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Diversos ciclos de mi vida han transcurrido en FIL Guadalajara: Antonio Ortuño [AUDIO]

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Amos Oz, 76 años de literatura

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Hombre inteligente, sensible y deseoso de encontrar la paz entre los pueblos de Israel y Palestina, Amos Oz (Jerusalén, 1939-2018), fue uno de los escritores israelíes más importantes <<de la narrativa de nuestros días>>, quien estuvo siempre a favor del diálogo y tuvo una visión más justa sobre la tragedia que se vive en Medio Oriente.

Su literatura –suave, envolvente– parte del principio de meterse en la piel del otro, esa que implica ver el punto de vista del hermano o del adversario, y la razón que pueden tener sus acciones. Un ejercicio que nos permite precisamente entrar en la mirada de “lo que no soy” y desde ahí entender a ese “otro”, de desdoblarnos en diferentes personajes, comprender el universo de las perspectivas; una composición notable en la obra de este escritor, combatiendo así el fanatismo de grupos extremistas.

Descendiente de una familia de emigrantes rusos y polacos, se destacó, hasta el último día de su vida, por ser un autor políticamente correcto al analiza las circunstancias en las que se encuentran Israel, Palestina y toda la región de Oriente Próximo con un gran sentido de justicia a favor de la paz, de la coexistencia pacífica al permitir una apertura a la dimensión trágica de la existencia; la cual consideraba él, ha perdido la humanidad.

Los libros de Oz, nos hablan de personajes melancólicos, abatidos, que rememoran el pasado y terminan tristes, pero vivos; en palabras del escritor José Gordon diremos que <<busca soluciones chejovianas>> a las tragedias que se viven en su país, donde prefieren las soluciones shakespearianas (personajes bañados de sangre sobre el escenario con la justicia “poética”[1] levitando por encima de ellos).

Amos Oz utilizó la lengua hebrea como un brillante instrumento para el arte literario, y para la revelación certera de las realidades más acuciantes y universales de nuestro tiempo, así como también fue, una “voz que clamó en el desierto” por la coexistencia en paz y respeto mutuo de los pueblos judío y árabe, mediante un acuerdo histórico basado en la fórmula de dos estados nacionales para una solución justa a través del diálogo entre hermanos.

Las obras de este escritor suman múltiples novelas y numerosos artículos y ensayos; mismas que se han traducido a diversas lenguas.

Considerado uno de los maestros de la prosa hebrea moderna, estudió Filosofía y Letras en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Desde entonces compaginó la escritura con la docencia, además de ser ensayista y periodista, y participó como profesor visitante en la Universidad de Oxford y fue titular de Literatura en la Universidad Ben Gurión en Beer Sheva, Israel, donde se desempeñó como catedrático de Literatura Hebrea Moderna.[2]

En México, Editorial Siruela ha publicado de este autor su ensayo Contra el fanatismo, y las novelas: Una pantera en el sótano, Un descanso verdadero, El mismo mar, Una historia de amor y oscuridad, De repente en lo profundo del bosque (publicada también por el Fondo de Cultura Económica), y No digas Noche.

Esta última, escrita con magistral hondura, nos relata una misma historia contada desde dos puntos de vista distintos, como dije desde un principio, Amos Oz nos hace situarnos con sus novelas en los ojos de Él, Ella y del Otro; Teo, un hombre inteligente, maduro y vital, conoce durante su estancia en América Latina a Noa, una mujer lista, quince años más joven que él, sensual y apasionada. Ellos dos son los encargados de platicarnos su vida, un mismo acontecimiento, temas seculares quizás, sin embargo, dejan huella en lo más profundo de la vida por cómo está contada y estructurada la narración, en eso radica la importancia de la obra de Oz, ya que lo que percibe y siente Teo no es lo mismo que siente y percibe Noa; porque de eso se trata la vida.

