofisticado, en el que van introduciendo en el ordenador de Belbo las explicaciones e interpretaciones que encuentran del contacto con autores interesados en estos temas, y terminan por recrear el Plan de los Caballeros Templarios, <<urdido supuestamente siete siglos atrás; pero alguien toma demasiado en serio el juego, y todos ellos se verán inmersos en una inquietante pesadilla>>.

El péndulo de Foucault, una narración irresistible y frustrante a la vez <<en la que todo apunta a una verdad más grande y más abarcadora: sólo que esa verdad es, justamente, la ficción>>.

Novelas más recientes y aun en el pasado, han hurgado estos temas de los que nos habla El péndulo de Foucault; sin embargo, sus argumentos no se logran sostener con la erudición y maestría como las de Eco, quien las utiliza de sobrada manera en su narrativa. Los “otros textos” se ven obligados a conformarse con alcanzar únicamente ventas estratosféricas o pasar por el anonimato, y que lectores ingenuos enriquezcan a sus desconocidos autores; pero nunca esos escritores elevan su escritura al nivel de un literato, porque no todos los Best Sellers  son verdadera literatura.

Umberto Eco, un intelectual destacado, reconocido y poseedor de una prosa que fluye con tal coherencia que atrae a lectores inteligentes. Un escritor que ha dado grandes aportaciones en materia de semiótica para analizar adecuadamente nuestro mundo posmoderno, con ensayos lúcidos y novelas magistrales como lo demuestran El nombre de la rosa, El péndulo de Foucault, La isla del día de antes (1994), Baudolino (2001), La misteriosa llama de la reina Loana (2005), o El cementerio de Praga (2010), entre las más sobresalientes.

Eco, un brillante escritor, tanto, como el brillante semiólogo que es.


[i] En 1981, El nombre de la rosa recibe el premio Strega; un año más tarde, en su traducción francesa, el premio Médicis.

[ii] El argumento de esta novela fue llevado al cine en 1986, con Sean Connery en el papel de Guillermo de Baskerville.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com
 
Este texto fue publicado en:
Revista “Molino de Letras” mayo-junio 2008.
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Amos Oz, un prodigio de la literatura hebrea

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Hombre inteligente, sensible y deseoso de encontrar la paz entre los pueblos de Israel y Palestina, Amos Oz (Jerusalén, 1939) es uno de los escritores israelíes más importantes <<de la narrativa de nuestros días>>, quien se encuentra a favor del diálogo y tiene una visión más justa sobre la tragedia que se vive en Medio Oriente.

Su literatura –suave, envolvente– parte del principio de meterse en la piel del otro, esa que implica ver el punto de vista del hermano o del adversario, y la razón que pueden tener sus acciones. Un ejercicio que nos permite precisamente entrar en la mirada de “lo que no soy” y desde ahí entender a ese “otro”, de desdoblarnos en diferentes personajes, comprender el universo de las perspectivas; un composición notable en la obra de este escritor, combatiendo así el fanatismo de grupos extremistas.

Descendiente de una familia de emigrantes rusos y polacos, se ha destacado por ser un autor políticamente correcto al analiza las circunstancias en las que se encuentran Israel, Palestina y toda la región de Oriente Próximo con un gran sentido de justicia a favor de la paz, de la coexistencia pacífica al permitir una apertura a la dimensión trágica de la existencia; la cual considera él, ha perdido la humanidad.

Los libros de Oz, nos hablan de personajes melancólicos, abatidos, que rememoran el pasado y terminan tristes, pero vivos; en palabras del escritor José Gordon diremos que <<busca soluciones chejovianas>> a las tragedias que se viven en su país, donde prefieren las soluciones shakespearianas (personajes bañados de sangre sobre el escenario con la justicia “poética”[i] levitando por encima de ellos).

Amos Oz utiliza la lengua hebrea como un brillante instrumento para el arte literario, y para la revelación certera de las realidades más acuciantes y universales de nuestro tiempo, así como también es, una “voz que clama en el  desierto” por la coexistencia en paz y respeto mutuo de los pueblos judío y árabe, mediante un acuerdo histórico basado en la fórmula de dos estados nacionales para una solución justa a través del diálogo entre hermanos.

Las obras de este escritor suman múltiples novelas y numerosos artículos y ensayos; mismas que se han traducido a diversas lenguas.

Considerado uno de los maestros de la prosa hebrea moderna, estudió Filosofía y Letras en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Desde entonces ha compaginado la escritura con la docencia, es ensayista y periodista, y ha participado como profesor visitante en la Universidad de Oxford y como titular de Literatura en la Universidad Ben Gurión en Beer Sheva, Israel, donde es catedrático de Literatura Hebrea Moderna.[ii]

En México, Editorial Siruela ha publicado de este autor su ensayo Contra el fanatismo, y las novelas: Una pantera en el sótano, Un descanso verdadero, El mismo mar, Una historia de amor y oscuridad, De repente en lo profundo del bosque (publicada también por el Fondo de Cultura Económica), y No digas Noche.

