Archivos Mensuales: abril 2013

“El informe Hitler”

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1 de septiembre de 1939, las tropas alemanas entraron en Polonia sin haber declarado la guerra y dieron comienzo a la II Guerra Mundial, este hecho, además de una llana declaratoria hostil de parte de Alemania hacia Francia e Inglaterra, significó el resultado del pacto de no agresión que Adolf Hitler y Josif V. Stalin firmaron con la intención de repartirse la nación polaca.

Hitler dirigió la guerra como un gánster en toda Europa: invadiendo por sorpresa. Para el 22 de junio de 1941 Hitler ya había invadido Yugoslavia y Grecia, y gran parte del oeste y el norte del continente –exceptuando España, Portugal, Suecia, Finlandia y Suiza–, pese a esto, Inglaterra no se rindió y ante todos los pronósticos, Winston Churchill, el nuevo primer ministro inglés no accedió a firmar la paz tras ver derrotada a su aliada Francia, ni a los bombardeos sobre la capital de parte de los alemanes.

Pero al ir avanzando y buscar invadir Rusia para ese año, las tropas de Hitler nunca previeron que el crudo invierno las alcanzarían en octubre de 1941, lo que se considera el principio del fin alemán, que se agravó con el ataque de Pearl Harbor que Japón efectuó en el Pacífico el 7 de diciembre, y significó la entrada de los Estados Unidos a una guerra ya con dimensiones mundiales, al declararse abiertamente en ejercicios hostiles Alemania y los norteamericanos.

En 1942, al dar Hitler la orden de seguir adelante, el ejército alemán renueva su ofensiva sobre Rusia, y en noviembre de ese año, los alemanes son rodeados completamente y aniquilados en una de las batallas más cruentas de la historia. A partir de entonces los alemanes sólo pudieron ir replegándose, destruyendo todo a su paso, con el fin de impedir el aprovisionamiento del enemigo.

El 10 de julio de 1943, los británicos y los norteamericanos desembarcaron en Italia, y el 6 de junio de 1944 tuvo lugar el fastuoso episodio en Normandía llamado “D-Day” (Debarcation Day). Con él, los estadounidenses y los ingleses irrumpieron en Francia y abrieron un segundo frente en el oeste.

Por el escenario, la conclusión estaba clara desde hacía tiempo: Alemania ya no podía ganar la guerra y sin embargo ningún general pensaba en encarcelar a Hitler y poner fin a aquella masacre. Continuaron sacrificando a sus soldados, pues para muchos de ellos su juramento de lealtad a Hitler era más importante que la vida de sus hombres: ésa era la perversa moral de la casta guerrera de un Estado militar. Finalmente decidieron dejar el asunto en manos de un oficial que tenía un solo ojo y un solo brazo y que debía atentar contra el tirano: Stauffenberg, quien el 20 de julio de 1944 atentó contra Adolf Hitler, pero todo salió mal y él y otros conspiradores fueron pasados por las armas.

Los alemanes siguieron luchando hasta que los rusos tomaron Berlín. El 30 de abril de 1945 el Führer se dio un disparo en su búnker. El 8 de mayo, Wilhelm Keitel firmó la capitulación incondicional de Alemania. Los alemanes se identificaron con Hitler hasta el final y lo acompañaron en su caída. Nunca otra figura ha sido tan popular entre ellos. Adolf Hitler comenzó personificando su patología y acabó induciéndolos a celebrar con él un aquelarre sin igual.

El resultado de los crímenes que realizaron juntos fue de una magnitud hasta entonces desconocida, que aún resulta imposible concebir.

Como se sitúan más allá de la razón, la reflexión sobre ellos ha tomado tintes religiosos. Pero en la medida en que la ciencia histórica se ha ocupado de ellos, se ha dado lugar a dos teorías: intencionalista y funcionalista.

Los intencionalistas dicen que Hitler quiso siempre este genocidio y lo planeó de antemano.

Por su parte los funcionalistas afirman que el genocidio fue consecuencia de la intensificación de las medidas adoptadas por los nazis. Éstos querían zonas de asentamiento para los alemanes, así que llevaron a los judíos a los guetos; pero aquí no podían alimentarlos, por lo que se les ocurrió la idea de asesinarlos, y sobrevino todo lo demás.

