Archivos Mensuales: junio 2013

Nelson Mandela: voluntad de hierro

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He luchado contra la dominación blanca, y he luchado contra la dominación negra, he soñado con un ideal de sociedad democrática en la cual todas las personas vivan juntas en armonía y con igualdad de oportunidades; es un ideal que me hace querer vivir para conseguirlo, pero si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir.

Éstas serían las últimas palabras que expresaría Nelson Mandela en público para luego ser encarcelado… y no volver a dirigirse al pueblo sudafricano hasta después de casi 27 años. Fue así como a la edad de 45 años sería condenado junto con 7 compañeros más a cadena perpetua acusados de conspiración para derrocar al gobierno, por lo que fueron trasladados a Robben Island, una isla al estilo “Alcatraz”.

La grandeza de este hombre radica en que a pesar de que la tercera parte de su vida permaneció preso por su ideología y la convulsión política que representaba para el gobierno blanco en plena segregación racial denominada Apartheid, es él quien deja un poderoso legado a Sudáfrica y al resto de la humanidad, erigiendo un enorme cimiento para las próximas generaciones, pues a pesar de sus pifias evitó que la sociedad sudafricana se exterminara en un baño de sangre, aun cuando el Sistema mismo se esforzó por convertirlo en el hombre más miserable de todos, Mandela respondió: No siento rencor.

Nelson Mandela ha vivido la mitad de su vida encarcelado, y aún así llevó la paz a Sudáfrica. Es sin lugar a dudas una de las historias más extraordinarias del siglo XX. Mantuvo unido a Sudáfrica, cuando pudo haberse dividido en mil pedazos; luchó para darle a su pueblo la libertad que desde su juventud vislumbró.

Y es que Nelson Mandela demostró que al fijar su mente en algo su espíritu se mantiene inquebrantable hasta lograrlo: conservando plena confianza en sí mismo a pesar de los miedos que las circunstancias naturales arrojan mientras se transita por aquellos senderos intrincados, abruptos e inhóspitos. Éste hombre ha comprendido que un líder tiene que demostrar valor.

El 11 de febrero de 1990, alrededor de las 15 horas, tiempo de Sudáfrica, fue liberado un Nelson Mandela irreconocible, con 71 años de edad y el rostro marcado por el peso del encierro… al fin era un hombre libre.

Un símbolo de unidad nacional y la figura central de la lucha por el reconocimiento e igualdad de los derechos humanos, eso fue en lo que se convirtió Nelson Mandela para toda la humanidad, y más al quedar abolido el Apartheid, tras lo cual se le reconoció a finales de 1993 con el Premio Nobel de la Paz y luego de convocar a las primeras elecciones democráticas en Sudáfrica, el 10 de mayo de 1994, juramentó como su presidente.

Nunca, nunca, nunca, jamás, sucederá que nuestro hermoso país vuelva a experimentar la opresión de unos sobre otros. ¡Que reine la libertad! ¡Que Dios bendiga a África! (Parte de su discurso frente a su pueblo ya como presidente de Sudáfrica.)

Nelson Mandela, un hombre tenaz y con firmes ideales que lo colocaron por encima de sus enemigos (quienes lo arrojaron en la cárcel), que con fortaleza de espíritu y dignidad no esperó a que la gente le estrechara la mano… ¡él se las estrechó primero!, reconciliando así la raza negra con la blanca, mismas que conforman un solo pueblo.

Madiba –como le llaman de cariño a Nelson Mandela–, un idealista que luchó por la igualdad de oportunidades; un político, que por su naturaleza misma de no serlo, trascendió las fronteras sudafricanas; un hombre excepcional, que sobre todo lo anterior, ha elevado el alma humana.

Aun cuando pudiera llegar al final de sus días, la lucha incansable y el ejemplo de este hombre jamás habrán de llegar a su final, pues seguirá siendo ejemplo para la humanidad.

Jorge Iván Garduño
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Firmado con un klínex, de Élmer Mendoza

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Los 13 relatos que conforman Firmado con un klínex (Tusquets Editores) del escritor sinaloense Élmer Mendoza (Culiacán, 1949), transitan la evocadora realidad de personajes solitarios que viven en un mundo desahuciado, en el que la fuerza de los diálogos se fortalece por encima de la descripción del paisaje, una apuesta interesante de la narrativa latinoamericana.

