Archivos Mensuales: marzo 2013

Policía de Ciudad Juárez: una novela romántica aderezada con mucha acción

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Miguel Ángel Chávez Díaz de León, un férreo periodista que por más de 20 años ha ejercido la profesión en la metrópoli del norte de México que fue conocida hace algunos años como la “ciudad más violenta del mundo”, se presenta con su primera novela, Policía de Ciudad Juárez, bajo el sello de Editorial Océano, dentro de su colección La puerta negra.

Con este libro, Chávez Díaz de León nos presenta a un protagonista asediado por el ascenso de la criminalidad en su ciudad, mientras espera paciente que el amor le dé una oportunidad en esta urbe donde es más fácil caer abatido por la velocidad del plomo que “vivir felices para siempre”.

Así, con una voz fresca, ágil, inteligente, construye, recrea, describe y disecciona múltiples escenarios de asesinatos y hechos policiacos, con la finalidad de no dar tregua al lector, quien terminará reflexionando sobre el valor del amor, la vida y el respeto por la profesión.

Quien además se declara amante del huitlacoche –y desde joven ha cultivado la pasión por la poesía– me concedió una entrevista para Efekto Noticias desde Ciudad Juárez, Chihuahua, la tierra de la carne asada y los “burritos”, a propósito de la presentación de ésta su novela, Policía de Ciudad Juárez.

Jorge Iván Garduño (JIG): ¿Cómo ha influido en tu ejercicio literario el periodístico y cómo lo has aprovechado?

Miguel Ángel Chávez Díaz de León (MÁCDdL): Son dos cosas que van de la mano, pero no las revuelvo. Cada una tiene su campo de acción. Y las dos me fascinan porque resuelven mis inquietudes.

JIG: ¿Cómo nació su gusto por la poesía?

MÁCDdL: Desde chamaco. A los 14 años decidí que me iba a hacer escritor. Me fascinaban las aventuras deFantomas, comic que se vendía en Editorial Novaro. Ya a los 18 años entré a un taller literario del Instituto Nacional de Bellas Artes en Ciudad Juárez. Me inicié en la poesía. Me publicaron libros en diferentes ciudades del país. A partir del 2005 paré en seco con la producción poética. Espero un día volver a la “imaginación”…

JIG: ¿Cómo fue que decidiste hacer una novela?

MÁCDdL: Estaba decepcionado por lo que pasaba en mi entorno. De mal humor, casi deprimido. Entonces me inquiete y empecé a planear mi novela, para expresar mi coraje porque mi ciudad y su gente estaban siendo arrasadas. Así surgió, entre balazos y recorridos que, a diario, hacía por sus calles, sus barrios…

JIG: ¿Qué buscabas al escribir Policía de Ciudad Juárez?

MÁCDdL: La novela, aunque trae una carga pesada del género policiaco o “negro” es una novela romántica, de amor que se va gestando entre asesinatos y hechos policiacos de mucha sangre y asombro. Es una novela tierna acompañada de mucha acción. Y buscaba la manera de mostrarle a medio mundo mi interpretación de lo que sucedía en Juárez en la época en que éramos la “ciudad más violenta del mundo”

JIG: ¿Consideras haber fungido en alguna ocasión como “vocero involuntario” del crimen organizado?

MÁCDdL: En lo absoluto. Ellos a lo suyo, yo a lo mío. Y el Gobierno nada más mirando y haciéndose de la vista gorda.

JIG: ¿Por qué arriesgarse a “nombrar” a los principales cárteles y a sus líderes en la novela aun cuando cambia los nombres como el del “Chapo” Guzmán por el “Chavo” Gaitán?

MÁCDdL: Son del dominio público. Y cambié los nombres para cuidar que nadie se sintiera aludido. Policía de Ciudad Juárez contiene mucho humor para “suavizar” tanta sangre y balazos.

JIG: ¿Has recibido amenazas por parte del crimen organizado?

MÁCDdL: Nunca. En mi novela los que salen muy “perjudicados” son los del Gobierno de esos años; que estaba ausente.

JIG: ¿Alguna vez ha sentido temor al escribir sobre crimen organizado?

MÁCDdL: No. Cuidé mucho no “pisar callos” ni meterme de lleno en ese bajo mundo. La novela es cien por ciento ficción. De hecho, casi todos los nombres de mis personajes los saqué de las canciones y corridos que canta Eulalio González “El Piporro”. Y escribí gran parte de la obra escuchando los cedés de este ídolo de la música norteña y extravagante.

JIG: ¿Cómo transcurre la vida en Ciudad Juárez tras los altos índices de violencia?

