“Quédense en la trinchera y luego corran”

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Georgie está convencido, como todo el vecindario, que La Guerra (Priemra Guerra Mundial) acabará antes de que lleguen las Navidades, pero el tiempo pasa y la guerra sigue, y poco, a poco, la vida de Alfie, hijo de Georgie, se va cuesta abajo.

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El 28 de julio de 1914 Alfie Summerfield cumplía cinco años. Ese mismo día estalla la Primera Guerra Mundial y su padre, Georgie, decide alistarse en el ejército porque la considera una obligación como ciudadano.

Joe, el mejor amigo de su  padre de Alfie, decide no hacerlo, y por ello recibe todo tipo de humillaciones e insultos, es acusado por todos de traidor, se queda sin amigos y hasta recibe pedradas por los vecinos.

Han pasado cuatro años, y Alfie conoce todos los sinsabores de esta guerra interminable: vecinos que desaparecen; la tristeza y el cansancio reflejados en el rostro de su madre, los periódicos dando cuenta diaria de los fallecidos en la contienda y, sobre todo, la terrible angustia por no tener noticias de su padre. Al principio llegaban animadas cartas desde el frente; con el tiempo, fueron volviéndose sombrías desde hace un año y medio, ni una sola línea. Para Alfie sólo significa una cosa: su padre está muerto y su madre no quiere decírselo.

Una mañana, mientras Alfie está lustrando los zapatos a un señor en la estación de ferrocarril, una ráfaga de viento hace que éste pierda unos papeles. Y al ayudarlos a recogerlos Alfie descubre, con horror, que es un médico y que tiene un registro de pacientes ¡donde figura el número de su padre!

¡Georgie está vivo!

Alfie, decidirá ir a buscarlo para regresarlo a su casa cueste lo que cueste… de esto nos habla Quédense en la trinchera y luego corran (Nube de Tinta).

John Boyne (Dublín, Irlanda, 1971), autor de la novela El niño con el pijama de rayas, con más de 2 millones de ejemplares vendidos, llega nuevamente el mundo literario con esta obra con la que vuelve a describirnos los horrores de La Guerra, y las peripecias de un niño que hará hasta lo imposible para recuperar a su padre.

A 100 años del inicio de la Primera Guerra Mundial, Quédense en la trinchera y luego corran es ideal para entender el sufrimiento y la destrucción que éste conflicto bélico generó en miles de familias.

Sin lugar a dudas Boyne crea una mirada infantil que recoge con plenitud lo que sucede en La Guerra arrastrándonos hasta las puertas del hades al asumirnos como testigos presenciales de sucesos que un menor de edad no comprende en su total plenitud, pero que nuestra condición de lectores nos permite a nosotros entender lo que Alfie no advierte; circunstancia que nos involucra como silenciosos cómplices.

La agudeza intelectual esgrimida por John Boyne en Quédense en la trinchera y luego corran, no es equiparable con la verdadera sinrazón de una guerra, pero sí es un acto de estoicismo que permite que cada vez que aparezca un episodio de brutalidad similar, si bien no puede ser evitado, por lo menos sea censurado y permita que se alcen cientos de voces en contra; por encima de intereses políticos.

Quédense en la trinchera y luego corran, un niño que deja ver la belleza de la vida en medio de un desierto de horror y el valor del amor a pesar de que la brutalidad corrompa la inocencia de un niño.

Jorge Iván Garduño
@plumavertical
 
Este texto ha sido publicado en:
 
http://efektonoticias.com/cultura/quedense-en-la-trinchera-y-luego-corran-literatura
 

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