Archivos diarios: 28/08/2014

“La Comisión para la Inmortalización”

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La idea de poder infundir vida a la materia inerte o a un cuerpo ya sin vida, ha cautivado al ser humano desde milenios. La eterna pretensión humana a través de sus prácticas científicas de igualarse a Dios, por ejemplo, la de reanimar un cadáver.

El hombre anhela el conocimiento y la sabiduría con la finalidad de “mejorar” la débil e imperfecta naturaleza del ser humano, tal vez el verdadero horror de nuestro mundo.

La búsqueda de ese conocimiento y perfección, ha puesto al hombre en una carrera de velocidad máxima y sin freno. La ciencia hoy día, pretende desarrollarse y controlarse hasta el punto de ser capaces de detener el curso de la naturaleza hacia la disolución muy al etilo del Dr. Frankenstein.

Esta idea de la reanimación la encontramos en gran parte del terror moderno, por otra parte, “la tentativa de alterar el orden natural caótico en aras de una certidumbre lineal es algo que la sociedad moderna hace continuamente”.

En la actualidad, “estamos decididos a forzar la naturaleza hasta en sus últimos reductos y lo hacemos con un ardor apasionado y una constancia inquebrantable; todo porque nuestros ojos permanecen insensibles a los encantos de ella, la naturaleza”.

En La Comisión para la inmortalización. La ciencia y la extraña cruzada para burlar a la muerte (Sexto Piso) John Gray reflexiona sobre los conceptos de ciencia y religión, para demostrar que incluso ahora que vivimos en una época formalmente secular –al menos desde el punto de vista político y científico–, las sociedades continúan evadiendo el miedo a la muerte mediante sistemas de pensamiento que permiten creer al hombre en su inmortalidad. En el fondo, argumenta John Gray, lo verdaderamente humano consiste en aceptar nuestro carácter finito, pues los experimentos colectivos para intentar negar la muerte han producido gran dolor y destrucción, en aras de evitar aquello de lo que jamás podremos escapar.

Leonid Krasin fue un ingeniero de la antigua Unión Soviética que propuso congelar el cadáver de Lenin para devolverlo a la vida cuando fuera científica y tecnológicamente posible. Formaba parte de la conocida como “Comisión para la Inmortalización”. Y de ello trata precisamente el nuevo y fascinante ensayo de John Gray: de la obsesión humana por trascender la mortalidad. Si por un lado los investigadores psíquicos victorianos pretendían demostrar de una manera científica la existencia del alma y para ello se servían de extrañas sesiones de espiritismo en las que escribían textos automáticos interconectados para entrar en contacto no con el magma del inconsciente –como harían más tarde los surrealistas–, sino con el más allá, los “constructores de Dios” de la Unión Soviética, por su parte, no buscaban pruebas de vida después de la muerte, sino divinizar a la humanidad a través de la técnica y la razón, creando a un nuevo hombre libre de toda imperfección. Pero para matar a la muerte habría que matar primero al hombre. Y eso hizo, de manera implacable, la eficiente máquina de muerte soviética. Espiritismo, bolcheviques, Darwin, dobles agentes, extravagantes profesores ingleses, presencias ultramundanas, sociedades secretas, Stalin, extraterrestres, mesías póstumos y la momia de Lenin… Una galería de personajes y de situaciones digna de una novela –si no perteneciera ya a esa novela insuperable que es la historia– y que en manos de John Gray da lugar a un ensayo lúcido y apasionante sobre la necesidad que siempre ha tenido el hombre –ya sea a través de la religión o de la ciencia– de creer en la inmortalidad. En realidad, nos dice Gray, se trata de un profundo miedo a lo ingobernable, a esa contingencia que rige el destino de todos los seres humanos y que habría que aceptar con humildad: “El más allá es como la utopía, un lugar donde nadie quiere vivir”.

Para aproximarse a la perfección, un hombre debe conservar la calma y la tranquilidad de espíritu sin permitir jamás que ésta se vea turbada por una pasión o un deseo momentáneo, esta reflexión me deja La Comisión para la inmortalización.

No creo que la búsqueda del saber sea una excepción a la regla.

Si el estudio al que uno se consagra puede llegar a destruir su gusto por los placeres sencillos que no pueden ser mixtificados, otorgándonos la posibilidad de adentrarnos en las pasiones humanas con más comprensión y autoridad de las que ofrece el simple relato de hechos estrictamente reales, vale muchísimo la pena, por consiguiente, La Comisión para la inmortalización es de sobra una obra única y apasionante.

Jorge Iván Garduño

@plumavertical

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Este texto ha sido publicado en:

http://efektonoticias.com/cultura/la-comision-para-la-inmortalizacion-literatura

 

 

 

“Weiwei-ismos” de Ai Weiwei

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Amante de los gatos y considerado uno de los artistas y críticos sociales más reconocidos en todo el mundo, Ai Weiwei (Pekín, 1957), es además un diseñador arquitectónico, comentarista y activista social, se hace presente en una obra publicada por Tusquets Editores que aglutina los pensamientos más artísticos de tan polémico personaje.

Weiwei-ismos (Marginales Tusquets Editores) es un conjunto de reflexiones a modo de aforismos de un país multicultura, con poderío económico, político y artístico, sin embargo no deja de acallar voces que critican su sistema, ya que China es un país en el que el sistema político persigue las ideas y persiguen a las voces disidentes.

Weiwei-ismos se convierte en una obra reveladora para el ojo occidental, donde la represión no recae en la cotidianeidad, pero la multiplicidad de voces de Ai Weiwei, ponen de manifiesto ingeniosas, inteligentes y provocadoras sentencias contra los gobernantes de su país, lo que pone en riesgo la gobernabilidad ante la carencia de una verdadera libertad de expresión.

Este libro se enmarca dentro de la exposición de Las Cabezas del Zodiaco, del artista Ai Weiwei, que se muestra actualmente en el Museo Nacional de Antropología y que permanecerá montada hasta febrero del 2015.

Ai Weiwei es un creador perseguido que busca poner el foco en los abusos a los derechos humanos que se dan en China, pero también en el rol del arte, como factor político, ya que ha dicho en múltiples ocasiones que ni él ni su obra son el mensaje, pero que sí son la caja de resonancia que necesita mucha gente en China, porque en ese país la mayoría tiene miedo de hablar.

Cabe señalar que Ai Weiwei fue el diseñador del emblemático estadio Olímpico para Beijín 2008 llamado Nido de Pájaros, y él mismo denunció a las Olimpiadas como una forma de manipular la imagen de China; sin embargo, también las utilizó como plataforma para que el mundo lo escuchara.

Weiwei-ismos, una obra que salta al vacío con un grito ensordecedor bajo la mirada de una sociedad necesitada de libertad y arte.

Jorge Iván Garduño

@plumavertical

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