MÁCDdL: Ahora las cosas están más serenas, no en calma, aún tenemos una o dos muertes diarias… que no se comparan a las 13 o 16 que teníamos al día y que los fines de semana sumaban hasta 50 vidas perdidas. Espero que algún día vuelvan los buenos tiempos de Juárez: mucho trabajo, mucho esparcimiento.

JIG: ¿Qué proyectos literarios tienes a futuro?

MÁCDdL: Escribo todos los días. Es un feo estigma, pero me gusta. Tengo una novela “histórica” donde yo hago mis propias interpretaciones, juego con ellas mintiendo e imaginando mil cosas sobre la historia de la región norteña.

Policía de Ciudad Juárez, un relato que sorprende sobre la realidad sufrida; hiere por la indiferencia de las autoridades competentes; y deja hasta la última frase esa sensación de esperanza y prosperidad. Una historia que hay que leer.

Jorge Iván Garduño
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¿De paseo?

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Tuve un compromiso justo a medio día; después llevé a dos familiares a cierta zona en la que podían tomar un transporte público que los conduciría hacia su hogar; de ahí me dirigí a la casa de mi madre –que se ubica a las afueras de la Ciudad de México– para recoger algunas pertenencias y posteriormente llevar a mi esposa a una junta con su editora y el resto de los colaboradores de la revista para la cual escribe…

Y así fue como dos cuerpos enamorados se dirigieron felizmente al centro de la capital montados en su plateado corcel motorizado, iluminando el ambiente con sonrisas, buena charla y sonoras carcajadas de ambos, aderezadas con el excelente tránsito, por lo que supusimos no tendríamos mayores contratiempos para llegar a nuestras respectivas citas, ya que tras dejar a mi esposa en su reunión debía ir a la Casa Citlaltepetl para entrevistarme con el editor y poeta Aurelio Asiain.

Menuda ingenuidad de ambos.

Tras mantener una velocidad constante mayor a los 100 k/h (y que conste en el acta que una patrulla de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal me rebasó por la izquierda, por lo que me supongo que incluso iba un poco lento a diferencia de otros), tras abandonar la calzada Ignacio Zaragoza me vi obligado a circular por el viaducto Río de la Piedad, mismo que “para variar” se encontraba haciéndole honor a su nombre: era un río de automóviles. Tormentosa caravana que se prolonga por cerca de los 50 minutos.

Tenía que tomar avenida Cuauhtémoc, lo que fue un poco –sólo un poco, tampoco exageremos– más fácil. Esa vía no se encontraba saturada, o por lo menos en dirección al sur; sin embargo, en el momento en el que debía doblar en el eje 5 Eugenia todo se volvió un caos. Por principio de cuentas, ésa es una parte de la ciudad que no conozco con precisión. Así pues, me metí sobre el eje 5, aunque dudé, porque el Google Maps decía que debía dar vuelta a la derecha, pero los señalamientos, y peor aún, los autos, decían que la circulación era hacia la izquierda… entonces pensé que me había equivocado en las instrucciones y que seguramente podría llegar a mi destino siguiendo, al puro estilo esnob, a los conductores conocedores de aquel lugar, por lo que continúe efectivamente al oriente… ¡Pésima idea!

Pasaron una, dos, tres, cinco, siete… más de diez calles, callejones, avenidas y nada de lo que vi se parecía al sendero que me llevaría a la reunión. Por supuesto, ya íbamos con un retraso impresionante después de la procesión de luces rojas sobre el viaducto Miguel Alemán.

Un poco más adelante, digamos que a la altura del metro Coyuya y antes de toparme frente a la delegación Iztacalco, fue justo cuando me dí de frente con avenida Río Churubusco… por fin comprendí que le habían cambiado el sentido de circulación al eje 5… ¡rayos!

Que pésima orientación de este tipo, han de estar diciendo, sí, tal vez tengan un poco de razón, pero en verdad íbamos bien a gusto platicando mi esposa y un servidor, así que el tiempo transcurrió y transcurrió hasta que ya estábamos lo suficientemente alejados de nuestros respectivos compromisos y luego de dos horas “de paseo” por la ciudad, pues decidimos enfilarnos sobre Churubusco, desviarnos por avenida Moras y luego la tan emblemática Insurgentes, sacar la computadora y dictarle a mi bella acompañante estas líneas anecdóticas que agradezco se tomen el tiempo para leer.

Total, mi esposa ya había enviado parte de su trabajo asignado por correo electrónico por la tarde, instante en que se enteró que avisaban del cambio de lugar de la reunión; además, la semana entrante se volverán a reunir. Y yo… bueno, ya no conseguí mi fabulosa entrevista con Aurelio Asiain, que dicho sea de paso presentó su más reciente poemario La Fronda (Posdata Editores) que ya leí, disfruté, releí y… creo que ésa es otra historia de la que ya hablaré más adelante y acompañaré con la reseña del libro.

