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Ciudad del Cabo y el Día Mundial del Agua [OPINIÓN]

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TEXTO PUBLICADO EL 22 DE MARZO DE 2018 EN EL PERIÓDICO EL NACIONAL

En pleno siglo XXI nos preocupan los suministros de petróleo, pero hay otro recurso, que es vital que, a diferencia de los hidrocarburos, es imposible subsistir sin él, cuyo valor no se ha tomado en serio o no hasta hace algunos años: el agua potable. Por tanto, el valor real del petróleo es cuestionable. El mundo vivió sin él durante miles de años, y si nos viéramos forzados a hacerlo, es probable que nosotros también pudiéramos prescindir de él. Podríamos hallar otras fuentes de energía, podríamos desarrollar combustibles sintéticos, podríamos sustituir y modificar… ¡vaya! podríamos sobrevivir sin el petróleo. Pero con el agua potable, ¡no ocurre lo mismo!

La vida depende de ella. Nuestros cuerpos están compuestos principalmente de agua. Necesitamos agua potable para seguir con vida: agua para beber, para bañarnos, para cultivar alimentos. No existe el agua artificial ni el agua sintética. Tiene que ser real y auténtica. Si no, pregúntenle a los habitantes de Ciudad del Cabo, Sudáfrica, quienes, a partir del 1 de febrero, se les redujo el suministro de agua a tan sólo 50 litros del vital líquido al día, una de las medidas para intentar evitar lo que se conoce como el ‘Día cero’: el momento en que por primera vez los grifos de una gran ciudad del mundo podrían quedarse sin agua ante la falta de reservas.

Si los niveles en las presas no mejoran, las autoridades pronostican que a partir del 12 de abril la población tendrá que acudir a uno de los 200 puntos de distribución de agua que se abrirán en la ciudad para recoger un máximo de 25 litros diarios.

Ciudad del Cabo es la primera gran ciudad que se enfrenta a esta dificultad, y si bien es cierto que esta sequía es producto de una mala administración de políticas públicas frente a la peor sequía del siglo en la región, también es cierto que es una realidad que enfrentan miles de grandes urbes alrededor del mundo, porque aunque hay suficiente agua en la Tierra —75 por ciento de la superficie de nuestro planeta está cubierto de agua y contamos con grandes cantidades en el subsuelo— el problema es que no toda el agua es “pura”; el agua limpia y potable es cada vez más escasa y se vuelve complicado llevarla a las grandes ciudades, y abastecer la necesidad de toda la humanidad.

Según estimaciones, el agua potable disponible para uso humano de toda la contenida en el planeta Tierra es apenas como una gota en un inmenso recipiente.

Aproximadamente 97% de toda el agua de nuestro planeta es agua salada. De la que queda, un poco más de dos por ciento está congelada en las regiones polares. Esto quiere decir que ¡disponemos de menos de uno por ciento de agua dulce!, proveniente del subsuelo y la superficie, para todo el consumo humano.

Sin embargo, el problema no es la mucha o poca cantidad de agua dulce en nuestro planeta, ya que actualmente bastaría para el suministro de una población varias veces superior a la población mundial actual… el suministro global es deficiente, y no es suficiente para responder a las necesidades actuales de la humanidad ya que la población ha crecido en demasía en comparación con el suministro local del vital líquido.

No sólo hay demasiada gente para el agua disponible, sino que además tres cuartas partes de la población rural mundial y una quinta parte de los habitantes de las ciudades, no tienen un suministro adecuado de agua. Millones de mujeres alrededor del mundo gastan buena parte del día caminando 15 kilómetros o más, sólo para conseguir agua suficiente para beber y cocinar.

Las sociedades que han disfrutado de un suministro adecuado de agua potable han tenido la tendencia de no apreciarla. Se abre la llave y el agua corre. Hemos tenido agua para bañarnos, lavar el carro, regar el jardín, dar de beber a los animales, impulsar la industria, mantener la agricultura y cumplir miles de funciones adicionales, desde el llenado de colchones de agua hasta el acarreo de las aguas negras.

Los que siempre hemos tenido agua, como el aire que respiramos, tal vez nunca hemos considerado que es algo que podría llegar a faltarnos, finalmente, siempre es mejor pensar que así ocurrirá para evitar que llegue ese fatídico momento, pero las nuevas generaciones debemos estar conscientes de la importancia de cuidar el vital líquido, y no desperdiciarlo ya que nuestras acciones locales tienen implicaciones mundiales.

La abundancia de petróleo puede ser detonante de una guerra, pero podría ser más amenazante la escasez de agua. Por ejemplo, los países de África y del Medio Oriente comparten suministros de agua —cuya importancia es de vida o muerte— por medio de tenues acuerdos, compromisos y, algunas veces, franca intimidación. Si una nación opta por desviar o cortarle el suministro a otra, estará coqueteando con la guerra. La arteria vital de Egipto es el Nilo, gran parte del cual tiene su origen en Etiopía. Luego que sale de aquel país corre a lo largo del Sudán. El Nilo no tiene agua suficiente para satisfacer las necesidades cada vez mayores de estos tres países.