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Breves cuentos que tienen el poder hipnotizante para que el lector reconozca en las delgadas líneas el rostro humano, donde el alma de sus símiles sirve de lienzo para evocar escalofriantes historias que por surgir de la realidad misma se erigen en la cúspide de nuestros corazones.

La exploración de nuestros actos es un tema recurrente en esta obra, que de manera personal dialoga con nosotros, adentrándose en las motivaciones con la finalidad de que cada palabra, párrafo y relato se incorpore a nuestro subconsciente para reflexionar sobre asuntos que no nos son ajenos.

En el relato “La decisión”, Mendoza nos habla sobre un tipo que rapta a su novia, donde el padre de la chica funge como jefe de policía de la zona, y a pesar de lo que podemos llegar a creer, la decisión será en torno a una olla que es encontrada, misma que deberá tomar la decisión de abrir o no, y asumir las consecuencias de este acto.

El personaje de este breve cuento piensa en un sinfín de especulaciones, que a su vez le crean una indecisión sobre lo que debe llevar a cabo… la decisión en realidad será para él: ¿la abro o no la abro? ¿Y si lo que me encuentro es dinero? ¿Y si por producto de ese dinero me vuelvo millonario o no es lo que quiero?

Sólo como ejemplo, este relato nos permite aceptar que hay decisiones que no se pueden tomar sin saber qué es lo que hay del otro lado, por lo que lo transcendental e irónico de la existencia humana es el enfrentarnos a cada paso de nuestra vida a decisiones que la transforman en todo tiempo, explorando el cómo el ser humano se mueve en la sociedad.

Un compendio de relatos que nos abren las puertas para reflexionar ya sea sobre el absurdo del absurdo, o bien de sucesos estúpidos, simples, triviales, normales e incluso algunos otros rayan en la locura, pero que nos permiten vislumbrar lo ridículo de nuestras acciones y las reacciones a éstas.

Firmado con un klínex, un libro que forma parte de la obra trascendental de Élmer Mendoza, el hipnótico escritor de la cultura del narco de nuestro país.

Jorge Iván Garduño
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La vida no se construye en borrador

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¿En qué tipo de sociedad vivimos?

Podemos laborar en cosas que nos gusten y aún así que nos paguen por ellas, sin embargo y por lo general, las personas preferirían ganar dinero para alcanzar ciertos lujos, y no necesariamente trabajando en lo que uno más ama, porque además no queda tiempo, y entre comillas, esa persona podría ser alguien “exitoso” al nivel de lo que esta sociedad exige, cuando “exitoso” significa: carro, casa, dinero, trabajo con grandes dividendos, etc.

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En Un estado del malestar (Tusquets Editores) del escritor Joaquín Berges (1965, Zaragoza, España), el protagonista de la novela, Ricardo Marco, transita la desolación al no reconocer el mundo que él mismo ha construido a lo largo de años de trabajo, y ya cuando está a punto de la jubilación y alcanzado un nivel económico “bueno”, Marco entiende que ha renunciado a muchas cosas que en realidad deseaba, pero que no eran lo adecuado para conseguir el puesto de subdirector de los grandes almacenes en los que trabaja.

Al final del día, Berges toca un punto sensible del mundo capitalista, y la tesis que dicta: no se puede tener todo en esta vida. Si se trabaja para mantenerse en un estatus social –sea quien sea–, ese mismo estatus absorbe al individuo, ya que, tomando un ejemplo, no se puede tener a una esposa como la que se “quiere”, sino como la que se “debe” tener para satisfacer las necesidades del círculo al que ahora se pertenece… y Ricardo Marco deberá enfrentarse a esta terrible verdad, por lo que deberá pagar la factura que la vida le cobra por esta elección.

Un estado del malestar nos enseña que al final de los años la frustración es un síntoma, y nunca se requieren tantas cosas materiales para poder vivir, si es que la factura que se debe pagar nos cobra la felicidad por la que se creía trabajar arduamente años y años, sin ver que esa alegría estaba presente desde un inicio en lo simple, por desgracia, la vida no se hace o construye en borrador como bien dicen.