Por lo pronto, disfruten del puente vacacional, así se queden en casa, existen muchas actividades y lugares que visitar. Y ojalá que nos olvidemos del tránsito aunque sólo sea por cuatro días.

Jorge Iván Garduño
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William Faulkner, autor de una obra metafórica avasallante

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William Faulkner experimentó innovadoras técnicas literarias que lo colocaron como una de las figuras más representativas, a nivel internacional, de las letras norteamericanas, como la utilización del monólogo interior, la inserción de múltiples narradores o de diversos puntos de vista sobre un único hecho, y los saltos de tiempo dentro de la narración, alcanzando su característica prosa de drama psicológica y una alta carga emocional.

Considerado el rival por excelencia de Ernest Hemingway, Faulkner se caracterizó por utilizar frases meticulosas, construidas con léxico pulido, y aunque al leer sus obras hay ocasiones en que uno no sabe qué está pasando exactamente, siempre se tendrá la sensación de que pasa o se cierne algo terrible sobre los protagonistas.

Faulkner

Así sucede en Santuario (Editorial Alfaguara), una obra celebrada por décadas, disfrutada por generaciones y sufrida por los amantes de Yoknapatawpha ‒condado imaginario faulkneriano enclavado al sur de los Estados Unidos, donde Faulkner recreó la mayoría de su prosa.

Santuario es un escrito intenso y oscuro con el que su autor se dio a conocer, ya no sólo como un escritor macabro, sensacionalista, extravagante, excesivo, sicalíptico, pueril, obsceno, y estilísticamente rebuscado, como había sido catalogado hasta ese momento, sino que además se reveló como uno de los genios de la literatura norteamericana.

Los personajes que nos presenta Faulkner en Santuario son atormentados por la culpa y atraídos por la obsesión y el deseo, por lo que el significado simbólico de los sucesos en sus vidas es de gran notoriedad al lograr transmitirnos aterradoras escenas melodramáticas transformadas en literatura de alto voltaje.

La novela se inicia con la llegada de Horace Benbow, un abogado que más tarde deberá defender a Lee Goodwin, quien es acusado de haber cometido asesinato en la misteriosa casa que funge como destilería ilegal y que se oculta en medio de los árboles como aguardando el declive en la vida de sus inquilinos, que de una forma u otra están condenados a la tragedia.

El Santuario, un relato polifónico donde hombres y mujeres son presa fácil de sus pasiones, sueños, ilusiones, temores, ambiciones, orgullo y pecados, que los colocan en situaciones nada favorables, y que con maestría William Faulkner relata haciéndonos partícipes de lo agreste del paisaje de Yoknapatawpha y la fuerza demoledora de la desilusión.

William Faulkner, con Santuario, hace gala de su talento como escritor con una novela que fue censurada en su momento por hablar de alcohol, corrupción y burdeles, pero con la que influenció a narradores latinoamericanos como Mario Vargas Llosa o Gabriel García Márquez.

Santuario, la obra más vendida de este escritor norteamericano, una novela que no podrá –apreciable lector– dejarla hasta llegar al punto final… característica indudable de las obras de Faulkner.

Jorge Iván Garduño
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Chinola Kid: narcotráfico, vaqueros y heroísmo puro

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El estado de indefensión ante el crimen organizado en el que nuestro país ‒por desgracia‒ ha caído, sin lugar a dudas es motivo suficiente para que ciudadanos movidos por su entorno busquen exorcizar los demonios que se encuentran sueltos a lo largo y ancho del territorio nacional, y sobre este tema, en los últimos años el ejercicio literario es buena muestra de ello.

Una sociedad herida, lacerada, siempre estará sedienta de buenas historias con finales conmovedores, aunque en el camino se derrame sangre… ¡mucha sangre!, gente inocente muera o pierdan a sus seres amados y posesiones que por años acumularon gracias a su trabajo honesto; siempre que el relato brinde una bocanada de aliento… eso es vital.

Chinola Kid (Random House Mondadori, 2012), del escritor mexicano Hilario Peña (1979), no solo proporciona al lector aire fresco en medio de un ambiente fúrico, sino que además es una obra que cuenta con elementos bien estructurados en el ambiente del narcotráfico y sólidas bases en las aventuras de vaqueros, dando como resultado una novela reflexiva con altos niveles de adrenalina e hilaridad.

