Velo de novia

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El fuego y las luces que saltan, bailan, se abrazan y se funden sobre las personas que gritan extasiadas esta noche me tienen embelesada, fascinada, hipnotizada… nunca había contemplado tan de cerca el danzar de la pólvora quemada.

El pueblo está de fiesta, la niña María se casa con Antonio -el hijo del panadero-, quienes desde niños jugaban en esta misma plaza a corretearse uno detrás del otro, o simplemente tomaban cualquier envase vacío extraído de la basura para patearlo a fin de que les sirviera de pretexto para pasar las horas después del colegio.

Esta noche, María y Antonio se miran a los ojos prometiéndose amor y fidelidad, mientras los pobladores bailan alrededor suyo librando las chispas de pólvora encendida que buscan quemar la superficie de sus ropas; y yo, contemplo desde las afueras de la iglesia cómo las luces de fuego cubren a todo un pueblo y les hacen olvidar por unos instantes penas, dolencias y pesares. ¡Qué gran acontecimiento!

El flamante marido obsequia monedas a las doncellas, y su esposa se descalza las zapatillas y tira el velo de novia a sus primas al tiempo que corre tras él, sí, así como queriendo recordar aquellos años en que juntos jugaban hasta que el sol se ocultaba.

Velo de novia

Jorge Iván Garduño
@plumavertical

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