“La niña gorda”

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Quitarse un peso de encima. Tal vez sea eso vivir. Desprenderse de envolturas, cáscaras. Aderezarse con aromas, sabores. Ser uno mismo. Un cuerpo. Una memoria. Ser o haber sido una niña gorda. Una niña gorda adelgazada. Llenarse de recuerdos y comidas. Observar la vida de otros desde una ventana. O contemplar el plato ajeno. Y es entonces cuando el curso de las historias se agolpan y se ordenan, creando sentidos y vacíos que debemos completar.

Cuando el lector asiste y se alimenta de la literatura voraz y exquisita de Mercedes Abad. De un menú de cuentos y un personaje principal: La niña gorda (Páginas de Espuma). Sírvanse. Se leen al gusto. Buena lectura.

Esta obra que aglutina un conjunto de cuentos no comienza cronológicamente, sino cuando Susana, la niña gorda está a punto de dejar de serlo, y también es el momento en el que Susana empezará a rebelarse. Esa rebelión narrada a lo largo de todo el libro empieza justo ahí.

En este libro hay una historia muy real debajo: la madre de la autora le dijo “tú eras buena hasta que te puse a dieta y entonces te salió la mala leche”.

De la niña se dice “sin ser exactamente lo que el mundo entiende por una mujer hermosa, parece muy satisfecha de sí misma”. En una sociedad como la nuestra, ¿se puede ser feliz siendo diferente y no estar loco?

Cuesta mucho. Al final, a los que nos ha costado siempre amoldarnos a lo que comúnmente se llama normalidad, a los que nos hemos apartado y rechazado el guión que se nos ofrecía y que otros mansamente han seguido, a los que nos hemos sentido distintos desde muy pequeños, no nos ha quedado otra que volvernos muy locos. Hay maneras y maneras de enloquecer. Hacerte escritor es una manera de enloquecer y rentabilizar todo ese caudal de locura, de dolor… Tiene mucho de desquite, de terapia, de refugio… pero es muy difícil ser feliz sabiendo que no eres lo que deberías ser, lo que en el mundo está mejor ser.

Es difícil ser feliz cuando descubres que es mejor ser hombre que mujer, que es mejor ser guapo que inteligente…

Entre los sutiles detalles de la obra cabe destacar que las mujeres resultan mucho más crueles hacia el aspecto de Susana que los hombres, y es que Coco Chanel decía que una mujer nunca se viste para gustar a un hombre sino para fastidiar a las otras mujeres. Eso es algo que sigue siendo verdad. Sigue existiendo, pese al feminismo, una grandísima y estúpida rivalidad.

Mercedes Abad nació en Barcelona en 1961. Tras algunos escarceos con el mundo del cine y el teatro, en 1986 gana el premio de narrativa erótica La sonrisa vertical, con su libro de relatos Ligeros libertinajes sabáticos. Desde entonces ha publicado varios libros de relatos: Felicidades Conyugales (1989), Soplando al viento (1995), Amigos y fantasmas (2004, Premio Mario Vargas Llosa) y Media docena de robos y un par de mentiras (2009).

Ha publicado también dos novelas, Sangre (2000) y El vecino de abajo (2007), y un ensayo juguetón y humorístico, Sólo dime dónde lo hacemos (1991). Además es autora de diversas obras de teatro y de varias adaptaciones, entre ellas XXX, versión de La filosofía en el tocador (Marqués de Sade), de la Fura dels Baus, y Las amistades peligrosas, de Christopher Hampton.

Su obra ha sido traducida al italiano, al alemán, al neerlandés, al portugués y al finés y ha sido incluida en numerosas antologías. Actualmente imparte clases de narrativa en la Escola d’Escriptura del Ateneu barcelonés.

Jorge Iván Garduño

@plumavertical

cubierta_ABAD_imprenta

Este texto ha sido publicado en:

http://efektonoticias.com/cultura/la-nina-gorda-literatura

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