Chinola-Kid-de-Hilario

Peña, quien reside en Tijuana ‒fronteriza ciudad del norte de México‒, nos lleva con su relato por intrincados senderos que se bifurcan en agrestes escenarios donde el narcotráfico, la violencia y la seducción de las mujeres, acechan por los caminos transitados por hombres, de los que el único pecado ha sido ser asesinos a sueldo.

El Tecolote, población sinaloense nacida de la inventiva de Hilario Peña, es una comunidad donde el índice delictivo es extremadamente alto, y bien puede representar la actividad habitual de muchas comunidades de hoy día, donde las figuras de autoridad son capos del narco y oscuros personajes de la política involucrados siempre en negocios de mala caña.

Los pocos pobladores se han convertido en minoría comparados con el constante peregrinar de las balas de las que son presa, así que es necesaria una figura que haga respetar la ley y devuelva la tranquilidad en la zona, por lo que al puro estilo de aventuras del Viejo Oeste, surge enfundado en botas de piel, camisa y pantalones vaqueros, y su reluciente sombrero Stetson, Rodrigo Barajas alias el Chuck Norris, quien de ser un mal encarado personaje vomitado por el submundo del narcotráfico pasa a ser un ser quien buscará su redención como alguacil de El Tecolote.

Chinola Kid, un narcowestern que disfrutará ‒apreciable lector‒ de principio a fin, con personajes castigados por la rivalidad y el odio, la avaricia y el deseo, el rencor y la osadía, y siempre ante el pasmo y la impotencia de la legalidad.

Una obra salvajemente escrita, Chinola Kid está impregnada de pólvora, sangre, pero sobre todo de mucho heroísmo, tan necesario y eficaz en tiempos tan convulsos como los que vivimos hoy en día.

En definitiva, Hilario Peña ha recreado una obra literaria con los trágicos elementos del narcotráfico y el arrojo de los personajes de las narraciones vaqueras, pero que no es menos que una voz inteligente que se eleva en medio de un salvaje y cruel desierto fulminante.

Jorge Iván Garduño
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El agua del siglo XXI

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En pleno siglo XXI nos preocupan los suministros de petróleo, pero hay otro recurso vital cuyo valor no se ha tomado en serio o no hasta hace no muchos años: el agua potable.

Por lo que me cuestiono sobre el real valor del petróleo. El mundo vivió sin él durante miles de años, y si nos viéramos forzados a hacerlo, nosotros también podríamos prescindir de él.

Podríamos hallar otras fuentes de energía, podríamos desarrollar combustibles sintéticos, podríamos substituir y modificar… ¡vaya! podríamos sobrevivir sin el petróleo.

Pero con el agua potable, ¡no ocurre lo mismo!

La vida depende de ella. Nuestros cuerpos están compuestos principalmente de agua. Necesitamos agua pura para seguir con vida: agua para beber, para bañarnos, para cultivar alimentos. No existe el agua artificial ni agua sintética. Tiene que ser real y auténtica.

Y aunque hay suficiente agua en la Tierra –el 75 por ciento de la superficie de nuestro planeta está cubierto de agua y contamos con grandes cantidades en el subsuelo–, el problema es que no toda el agua es “pura”; el agua limpia y potable es cada vez más escasa y complicado llevarla a las grandes ciudades, y abastecer la necesidad de toda la humanidad.

Según estimaciones, el agua potable disponible para uso humano de toda la contenida en el planeta Tierra es apenas como una gota en un inmenso recipiente.

Aproximadamente el 97 por ciento de toda el agua de nuestro planeta es agua salada. De la que queda, un poco más del 2 por ciento está congelada en las regiones polares. Esto quiere decir que disponemos de menos del 1 por ciento del agua dulce del subsuelo y la superficie, para todo el consumo humano.

A pesar de esto, la cantidad de agua dulce en nuestro planeta bastaría para el suministro de una población varias veces superior a la población mundial actual… podría bastar, pero ni siquiera es suficiente para responder a las necesidades actuales de la humanidad. ¿Por qué? La población ha crecido demasiado en comparación con el suministro local del vital líquido.

No sólo hay demasiada gente para el agua disponible, sino que además tres cuartas partes de la población rural mundial y una quinta parte de los habitantes de las ciudades, no tienen un suministro adecuado de agua. Millones de mujeres gastan buena parte del día caminando 15 kilómetros o más, sólo para conseguir agua suficiente para beber y cocinar.

Las sociedades que han disfrutado de un suministro adecuado de agua potable han tenido la tendencia de no apreciarla. Se abre la llave y el agua corre. Hemos tenido agua para bañarnos, lavar el carro, regar el jardín, impulsar la industria, mantener la agricultura y cumplir miles de funciones adicionales, desde el llenado de colchones de agua hasta el acarreo de las aguas negras.