Pero Stalin siempre observó de cerca a su contraparte alemán, y tras la toma de Berlín ordena expresamente que integrantes del servicio secreto soviético, el NKVD, investigue qué ha sido del Führer, y en su afán por desentrañar los métodos que utilizó Hitler para dominar a su pueblo, da con dos hombres muy cercanos al tirano: Otto Günsche y Heinz Linge, quienes ejecutaron la orden final de quemar el cuerpo tras el suicidio de Adolf Hitler.

Desde 1946 hasta 1949 Günsche y Linge desgranaron la vida privada de Hitler.

El informe Hitler (Tusquets Editores) es una magistral obra que al momento de ser publicada impactó en la sociedad alemana, ya que relata desde una perspectiva inédita los acontecimientos que envolvieron la historia germana abarcando desde 1933 hasta el apocalipsis final de 1945.

Una obra monumental que los historiadores y escritores Henrik Heberle y Matthias Uhl documentan de manera extraordinaria, poniendo el mayor énfasis al relato de las últimas semanas en el búnker subterráneo de la cancillería y a la sobrecogedora descripción de aquella opresiva atmósfera.

Una obra imprescindible que nos habla de cómo un hombre terminó saliéndose del círculo de la civilización humana para hacer aquello de lo que la humanidad acusa a los judíos: matar a Dios. El informe Hitler, un libro que nos recuerda que los deseos y pasiones del ser humano siempre deberán tener un límite.

Jorge Iván Garduño
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“Policía de Ciudad Juárez”: una novela romántica aderezada con mucha acción

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Miguel Ángel Chávez Díaz de León, un férreo periodista que por más de 20 años ha ejercido la profesión en la metrópoli del norte de México que fue conocida hace algunos años como la “ciudad más violenta del mundo”, se presenta con su primera novela, Policía de Ciudad Juárez, bajo el sello de Editorial Océano, dentro de su colección La puerta negra.

Con este libro, Chávez Díaz de León nos presenta a un protagonista asediado por el ascenso de la criminalidad en su ciudad, mientras espera paciente que el amor le dé una oportunidad en esta urbe donde es más fácil caer abatido por la velocidad del plomo que “vivir felices para siempre”.

Así, con una voz fresca, ágil, inteligente, construye, recrea, describe y disecciona múltiples escenarios de asesinatos y hechos policiacos, con la finalidad de no dar tregua al lector, quien terminará reflexionando sobre el valor del amor, la vida y el respeto por la profesión.

Quien además se declara amante del huitlacoche –y desde joven ha cultivado la pasión por la poesía– compagina adecuadamente el oficio del periodismo con la literatura, ya que van de la mano, pero sin revolverlas, ya que cada una tiene su campo de acción, y las dos le fascinan porque resuelven sus inquietudes.

Asimismo, desde los 14 años decidió que se haría escritor, por lo que cuatro años después entró a un taller literario del Instituto Nacional de Bellas Artes en Ciudad Juárez… con lo que se inició en la poesía.

Con Policía de Ciudad Juárez, Chávez Díaz de León buscaba expresar su coraje al ver que su ciudad y su gente estaban siendo arrasadas por lo que se vivía en su entorno todos los días. Así surgió, entre balazos y recorridos que, a diario, hacía por sus calles, sus barrios…

La novela, aunque trae una carga pesada del género policiaco o “negro” es una novela romántica, de amor que se va gestando entre asesinatos y hechos policiacos de mucha sangre y asombro. Es una novela tierna acompañada de mucha acción. Y buscaba la manera de mostrarle a medio mundo una interpretación de lo que sucedía en Juárez en la época en que era considerada la “ciudad más violenta del mundo”

Un obra que cuida no “pisar callos” ni meterse de lleno en ese bajo mundo que es el crimen organizado y que toma el autor casi todos los nombres de sus personajes de las canciones y corridos que canta Eulalio González “El Piporro”, por lo que confiesa que escribió gran parte de la obra escuchando los cedés de este ídolo de la música norteña.

Policía de Ciudad Juárez, un relato que sorprende sobre la realidad sufrida; hiere por la indiferencia de las autoridades competentes; y deja hasta la última frase esa sensación de esperanza y prosperidad. Una historia de ficción que su sombre se pierde con la de la realidad que hay que leer.

