Archivos Mensuales: julio 2010

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Siempre que se nos habla de filosofía, nuestra mente nos remite a realizar extrañas cavilaciones e intrincadas propuestas orales para situarnos a nivel de las circunstancias del medio que nos presenta este reto intelectual, sin embargo la filosofía no debe ser vista de esta forma compleja, deberíamos entenderla como un acto natural del hombre.

Con esto trato de decir que el pensamiento filosófico está presente en la vida diaria del ser humano, pero por circunstancias de nuestros muy diversos estilos de vida, difícilmente reparamos o nos detenemos por unos instantes a ejercer y practicar la filosofía de forma sencilla.

Bien es cierto que el hecho filosófico en grados muy elevados es en sí bastante complejo, pero en promedio los niveles de complejidad no están presentes ni elevados, no se requieren enormes dosis de destreza para entenderla ni mucho menos grandes estudios en temas en particular; lo único que se nos exige es raciocinio, y ese, todos lo tenemos.

En el exclusivo tálamo sofista, los pensamientos del filósofo alemán Peter Sloterdijk reposan de forma soberbial en un mundo elocuente por pensamientos fulminantes y lapidarios, donde los ideales de este pensador tienen voz, eco y una resonancia épica en el mundo de la literatura universal.

Peter Sloterdijk nació en la ciudad alemana de Karlsruhe en el año de 1947, desde sus años de estudiante se inclinó por el estudio de la Filosofía, Germanística e Historia en las universidades de Munich y Hamburgo, lugares en los que sus ideas maduraron para dar como resultado a un pensador insólito.

Su interés por los asuntos políticos, intelectuales y humanistas del mundo contemporáneo y su aversión por todo tipo de pensamiento conformista le han llevado ha alternar su trabajo como profesor universitario con la literatura, el ensayo y la actividad filosófica. Sloterdijk inició su carrera literaria en la década de 1970, pero definitivamente la obra que le catapultó a la fama fue Crítica de la razón cínica en 1983.

Esta obra, a pesar de ser filosófica, alcanzó desde su aparición en Alemania un asombroso éxito editorial, además suscitó interesantes debates y hasta la fecha es la obra por excelencia del pensamiento de Sloterdijk de la cual se ha dicho que es “una de las obras más provechosas e inteligentes aparecidas en Alemania”, y que todo buen lector debe estar dispuesto a desentrañar.

Por lo anterior, ya he dicho que la obra de Sloterdijk es filosófica, pero además de sus múltiples ensayos, ha escrito una novela única en su tipo, en la que el autor nos revela su talento erudito, mágico y que se encuentra al borde del abismo para que de forma sencilla utilice la creación literaria para conformar un libro con tintes psicológicos.

El árbol mágico (1986), la única novela de Peter Sloterdijk en la que nos muestra que su talento narrativo y su pensamiento que sigue la línea de la tradición decimonónica de escritores filosóficos como Marx, Kierkegaard o Nietzsche, no son exclusivos de la amplia producción ensayística que posee y que es capaz de brindarnos grandes relatos filosóficos fáciles de comprender.

El árbol mágico se desarrolla en la verbena de la historia de la Revolución Francesa, en sus páginas podemos percibir tradiciones antiguas que han sido base de las tradiciones de los pueblos europeos, también encontramos características de las novelas alemanas del siglo XVIII, junto a refinadas tertulias y citas frívolas o eruditas hechas por muchachas lascivas y astutos funcionarios en posadas y dormitorios.

Pero algo increíblemente fascinante en esta obra es el elemento psicológico que recorre el libro de principio a fin, los personajes cuentan con personalidades definidas y muy variadas, pero, además de los personajes, los paisajes y los escenarios son de una prodigiosidad y estructura de características independientes.

Todos los elementos de la obra interactúan uno con el otro, de forma directa o indirecta se relacionan, van de la mano construyendo una unidad de carácter épico, y los pensamientos y emociones internos brotan del interior de los personajes y de las sombras del paisaje de modo convulso para recrearnos una grandilocuente escena.

Peter Sloterdijk ha logrado construir una novela de carácter filosófico y tintes psicológicos muy interesantes, donde la fuerza interna del ser humano es el motor alquímico de El árbol mágico y la tenue sombra de las motivaciones intelectuales del hombre le agregan un agradable sabor a una lectura que es trascendental para el pensamiento del siglo XXI.