Los que siempre hemos tenido agua, como el aire que respiramos, tal vez nunca hemos considerado que es algo que podría llegar a faltarnos, finalmente, siempre es mejor pensar que así ocurrirá para evitar que llegue ese fatídico momento.

La abundancia de petróleo puede ser detonante de una guerra, pero podría ser más amenazante la escasez de agua. Por ejemplo, los países de África y del Medio Oriente comparten suministros de agua cuya importancia es de vida o muerte por medio de tenues acuerdos, compromisos y, algunas veces, franca intimidación.

Si una nación opta por desviar o cortarle el suministro a otra, estará coqueteando con la guerra.

La arteria vital de Egipto es el Nilo, gran parte del cual tiene su origen en Etiopia. Luego que sale de aquel país corre a lo largo del Sudán. El Nilo no tiene agua suficiente para satisfacer las necesidades cada vez mayores de estos tres países.

Arabia Saudita y los países del Golfo Pérsico no tienen una fuente de agua adecuada y segura para la demanda presente y futura. ¡La situación es delicada y muy grave!

La demanda de agua en Israel también aumenta más rápido que el suministro de la misma. Según parece, ha alcanzado el límite en cuanto a la explotación de las fuentes de agua dulce. Los ríos Jordán y Yarmuk deben ser compartidos con Líbano, Siria y Jordania, países donde nacen. Y se ha extraído tanta agua de los depósitos subterráneos, que el agua salada está empezando a llenar el vacío.

Sin lugar a dudas el agua potable desempeña un papel importantísimo en los acontecimientos del orden internacional, es por ello y debido a su vital importancia para la existencia humana, que en 1993 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) adoptó el 22 de marzo como el Día Mundial del Agua para concientizar a la población sobre la conservación y desarrollo de los recursos hídricos.

Debemos cuidar nuestra fuente de vida, ya que sin ella, ni nosotros ni nuestros seres amados podremos ser capaces de subsistir en un planeta sobreexplotado y mal administrado en sus recursos naturales.

Jorge Iván Garduño
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“Rosa candida”, el susurro literario de una narración bucólica sobresaliente

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Islandia, país ubicado en el extremo noroeste de Europa, entre Groenlandia y el Viejo Continente, cuenta con una gran actividad volcánica y geológica, por lo que el paisaje de esta enigmática y bella nación se caracteriza por montañas convulsionadas por infinidad de volcanes y glaciares eternos expelentes de agua helada que fluye rumbo al mar a través de las tierras bajas.

Tras más de mil años de historia, los islandeses –escandinavos de origen danés y noruego– consiguieron su independencia apenas el siglo pasado; sin embargo, su economía se ha desarrollado abruptamente, dejando como un emotivo recuerdo la pesca y la agricultura de la que habían dependido tantos y tantos años.

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En 2009 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) clasificó a Islandia como el tercer país más desarrollado del mundo gracias a la libre economía de mercado que ha implementado su gobierno, así como la asistencia sanitaria universal, el desarrollo tecnológico y el acceso a la educación superior gratuita para todos sus ciudadanos; qué mejor lugar para que Audur Ava Ólafsdóttir (Reikiavik, 1958) haya desarrollado el talento literario que la ha puesto en el ojo de las letras universales manteniendo la tradición islandesa de la cultura medieval en el pináculo de las artes en este siglo XXI.

Rosa candida (Alfaguara, 2011) es la gran novela de Ólafsdóttir en la que el lector encontrará una enorme carga de idealismo enmarcado por el perfume de las flores, donde los personajes alcanzan tal grado de vulnerabilidad que son expuestos a las consecuencias del sentimentalismo a través de detalles y pequeños sucesos que dejan al espectador al borde de la tristeza.

El protagonista de la historia es el joven Arnljótur, quien por una noche desenfrenada de pasión, debe enfrentar su nueva condición: la paternidad; una pesadilla que amenaza su egocéntrico “yo” y lo coloca en una crisis existencial, por lo que el dejar su país natal es considerado por él como una opción obligatoriamente viable.

Sin embargo, la figura de su madre representa la carga emocional del universo que busca desterrar, por lo que ahora –lo quiera o no– se verá obligado una y otra y otra vez al recuerdo del exótico invernadero donde ella cultivaba una extraña variedad de rosas de ocho pétalos y sin espinas: la Rosa candida, que recoge su nombre de su vocablo científico en latín.

Como a modo de reconciliación con la vida, Arnljótur transitará un camino plagado de múltiples espinas con la finalidad de traer a la memoria cada recuerdo para expiarlo con el candor almizclado de las flores y la punción venenosa de un pasado lastimado.