Jorge Iván Garduño
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Al maestro con cariño

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La educación es parte fundamental para el bienestar de los individuos y el sano desarrollo de las sociedades, esta materia siempre ha sido prioritaria en las naciones desarrolladas, y desde los albores de la humanidad ha estado presente consolidando el desarrollo humano.

En México, con la imposición de gobiernos e ideologías –presentes incluso desde la época previa a la conquista española–, la educación siempre ha estado carente de veracidad y sí, no hay por qué negarlo, de muchas y muy buenas intenciones, que desgraciadamente nunca serán suficientes mientras no se alcance la permanencia de una excelente calidad educativa.

Sin embargo, no es posible achacar todos los males únicamente al gobierno federal en el poder –que por supuesto ha estado ausente y que entre sus mayores logros se cuentan los de mediados del siglo pasado–, sino que es un tema neurálgico que a todos nos acomete: sociedad, magisterio, padres de familia, medios de comunicación y gobierno; no necesariamente en ese orden, más bien todos parejos.

Veo con buenos ojos la Reforma Educativa, ya que no es posible que la buena educación de lo que representa el presente y futuro de México se encuentre en manos de grupos hostiles que buscan perpetuarse en el magisterio a través de la herencia de sus plazas, o de líderes sindicales omnipotentes y con sed de nepotismo.

Pero los buenos profesores y maestros con vocación sí existen, y los hay por todo nuestro país, y no por unos pocos –como los de Ayotzinapa– que aparecen en las pantallas de televisión, en primeras planas de los diarios, portadas de revistas o medios electrónicos, debemos juzgar a todo el gremio. Son pocos, muy pocos los rijosos que bloquean autopistas, agreden edificios públicos, toman calles y exigen no ser detenidos para sentarse a dialogar sobre la que consideran una Reforma Educativa “violatoria a sus derechos”… magisteriales.

No todos son Oaxaca, ni Guerrero, pero ojo, y esto va para las autoridades: no es posible querer que los profesores alcancen la excelencia cuando las aulas tienen un promedio de 50 o hasta 60 alumnos, donde con estas condiciones hasta al mejor profesor con vocación de enseñanza le es imposible alcanzar calificaciones aprobatorias como las que exige la evaluación magisterial… y esto es sólo por tomar un ejemplo.

Querer implantar estándares educativos exitosos en países del primer mundo en México: una nación en vías de desarrollo, economía emergente, de mano de obra, o como quieran maquillar nuestra real situación; será complicado, ya que es bueno, pero no creo que tengamos aún los medios materiales para aprobar la asignatura por la ausencia de programas pensados para los mexicanos.

Esta situación se agrava cuando ambos padres de familia laboran ausentándose por más de 10 o 12 horas del hogar, o los estudiantes son hijos de mamás o papás solteros, y que creemos que la educación es obligación de los profesores, total “por eso pago, para que eduquen a mi hijo” o ¿no?.

Por eso digo, el problema educativo en México es de todos, y no sólo es problema del Gobierno.

No se pueden solucionar los rezagos con: plantones, marchas, bloqueos, agresión, amenazas, exigencias… y ustedes ¿qué ofrecen señores maestros? ¿Éste es el camino para ustedes que tienen en sus manos la educación de niñas, niños, jovencitas y jóvenes?

El problema es complejo, pero lo que da tranquilidad es que la Reforma Educativa no plantea equipar aulas como la cacareada “Enciclomedia” del sexenio foxista, sin embargo –y al igual que el combate al crimen organizado–, el gobierno de Peña Nieto tiene que reforzar y actualizar planes de estudio, actualizar al magisterio, mejorar condiciones de trabajo, concientizar a padres de familia, ajustar sueldos, crear fuentes de trabajo para estudiantes recién egresados, invertir en tecnología en planteles de primaria y secundaria, contratar profesores y orientadores especializados…. ¡vaya! no es tarea fácil, pero ya se están dando los primeros pasos.

Se deberá avanzar en todos los rubros para sólo así alcanzar un nivel educativo satisfactorio y que no beneficie únicamente a escuelas particulares y a la clase alta.