Joaquín Berges trastoca la utopía del pobre al hablarnos, a través de su obra, que en la simplicidad está lo más grande y maravilloso de este mundo, porque ¿qué vale más para el hombre?, ¿el dinero y la propiedad? O ¿disfrutar de las cosas sin precio: la risa, el aire, una tarde soleada, el roce de la piel de la mujer amada, la compañía de amigos disfrutando las notas musicales de la guitarra o la buena charla?

Un estado del malestar es asistir a un banquete con grandes comidas y sentirte a cada bocado indigesto, ese es un estado de malestar, y Joaquín Berges nos transmite el sentimiento del malestar de los protagonistas de su novela gracias a la prosa fluida que lo caracteriza, en cada escena recreada en su obra percibimos pasiones encontradas que los personajes experimentan.

En esta la tercera novela de Joaquín Berges podemos sentir en el alma el cansancio del que Ricardo Marco es preso, el hastío del que se apodera su corazón y atormenta su cabeza, pero de los que un buen día se olvida tras conocer a una joven que labora en un mercadillo cercano a su oficina de trabajo, y su vida comenzará a transformarse al adentrarse al mundo de las personas que rodean a la enigmática chica, lo que sin saberlo se convertirá en una bocanada de aire puro cuando se está sumergido en una tormenta de agua salada, como lo está Marco, claro que de forma metafórica.

Un estado del malestar, un libro que nos habla de forma inteligente del verdadero significado de la vida, y de las cosas por la que en realidad vale la pena vivir, pero sin dejar de lado al término de la jornada la realidad misma de la existencia… por dura y cruel que sea ésta.

Jorge Iván Garduño
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Las caras de la “Justicia”

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Un hombre acaudalado, inteligente y amante maquiavélico del juego de billar, entra a un concurrido restaurante, acto seguido y a la vista de todos asesina a quema ropa al profesor de nombre Adolf Winter. En la confusión, sale del lugar y se dirige para asistir a un concierto que se ofrecerá esa noche, y tras varias horas de haber perpetrado tan fatídico acontecimiento, es detenido.

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No existe duda que es él el asesino, sin embargo contrata los servicios de un joven abogado con problemas financieros y recién egresado de la facultad, bajo la premisa de que él es inocente por lo que deberá llevar el caso a buen puerto con la finalidad de que sea declarado inocente su cliente.

Los testigos caen en contradicciones, el arma nunca es encontrada y el maléfico juego del asesino Isaak Kohler da inicio con este interesante preámbulo; pero no crea querido lector que he arruinado su lectura de la novela Justicia (Tusquets Editores), ya que un brevísimo resumen similar se puede leer en la contraportada del libro del autor Friedrich Dürrenmatt (1921, Konolfingen, Berna, Suiza).

Una novela de suspenso, en la que su magnífica estructura y redacción hacen suponer al lector que la línea de investigación debería ir del punto “A” al “B”, tan lógico y coherente como el ser testigo de un asesinato donde vemos al autor material y quien además conocemos, pero el misterio se cierne sobre un hecho incuestionable; un misterio que no debería de serlo.

La escena puede ser clara, pero se abre un resquicio por el que es posible darse cuenta de lo que en realidad sucedió. Ángulos geométricos que son utilizados en el billar, por lo que no es de extrañar que Kohler utilice estos principios para mantener ocultas sus verdaderas motivaciones; todo depende del ángulo del que se mire y a dónde se quiera poner la bola.

El principio que para pegarle a una bola no es necesario darle directamente, será puesto en práctica de forma magistral en Justicia, donde la alma contradictoria de jueces y criminales es desgranada por Friedrich Dürrenmatt, quien en sus obras de teatro y novelas negras es un tema recurrente y aleccionador.

Cuando el ser humano logra captar la vida en ángulos, y conocer a dónde justamente hay que pegar para ejercer el poder donde verdaderamente se requiere, esa será una fuerza destructiva, que de forma indirecta podrá uno alcanzar los objetivos propuestos.

Friedrich Dürrenmatt, consiguió una obra perturbadora, que mantiene al lector inmerso en la trama desde las primeras líneas escritas, y conforme la historia se desarrolla, será imposible saber cuál será el verdadero desenlace… y por consiguiente las trágicas consecuencias.

Justicia, una novela poderosa y definitivamente poseedora de un final casi temible.

