“Muerte súbita”, de Álvaro Enrigue

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Muerte súbita (Editorial Anagrama) del genial escritor Álvaro Enrigue y que fue galardonada con el XXXI Premio Herralde de Novela es un fascinante relato en el que se enfrentan a un duelo de tenis el pintor Caravaggio y el poeta español Quevedo durante 1599, donde la erudición literaria y el buen humor son personajes centrales en esta obra monumental.

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Este libro hay quienes lo han incrustado dentro del género de la novela negra, y quizá tenga vastos elementos de la intriga, rasgos de thriller y una carga fuerte de intelectualidad, que hacen de esta obra una novela muy interesante y con nulos antecedentes dentro de la literatura mexicana, convirtiéndola en una  aventura encomiable para cualquier lector serio.

Por toda la tesura que utiliza Álvaro Enrigue en sus ficciones y ensayos, le han valido para ser apreciado en el universo literario como un escritor depositario de una fluidez intelectual deslumbrante, maduro y capaz de envolver en sus letras desde un niño hasta un erudito.

La fuerza de este artista por la literatura surge de una necesidad de la escritura, y después de una devoción, un gusto y un compromiso con el ejercicio literario, por el hecho de materializar el pensamiento, pero también por el gran placer de ver cómo se va componiendo una página, una frase, un párrafo, cómo se van engarzando palabras, cómo se van paseando las ideas para vestir el conjunto de un libro, cómo se plasman frases casi vacías o silencios sincopados que pueden ser retomados por el que los lee.

Muerte súbita, ganadora del XXXI Premio Herralde por un jurado compuesto por Salvador Clotas, Paloma Díaz-Mas, Marcos Giralt Torrente, Vicente Molina Foix y el editor Jorge Herralde, esta novela se impuso a 476 obras presentadas, las participación más alta de la historia del galardón convocado por Editorial Anagrama y dotado con 18 mil euros (más de 300 mil pesos).

Para realizar este trabajo, Enrigue se adentró en la forma de ver el mundo de ambos artistas. Rastreó también la primera vez que se citó la palabra tenis. La encontró en 1451, más de un siglo antes del nacimiento del pintor barroco —que era un excelente tenista— y del poeta ibérico.

Su creatividad, su agudeza y su fuerza literaria, lo han situado en uno de los lugares más privilegiados como escritor, en el que sin duda continuará brindándonos de mayores retos narrativos y ensayísticos.

Jorge Iván Garduño
@plumavertical
 
Este texto ha sido publicado en:
 
http://efektonoticias.com/cultura/muerte-subita-xxxi-premio-herralde-de-novela-literatura
 
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