Audur Ava Ólafsdóttir es una escritora que con su pluma acompasada, argumento puntilloso y paisaje exótico islandés –que busca confundir–, construye una novela portentosa al tocar, como con el pétalo de una rosa, el alma astillada de cada persona que se acerca a su lectura.

Rosa candida, un grito de amor contenido por el miedo y el temor, que a golpe de recuerdos y de los consejos de un viejo, darán paso a la indefensión del apego que un hombre hace ante el valor, el respeto y la conmiseración del “nosotros”; sin lugar a dudas, una novela inmisericorde que nos lleva al pináculo de un festín por la vida.

Jorge Iván Garduño
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1Q84, o la alteración del mundo

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El eco orwelliano japonés: 1Q84, llega a su fin con el tercer volumen de esta novela envuelta en un ambiente enrarecido que Haruki Murakami ha recreado ya desde las dos pasadas entregas de esta obra medular contemporánea de las letras niponas, y que sin lugar a dudas nos muestra la disección del mundo “de las dos lunas”, en apariencia normal y un tanto irreconocible, pero del que los personajes buscarán salir.

La novela se desarrolla al filo de la conciencia de los protagonistas: Aomame, una enigmática mujer independiente e instructora en un gimnasio; y Tengo, un profesor de matemáticas. Las vidas de estos personajes se cruzan, trenzan, enlazan, chocan, tropiezan, colapsan… todo mientras experimentan la multidimensionalidad del paso y el peso del tiempo, que de forma admirable Murakami sostiene a lo largo de su obra.

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Haciendo gala de una prosa detallista, hipnótica y con una fuerte carga de desarraigo social, somos cómplices –con el pasar de las páginas– de las historias alteradas de dos personajes atípicos y solitarios que viven sumergidos en la metrópoli, al tiempo que recorremos alternadamente el abanico de pasiones humanas de un universo surrealista que pasa de lo mágico a lo inverosímil, siempre cargado con la vitalidad psicológica de Aomame y Tengo.

En 1Q84 Murakami nos reitera que el flujo de conciencia es parte íntima de su obra, lo que permite que el conjunto de motivos que se confunden en la mente de quien pudiera ser cualquier hombre o mujer, en la imposibilidad de pretender vivir en la zozobra y la inseguridad de hechos moralmente cuestionables.

Es así como la fuerza del deseo que los personajes expresan en 1Q84 es regurgitado escandalosamente; el inconsciente es arrojado sobre nuestro entorno –y si la expresión es permitida– hacia el lector, a ratos en la incertidumbre de la represión, y por momentos nos encamina hacia la revuelta y la rebelión.

En esta última entrega que hace Murakami de la zaga 1Q84, hay un hálito de grandeza, de enamoramiento de la criatura humana, que nos muestra que bajo una apariencia de impiedad subsiste una compasión y una complicidad amorosas… mientras se aboga porque los verdugos sean castigados bajo los altos códigos de honor japonés.

Haruki Murakami, un lúcido escritor contemporáneo que ha irrumpido en el mundo literario alcanzando ventas multimillonarias en su país y, por supuesto, fuera de él, ha sido altamente criticado por su acercamiento con occidente, pero, sin lugar a dudas, de forma hipnótica envuelve al lector –occidental u oriental– con su obra.

1Q84 presenta la dialéctica entre la libido y el instinto de muerte obligando al lector a ir hasta el punto final, y deja la posibilidad de ir siempre más allá.

Sin miedo a la equivocación, Haruki Murakami sentará un precedente demoledor gracias a la escritura letal que sostiene en su ya basta obra, que en conjunto y en lo individual es majestuosa.

Jorge Iván Garduño
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Bajo fuego

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Hace dos años, 175 medios de comunicación, entre televisoras, radiodifusoras, periódicos, revistas, casas editoriales y portales electrónicos de información signaron el Acuerdo para la Cobertura Informativa de la Violencia en el que se comprometieron todos ellos a adoptar estrategias que ayudaran a tomar posturas en contra del crimen organizado a fin de evitar convertirse en voceros involuntarios de grupos de terror.

Cabe mencionar que la iniciativa tuvo como objetivo garantizar la libertad de expresión –en el entorno de criminalidad y violencia que enfrenta México desde hace ya varios años–, para que periodistas pudieran dar cuenta de los hechos asumiendo criterios editoriales ante las formas tan cruentas que adopta la delincuencia, misma que ha puesto a prueba la fuerza del Estado para refrenar a grupos delincuenciales que hacen del pánico su modo de subsistir.