El árbol mágico, un libro interesante escrito por un filósofo alemán que por obras colosales como Crítica de la razón cínica y otros tantos ensayos, está considerado como uno de los pensadores universales más originales y provocadores de la actualidad.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com
@plumavertical

La magia de la épica y la filosofía, en una obra de carácter psicológico

Un juego de artificio pronunciado por La Locura

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Era el año de 1511, y ya para ese entonces los españoles habían descubierto “El Nuevo Mundo”, mientras tanto, en la ciudad francesa de Estrasburgo el escritor, erudito y humanista holandés, Erasmo de Rotterdam, publicaba la primera edición en latín de su libro Elogio de la locura, una sátira magistral.

Pero antes de hablar de esta encomiable obra del siglo XVI y que merece una atención muy especial, hablemos un poco de su autor, un autor que nunca se propuso ser reconocido, exaltado o alabado, más bien buscó ser tratado como cualquier otro individuo de su generación… nunca lo consiguió.

Nació en la ciudad holandesa de Rotterdam, la fecha de nacimiento de Erasmo se sitúa entre los días 26 y 28 de octubre, muy probablemente del año de 1466, aunque cabe señalar que hay autores que manejan el año de 1469 como el año de su nacimiento.

Esta divergencia de fechas se debe a que su padre fue un cura que quiso guardar las apariencias y su buen nombre, y su madre, hija de un buen médico que procuró tapar la hipocresía del padre de su hijo -y de paso la de ella-, con las buenas costumbres de la época; dichas prácticas no cambiaron en nada con el pasar de los años.

Erasmo asistió a muy diversos y severos colegios monásticos en Deventer y Hertogenbosch, se hizo agustino y en 1492 se ordenó sacerdote, sin embargo la falsedad de la vida sacerdotal lo disgustó y tuvo que buscar un empleo secular y más tarde recibió la dispensa papal para vivir y vestir como erudito laico.

Puesto que la peste negra cobró muchas muertes en Europa, entre ellas las de sus tórridos padres, Erasmo de Rotterdam fue un viajero incansable; desde los 16 años se acostumbró a ser un europeo cosmopolita, un patriota de su pueblo, el consejero de Carlos V, enemigo del papa guerrero Julio II, amigo estimable de Martín Lutero y herético o revolucionario sin quererlo.

Erasmo de Rotterdam es considerado un maestro del pensamiento libre para su tiempo, ya que fue un hombre que se cuestionó a sí mismo de forma satírica todos sus pensamientos, y para nuestros días es considerado un humanista, porque en sus obras y en sus más de mil quinientas cartas que se conservan está presente su idea de que lo importante es la perfección que alcancemos de nuestra propia humanidad.

El humanismo y la religiosidad fueron los valores absolutos e intemporales que le servían como premisa para proponer nuevos canales de pensamiento, en especial para atacar a las costumbres monacales, el escolasticismo racionalista fomentado por los clérigos y las prácticas corruptas de la iglesia católica que había experimentado durante su experiencia sacerdotal años atrás.

La obra de De Rotterdam manifiesta una erudición lúcida, un manejo elegante del estilo latino que ameniza su obra con paciencia e ingenio, en la cual demuestra una cruel lección de moral práctica dotada de una original religiosidad que le servían en su lucha personal contra la ignorancia y la superstición.

Elogio de la locura, su más famosa obra aunque no la más importante, es una apología donde se presenta a La Locura como el personaje principal, mostrando brillantemente su oratoria, un soliloquio brutal, real y muy sincero, que a través de la personalidad innegable de este personaje salido de la esencia misma del ser humano, nos reconocemos en la sombra proyectada por este espejo que negaríamos ver de frente.

De forma franca, Erasmo de Rotterdam habla desde el interior del hombre para llegar a su alma. A través del periplo de La Locura hace un análisis prolijo de la sociedad que hemos construido gracias a nuestra poca inteligencia y mucha locura; un verdadero juego de artificio correctamente construido y mucho mejor pronunciado.

Sus ideas progresistas lo han situado como una de las figuras más trascendentales para el humanismo del Renacimiento, y que el eco de su erudición contenido en sus obras lo convierten en un autor notable para la humanidad y sus ideales.

Erasmo de Rotterdam, un escritor y erudito holandés que desechó las formas sacerdotales por una vida secular que lo encumbró como un auténtico hombre de letras y precursor de su época a favor de la primitiva ética cristiana.