Jorge Iván Garduño
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“El hombre caja” de Kōbō Abe, la introspección humana

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Kōbō Abe (Tokio, 1924-1993) fue un escritor experimental japonés que exploró las divergencias del ser humano dentro de la sociedad, inspeccionando con ojo de cirujano –Abe estudió medicina, aunque nunca ejerció– cada rasgo del individuo de modo surrealista y de forma introspectiva plasmando en su literatura extrañas formas del entorno.

El hombre caja (Siruela, 2012) es una novela compleja y muy bien estructurada de Abe, quien evoca la fascinación por ver al “otro” sin ser visto, suprimiendo voluntariamente la identidad por lo que encontramos en las diversas escenas descritas figuras y sombras extrañas de una filosofía de individuos que desarrollan unael-hombre-caja-9788498417173 interdependencia hombre-objeto motivados por el fin de mudar su aspecto en hombres-caja… y así comienza a transitar por las calles de Tokio esta extraña cría de sujetos con una caja de cartón que cubre sus cabezas y su cuerpo hasta la cintura.

La prosa que imprime Kōbō Abe es fragmentada, ahí existen más de tres narradores que nos van describiendo escenas caóticas, pero también se adentra en la utilización de otros recursos estilísticos que bien pudieran algunos lectores considerar como no literarios, tal es el caso de la fotografía o documentos legales que refuerzan la obra, lo que demuestra una estructura artística que encaja en nuestro siglo XXI, y que debió resultar muy difícil de imaginar en 1973, año en que fue publicada.

Es así como leemos que de una simple caja de cartón de refrigerador, cuatro sujetos hacen su hábitat en diferentes momentos, deambulando por calles, callejones y oscuros senderos, por lo que la sociedad termina por creerlos entes anormales al punto de confundirlos con desequilibrados, indigentes o vagabundos, pero que en su espacio vital, que es la “caja”, observan aturdidos la psicosis social de la que son presa el resto de los ciudadanos que están al borde del abismo moral.

Como si se tratara de un caparazón, concha o tal vez su piel momentánea, por lo que deberá mudar a su tiempo como una crisálida, el hombre-caja se aparta de la sociedad utilizando la caja como barrera ante el mundo, enfocando únicamente su mirada en la pequeña ventana horizontal por la cual se satisfacen los deseos más excéntricos.

Contrario a lo reducido que uno podría suponer es una caja de cartón, en su interior existen cables que sostienen cantimploras, una lámpara de mano, una radio portátil, una bolsa de plástico, comida, un cuaderno de notas, bolígrafos, una cámara fotográfica, planos de la ciudad y anotaciones relevantes plasmadas en las paredes de la “casa”, por lo que el hombre-caja posé todo lo necesario para sobrevivir, aunque sí está expuesto a las inclemencias del tiempo y, como se verá en las escenas, también a los excesos de los hombres del exterior.

Este espacio de seguridad representa para cada personaje un hogar acogedor, donde la comida, el dinero o los documentos no son relevantes ‒incluso la identidad misma del individuo‒, ya que a los cuatro personajes identificados como hombres-caja Abe les designa sólo el nombre de A, B, C o D, que interpretamos como la pérdida voluntaria de la identidad.

Asimismo Kōbō Abe hace de El hombre caja un estudio de la necesidad que el ser humano requiere cuando percibe el rechazo social o indiferencia que la sociedad infringe en cada individuo –trátese de joven, adulto o de la tercera edad– con lo que se inicia un siniestro juego de espejos entre individuos marginados que buscan en el morbo de observar lo que hay en el exterior sin ser vistos, una confrontación para quienes se encuentran afuera ya que el interior de la caja es un enigma que bien merece ser descubierto aunque ello signifique la destrucción de su propietario.

El hombre caja, una fascinante novela que toma como leitmotiv un objeto que desde la niñez puede ser utilizado como: auto, avión, casa, escondite, cueva, dormitorio, y que en la decadencia física o mental del hombre es el escondite donde se busca evadir al mundo a través del placer de mirarlo, buscando que sea ignorada fehacientemente su presencia.

Kōbō Abe nos presenta una parafilia única, con la que corremos el riesgo de maravillarnos gracias a la pluma maestra de un autor excesivamente inteligente.

