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“El lector de Bagdad” de Jabbar Yassin Hussin

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Ante la negativa de los Estados Unidos y sus aliados, de no invadir Irak en el 2003, el país árabe ha sido reducido a más escombros de los que ya existían, y como siempre, los mayormente afectados resultan ser los habitantes de aquella nación, aislados por ideologías e intereses muy contrarios a los dos gobiernos involucrados (el local y el extranjero).

Producto de las imágenes y noticias que recibimos de Medio Oriente durante la invasión norteamericana para derrocar el régimen de Saddam Hussein, fuimos convertidos en simples teleespectadores de una imagen recurrente y repetida a la millonésima potencia, que nos daba la sensación de estar contemplando un simple video juego: el lanzamiento de proyectiles sobre un sector de Bagdad.

Algunas de las primeras y más grandes civilizaciones de la antigüedad se desarrollaron en el territorio que hoy conocemos como Irak. En la actualidad, su población vive en la miseria a causa de dos guerras y de un estricto embargo económico internacional. Las sanciones impuestas a Irak por el Consejo de Seguridad dela ONU, han tenido un efecto devastador: han aumentado el desempleo, han provocado la desnutrición de gran parte de la población, han incrementado la mortalidad (norteamericana e iraquí, con la actual guerra de guerrillas) y han dado lugar a la corrupción generalizada.

Estudiantes, trabajadores, ancianos, niños, profesionistas, artistas, hombres y mujeres, se ven en la necesidad de salir de Irak en busca de la dignidad humana, dejando atrás de ellos a familiares, amigos y la tierra que albergó la civilización más antigua del mundo. La salida no es fácil –entiéndase exilio–, al igual que el acceso al país musulmán.

El régimen de Hussein presionó en todos los sectores iraquíes; tomando sólo un ejemplo hallamos que un joven periodista, nacido en Bagdad, tuvo que decidirse por el exilio, resultado de las constantes amenazas de muerte recibidas en su contra.

Jabbar Yassin Hussin (1954), aquel joven exiliado, encontró en la escritura “la nostalgia por lo perdido”, lo perdido por Yassin Hussin, lo perdido por Irak, lo perdido por la humanidad, lo perdido por cada uno de nosotros cada día, en cada guerra, en busca de lo que llamamos libertad y que para otros significa humillación.

Actualmente vive en una pequeña casa de campo en Francia, cerca deLa Rochelle, donde se dedica a la jardinería y, en una fina lengua árabe, escribe cuentos para niños, relatos breves, notas periodísticas, memorias, novelas y poemas. Sus libros han sido traducidos a varios idiomas.

Desde mediados del cuarto milenio a.C., la historia registra los primeros vestigios de nuestra civilización provenientes de los sumerios, que habitaron la cuenca de los ríos Tigris y Éufrates, en el territorio que hoy forma parte de Irak. Este pueblo creó la escritura cuneiforme, llamada así, porque sus signos tienen forma de cuña (a los primeros descubridores les recordaron huellas de pájaros que hubieran corrido sobre arena mojada). Después de los sumerios, quienes lograron la supremacía de Mesopotamia fueron los acadios de origen semita, más tarde llegaron los babilonios con su imperio y finalmente los asirios. La matanza, la destrucción y el saqueo, han sido la constante en este reducidísimo terruño del planeta hasta nuestros días.

El lector de Bagdad, de Jabbar Yassin Hussin, es un conjunto de cuentos fantásticos de un escritor árabe, que se confunde con el árabe más argentino que ha escrito en lengua castellana: Jorge Luis Borges.[1] Y es que al igual que el argentino, el escritor iraquí nos regala un texto donde el libro, la palabra, la escritura, el lenguaje, el signo, son multisensoriales y multidimensionales; el relato que da nombre al libro –El lector de Bagdad– es el hermano árabe del cuento El libro de arena de Borges: la infinita biblioteca que alberga libros infinitos.

En la ficción de Yassin Hussin, se nos relata la realidad reciente de Irak sólo que con otros actores y en otro tiempo. Todo comienza con el sueño premonitorio de un joven cuando éste llega a una estrecha habitación que alberga millares de libros en blanco. El guardián de esta biblioteca es un anciano, él le explica al muchacho que estos libros <<contienen multitud de detalles desconocidos sobre los acontecimientos que acabaron con este imperio y lo llevaron hasta su trágica y definitiva caída… la eterna repetición: igual que en Roma, en Bagdad o en la civilización actual. La historia es la desgracia de la humanidad, de la cual ésta no se librará sino con su extinción. Por eso estos libros carecen de palabras. ¿Para qué hacer referencia a lo que se repetirá continuamente hasta el final del género humano?>>.

Libros en blanco que son <<una gota de nuestra desgracia, de la desgracia de los hombres. Te bastará leer uno atentamente para sentirte abrumado el resto de tu vida…>>, le dice el viejo al chico. A continuación, le pregunta si conoce el cuento de las hormigas que tuvo lugar en un silo de trigo, el joven le menciona si es el del rey que quiso escuchar el relato interminable, <<Sí, -dice el anciano- ese  cuento es la misma Historia (la nuestra y la del resto de la humanidad en la actualidad). Como le ocurrió a aquel rey, amante de los largos relatos, nosotros también acabamos gritando de angustia>>.[2] Los libros en esta singular biblioteca no contienen palabras, y el bibliotecario es el único que los puede leer, sin embargo él nos enseña que un libro <<aunque no tiene palabras pesa mucho. ¿Te imaginas lo que pesaría si las tuviera?>>[3]

Hace cuatro años ya, que “fuimos convertidos en teleespectadores de una imagen recurrente la cual se repetía a la millonésima potencia”; día tras día los medios de comunicación dan cuenta de la desgracia humana alrededor del mundo sólo con imágenes, aunque éstas <<no contienen palabras, deberían pesar mucho>> para llevarnos a la reflexión y que actuemos por nuestro propio bien. En este mismo sentido el escritor húngaro Imre Kertész dice: no hay que ser víctima destripada de la guerra de los Balcanes ni somalí afectado por la hambruna para que el grito de dolor del mundo alcance a la persona y para que reconozcamos en él nuestra propia voz.[4]

Yo, al igual que Jabbar Yassin Hussin, creo que las manifestaciones bélicas del pasado y el presente continuo, deberán ayudarnos para que reconozcamos nuestras limitantes culturales y poder definir mejor nuestro futuro. No esperemos a que llegue “El Tirano” y seque “el árbol de la vida”.[5]


[1] Sus diversos cuentos donde la Cábala y el simbolismo árabe son una constante, han hecho que los estudiosos del mundo Borgesiano lo sitúen metafóricamente como “un escritor árabe nacido en Argentina”.

[2] Yassin Hussin hace referencia a los cuentos transmitidos de generación en generación de forma verbal en Oriente, como lo podrían ser Las mil y una noches. El énfasis es del autor.

[3] Revisar la obra sobre semiótica de Umberto Eco.

[4] Imre Kertész, En Un instante de silencio en el paredón, Barcelona, España, Editorial Herder, 1999.

[5] Referencia a Kishkânû, segundo cuento de El lector de Bagdad.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com
 
Este artículo fue publicado en:
Revista “Molino de Letras” septiembre-octubre de 2008.
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