No digas Noche nos lleva de la mano a conocer el modo de vida de un Israel envuelto en conflictos, guerras, inmerso en una sociedad acelerada y en un sistema globalizado. Tanto desastre en tierras tan nobles, ha producido olvido en las tradiciones bíblicas de sus habitantes, es así como Amos Oz nos habla del Sabbath,[3] de una fiesta llamada de los Tabernáculos,[4] de los paisajes hebreos y de un pueblo que por tradición es judío y por costumbre ignora sus raíces.

Un libro que te comunica emociones; Teo nos narra sus vivencias; Noa sus sueños y frustraciones; él nos cuenta su vida en Perú, Centroamérica y el inolvidable México hasta toparse a Noa en Caracas, Venezuela. La mágica Noa pierde su brillo con los años junto a Teo; él se vuelve monótono y triste como el desierto que contempla día a día; y un tercer narrador omnisciente les hará compañía en su historia que al final sigue igual: triste, pero con vida, con esperanza, en medio de un desierto, dejando al lector como un personaje más en esta avasallante novela.

Amos Oz, más que escritor, fue un intelectual que abogó por la paz entre israelitas y palestinos y denunció el fatalismo; galardonado en junio del 2007 con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, su repentina muerte durante los últimos días del 2018, deja un vació en las letras universales imposible de llenar, elevando su literatura a una portentosa obra de arte universal.

Sobre su trabajo él mismo dijo que si tuviera que decir en una sola palabra de qué trata su obra literaria, ésta sería <<familias>>. “Si fuera en dos, diría: <<familias infelices>>. Si fuera en más de dos palabras, tendrían que leer mis libros”, añadió Amos Oz.

Sin duda alguna, cualquier libro de Amos Oz los sorprenderá gratamente amigo lector, porque fue de esos poquísimos escritores que poseyó el talento narrativo de una “voz que clama” en nuestro desierto interno, y que llenó como ninguno tantas hojas y hojas con sus obras, relatos y ensayos.

[1] En este caso el sentido poético lo coloco entre comillas, porque los extremistas lo confunden con fanatismo y en eso no hallamos nada de poesía.

[2] Párrafo con información de la redacción de El Universal.

[3] Día séptimo de la semana, que en el relato bíblico Dios ordena para descansar del trabajo. La tradición hebrea nos habla del sábado.

[4] Una de las siete fiestas anuales que Dios dio a su pueblo y que vienen consignadas en Levítico 23.

*Fotógrafo, escritor y periodista mexicano. Cursó estudios de Comunicación y Periodismo (UNAM). Colabora para revistas culturales, literarias, páginas web, diarios y es coordinador de Comunicación de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana.

Industria editorial, ¿reto u oportunidad? [OPINIÓN]

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TEXTO PUBLICADO EL 1 DE DICIEMBRE DE 2018 EN LA SILLA ROTA

La industria editorial será siempre un bastión para el desarrollo de la cultura escrita desde la pluralidad y la difusión irrestricta de las ideas; es un bastión para reforzar el derecho de publicación y de expresión del conocimiento y difusora de ideas y textos.

Confío que la actividad de la industria editorial mexicana estará en concordancia con las políticas culturales del gobierno de México que encabeza ahora Andrés Manuel López Obrador.

En nuestro país, los lectores de libros son muy pocos y la mejor manera de promover la lectura es con una oferta cultural amplia, plural, en todos los espacios del país, en todos los medios y en todos los recintos.

Las bibliotecas y las librerías deben estar en el centro de nuestra actividad. Dotar de los presupuestos suficientes para que la cultura escrita esté en todos lados es una tarea urgente para los responsables de la cultura, la economía, la educación y la hacienda pública, tanto del poder legislativo como del poder ejecutivo. La violencia tiene un freno en la cultura.

El objetivo es multiplicar a los lectores autónomos, críticos, capaces de participar en la toma de decisiones sociales: en eso habremos de colaborar, indudablemente, gobierno, industria editorial, lectores y ciudadanos en general.