Jorge Iván Garduño
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“El libro de la risa y el olvido”, el espejo de la realidad

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Si habría que buscarle un título alternativo a la novela El Libro de la risa y el olvido (Tusquets Editores) de Milan Kundera (1929, Brno, República Checa), creo que sería pertinente: Mi vida en el espejo, porque seguramente todos tenemos una parte así, una parte que quisiéramos rememorar y otra que bien quisiéramos olvidar, y que si pudiéramos tenerlas en cartas, diarios o en objetos seguramente preferiríamos quemarlas, romperlas, tirarlas a la basura o destruir ese objeto que nos pudiera hacer mal, y así de fácil eliminar nuestros temores, rencores, nuestro pasado. O por el contrario, buscaríamos recuperar el objeto si los recuerdos son placenteros.

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Finalmente esa sería la única forma que tenemos de comprender cómo es que en nuestra mente existe el pasado, o el modo ideal de asirnos a la vida cuando se está muerto por la ausencia o presencia de la sombra opaca de ese sutil recuerdo.

Agarrarse a ese recuerdo, y cuando uno ya no esté presente de forma física extendernos mediante las memorias que escribimos para perdurar, o que lo que alguien más haya escrito de nosotros pueda hacer que ese alguien más nos sienta cerca. Una idea que a muchos fascina.

Y es que lo risible de la obra radica en que debería ser graciosísimo leer lo que uno escribe de sí mismo, por lo que el nivel de hilaridad se acrecienta en un juego de espejos laberíntico entre Tamina y Mirek; la primera, una joven viuda que busca recuperar su diario para traer a su mente nuevamente lo vivido en su matrimonio, que por el paso del tiempo y el exilio teme olvidar el recuerdo de su amado esposo; el segundo, quiere recuperar las cartas que ha escrito y que por la situación de su país lo comprometen de muerte, por lo que la apremiante necesidad de ponerle punto final a la historia lo lleva al periplo de su existencia misma. La necesidad de eliminar los recuerdos y todo el pasado motivan a Mirek para tener un respiro y volver a comenzar.

El libro de la risa y el olvido plantea una relación estrecha con la convulsión geopolítica de la antigua Checoslovaquia, asimismo le valió la revocación de Milan Kundera de su ciudadanía Checa, por lo que el destierro le siguió a una obra considerada como revolucionaria, como casi toda la obra de este autor con fuertes convicciones ideológicas, por lo que la carga emocional del amor, la añoranza de un pasado fugaz, del presente imperceptible y de un futuro incierto donde cabe sólo el recuerdo solitario que se presenta ante nosotros frío, gris, y fragmentado por la división nacional de un pueblo que busca la estabilidad, son la estructura misma de esta novela.

En esta obra, nos topamos con un ya sólido Kundera filosófico, donde utiliza la introspectiva para descifrar las acciones del ser humano mediante sueños, miedos, anhelos que el hombre en su conjunto utiliza para destruir o para amar; El libro de la risa y el olvido no es más que un síntoma, no es la enfermedad en sí; te ríes de tu enfermedad de locura o te afanas en buscar el olvido como un fallido intento de buscar la cura para el dolor que da la tristeza, el rencor o la ira pasada y que son producto de nuestras acciones presentes y pasadas.

Al final del discurso, lo terrible es darnos cuenta –al igual que los protagonistas– que la causa de grandes males somos nosotros mismo como humanidad, así que la risa o el olvido son síntomas de la tragedia que se cierne en nuestro mundo; la causa del porqué están buscando cartas o diarios los protagonistas, Tamina y Mirek. Ella, evita el olvido, y él, anhela eso mismo.

Una sentencia aterradora y apocalíptica dentro del vertiginoso mundo filosófico de Milan Kundera que nos atrapa con su eco temerario y ensordecedor.

Jorge Iván Garduño
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Bajo el mismo cielo

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La pequeña cierra los ojos como consecuencia de la falta de oxígeno que se le está impidiendo llegue hacia sus pulmones. Los pupitres de madera que llenan la habitación de paredes blancas adornadas con gráficas del cuerpo humano y mapas territoriales se difuminan ante sus ojos, y sólo alcanza a echarle un final vistazo de reojo al calzado negro de quienes son testigos inertes, mas no silenciosos, de la agresión de la que es objeto.