Elogio de la locura, una maravillosa obra escrita en forma de canto, sin serlo, equiparado con un poema humano que debería ser leído en voz alta para alcanzar un análisis interno y el diálogo con nuestro interior.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com
@plumavertical
 
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La retratista del vacío japonés: Banana Yoshimoto

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Desde que las letras japonesas comenzaron a producir sus primeras obras literarias, siempre se han caracterizado éstas por poseer un gran valor artístico y literario como los Ise monogatari (Relatos de Ise), por surgir en los albores de las culturas orientales que han ido dando paso a otras artes.

En la sociedad oriental la oralidad dio paso a expresiones artísticas como el teatro no, el kabuki, la plástica, el manga, el anime, el cine, la música y la literatura moderna, que en su forma escrita toma un impulso demoledor, ya que no se vasa únicamente en el trabajo escrito, sino que la preexistencia de la oralidad viene a reforzar de manera rotunda el perfeccionamiento literario japonés.

Esta literatura, como todas las letras universales, se nutre de la comunicación y su oralidad, dando pie a que exista a través de las letras y el lenguaje que ellas forman, manifestándose de manera visual, oral o escrita, siendo la literatura japonesa una de las más visuales, que obtiene su valor estético e intelectual desde el momento de su concepción.

Y es a partir de esa concepción única, que los escritores japoneses surgen como una suerte de alquimistas venidos en la noche por sorpresa, con la firme intención de expresar un lenguaje que toma el rol de retratista social.

En este marco surge Mahoko Yoshimoto (1964), quien utiliza el seudónimo literario de Banana Yoshimoto debido a su gusto por las flores rojas de la banana y los pseudónimos andróginos; es hija de uno de los críticos y filósofos japoneses más importantes de la década de 1960, Ryumei Yoshimoto, y hermana de Haruno Yoiko, dibujante.

La escritura de Banana Yoshimoto es de un estilo excesivamente claro, su lenguaje aquiescente permite matices sumamente lúcidos, dotado de una nueva poesía generacional, donde temas nunca antes explorados en el Japón son recurrentemente utilizados por esta escritora.

La cultura japonesa, de la que nos habla Yoshimoto, es un Japón moderno, rico en tradiciones milenarias pero sorprendentemente insólito en el avance tecnológico que ha desarrollado en los últimos cincuenta años y donde las nuevas generaciones, como las de Banana, están devorando comics, video-clips, equipos de audio-video personales, telefonía celular, video juegos, que van dejando a su paso jóvenes desconcertados, ansiosos, con temores, abrumados y en una soledad recurrente.

El mundo en el que transita Yoshimoto es un mundo contradictorio, saturado de un vacío generacional, pero con unas ganas extraordinarias por vivir y amar; en eso radica la escritura emocional, árida y puntillosa que nos plantea la escritora en sus novelas.

Esa es la literatura que nos ofrece Banana Yoshimoto, que desde que publicó su primera novela Kitchen, obtuvo inmediatamente las mejores críticas y se convirtió en un verdadero éxito de librerías alcanzando las sesenta ediciones en Japón y los seis millones de lectores.

Gracias a escritoras como Yoshimoto, podemos descodificar a las sociedades del pasado o las contemporáneas de Oriente, por esa labor y visión de escritores y escritoras tan lúcidas que dan rostro, apellido y alma ya no sólo a las letras nacionales, sino a las letras universales.

El ejercicio de Banana Yoshimoto, enriquece el conocimiento y la capacidad de penetración en la realidad propia y ajena por tratarse de una verdadera suma de mensajes entre seres humanos que reflexionan sobre su entorno y sobre la sociedad en que se origina su escritura.

Banana Yoshimoto, una escritora que cumple con el rasero que imponen un buen número de clasificaciones generacionales, sin embargo creo que es oportuno insistir en que se caracteriza por su feliz coincidencia con espíritus antes dispersos a través de las letras.

Más allá de los premios literarios que ha alcanzado, del aplauso que le han brindado o la polémica que causa con su forma de novelar, es cierto que en un panorama general ella ha abandonado parcialmente ciertos escenarios que eran comunes en la literatura japonesa de sus maestros y ha impuesto su enfoque a detalle de los escenarios locales de su sociedad.

Las lecturas que merecen las obras de Yoshimoto nos brindan comprensión a una de las culturas orientales más fascinantes, validando el mensaje que nos quiere transmitir haciéndolo resonar en un eco que alcanza a muchos otros autores y lectores de Oriente y Occidente, ávidos por aceptar y entablar un diálogo de complicidad crítica, sana y constructiva.

