Catalunya per la “llibertat” [OPINIÓN]

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TEXTO PUBLICADO EL 23 DE DICIEMBRE DE 2017

Un futuro incierto es el que tiene Cataluña y España tras las elecciones autonómicas celebradas este pasado jueves 21 de diciembre en aquella región de la Península Ibérica (para evitar herir susceptibilidades). 70 escaños obtuvieron JxC, ERC y la CUP, tras dos años de tensiones, y una sociedad agotada y dividida.

Con estos resultados, la próxima legislatura comenzará en la incertidumbre, ya que en conjunto no se asegura una automática estabilización de la vida política de Cataluña, y de la propia España, ya que esta “eventual” mayoría absoluta independentista, dificultará la normalización, por lo que los jaloneos se esperan, incluso, suban de intensidad.

Hay que destacar la victoria cosechada por el constitucionalismo en la persona de la candidata de Ciudadanos, Inés Arrimadas, y en el otro extremo, la pérdida de posiciones del conjunto de los independentistas, tanto en escaños (pasan de 72 a 70) como en voto popular, porque reducen su porcentaje, aunque sea en unas décimas. Como en las elecciones autonómicas de 2015, el independentismo ha fracasado a la hora de lograr una mayoría clara de votos.

El Partido Popular de Mariano Rajoy cosecha el peor resultado: algo que sin duda traerá consecuencias en la política española.

Los independentistas carecen de una mayoría social desde la que legitimar la ruptura, candidatos creíbles, programas de gobierno claros o coherentes entre sí y, sobre todo, de la unidad estratégica necesaria para funcionar articuladamente. Una vez más, la CUP, una de las fuerzas antisistema más radicales de la Europa democrática, tiene la llave de la mayoría absoluta. Vista la experiencia de la legislatura anterior, Puigdemont y Junqueras deben calibrar hasta qué punto merece la pena arrojarse en sus brazos sabiendo, como se sabe, que se trata de un camino ya experimentado, sin retorno.

La tentación de convertir esta mayoría absoluta en combustible para el conflicto político y social está ahí. Pero lo vivido en Cataluña en estos últimos años debería disuadir a los que quieran retomar esa vía. En su lugar, los ganadores deberían hacer algo tan sencillo como aquello para lo que todo político es elegido: gobernar, desde las instituciones y dentro de la ley, a favor de la ciudadanía.

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