Esta última, escrita con magistral hondura, nos relata una misma historia contada desde dos puntos de vista distintos, como dije desde un principio, Amos Oz nos hace situarnos con sus novelas en los ojos de Él, Ella y del Otro; Teo, un hombre inteligente, maduro y vital, conoce durante su estancia en América Latina a Noa, una mujer lista, quince años más joven que él, sensual y apasionada. Ellos dos son los encargados de platicarnos su vida, un mismo acontecimiento, temas seculares quizás, sin embargo, dejan huella en lo más profundo de la vida por cómo está contada y estructurada la narración, en eso radica la importancia de la obra de Oz, ya que lo que percibe y siente Teo no es lo mismo que siente y percibe Noa; porque de eso se trata la vida.

No digas Noche nos lleva de la mano a conocer el modo de vida de un Israel envuelto en conflictos, guerras, inmerso en una sociedad acelerada y en un sistema globalizado. Tanto desastre en tierras tan nobles, ha producido olvido en las tradiciones bíblicas de sus habitantes, es así como Amos Oz nos habla del Sabbath,[iii] de una fiesta llamada de los Tabernáculos,[iv] de los paisajes hebreos y de un pueblo que por tradición es judío y por costumbre ignora sus raíces.

Un libro que te comunica emociones; Teo nos narra sus vivencias; Noa sus sueños y frustraciones; él nos cuenta su vida en Perú, Centroamérica y el inolvidable México hasta toparse a Noa en Caracas, Venezuela. La mágica Noa pierde su brillo con los años junto a Teo; él se vuelve monótono y triste como el desierto que contempla día a día; y un tercer narrador omnisciente les hará compañía en su historia que al final sigue igual: triste, pero con vida, con esperanza, en medio de un desierto.

Amos Oz, más que escritor, un intelectual que aboga por la paz entre israelitas y palestinos y denuncia el fatalismo; galardonado en junio del 2007 con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras de ese año, sobre su trabajo él mismo ha dicho que si tuviera que decir en una sola palabra de qué trata su obra literaria, ésta sería <<familias>>. “Si fuera en dos, diría: <<familias infelices>>. Si fuera en más de dos palabras, tendrían que leer mis libros”, añade Oz.

En verdad, cualquier libro de él los sorprenderá gratamente, porque posee el talento narrativo de una “voz que clama” en nuestro desierto interno.


[i] En este caso el sentido poético lo coloco entre comillas, porque los extremistas lo confunden con fanatismo y en eso no hallamos nada de poesía.

[ii] Párrafo con información de la redacción de El Universal.

[iii] Día séptimo de la semana, que en el relato bíblico Dios ordena para descansar del trabajo. La tradición hebrea nos habla del sábado.

[iv] Una de las siete fiestas anuales que Dios dio a su pueblo y que vienen consignadas en Levítico 23.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano. Cursó estudios de Comunicación y Periodismo (UNAM). Colabora para revistas culturales, literarias, páginas web y diarios.
jorgeivangg@hotmail.com
 
Este texto fue publicado en:
http://www.lajornadaguerrero.com.mx/2010/12/06/index.php?section=opinion&article=002a1soc
 
Revista “Desde el Sótano” de librerías El Sótano enero 2008.

Rayuela, el inicio del ‘boom latinoamericano’

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La novela Rayuela del escritor argentino Julio Cortázar (1914-1984), posee una singularidad muy especial dentro de las letras de habla española, dicha singularidad no reside en la trama sino en una lectura no lineal, que permitió abrir nuevos caminos narrativos en el que participa activamente el lector; se puede leer en su continuidad normal, en un orden sugerido por el autor o en cualquier orden que uno se proponga, llegando en cada modo de lectura a una nueva dimensión.

Rayuela, como lo dice Cortázar antes de comenzar, <<es muchos libros, pero sobre todo es dos libros. El lector queda invitado a elegir una de las dos posibilidades>>. Esa primera opción que nos proporciona es la de leer el libro de la forma corriente, culminando en el capítulo 56; la otra posibilidad es el mejor sello de esta novela: la posibilidad de una lectura que, como se advierte en un tablero de dirección, altera el orden inicial.

Es muchos libros en un solo libro, muchas historias e interpretaciones en un único universo, es la vida misma por donde guste ser tomada; un mosaico donde los personajes aparecen retratados en distintos momentos de sus vidas, por lo que esta obra puede ser leída a partir de donde guste el lector, y concluida de la misma manera. Ahí está, la riqueza de múltiples lecturas.

