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“Lilia Prado Superestrella y otros chismes”, una vuelta de tuerca a la narrativa

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El canadiense Marshall McLuhan, asentó una de las mayores teorías comunicacionales, en las que nos dice que los medios de comunicación son la extensión del hombre. Según McLuhan, un “medio” es cualquier prolongación psíquica o física del hombre, sea de oído, del ojo o de la habilidad de sentir y razonar. Así, el hacha deviene una prolongación de la mano; la vestimenta, de la piel; el alfabeto incrementa la capacidad de la memoria mediante el sentido de la vista; el automóvil amplía la facultad humana de desplazarse de un sitio a otro.

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En Lilia Prado Superestrella y otros chismes (Editorial Tumbona) de Ulises Carrión (San Andrés Tuxtla, Chiapas, 1941-Ámsterdam, Holanda, 1989), se nos explica cómo el chisme puede ser uno de los soportes del arte, por lo que al experimentar con él, llega a ser como una extensión de nuestra lengua, del habla, pero además de la mente.

¿Existe en la manera en que se propagan los rumores una suerte de modelo formal de cómo se difunden y afianzan las obras artísticas? En la década de los años ochenta, Ulises Carrión completará el giro hacia una idea de arte posestético comprometido ya no con la autoría directamente en la cultura.

Aunque ese giro hacia las prácticas colectivas y las redes de participación –en detrimento del viejo sueño de reflejar “mundos personales” – ya se había iniciado con el archivo–galería de Other Books and So y su experiencia con las posibilidades erráticas del arte correo, en la última década de su vida Carrión echará a andar proyectos que involucran y afectan el entramado social y amplían y agudizan el cuestionamiento sobre los límites del arte y su relación como prolongaciones de nuestro cuerpo.

Es así como a través de experimentos con chismes sembrados y el uso del teléfono como vía de desinformación, o mediante festivales de cine cuyo fin es desnudar los mecanismos por los cuales el Gran Monstruo impone sus símbolos y los hace prevalecer en el imaginario, Carrión se revelará como un artista “contextual” (más que conceptual –como señalan sus editores–), interesado en la dimensión aleatoria, accidental, colaborativa y al cabo política del arte.

Recordando la definición de los medios como prolongaciones del hombre que hiciera McLuhan sobre que “cualquier prolongación o extensión, ya sea de la piel, de la mano o del pie, afecta todo el complejo psíquico y social”, implica que todo medio implica un cambio en la proporción en que se relacionan los sentidos entre sí, que repercute en la sensibilidad humana, y esto precisamente ocurre al difundir el chisme o la llamada desinformación.

Un nuevo medio o tecnología deshace el equilibrio perceptivo establecido por los medios anteriores, reconstituyendo el sensorio de acuerdo con la nueva perspectiva forjada por el nuevo medio. Comprender los medios y sus efectos es comprender cómo el hombre, en las palabras de Sábato, “extiende sus sentidos en todas las direcciones del espacio y del tiempo.”

Esto en la actualidad va descomponiendo paulatinamente la sociedad, con la incursión cada vez más progresiva de “nuevos medios”, nuestra sociedad está en manos de los medios de comunicación que la manipulan, y cuando uno no sabe usar apropiadamente los medios de comunicación puede ser de graves consecuencias, por lo que el chisme está en cada esquina.

Lilia Prado Superestrella y otros chismes, además de que recoge sus proyectos más relevantes de este periodo, incluye el Diario de Ulises Carrión en México, un recuento crítico e implacable de su regreso al país que, después de cerca de tres lustros de vivir en Holanda, alejado del mundo de la literatura, significa también una vuelta inusitada y audaz –una vuelta de tuerca– a la narrativa.

Jorge Iván Garduño
@plumavertical
 
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Del Archivo Carrión, “El arte correo y el Gran monstruo”

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Desde aquellos incipientes primeros pasos del arte correo como fue conceptualizado por el artista del Fluxus Art neoyorquino Ray Johnson, a mediados de los 60’, este tipo de expresión que es enviando por correo postal como trozos de obras sin terminar para hacer partícipe al destinatario de la creación, hasta nuestros días en que los nuevos soportes de comunicación interpersonal se imponen en el modo de conceptualizar el ‘arte’, muchas cosas han sucedido.

Archivo Carriónok

Pero algo sí es cierto, “El arte postal es una novísima corriente artística que involucra a cientos  de artistas de todo el mundo. Se le define así por una de las características más notorias: el medio de difusión, esto es, los servicios postales pero, en última instancia, esta corriente artística es la respuesta de los artistas al desafío de los nuevos medios de producción mecánica puestas a su disposición por la industria gráfica de nuestro tiempo: multicopiadoras, reductores y ampliadores de imágenes, polaroids, procedimientos económicos propios de la industria tipográfica como ser letras y figuras transferibles, sellos de goma, entre muchas otras.

Las obras se concretan en obras realizadas  manipulando esos medios: fotocopias, collages, postales, sellos de correos y matasellos creativos, etcétera, así como obras colectivas como cadenas de intercambio, propuestas y proyectos que sólo se pueden realizar gracias al aporte de artistas conectados epistolarmente”.

Artistas originarios de México también ha incursionado en el arte correo, y de manera muy notable, tal es el caso de Ulises Carrión (San Andrés Tuxtla, 1941-Amsterdam, 1989), quien fue un teórico de arte y escritor post-literario; un creador de contextos complejos y teorías visionarias por lo que está considerado como alguien quien se adelantó incluso a los escritores conceptuales, pruebas de esto es la obra publicada por Tumbona Ediciones El arte correo y el Gran Monstruo.

Es cierto que hoy día, tendríamos que hablar del aporte de los nuevos medios electrónicos tales como la computadora o las redes sociales, que han obrado milagros sobre todo en la rapidez de las comunicaciones.

Pero antes de Internet, el arte correo estuvo en el centro de una actividad artística internacional que creía en la colaboración, el intercambio y la participación política.

El arte correo y el Gran Monstruo constituye el segundo volumen del Archivo Carrión, una serie dedicada a rescatar y poner en circulación en el orbe de habla hispana la obra influyente y sin embargo aún en gran parte desconocida de Ulises Carrión.

Con la complicidad de Juan J. Agius, anticuario español que conserva los archivos personales del autor, y del escritor Heriberto Yépez (Tijuana, 1974), responsable de la traducción y prólogo.

En definitiva, el arte correo ha permanecido tanto tiempo incólume y vigente frente a las demás formas artísticas de este fin de siglo por su característica fundamental: el predominio de la función de uso o comunicacional  por sobre la función de cambio, propia del arte comercial generalmente asociado a lo oficial y vigente y seriamente comprometido con el consumo.

Jorge Iván Garduño
@plumavertical
 
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