Construir políticas públicas en torno al libro es fomentar la lectura y alimentar al idioma y, por consecuencia, provocar el desarrollo de la cultura de nuestra sociedad. La industria editorial enfrenta, con la irrupción de las redes sociales y

los formatos digitales, una profunda transformación; la demanda de contenidos digitales ha provocado un cambio no sólo tecnológico, sino cultural y de hábitos de lectura. Las industrias culturales y de esparcimiento son parte estratégica de las economías, y México no es la excepción al generar recursos y cientos de empleos directos e indirectos que mueven a toda una cadena industrial a una tarea que alimenta el espíritu y provee conocimiento a la población.

Las industrias culturales y, sobre todo, la industria editorial, es una industria fundamental que refleja el avance de la sociedad en cuanto a cultura y educación. Junto con las autoridades, por medio de ferias, actividades académicas, premios, reconocimientos y campañas de fomento de la lectura, se busca que la industria editorial crezca, con la finalidad de propiciar una población lectora, educada, que cuestione y tome decisiones en su día a día.

En este sentido y, en concordancia con ello, la librería es el punto de venta que prefiere el lector para adquirir libros, es su canal natural de comercialización.

Es decir, el negocio del libro tiene en la librería la punta de la lanza de la venta de contenidos. Las librerías, igual que las bibliotecas, son el punto de encuentro entre los autores y los lectores, y son el espacio necesario para provocar el diálogo, la reflexión, el compartir las experiencias, y tener muchas otras nuevas vivencias. Una industria editorial fuerte, con librerías suficientes y rentables, que cubran las necesidades de los lectores, beneficiará a toda la cadena productiva del libro y corregirá las deformaciones del sector.

Para los editores del país no hay nada más importante que la promoción del libro y el fomento a la lectura. Sin políticas y estrategias que alienten la lectura, la industria editorial y toda la cadena de valor vinculada a ella no tendría sentido.

Una de las principales razones de ser de la industria editorial mexicana, que está representada por la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana, es la de acompañar las estrategias que origina el gobierno federal para el fomento de la lectura; pero también propiciar la participación de sus más de 250 editoriales afiliadas del mundo del libro y la revista como un impulsor del desarrollo cultural del país.

La labor de los libreros y comercializadores de contenidos juega un papel preponderante en este esquema, para que la sociedad encuentre en la lectura un factor de crecimiento. La proliferación de quienes se dedican a la venta de nuestros materiales es fundamental para el acercamiento al libro. La lectura se convierte en la punta de lanza para la prevalencia del negocio de los libreros. Con cada librería que cierra se erosiona el mercado. De ahí la importancia de las políticas públicas que contemplen el desarrollo de los libreros y sus establecimientos.

Sabemos que la cuarta transformación del país, no es posible sin políticas públicas que impulsen verdaderamente al libro, la creación de más y mejores librerías, así como el derecho de publicación y difusión de las ideas, de todo tipo de ideas, porque lo que hace grande a una nación es su pluralidad, así como la madurez política de sus gobernantes.

Tiempo al tiempo.

Corrupción, el cáncer de nuestra sociedad [OPINIÓN]

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TEXTO PUBLICADO EL 24 DE NOVIEMBRE DE 2018 EN LA SILLA ROTA

La corrupción es, desde hace años, uno de los grandes protagonistas de la política en cualquier latitud. Existen casos de corrupción en gobiernos nacionales en los cinco continentes, pasando por casas reales e incluso en gobiernos de países donde el índice de corrupción es bajo.

Los empresarios y grandes firmas trasnacionales no se escapan de este problema, recordamos los casos de Parmalat, Enron, o más recientemente el de Carlos Ghosn, reconocido como la persona que logró revivir a la empresa Nissan, y que la compañía informó que una investigación basada en una pista descubrió que su presidente falsificó informes sobre su compensación “durante muchos años”, incluyendo otras irregularidades, como el uso personal de activos de la compañía, por lo que será destituido de su cargo como presidente de la automotriz japonesa.

Los casos de corrupción en la política son más habituales tal vez, por lo que incluso cuando salen a la luz pública no es extraño o sorprendente, como lo es el enriquecimiento ilícito, tales son los casos como el que protagonizó del expresidente nigeriano Sani Abacha, a quien se le acusó de tener 2.500 millones de dólares en cuentas personales de bancos en Suiza, el Reino Unido, Luxemburgo y Liechtenstein, por citar un ejemplo.