Casi inconsciente, el último aliento lo utiliza para indicarle a su brazo derecho que tome la mano de su joven agresor y, en lo que sería un intento desesperado, zafarse del bravucón de un tirón… por las risas de sus demás compañeros sabe que su empresa ya es imposible e inútil. Pierde la lucidez no sin antes preguntarse: “¿por qué a mí?”

Por desgracia, este relato que describí en una breve escena es verídico, sucedió en la escuela primaria José María Morelos de Hermosillo, en el norteño estado mexicano de Sonora, pero casos como éste se suceden cada día con mayor frecuencia, ya sea en la Ciudad de México, Yucatán, Jalisco, Tamaulipas, Baja California Sur o Sonora, acontecen dejando de ser ficciones producto de la imaginación de un bucólico escritor, quedando expuestas a la opinión pública al mostrarse en las redes sociales luego de ser grabadas mediante un dispositivo móvil.

Lo alarmante es que este ejemplo puede ser un caso de muchos otros que nunca conoceremos, ni mucho menos deberían de sucederse; en la actualidad lo llaman bullying, una palabra cada vez más habitual en nuestra sociedad, efecto de la intolerancia… y la intolerancia es discriminación, el origen de los grandes males de nuestro mundo, desde Anchorage hasta Tierra del Fuego; de Reikiavik, Islandia, hasta Ciudad del Cabo, Sudáfrica; de Turquía a Japón o Sydney, pasando por Ciudad de México, las noticias en la prensa se ocupan más de estos casos nada alentadores para una sociedad en plena decadencia.

Los seres humanos podemos llegar a ser intolerantes con nuestros semejantes, además de que como adultos somos el ejemplo de los más pequeños del hogar, quienes replicarán lo que ven, oyen y sienten en casa primordialmente, por tal motivo es indiscutible que para inhibir la discriminación se deben implementar políticas públicas enfocadas a cada familia en todos los estratos sociales… lo que significaría sólo el inicio de concientizar a la comunidad.

La discriminación puede iniciarse por nimiedades tales como no aceptar que nuestro prójimo sea del sexo opuesto; por vestir ropa diferente a la nuestra; tener un pensamiento distinto al que consideramos debe ser el adecuado únicamente por ser “el mío”; expresarse con algún acento distinto al de la región donde se vive; no hablar nuestra misma lengua; o que su color de piel no nos agrade; sea migrante; o sencillamente porque comparte creencias religiosas diferentes a las nuestras. Tristemente la discriminación la “practicamos” todos en mayor o menor medida.

La discriminación no es en absoluto el asunto privado de unos cuantos ciudadanos esparcidos por el territorio, sino el acontecimiento definitorio para alcanzar una sana sociedad, por lo que debemos reflexionar a fin de actuar por nuestro propio bien, ya que no hace falta ser una jovencita de sexto año de primaria de Hermosillo, Sonora estrangulada por un compañero de clase, ni ser un adulto de las comunidades indígenas desplazado de su tierra simplemente por no tener dinero ni títulos de propiedad o una mujer embarazada despedida de su trabajo para que el grito de irritación de la humanidad alcance el alma de la persona, a fin de que reconozcamos en ellos nuestra propia voz de dolor e indignación.

Hace unos días se cumplieron 10 años de la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación en nuestro país, promovida tras la alternancia en el poder al principio del siglo XXI, con lo cual se han ganado importantes luchas a favor de grupos vulnerables. Sin embargo, vemos que la cuestión más compleja de erradicar son los estereotipos adquiridos, situación de la que nos damos cuenta cuando hay una expresión inadecuada hacia una persona –como ha sido el caso de esta menor de edad originaria de Jalisco, que por su acento y condición social fue molestada por sus compañeros–, hecho (justificado) por lo que la sociedad se agita, las redes sociales se prenden… pero la situación de las comunidades indígenas que están siendo marginadas y excluidas en la actualidad no parece ser un tema de alarma para esta nación en su conjunto. Es ahí donde hace falta poner los puntos sobre las íes.

Debemos seguir trabajando para eliminar la discriminación en nuestro país, que es la trinchera en la que estamos, pero no olvidemos que las primeras acciones comienzan con nosotros y en nuestros hogares, enseñando la buena convivencia hacia los demás a fin de propiciar la tolerancia y el respeto mutuo, necesarios hoy más que nunca.

Al final de cuentas no debemos olvidar que todos, sin excepción, vivimos bajo el mismo cielo.

