Chinola Kid: narcotráfico, vaqueros y heroísmo puro

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El estado de indefensión ante el crimen organizado en el que nuestro país ‒por desgracia‒ ha caído, sin lugar a dudas es motivo suficiente para que ciudadanos movidos por su entorno busquen exorcizar los demonios que se encuentran sueltos a lo largo y ancho del territorio nacional, y sobre este tema, en los últimos años el ejercicio literario es buena muestra de ello.

Una sociedad herida, lacerada, siempre estará sedienta de buenas historias con finales conmovedores, aunque en el camino se derrame sangre… ¡mucha sangre!, gente inocente muera o pierdan a sus seres amados y posesiones que por años acumularon gracias a su trabajo honesto; siempre que el relato brinde una bocanada de aliento… eso es vital.

Chinola Kid (Random House Mondadori, 2012), del escritor mexicano Hilario Peña (1979), no solo proporciona al lector aire fresco en medio de un ambiente fúrico, sino que además es una obra que cuenta con elementos bien estructurados en el ambiente del narcotráfico y sólidas bases en las aventuras de vaqueros, dando como resultado una novela reflexiva con altos niveles de adrenalina e hilaridad.

Chinola-Kid-de-Hilario

Peña, quien reside en Tijuana ‒fronteriza ciudad del norte de México‒, nos lleva con su relato por intrincados senderos que se bifurcan en agrestes escenarios donde el narcotráfico, la violencia y la seducción de las mujeres, acechan por los caminos transitados por hombres, de los que el único pecado ha sido ser asesinos a sueldo.

El Tecolote, población sinaloense nacida de la inventiva de Hilario Peña, es una comunidad donde el índice delictivo es extremadamente alto, y bien puede representar la actividad habitual de muchas comunidades de hoy día, donde las figuras de autoridad son capos del narco y oscuros personajes de la política involucrados siempre en negocios de mala caña.

Los pocos pobladores se han convertido en minoría comparados con el constante peregrinar de las balas de las que son presa, así que es necesaria una figura que haga respetar la ley y devuelva la tranquilidad en la zona, por lo que al puro estilo de aventuras del Viejo Oeste, surge enfundado en botas de piel, camisa y pantalones vaqueros, y su reluciente sombrero Stetson, Rodrigo Barajas alias el Chuck Norris, quien de ser un mal encarado personaje vomitado por el submundo del narcotráfico pasa a ser un ser quien buscará su redención como alguacil de El Tecolote.

Chinola Kid, un narcowestern que disfrutará ‒apreciable lector‒ de principio a fin, con personajes castigados por la rivalidad y el odio, la avaricia y el deseo, el rencor y la osadía, y siempre ante el pasmo y la impotencia de la legalidad.

Una obra salvajemente escrita, Chinola Kid está impregnada de pólvora, sangre, pero sobre todo de mucho heroísmo, tan necesario y eficaz en tiempos tan convulsos como los que vivimos hoy en día.

En definitiva, Hilario Peña ha recreado una obra literaria con los trágicos elementos del narcotráfico y el arrojo de los personajes de las narraciones vaqueras, pero que no es menos que una voz inteligente que se eleva en medio de un salvaje y cruel desierto fulminante.

Jorge Iván Garduño
@plumavertical
 
Este texto ha sido publicado en:
 
http://efektonoticias.com/cultura/chinola-kid-narcotrafico-vaqueros-y-heroismo-puro

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