Así como los casos de corrupción donde los involucrados son empresas privadas y el gobierno, como el protagonizado por la empresa Odebrecht, donde hay informes que aseguran que la empresa brasileña pagó en Andorra 200 millones en sobornos a 145 políticos y funcionarios de Latinoamérica.

Gracias a una investigación del Departamento de Justicia de los Estados Unidos publicada el 21 de diciembre de 2016 sobre la constructora brasileña Odebrecht, se detalla que la misma habría realizado “gratificaciones” y sobornos millonarios a funcionarios del gobierno de 12 países: Angola, Argentina, Colombia, Ecuador, Estados Unidos, Guatemala, México, Mozambique, Panamá, Perú, República Dominicana y Venezuela, durante los últimos 20 años, para obtener beneficios en contrataciones públicas.

Según detallan las investigaciones norteamericanas, Odebrecht creó esta «Caja B» a finales de los años 2010 con el nombre de «Sector de relaciones estratégicas» para disimular la maraña de “gratificaciones” y sobornos.

Muchos otros casos relevantes vienen a la mente cuando hablamos de corrupción, como fueron los casos del Watergate, el caso Irán-Contras, y partidas secretas en apoyo a gobiernos extranjeros, como el suscitado en 1992 en Venezuela, por el entonces presidente venezolano Carlos Andrés Pérez, cuando el periodista José Vicente Rangel reveló que el presidente venezolano, Carlos Andrés Pérez, había utilizado 250 millones de bolívares pertenecientes al presupuesto del Ministerio de Relaciones Interiores para financiar las elecciones en Nicaragua y apoyar al gobierno de la recién electa presidenta, Violeta Barrios de Chamorro.

En días pasados, y durante el juicio que se le lleva al narcotraficante mexicano en una Corte federal en Nueva York, Joaquín “el Chapo” Guzmán, el primer cooperante de la fiscalía en la causa contra Guzmán, explicó ante el jurado en Brooklyn que realizó en concreto dos pagos entre 2005 y 2006 para garantizar la protección de su hermano mayor Ismael “El Mayo” Zambada, jefe del cartel de Sinaloa, y evitara así que fuera detenido. El primer soborno, que se produjo en un restaurante, ascendía a tres millones de dólares. A este siguió otro de entre tres y cinco millones cuando Genaro García Luna, exjefe de la policía mexicana durante el gobierno del expresidente mexicano Felipe Calderón.

Durante este juicio han comenzado a mencionarse nombres de funcionarios públicos mexicanos que han sido, según los dichos de estos narcotraficantes y que fungen ahora como testigos protegidos ante el gobierno norteamericano, sobornados desde hace décadas.

La corrupción en México (y en cualquier nación que se diga democrática), es una asignatura pendiente que se arrastra desde el siglo pasado –por decir lo menos–, y que los políticos de todos los partidos han rehuido legislar para aplicar castigos severos a funcionarios públicos que cometan algún delito y, tal vez, así evitar que nadie goce de más protección que la que la ley le da.

Han sido una serie de casos que todos los gobiernos han tenido que enfrentar.

Requerimos una aplicación de la ley en materia de corrupción sin distinciones, sin cortapisas y que, responsa a una urgente necesidad por el bien de la sociedad. De no ser así, la gobernabilidad estará en riesgo.

Tiempo al tiempo.

Washington-Moscú, la amenaza nuclear [OPINIÓN]

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TEXTO PUBLICADO EL 27 DE OCTUBRE DE 2018 EN LA SILLA ROTA

El fantasma de la Guerra Fría vuelve a recorrer el mundo tras el anuncio del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de retirarse del Tratado de Fuerzas Nucleares de Rango (Alcance) Intermedio que Washington y Moscú firmaron en 1987, justificándose el inquilino de La Casa Blanca diciendo que “Rusia está violando el acuerdo”, a lo que Moscú respondió diciendo que es “un paso muy peligroso” contra la seguridad global.