Jorge Iván Garduño
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“La ceremonia de las armas”, un vistazo al ambiente militarizado

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“El ambiente militar es pesado”, o eso es lo que afirman quienes desde la distancia observan las actividades rutinarias y responsabilidades de quienes están imbuidos en la milicia, que muy a su pesar, dicho por ellos mismo, no es fácil hacer carrera en las fuerzas castrenses, ya sea por la disciplina a la que deben ser sometidos o bien, la responsabilidad a la que deben hacer frente sin miramientos ni tregua.

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Pero además de las exigencias físicas y mentales que requieren los militares, también es cierto que para muchos o para todos, resulta sencillo obtener buenos ingresos, y aumentarlos conforme se asciende en el mundo de las armas, la pólvora y el metal.

El mejorar los ingresos familiares es lo que más seduce a hombre y mujeres para que se enrolen en el Ejército, por ejemplo en décadas anteriores padres de familia preocupados por el bienestar de sus pupilos, decidían al unísono que sus hijos acudirían a colegios militarizados para empaparse de las reglas y disciplina.

A este respecto el escritor mexicano César Fonseca (Ciudad de México, 1961) se presenta con su primera novela en el mundo literario con La ceremonia de las armas (Editorial Axial) en la que nos narra la vida de Fermín Casar empotrada a finales de la década de 1980 y quien por los consejos y perseverancia de sus padres se encuentra “recluido” en un colegio militarizado sin muchas posibilidades a futuro.

Fermín Casar nos llevará a conocer el mundo de las armas y su verdad sobre estos centros educativos que podría distar en mucho de lo que nos habrán contado ciertos amigos y familiares, ya que la escritura de Fonseca nos permite introducirnos a una realidad que ocurre –u ocurrió en nuestra sociedad mexicana–.

El escritor César Fonseca ya había publicado anteriormente un ensayo sobre Franz Kafka titulado La desobediencia del albacea y su relato Divertimento, con los que nos demuestra su conocimiento, así como sus gustos literarios tras terminar sus estudios en Lengua y Literaturas Hispánicas y una Maestría en Letras Mexicanas, todo ello en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Además, en 1991 obtuvo una beca por el Svenska Institutcon lo que realizó estudios de sueco en Sala, Suecia, permitiéndole adentrarse en el estudio de artistas escandinavos como Johan August Strindberg e Ingmar Bergman con la finalidad de agudizar su mirada y sensibilidad artística.

La ceremonia de las armas, un novel libro que bien merece ser leído por la construcción de la trama, argumento y calidad literaria.

Jorge Iván Garduño
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El diablo anda suelto

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La llegada del ex gobernador de Tabasco, Andrés Granier Melo, a nuestro país, procedente de Miami, Estados Unidos, el día de ayer, congregó a una multitud entre medios de comunicación, gente del político tabasqueño y curiosos, en la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, alrededor de las 20:35 horas, tiempo en el que se tenía previsto aterrizara el vuelo 413 de la aerolínea AeroMéxico en la capital mexicana.

Y es que el actual gobernador de Tabasco, Arturo Núñez, ya ha dicho que desde que tomó el cargo se detectaron movimientos anómalos en la anterior administración, por lo que se decidió denunciar un presunto fraude cometido por ex funcionarios tabasqueños al erario público en perjuicio de los ciudadanos de aquella entidad, bajo las reservas de una investigación estatal y federal.

Tras lo anterior, al ex tesorero de Andrés Granier, José Manuel Sáiz, le fueron encontrados más de 88.5 millones de pesos en efectivo, aunque inexplicablemente en una primera instancia se afirmaba que eran más de 100 mdp ‒una cantidad tremenda‒ y lujos excesivos que han sido expuestos en todos los medios de comunicación de este ex servidor público, por lo que le han dictado auto de formal prisión por peculado y lavado de dinero.

El Sr. Andrés Granier deberá responder a las acusaciones de las que está siendo objeto, ya que según su última declaración patrimonial su fortuna asciende a 40.2 mdp, 13 propiedades con un valor total de 26 mdp, por si fuera poco en días anteriores se suman a estas cifras una propiedad que presuntamente sería propiedad de Granier Melo con un costo de 44 mdp, así como varias cuentas millonarias a nombre de sus hijos y familiares directos.

