Un Medio Oriente inestable amenaza al mundo [Opinión]

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TEXTO PUBLICADO EL 25 DE NOVIEMBRE DE 2017

En el mundo árabe actual, primeramente hay que entender que hay dos grandes rivales: el líder del islam sunita, que es Arabia Saudita, y el líder del islam chiita, que es Irán, estos dos rivales, no son sólo rivales religiosos, sino son rivales geopolíticos, que se encuentran viviendo una especie de “Guerra fría” entre ellos, y su enfrentamiento indirecto tan profundo, se ha manifestado recientemente en eventos como la guerra civil en Siria, en Yemen, o bien Líbano.

Con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, su evidente simpatía por Arabia Saudita (que dejó manifiesta en su última visita a Oriente Medio), y tras tensos acontecimientos desde inicios de noviembre, la escalada de tensión entre Arabia Saudí e Irán ha sido la constante en Oriente Medio, lo que supone un gravísimo riesgo para la estabilidad de la región, y para el mundo entero. El cruce de acusaciones entre Riad y Teherán debe cesar cuanto antes y las grandes potencias aliadas de ambos países deben ejercer la presión necesaria para rebajar una temperatura que se ha disparado peligrosamente a lo largo de las últimas semanas.

En un mundo todavía dependiente del petróleo, Arabia Saudí desempeña un papel crucial al momento de sentar las bases para la estabilidad económica, de lo cual, Riad se ha aprovechado, hasta cierto punto, durante décadas, sin embargo, la inmutabilidad del régimen ha saltado por los aires tras la purga ordenada por el príncipe saudí, y nuevo hombre fuerte del país, Mohamed bin Salmán, que ha ejecutado las órdenes de aprehensión de once príncipes, cuatro ministros en activo y decenas de antiguos ministros, todos ellos acusados de corrupción.

Por otra parte, el aliado iraní, Líbano, salta a escena nuevamente, ya que su primer ministro, Saad Hariri, en vez de comparecer ante su Parlamento, voló a Riad para anunciar su dimisión a través de un vídeo en el que confesaba temer por su vida. Acto seguido, Hezbolá, la milicia proiraní libanesa considerada grupo terrorista por EEUU y la UE —que cuenta con varios miles de militantes armados y ha protagonizado una guerra contra Israel—, acusó a Arabia Saudí de forzar la dimisión del primer ministro libanés.

La respuesta saudí ha sido fulminante: considerará cualquier acción de Hezbolá contra sus intereses como una declaración de guerra de Líbano. Este grupo libanés combate en Siria contra el Estado Islámico junto al Ejército de Asad y miembros de la Guardia Revolucionaria iraní. La victoria de estas fuerzas crearía un corredor chií desde Irán hasta el Mediterráneo, algo que el Gobierno de Jerusalén —empeñado en evitar que Hezbolá reciba de Teherán armas y misiles con los que atacar a Israel— no está dispuesto a permitir, lo que aproxima a israelíes y saudíes, que también recelan del programa nuclear iraní y de la influencia de Teherán en la región.

Si hay una región del mundo en la que las tensiones pueden llevar a conflictos de consecuencias funestas, esa es Medio Oriente. Estados Unidos —principal aliado de Arabia Saudita e Israel— y Rusia —aliado de Irán y Siria—, podrían actuar para rebajar la tensión, aunque bien la injerencia de estas naciones podría desatar más tensión en la región, y la mediación europea está a la puerta, lo que suma más actores en un posible conflicto.

En suma, a cada minuto se va tornando el Medio Oriente más inestable, y la amenaza al mundo, como una posible realidad.

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