Jorge Iván Garduño
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“Después del terremoto”, una intempestiva obra de Haruki Murakami

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Tras el éxito arrasador que el escritor japones Haruki Murakami (Kioto, 1949) obtuvo con su novela 1Q84(Tusquets Editores), el ya novelista de culto vuelve con su prosa puntillosa y arrebatada en un conjunto de relatos que evocan la fuerza de la naturaleza a la que está expuesto el pueblo nipón: sismos… terremotos… movimientos telúricos.

Después del terremoto (2013, Tusquets Editores) recoge seis breves relatos que se encuentran íntimamente ligados entre sí, y que forman a la postre una novela de dimensiones colosales al plantear vórtices creados por el miedo que genera un movimiento de tierra; y que los japones conocen de sobra.

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Murakami nos adentra en un mundo sombrío, repleto de sombras aderezadas por luces que se desvanecen y danzan en torno a un paisaje convulso, divergente y que se torna complicado comprender, pero tan adictivo… al punto que es complicado despegarse de él.

El hilo conductor en Después del terremoto es el sismo que en 1995 cobró la vida de más de cinco mil habitantes de Kobe, ciudad japonesa situada al sur de la gran isla, y que como sutil ladronzuelo deambula tras bambalinas a través de los seis relatos.

Haruki Murakami logra en esta obra transmutar el miedo generado del saberse preso de las fuerzas de la naturaleza en mostrar coraje por la vida misma, delineando la valentía de los seres humanos que buscan la luz de la esperanza tras el sombrío paso de la muerte.

Al adentrarnos a esta disidente obra, nos damos cuenta de lo frágil que es en realidad el ser humano, a través de seis divergentes personajes, que sirven como referente para intentar explicar la decadencia de los sistemas sociales más desarrollados.

La literatura de Haruki Murakami forma parte de diversas lecturas e infinitas interpretaciones, debido a que este autor utiliza la carga ideológica de Oriente maquillada con el pensamiento de Occidente, obsequiando al lector un abanico de pensamiento abstracto que provoca la reflexión, por medio de diálogos literarios abstractos más que explícitos.

Murakami redacta con tal desfachatez e inteligencia ‒inusual para la narrativa oriental actual‒, que desmitifica de brutalmente los clichés del siglo XXI al más puro estilo del mejor legado histórico japonés.

Jorge Iván Garduño
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“El descenso del Monte Morgan”, de Arthur Miller

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Escritor y dramaturgo ‒considerado toda una celebridad y un verdadero clásico‒, Arthur Miller (1915-2005) quien nació en Nueva York, Estados Unidos, hilvanó una obra total en torno a la decadencia de la sociedad norteamericana, teniendo en él al más severo y audaz crítico de la pujante economía estadounidense.

Su obra no da lugar a la duda, ya que demuestra ser franca, sin cortapisas, y poseedora de una voz viril que desnuda los sentimientos más oscuros de la hipocresía; que avasalla y carcome la moral implícita en la naturaleza humana.

A través de personajes atormentados, ya sea por su entorno o el exceso de la vida capitalista, Miller ahonda en los problemas arrastran al hombre obligándolo a infringir las leyes de la moral, y que podrían terminar en algunos casos arrojando a la humanidad al abismo de la soledad.

El descenso del Monte Morgan (Tusquets Editores) es una pieza teatral sobre la mentira y la doble moral que un hombre se ha empeñado en sostener por casi una década, y que al verse postrado en una cama de hospital imposibilitado para seguir con su juego de espejos, deberá enfrentar a dos mujeres engañadas por quien consideraban era “el hombre de sus vidas”.

Miller publicó El descenso del Monte Morgan (1991) tras un largo periodo de oscuridad artística, durante el cual las pocas obras que redactó no alcanzaron los reconocimientos de sus antecesoras. Sin embargo, aunque en un principio no le fue fácil estrenar la pieza, una vez que el publico la conoció obtuvo una excelente acogida y múltiples puestas en escena, además de una versión para la pantalla grande, reafirmando la calidad de análisis y crítica de este escritor de origen judío.

De forma avasallante, Arthur Miller nos describe un cuadro de engaño maquinado por un hombre que aparentemente tiene todo lo que una sociedad materialista podría exigir, y de manera audaz desgrana el deseo de la necesidad y la autocomplacencia que en el mundo occidental ‒primordialmente‒ permea.