Por desgracia para nosotros, el caso Granier no es un hecho aislado, hace unas horas se le dictó auto de formal prisión al ex gobernador de Aguascalientes, Luis Armando Reynoso Femat, por la compra durante su administración de un tomógrafo de 13.8 mdp que nunca llegó al hospital para el que se dijo fue comprado.

Pero casos donde ex gobernadores terminan siendo dueños de empresas, propiedades y grandes sumas de dinero consignadas en cuentas bancarias nacionales y en el extranjero para luego ser acusados de peculado, desfalcos al erario público y enriquecimiento ilícito ya es recurrente, y los medios de comunicación dan cuenta de ello, aunque tras largos procesos o sólo imputaciones indirectas no se les ha demostrado “nada”.

Ejemplos de esto serían Humberto Moreira (Coahuila), Arturo Montiel (Estado de México), Tomás Yarrington (Tamaulipas), Fidel Herrera (Veracruz), Mario Marín (Puebla), Eugenio Hernández (Tamaulipas), Juan Sabines (Chiapas), Ulises Ruiz (Oaxaca), Narciso Agúndez (Baja California Sur), y la lista podría seguir aumentando.

El diablo anda suelto y está presente en todos y cada de los nichos políticos, donde se busca acumular grandes fortunas para “ellos y los suyos” en tiempos tan cortos como sea posible, utilizando influencias y los puestos de elección popular que por desgracia el pueblo les ha concedido.

Estas prácticas no son exclusivas de gobernadores o tesoreros, suceden en todos los niveles, si queremos que nuestra situación como nación cambie debemos exigir al Gobierno de la República que sin miramientos actúe en éste y todos los casos ‒sean mediáticos o no‒, para poner ejemplo a las siguientes generaciones de políticos y servidores públicos que ven en este ejercicio los beneficios propios antes que trabajar para lo que fueron designados.

Por desgracia el diablo anda suelto y muy pocos se libran de sus sicalípticas artimañas.

Jorge Iván Garduño
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“Trancapalanca”

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Tusquets Editores reedita este año un conjunto de cuentos breves del escritor sinaloense Élmer Mendoza, que conforman la obra titulada Trancapalanca, misma que fue publicada por primera ocasión hace 24 años, además, cabe mencionar que este extraño título del libro es una palabra evocadora que hace referencia “a un ritmo único” que en los 23 relatos a los que hago referencia se presentan múltiples facetas y situaciones que asemejan una vuelta de tuerca muy singular y sugestiva.

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En Trancapalanca se percibe una mayor libertad en cuanto al tratamiento formal de las historias en comparación con la obra más reciente que de Mendoza se ha publicado, mismas que nos sumergen en ambientes fantasmagóricos, de lucha, deporte, periodismo, asesinos a sueldo, y siempre cruzando la frontera entre el narco, las balas y la pólvora, siempre presentes en la obra de este autor.

Un universo fascinante es con el que nos encontraremos en Trancapalanca, que bien puede ser leído a manera de micro relatos y bien en su conjunto puede ser considerada como una novela difícil de encasillar por la variedad de historias que aborda y el tratamiento en cuanto a estilo se refiere, sin embargo por mantenerse este estilo y forma a lo largo de los relatos, es posible entenderlos como un todo abarcador dentro de un universo fragmentado y traumático.

Desde su publicación en 1989, este libro se erigió como “mítico” dentro de los círculos de lectura de culto, y conforme Élmer Mendoza alcanzaba una mayor relevancia con sus siguientes obras, se le atribuyó un halo de misterio impregnada de una literatura innovadora, evocadora y un tanto inocente por su carácter mismo de novatez, que no deja de ser por demás casual en el arte narrativo aleccionador.

Más de 20 años han transcurrido desde la primera edición de Trancapalanca, sin embargo para los nuevos lectores de la obra de Élmer Mendoza o para los ya cautivos amantes del también autor de Un asesino solitario, encontrarán en estos 23 relatos el estilo característico de quien es ya considerado el narrador que recoge con acierto el efecto de la cultura del narcotráfico en México.

Y es que Mendoza se ha erigido como referente de la cultura del narco en la literatura mucho antes que la escalada de violencia recrudeciera en nuestro país, y todo esto debido a su pluma audaz, firme, con la que ha relatado vertiginosas historias donde personajes imbuidos en el narcotráfico e intercambio de influencias se han posicionado en la palestra literaria de forma avasalladora.