Abandonar un tratado de armas nucleares puede ser más peligroso que incumplirlo. Por eso Rusia reaccionó con preocupación a las declaraciones de Trump sobre la posible salida de Estados Unidos del Tratado de Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio (INF), que coloca a las dos potencias en un escenario similar al de la Guerra Fría de los últimos años de la URSS.

La decisión de Trump pondría fin a lo que fue una primera alianza que llevó, en 1991, a la eliminación de todos los misiles balísticos y de crucero de medio y corto alcance de las dos potencias, un acuerdo clave para acabar con las tensiones de la Guerra Fría; este pacto eliminó misiles con un alcance entre 500 y 5.500 kilómetros.

“Moscú observa con preocupación lo que califica de nuevos intentos de EU de lograr mediante el chantaje que Rusia haga concesiones en materia de seguridad estratégica internacional”, respondió el viceministro de Exteriores ruso, Serguei Riabkov. El responsable diplomático acusó a Estados Unidos de actuar “torpe y toscamente” por retirarse unilateralmente de acuerdos internacionales. “Sería un paso muy peligroso”, aseguró Riabkov a la agencia Tass.

El propio ex líder de la URSS Mijail Gorbachov, firmante de ese acuerdo en 1987, declaró horas más tarde a la declaración de Donald Trump: “¿Realmente no entienden en Washington a qué podría conducir esto? Ante esta situación cabe convocar a la ONU y al Consejo de Seguridad, pues la decisión de Trump afecta a todo el mundo”, dijo Gorbachov, quien calificó de “inaceptable reanudar el desarrollo de armas nucleares”.

La retirada del INF marcaría una brusca ruptura en la política de control armamentístico de EU, y choca con la oposición de sectores moderados dentro del Departamento de Estado y del Pentágono norteamericano.

Rusia considera que la principal razón que explica la decisión de EU de abandonar el INF es que en Washington sueñan con un mundo unipolar, explicó a la agencia Sputnik una fuente de la Cancillería rusa. De ahí “la salida de los acuerdos internacionales que establecen obligaciones iguales para él y sus socios y estorban al concepto de su propia excepcionalidad como país”.

El embajador de Rusia en EU, Anatoli Antonov, declaró a la prensa el pasado 10 de octubre que el gobierno de Estados Unidos buscaba un pretexto para abandonar el Tratado INF y acusar de ello a Rusia.

“Últimamente se escuchan cada vez más a menudo las declaraciones de militares estadounidenses diciendo que necesitan misiles de alcance medio y más corto para contener a China… ¿Tal vez estén buscando un pretexto para salir del INF acusando de ello a Rusia?”, expresó entones el diplomático.

Por su parte, Donald Trump declaró que “Rusia y China tienen que venir y asegurar que no van a desarrollar esas armas”, en referencia a la preocupación de que este tratado bilateral ata a Washington y Moscú, pero deja vía libre a Pekín para desarrollar y desplegar este tipo de misiles, por lo que se puede entender como un intento de parte de la administración Trump de contrarrestar la expansión de la presencia militar de China en el oeste del Pacífico.

Nunca en los últimos 30 años ningún presidente de EU, por muy grandes que fueran sus diferencias, primero con la Unión Soviética y posteriormente con Rusia, había utilizado en su estrategia de política exterior el argumento nuclear y menos con tono amenazante.

Si bien es cierto que, en 2002 George Bush hijo se retiró de otro tratado nuclear firmado en 1972 que involucró a armas de carácter totalmente defensivo, pero en lo referente a lo declarado por Donald Trump, este asunto involucra el desarrollo de armas nucleares no exclusivas para la protección y defensa, lo que representa, sin duda, una amenaza planetaria.

Estamos ante un suceso sin precedentes, donde la amenaza, el infundir miedo, el arrebato y beligerancia son el sello del señor Donald Trump, un gobernante que baila y le coquetea al conflicto lanzando las piedras y escondiendo las manos.