El descenso del Monte Morgan, retrato fidedigno sobre un individuo que siente la urgente necesidad de llenar un vacío dejado por la ausencia de felicidad, y es a través de la búsqueda para obtenerla que topa de lleno con el egoísmo que su propio ser es capaz de generar… mismo que a la postre desquiciará su existencia.

Jorge Iván Garduño
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“Texas”, la historia inconfesable de un despojo

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La escritora mexicana Carmen Boullosa (Ciudad de México, 1954) regresa a los anaqueles de las librerías con la seductora historia de Nepomuceno, un terrateniente mexicano quien de la noche a la mañana se entera que la tierra que habita ya no es México, tierra en que nació, y quien será amedrentado por un carpintero norteamericano de medio pelo.

Tras el altercado de estos dos hombres, la noticia corre como pólvora encendida de población en población, como si de un caballo desbocado en la sierra se tratara, los pobladores se enteran del suceso que será magnificado por las huestes indómitas de la región que buscan cualquier pretexto para iniciar una revuelta.

Todo lo anterior esta enmarcado por la separación independentista que de México Texas ha efectuado, y su decisión de anexarse a la pujante nación de los Estados Unidos de Norteamérica, que le supondría un duro golpe al fracturado gobierno de nuestro país.

Don Nepomuceno deberá ahora dirigir un grupo de forajidos a través de las tierras tejanas y amplios valles que ya presumen sus rivales son propiedad de nuestro vecino del norte, y a través de intrincadas aventuras redimir el valor mexicano que siempre se ha presumido.

Carmen Boullosa reaviva en este relato: Texas (Editorial Alfaguara), una parte de nuestra historia que siempre se ha contemplado a la distancia como un vil despojo, pero que permite reflexionar sobre la pérdida de la identidad del individuo que al ver su nación fragmentada se contempla vilipendiado.

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Texas, una novela trascendental para repensar sobre nuestro pasado como nación, pero sobre todo analizar nuestro futuro como individuos, que al vernos o sabernos despojados y perseguidos en la tierra que nos vio nacer, se nos abre la posibilidad de replantearnos qué historia queremos que cuenten de nosotros las futuras generaciones de compatriotas.

En definitiva, Texas es una obra maestra cargada de sentimiento, investigación y pulcritud de estilo, que Carmen Boullosa ha sabido dibujar en una prosa letalmente adictiva.

Jorge Iván Garduño
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Me lo dijo un pajarito

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Al más puro estilo de Woodstock ‒y no, no me refiero al festival de rock; aunque es bien sabido de los grandes “viajes” que muchos experimentaron durante tal evento (y el personaje principal de esta historia seguramente también está “viajando”)‒ o Emilio como lo conocen otros tantos (el pajarito amarillo, amigo de Snoopy) se aparece ahora el finado Hugo Chávez para platicar con nuestro ya cada vez más afamado Nicolás Maduro.

Y es que ahora resulta que para desearle suerte, en la mismísima casa de la familia de Hugo Chávez, un “pajarito chiquitico” se posó en un dintel y observando a Nicolás Maduro le habló y lo bendijo en lo que es el inicio de su periplo rumbo a las elecciones presidenciales en Venezuela, que se celebrarán el próximo 14 de abril.

Es lamentable que a un mes del anuncio oficial de la muerte de Hugo Chávez, el encargado del despacho presidencial de Venezuela se mantenga en las primeras planas de los diarios y espacios en medios radiofónicos y televisivos más por sus comentarios incoherentes que por la capacidad como líder, político y proponiendo nuevos ejes para el gobierno que busca encabezar por los próximos 6 años en lo que representaría la extensión del chavismo.

Desgraciadamente, en tan solo 30 días Maduro ha dicho más necedades que las que se le recuerden a Hugo Chávez en un periodo similar, por lo que lo mejor que podría sucederle a la hermana nación venezolana es que Henrique Capriles llegara de forma democrática al Palacio de Miraflores; hecho que a no ser que Chávez y todas sus huestes angelicales en un arrebato democratizador post mortem intervengan en el cielo, se antoja más que difícil.