De Rayuela se ha dicho que <<narra la pulsión metafísica del hombre cuando se ve privado de la presencia de la mujer>>. Así, encontramos a Horacio Oliveira en su arrogo por la Maga, en un París melancólico que alberga la primera parte de la novela titulada Del lado de allá. Ahí toma lugar la aventura sentimental entre esos dos protagonistas y sus compañeros del Club de la Serpiente, especie de secta internacional de outsiders en el centro del mundo.

La segunda parte, Del lado de acá, se ubica en un Buenos Aires teñido por el recuerdo, donde Oliveira se reinstala tras haber sido expulsado de la capital francesa por las autoridades. Allí recupera su amistad con Traveler y su esposa Talita, intentando también recobrar una vida ordenada lejos de la Maga, mas no así de su recuerdo. Y al no encontrar lo que buscaba, termina al filo de una ventana de la que tal vez no saltará.

En ese punto comienza la tercera parte de la novela, De otros lados, donde surge una tercera historia: la de Morelli, alter ego de Cortázar; quien con su extraordinario genio nos vuelve parte de un inmenso todo, de una realidad que Rayuela habría de traducir e incluso modificar como sólo puede hacerlo la más alta creación literaria y artística que nos legó su autor.

Estas genialidades hicieron de Rayuela el primer hito del boom de la novela hispanoamericana en la década de 1960, <<por primera vez, un escritor llevaba hasta las últimas consecuencias la voluntad de transgredir el orden tradicional de una historia y el lenguaje para contarla>>.[i] Lo que desencadenó en el fenómeno literario conocido como boom latinoamericano.

Éste surgió como la suma de varios elementos entre los que fue preponderante el proceso de maduración literaria que venía gestándose desde tiempo atrás en autores, editores y lectores y cuya duración, según se estima, va de la publicación de Rayuela (1963), a la de Cien años de soledad (1967), de Gabriel García Márquez, en compañía de La ciudad y los perros (Mario Vargas Llosa) y La muerte de Artemio Cruz (Carlos Fuentes).

Los autores del boom no mostraron unidad estilística ni temática, sin embargo, los identificaba y animaba el afán de renovar la prosa, así como la búsqueda de la identidad regional. Ellos cuatro conforman ese boom, pero a la sombra de este fenómeno literario se formaron escritores no menos importantes y de gran notoriedad en la literatura hispana: Fernando del Paso, Augusto Monterroso, Manuel Puig, Alfredo Bryce Echenique, Ernesto Sábato, Juan Carlos Onetti, José Emilio Pacheco, Jorge Amado, Sergio Pitol, Reinaldo Arenas y muchos más.

Eso nos muestra que en la segunda mitad del siglo XX, los escritores latinoamericanos entraron en una madurez histórica que antes sólo se daba excepcionalmente. En vez de imitar modelos extranjeros, en vez de basarse en estéticas o en “ismos” importados, desarrollaron la exploración por las vías creadoras de la lengua y la escritura, de la poesía y la invención ficcional.

Sin aislarse y abiertos a la cultura del mundo, empezaron a mirar su entorno casi siempre sustituido hasta entonces por nostalgias de lo extranjero o conceptos estereotipados, comprendiendo con pavor y maravilla, que mucho de lo nuestro no era todavía nuestro porque no había sido realmente asumido, recreado o explicado por las vías de la palabra escrita; podría decirse que el conjunto de los mejores libros en esta segunda mitad del siglo pasado comenzó como un gran inventario de la realidad latinoamericana, y el boom abrió esa caja de Pandora.

Julio Cortázar residió la mayor parte de su vida en Francia, donde trabajó como traductor de organismos internacionales. En sus cuentos, novelas y relatos introdujo lo extraño, lo original y lo fantástico de lo realista de la cotidianeidad; elaborados con diversidad de materiales, y en ocasiones rozó otros terrenos narrativos, solamente transitados por Cortázar.

Brillante, minucioso, exacto, de una escritura divertida y muy amena, se adelantó a todos sus compañeros de habla española en el riesgo y la innovación estética; un visionario que buscó siempre en la paradoja el verdadero acorde de la vida.

Es tal vez el primer escritor en castellano que creó una compleja metafísica novelesca.

Rayuela, la antinovela de toda una generación, sobre la cual se ha ido escribiendo cada vez más nuestra literatura actual, que es casi siempre una realidad convulsa y atormentada.


[i] De la novela Rayuela, se desprende un excepcional libro: “62. Modelo para armar”, precisamente, del capítulo 62  de Rayuela. Una genialidad más, de un escritor dual que se enfrento a dos culturas: Europea y Latinoamericana.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com
 
 Este texto fue publicado en:
 
http://efektonoticias.com/cultura/rayuela-la-obra-de-julio-cortazar-que-significo-la-antinovela-de-toda-una-generacion
 
Revista “Desde el Sótano” de librerías El Sótano, julio-agosto 2008.