Archivos diarios: 13/03/2013

Bajo fuego

Estándar

Hace dos años, 175 medios de comunicación, entre televisoras, radiodifusoras, periódicos, revistas, casas editoriales y portales electrónicos de información signaron el Acuerdo para la Cobertura Informativa de la Violencia en el que se comprometieron todos ellos a adoptar estrategias que ayudaran a tomar posturas en contra del crimen organizado a fin de evitar convertirse en voceros involuntarios de grupos de terror.

Cabe mencionar que la iniciativa tuvo como objetivo garantizar la libertad de expresión –en el entorno de criminalidad y violencia que enfrenta México desde hace ya varios años–, para que periodistas pudieran dar cuenta de los hechos asumiendo criterios editoriales ante las formas tan cruentas que adopta la delincuencia, misma que ha puesto a prueba la fuerza del Estado para refrenar a grupos delincuenciales que hacen del pánico su modo de subsistir.

Sin embargo –y es que nunca las buenas intenciones son suficientes–, a dos años de distancia de esta histórica reunión de altos directivos, conductores y periodistas en general, las cifras de colegas desaparecidos es alarmante; el número de reporteros, redactores y editores muertos que cubrían la fuente policiaca aterra;  y el cada vez mayor número de medios que “deciden” acallar su voz en temas sobre crimen organizado por intimidaciones directas a su personal o ataques a sus instalaciones va en aumento, como sucedió con un importante medio del norte de nuestro país al inicio de esta semana.

Bien es cierto que el manejo de cualquier información debe ser abordado de manera objetiva como lo demanda el ejercicio periodístico, pero sobre el crimen organizado la objetividad –y aquí el periodismo es permisivo– no es posible plasmarla cuando de lo que se habla es un hecho que lacera a la sociedad misma, que por falta de capacidad o de sobrada incapacidad de las autoridades competentes, según quieran verlo, hiere, lastima y lesiona la libertad de expresión… que cabe recordar es uno de los derechos fundamentales en cualquier sociedad sana que se jacte de serlo, a fin de estar informado para tomar mejores decisiones.

Desafortunadamente la labor periodística puede llegar a columpiarse en la delgada línea entre la labor de cumplir con la tarea de informar a la sociedad o la de convertirnos en voceros involuntarios de grupos criminales, que en la búsqueda de perpetuar y extender los tentáculos de su poder avasallan, esclavizan y matan a mujeres y hombres que pecan de ejercer, como lo dijera Gabriel García Márquez, el mejor oficio del mundo: el periodismo.

De lo que se trata aquí es de un ataque directo a la sociedad, en donde es más fácil ver cómo circulan volantes pidiendo informes para dar con el administrador de una red social a fin de impedir que informe sobre los sucesos que una comunidad vive bajo el yugo del crimen organizado, que verdaderas políticas públicas que desde hace muchos años nuestros políticos nos quedan a deber en materia de seguridad, educación, empleo, alimentación, desarrollo social…

Es lamentable que nuestra Carta Magna nos brinde garantías sobre la libertad de expresión, y sin embargo estemos supeditados al crimen organizado que actúa de forma permisiva.

Ver cómo más y más medios, más periodistas y más ciudadanos de a pie guardan silencio al ser amenazada su integridad y la de los suyos es terrible, pero más terrible es ver que las libertades de más medios, más periodistas y más ciudadanos de a pie son vulneradas en el ejercicio de una vocación que busca el bien de toda la sociedad.

La búsqueda de libertades honradas nunca debería ser coartada.

Jorge Iván Garduño
@plumavertical
 
Este texto ha sido publicado en:
 
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