Así las cosas, por un lado un Nicolás Maduro que insiste en envolverse en la figura del difunto Chávez, erigiéndolo en el beato latinoamericano que El Vaticano pronto reconocerá, ya que carece de un proyecto de nación con rumbo y dirección y que, le guste o no, sólo busca el poder por el poder mismo, sin importar que para llegar a su meta explique cómo el “pajarito chiquitito” le habló casi, casi al oído y le recitó el discurso para el día en que tome por completo las riendas de Venezuela. Por el otro, vemos cómo tras una ceremonia luctuosa que reunió a tantos jefes de Estado que en otras circunstancias era inimaginable ver en un mismo lugar y a la misma hora, hoy día ‒a casi 30 días‒ un mutismo general ha permeado en gran parte de las naciones “hermanas” ante las próximas elecciones que Venezuela celebrará, y con un Maduro a quien nadie de sus allegados se atreve a dar la espalda o siquiera contradecir.

Ante tal panorama, es más que probable que pronto escuchemos a quien sea electo presidente de la República Bolivariana de Venezuela, decir que ganó gracias a un pajarito, y que ese pajarito le ha pedido se perpetúe en el poder por el bien de los ciudadanos… y del chavismo… y de él… y de todos… y a estas alturas ¿por qué no?, que Hugo Chávez será nombrado vicepresidente vitalicio en su calidad de “jefe supremo”.

Total, apreciados lectores, ante la incapacidad política de gobernar el pan y circo siempre han funcionado en la historia reciente de la humanidad ¿o no?

Jorge Iván Garduño
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“Aquella edad inolvidable”; el verdadero valor por la vida

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El futbol es considerado el deporte más popular del mundo, ya que participan en todo el planeta más de 270 millones de personas en esta disciplina, además de los miles y miles de millones de dólares que genera a cada momento; ejemplo de esto serían los altos sueldos que reciben los futbolistas: tan solo una pequeña parte de las ganancias netas.

Pero la verdadera emoción de este deporte está en el campo de juego, donde 11 hombres –o mujeres– deben enfrentarse a igual número de contrincantes teniendo como objetivo golpear con los pies una esfera de cuero que debe cruzar por el rectángulo del equipo contrincante, mismo que funge como meta y se le conoce en el ámbito futbolístico como portería.

Ramiro-Pinilla

Este apasionante deporte es el hilo conductor de Aquella edad inolvidable (Tusquets Editores), la más reciente novela del escritor vasco Ramiro Pinilla (Bilbao, 1923) que se erige de forma inocente y honesta como fábula de la moral humana, convirtiéndose en una afirmación de resistencia y valor a fin de evitar la negación de uno mismo.

Pinilla vuelve a adentrarse en el mundo del futbol tomando como excusa su idolatría por el Athletic de Bilbao –único equipo español en disputar todas las ediciones de la Primera División de España¸ junto al Real Madrid y Barcelona–, creando un personaje atrayente: Souto Menaya, alías Botas, quien surge del futbol llanero hasta catapultarse como estrella de los conocidos leones rojiblancos con un polémico gol en la final de la Copa del Generalísimo frente al Real Madrid en 1943.

Botas, al puro estilo de Maradona durante los cuartos de final de la Copa del Mundo en México 1986 ante Inglaterra, toca el cielo al ser el artífice de el gol ¿con la mano?… Sin embargo, tras saborear la gloria deportiva y profesional, es derrotado por la ambición, el egoísmo y la enemistad encarnada en un futbolista rival quien “no sale al campo para hacer amigos”.

El terrible golpe que le propina este oscuro personaje lo hunde en una completa penumbra, que es ahora su nueva realidad tras su fugaz paso por el equipo de sus amores: Athletic de Bilbao. Souto Menaya toma decisiones, termina relaciones y redirige su nueva vida a la que de reojo hace frente deseando que nunca más le sea recordado su pasado… hasta que como broma del destino el oropel llama a su puerta.

Pluma magistral la de Ramiro Pinilla, que con el cincel de su prosa deja marcada el alma de sus lectores, quienes encuentran en la novela Aquella edad inolvidable un estupendo estudio sobre la superación de deseos y pesadillas de la naturaleza humana, que le brindará aire puro al corazón en el marco del franquismo de la posguerra.

Una ficción que obliga a reflexionar sobre el verdadero valor de la vida.

Jorge Iván Garduño
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