Élmer Mendoza, un fascinante escritor comprometido con el fomento a la lectura dentro de la sociedad a fin de fortalecer el círculo literario, además de ser un apasionado formador de novelistas en el ámbito cultural de nuestro país, lo que le ha valido reconocimiento y admiración de parte de intelectuales, escritores y público en general.

Trancapalanca, un conjunto de 23 relatos con los que hace más de 20 años Élmer Mendoza puso en marcha un estilo libre y experimental en la mayoría de los textos, donde el lector podrá ser cómplice de los personajes sicalípticos traídos por la mente del escritor sinaloense, lo que la hace una obra relevante y poseedora de mucha tensión emocional.

Jorge Iván Garduño
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Poesía desde el autoexilio

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Poéticas de los dislocamientos (Literal) es una recopilación de ensayos que hablan desde la voz de los escritores sobre la experiencia de emigrar del país de origen a una nación desconocida, y desde ahí comenzar a ejercitar la literatura desde una práctica abarcadora que comparte la idea del desplazamiento y traslocación que han experimentado decenas de escritores de origen latinoamericano y emigrado a los Estados Unidos por cuestiones laborales, familiares o creativas.

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La obra, que estuvo a cargo de la profesora argentina de literatura latinoamericana y escritura en español en la Universidad de Rice, Gisela Heffes, quien además es escritora y ensayista y ha publicado obras como: latinoamericana (2008), Ischia (2000), Judíos/ Argentinos/ Escritores (1999), define los trabajos de Poéticas de los dislocamientos en su conjunto como narrativas de emergencia ancladas a una doble perspectiva en la que deviene un objeto simbólico recurrente de angustia e indagación cultural.

Gisela Heffes, quien además es escritora y ensayista, conformó un libro en el que reúne una serie de ensayos de reconocidos escritores latinoamericanos como son: Cristina Rivera Garza, Sergio Chejfec, Arturo Arias, Alicia Borinksy, Sergio Ramírez, Sylvia Molloy, Eduardo González Viaña, José Antonio Mazzotti, Ana Merino, Vicente Luis Mora, quienes de manera excepcional y con su estilo característico escriben sobre la relación que experimentaron con el país que los recibió y la añoranza de su propia nación.

Poéticas de los dislocamientos forma parte de un proyecto más amplio y abarcador que pretende publicar textos de una importante generación que está produciendo sus obras en los Estados Unidos publicados en su mayoría en castellano, pero que tienen la característica de situarse en la frontera de dos mundos, dos lenguas, dos culturas, dos marcos diferenciales diferentes: la norteamericana y la latinoamericana, lo que significa un paradigma de indagación cultural innovador que se suscribe al fenómeno de la globalización, los flujos migratorios y la hibridación de las lenguas.

Asimismo, las implicaciones emocionales y referenciales son expuestas para entender esta práctica de arraigo o desarraigo y sus bifurcaciones al efectuar el desplazamiento físico en detrimento con el ejercicio y producción literaria, lo que la hace más abarcadora al proponer la interesante tesis de replantear la idea de Nación con el simbolismo de la escritura y la pertenencia individual proyectado en lo colectivo.

Este proceso de dislocación y producción ensayística es un fenómeno que pretende concretar la voz de toda una generación emergente, misma que escapa a toda categorización de época o procedencia, donde el idioma se disgrega, el arraigo se profundiza y permea toda una obra que es, sin lugar a dudas, una experiencia cultural de una nueva genealogía literaria.

Poéticas de los dislocamientos es un fantástico trabajo en todos los sentidos, donde el lector podrá comprobar cómo cada escritor construye argumentos tan validos y poéticos brotados desde la imaginación creativa más inquietante a manera de lúcidos ensayos, donde el desplazamiento y migración son expuestos desde instancias tan disímiles, no solo en lo conceptual, sino desde marcos representativos y referencias literarias que varían y se complementan recíprocamente.

Dislocamientos, un conjunto de ensayos que bien vale la pena leer en voz alta, y formar parte así de un espacio de discusión y reflexión en torno a la condición de emigración y la producción literaria, muy necesaria para un mundo globalizado.

Jorge Iván Garduño
@plumavertical
 
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