Sin embargo –y es que nunca las buenas intenciones son suficientes–, a dos años de distancia de esta histórica reunión de altos directivos, conductores y periodistas en general, las cifras de colegas desaparecidos es alarmante; el número de reporteros, redactores y editores muertos que cubrían la fuente policiaca aterra;  y el cada vez mayor número de medios que “deciden” acallar su voz en temas sobre crimen organizado por intimidaciones directas a su personal o ataques a sus instalaciones va en aumento, como sucedió con un importante medio del norte de nuestro país al inicio de esta semana.

Bien es cierto que el manejo de cualquier información debe ser abordado de manera objetiva como lo demanda el ejercicio periodístico, pero sobre el crimen organizado la objetividad –y aquí el periodismo es permisivo– no es posible plasmarla cuando de lo que se habla es un hecho que lacera a la sociedad misma, que por falta de capacidad o de sobrada incapacidad de las autoridades competentes, según quieran verlo, hiere, lastima y lesiona la libertad de expresión… que cabe recordar es uno de los derechos fundamentales en cualquier sociedad sana que se jacte de serlo, a fin de estar informado para tomar mejores decisiones.

Desafortunadamente la labor periodística puede llegar a columpiarse en la delgada línea entre la labor de cumplir con la tarea de informar a la sociedad o la de convertirnos en voceros involuntarios de grupos criminales, que en la búsqueda de perpetuar y extender los tentáculos de su poder avasallan, esclavizan y matan a mujeres y hombres que pecan de ejercer, como lo dijera Gabriel García Márquez, el mejor oficio del mundo: el periodismo.

De lo que se trata aquí es de un ataque directo a la sociedad, en donde es más fácil ver cómo circulan volantes pidiendo informes para dar con el administrador de una red social a fin de impedir que informe sobre los sucesos que una comunidad vive bajo el yugo del crimen organizado, que verdaderas políticas públicas que desde hace muchos años nuestros políticos nos quedan a deber en materia de seguridad, educación, empleo, alimentación, desarrollo social…

Es lamentable que nuestra Carta Magna nos brinde garantías sobre la libertad de expresión, y sin embargo estemos supeditados al crimen organizado que actúa de forma permisiva.

Ver cómo más y más medios, más periodistas y más ciudadanos de a pie guardan silencio al ser amenazada su integridad y la de los suyos es terrible, pero más terrible es ver que las libertades de más medios, más periodistas y más ciudadanos de a pie son vulneradas en el ejercicio de una vocación que busca el bien de toda la sociedad.

La búsqueda de libertades honradas nunca debería ser coartada.

Jorge Iván Garduño
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“La torre y el jardín”: novela erótica, sórdida, sombría y además trágica

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Alberto Chimal (1970, Toluca, Estado de México) es considerado ya un escritor de culto en Internet debido a la solides y calidad del trabajo literario que publica en su bitácora en línea llamada “Las Historias”, desde hace varios años, dando a conocer por este medio: cuentos, relatos breves, microhistorias e imágenes, gracias a los cuales sus fieles seguidores no dudan en demostrarle admiración de manera entusiasta.

Es a través de este ejercicio que Chimal ha sorteado un sinfín de vicisitudes que la industria editorial exige por la naturaleza del medio, permitiéndole publicar muchos de sus relatos en una veintena de libros con cuentos de los que las primeras líneas muchas veces vieron la luz en el blog antes que en el papel impreso.

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Y es que en la sociedad del siglo XXI, con la Internet y las redes sociales erigiéndose sobre nuestras vidas, la lectura de la obra de Alberto Chimal es necesaria y útil, ya que estamos frente a un autor de inteligencia profunda que repite de forma constante el establecimiento de analogías referentes a una colectividad de naturalezas con el propósito de aislar lo que no es común a todos los hombres.

Lo anterior lo deja claro en su más reciente novela publicada bajo el sello editorial de Océano, La torre y el jardín, donde desentraña la base misma de la fundamentación de la comunicación existencial ya sea interpersonal, grupal o intercultural mediante el laberíntico entramado de “El Brincadero”, una especie de biblioteca erótica, donde las experiencias vívidas valen más que la mesura y el conocimiento interno.

La complejidad del texto elaborado por Chimal nos lleva a la reflexión como si fuese un paisaje que nos detenernos a contemplar, aunque esto represente una transgresión moral debido a las sórdidas escenas que dentro de un edificio aparentemente de siete pisos, se suceden detrás de sus perenes paredes.

Sueños recurrentes, ideas sombrías e imágenes amorfas… la novela transcurre en un periplo alucinante en el que hace su aparición Horacio Kustos, un personaje en el que Chimal ha trabajado durante muchos años, y en esta ocasión se cuela por orificios que son iluminados por la fantasía erótica sin caer en descripciones obtusas.