Banana Yoshimoto, una escritora que asume su realidad –como corresponde a cualquier autor que se precie de serlo–, que pretende aportar las mejores obras que esté en sus manos escribir y que parte de una muy buena propuesta estética.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com
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Una escritura con olor a clavo y canela

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La novela más importante de la vasta producción del escritor brasileño Jorge Amado (1912-2001), es sin lugar a dudas para muchos Gabriela, clavo y canela, una obra que es también el antecedente más puro y estricto del boom latinoamericano, y la que maneja los ingredientes que han hecho famoso a Gabriel García Márquez.

Desde la primera publicación de esta novela en el año de 1958, la riqueza en el lenguaje que se maneja para describir los condimentos y suaves aromas del ambiente del estado de Bahía, lugar en el cual Amado basa la mayoría de su obra literaria, nos revelan una historia desbordante, llena del realismo brasileño que marcaría el tono de la producción novelesca de América Latina en la década de 1960.

Rosando la frontera de un incipiente realismo mágico, Jorge Amado nos ofrece un mundo excesivamente maravilloso, cargado del costumbrismo latinoamericano de hace cincuenta años, pero que perdura en el tiempo gracias al profundo retrato psicológico que hace de los personajes y al análisis sobre la vida social urbana y la transición política en aquella región de Sudamérica.

Gabriela, clavo y canela, una novela que es atravesada por una suave y bella historia de amor y pasión entre un soltero de provincia y su cocinera, sin dejar de lado los múltiples escenarios que alrededor de ellos se suscitan en estado puro, semisalvaje y extravagante.

Los personajes son divertidos y lapidantes, aparecen y desaparecen en un paisaje humano alucinante, ya sea en un ambiente urbano o rural; mulatas y machos prodigiosos que se pasean en la ciudad de Ilhéus –el mayor puerto exportador de cacao de Brasil en las primeras décadas del siglo XX–, doctores, políticos, inmigrantes, coroneles y licenciados dialogan de forma divertida e irónica.

Los movimientos sincopados, el manejo a voluntad del tiempo, los múltiples planos intercalados, las lluvias torrenciales, la musicalidad de las voces y toda esa singularidad de los demás elementos impregnan un exotismo al texto que lo enriquece vigorosamente; lo que lo llevó a ser traducido a más de cuarenta idiomas, razón por la que el autor ha sido considerado el brasileño más leído de todo el mundo.

Y aún nos falta hablar del elemento primordial de la novela, Gabriela, una deliciosa mulata que surge del nordeste del Brasil, de muslos del color de la canela y pelo acaracolado que siempre huele a clavo, que con la pericia de la lectura va seduciendo al lector de la misma forma que al árabe de nombre Nacib.

Su olor, su figura, sus sabores, son la impronta de esta inigualable cocinera que domina toda la narración, y que si no se hace presente de modo textual hasta pasada la tercera parte de la novela, sí está presente por su ausencia, esa ausencia que Amado esgrime para introducir una sombra de expectación y que prepara al lector para la alegría, el canto y la sensualidad ardorosa de Gabriela.

Jorge Amado concibió la literatura de ambiente rural como arma de lucha política e ideológica activa, que proviene del movimiento modernista latinoamericano, y luego de unos años de actividades izquierdistas se orientó paulatinamente hacia el antididactismo y la narración poética y sugerente que deja de lado las buenas intenciones, y que ha marcado un camino para la literatura de América Latina en la que las pasiones humanas se desbordan tanto que pareciera que sólo por la literatura pudieran ser encauzadas.

La totalidad de la obra de Jorge Amado seduce, es sinónimo de negritud, música afroamericana, personajes variopintos y una gama cultural venida de todos los confines del planeta mezclando los temas naturalistas con un humor sicalíptico, describiendo el mágico ambiente de la gente humilde de Bahía.

Gracias a esto, en los últimos años de vida el escritor brasileño (miembro desde 1961 de la Academia Brasileña de las Letras hasta su muerte), gozó de las recurrentes nominaciones para el Premio Nobel de Literatura, y junto con el argentino Jorge Luis Borges y el mexicano Juan Rulfo, integró la triada fundacional del movimiento literario llamado “el boom”.

Gabriela, clavo y canela, una portentosa novela que es muestra fehaciente de la prodigiosidad de un hombre que poseyó el talento narrativo que le abrió el camino para ser amado y reconocido internacionalmente, al mismo tiempo que funge como un testigo fiel de la riqueza social de un país que nunca nos dejará de sorprender.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com
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