Lo trágico de la obra es contemplar cómo el hombre pierde su ecuanimidad moral, siendo presa de los instintos animales ante escenarios poco alentadores, derribándose en el uso y abuso de un poder visceral que corrompe lo más hermoso de la convivencia humana: la relación sexual que podría destruir análogamente el comportamiento de nuestra especia ante su propio apocalipsis.

En definitiva, en La torre y el jardín Alberto Chimal lleva hasta sus últimas consecuencias la sinrazón esencial de la vida en acciones desenfrenadas para gritarle al mundo que la ficción es la realidad misma y esencia de su obra.

Jorge Iván Garduño
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Revista “Molino de letras” edición marzo-abril de 2013
 
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Hugo Chávez ha muerto

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Una sentencia que por más de un año –desde que se dio a conocer que el mandatario venezolano padecía de cáncer– surgió de forma impronunciable en labios de sus allegados, idea agazapada en las mentes de prácticamente todos, pero que recobró fuerza hace menos de 90 días, cuando el hoy fallecido Hugo Chávez Frías viajó nuevamente a La Habana para someterse a su cuarta cirugía con la esperanza de erradicar las células cancerígenas…

En vano fueron tantos esfuerzos.

Y es que ya quedan en segundo término las especulaciones de las que fue objeto durante estos meses el también llamado por sus colaboradores y simpatizantes “jefe máximo de la Revolución Bolivariana”, como fueron:

  • Que si el cáncer surgió tras maldecir al pueblo judío con lo que dijo en su momento: “odio desde las entrañas”.
  • O bien, el mito de que los cubanos habían descubierto desde tiempo atrás la cura para el cáncer.
  • O qué me dicen de que se rumoró que era objeto de experimentos de clonación.
  • Y ya de manera más seria, que el comandante se estaba muriendo y que cada día era más complicado mantener esa verdad en el anonimato.

En fin, ya no importan a estas alturas, porque bien es cierto que el proyecto bolivariano no ha funcionado, y por más que Hugo Chávez, en busca de entronizarse en el poder sobre el pueblo venezolano ‒que está viviendo en la incertidumbre ahora que se cierne la peor de sus crisis económicas y políticas‒, reformó la constitución para ampliar su mandato y mantuvo un discurso alentador para las finanzas del país sudamericano, esto no ha sido así.

Perdón, corrijo amable lector, y me permito explicar: sí ha funcionado la Revolución Bolivariana: para mantener en el poder a un falso caudillo y a su séquito, que lo único que han hecho es dar “pan y circo”; el pan: de los excedentes de petróleo, y el circo: Hugo Chávez lo hizo.

Venezuela se enfrenta a un escenario aterrador. Sus reservas de petróleo son las segundas en importancia mundial, pero su economía pende de un delgado hilo resultado de una política chavista que giraba en torno al hidrocarburo, amistades izquierdistas en la región y un toque de hostilidad –en el discurso, mas no en la práctica– hacia el que llamó “imperialismo yanqui”.

Así las cosas, los herederos del gobierno de Venezuela, llámese Nicolás Maduro, Diosdado Cabello o Henrique Capriles, deberán enfrentar la muerte de Hugo Chávez si lo que quieren es comenzar a recomponer la credibilidad antes que la economía y el buen gobierno, y debe ser a la luz de la verdad y no en lo oscuro y buscando erigir al político en mártir.

Esa tarea, tan complicada, será la de conducir con veracidad el sepelio de Hugo Chávez, mostrando las imágenes de un presidente fallecido efectivamente el 5 de marzo a las 16:25 horas tiempo de Caracas, en el Hospital Militar, y no un servicio fúnebre con el ataúd cerrado y la foto del comandante, lo que podría ser un mensaje del inicio de la radicalización, porque con Chávez ya sabíamos a qué atenernos, con los políticos que ya manejan Venezuela… no sabemos.

Por esto se requiere de un buen gobierno que busque legitimarse a fin de obtener la credibilidad de los ciudadanos, lo que significa la base de toda buena sociedad, porque de no llegar lo anterior, entonces seguirán las malas habladurías y a la postre los más dañados serán los venezolanos, que podrían convertirse en un pueblo vetusto y corroído.

Y tras este lamentable suceso –porque a nadie se le desea la muerte–, escuché una frase que comenzó a circular en redes sociales que me parece muy atinada y que a continuación quiero reproducir, palabras más, palabras menos: He visto a muchas personas recuperarse del cáncer, pero nunca a toda una nación.

Les deseo a los venezolanos, chavistas y no chavistas, lo mejor, por lo que externo mis deseos de ver a partir de hoy cómo un país se recupera de este trágico suceso.

Y qué así sea.

Jorge Iván Garduño
@plumavertical
 
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