Arabia Saudita y los países del Golfo Pérsico no tienen una fuente de agua adecuada y segura para la demanda presente y futura. ¡La situación es muy grave!

La demanda de agua en Israel también aumenta más rápido que el suministro de la misma. Según parece, ha alcanzado el límite en cuanto a la explotación de las fuentes de agua dulce. Los ríos Jordán y Yarmuk deben ser compartidos por Líbano, Siria y Jordania, países donde nacen. Y se ha extraído tanta agua de los depósitos subterráneos, que el agua salada está empezando a llenar el vacío.

Sin lugar a dudas el agua potable desempeña un papel importantísimo en los acontecimientos del orden internacional, es por ello y debido a su vital importancia para la existencia humana, que en 1993 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) adoptó el 22 de marzo como el Día Mundial del Agua para concientizar a la población sobre la conservación y desarrollo de los recursos hídricos.

El mundo, las organizaciones y todo el resto de la humanidad debemos cuidar de este vital líquido, porque vendrá un futuro, lo queramos o no, donde las dificultades que enfrenta ahora mismo Ciudad del Cabo serán la constante en todo el mundo.

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“Siempre hay que soñar, porque de nuestro sueño nace la esperanza”: Yasmina Khadra [AUDIO]

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El escritor argelino Yasmina Khadra, estuvo en la FIL Guadalajara 2017 presentando su obra, por lo que platiqué con él sobre su más reciente novela “La última noche del Rais”, una obra que esboza en primera persona los últimos momentos de la vida de Muamar Gadafi.
Les comparto la plática que sostuvimos para PLUMAVERTICAL.

Circuncisión faraónica

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El siguiente texto, es un extracto del testimonio verídico de Khadidiatou Diallo, mujer africana, militante en Francia de la asociación Grupo de Mujeres para la Abolición de las Mutilaciones Sexuales (GAMS):

Nunca me olvidare de ese día. Fue en 1966. Yo tenía 12 años y mi hermana diez. Como todos los veranos, estábamos en casa de nuestros abuelos paternos, en una aldea a 15 kilómetros de Bamako. Una mañana temprano fuimos a ver a mi tía, la hermana de mi padre, a quien siempre queríamos visitar, pues nos consentía mucho.

Yo no sospechaba nada. Mi tía me llevo al baño y ella y varias mujeres más se abalanzaron sobre mí, me agarraron, me tumbaron y me separaron las piernas. Yo gritaba. No vi el cuchillo, pero sentí que me estaban cortando. Había mucha sangre. Lloré, pero me decían ‘no hay que llorar, es una vergüenza cuando una llora, ahora eres una mujer, lo que te hemos hecho no es nada’. Empezaron a dar palmas y me vistieron con un paño blanco. No me pusieron ninguna venda, sólo algo que habían preparado con aceite de karité y hojas. Le tocaba a mi hermana menor. La oí llorar y pedirme auxilio y eso me hizo sufrir aún más.

Me embarga un sentimiento de odio y de rabia. Me case a los 22 años. Nunca pude decir que me faltaba algo en mi cuerpo, porque no se admitía que una mujer expresara sus deseos de placer. No es una herida, sino una verdadera mutilación; una herida se cura, pero con la mutilación se pierde algo para siempre.

 Según cálculos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 130 millones de mujeres han sido víctimas de mutilaciones sexuales y, anualmente, dos millones de niñas corren el riesgo de sufrir esas prácticas. Existen 28 países del África, y grupos que realizan esto dentro de las comunidades de inmigrantes en Europa, Australia, Canadá y Estados Unidos.

La mutilación sexual femenina –conocida como excisión–, consiste en cortar la piel que recubre el extremo del clítoris o la extirpación (ablación) de este órgano y, a menudo, se amputa parte de los labios menores. Otra mutilación mucho más extrema es la de la infibulación o también llamada circuncisión faraónica, que es una excisión completada con la ablación de los labios mayores, cuyos muñones se suturan de un extremo a otro, dejando un pequeño orificio para permitir el paso de la orina, el flujo menstrual y más adelante, permitir la penetración. Esta práctica tiene graves consecuencias: hemorragia, anemia, retención de líquidos, infecciones pélvicas y desgarramientos en el parto. Se ha considerado que dicho ritual no tiene vinculación con religión en particular, ya que tribus animistas, judíos, cristianos y musulmanes la practican, siendo esta última la más identificada con este rito considerado de transición.

En la mayoría de los países musulmanes, las leyes laborales en el sector industrial o administrativo, tienen como primera víctima a la mujer trabajadora en relación con la desigualdad de sueldos, facilidades maternales o lo referente a la jubilación, mientras que en la agricultura o el trabajo doméstico, no existe ninguna ley que proteja a las trabajadoras.

En lo referente a las leyes familiares, –en cualquier país árabe– como la finalidad es proteger los beneficios de la familia como una unidad económica, le dan todo el poder a los hombres, quienes desde el punto de vista religioso, son los únicos capaces de mantener y defender esa unidad, convirtiendo a las mujeres –reitero– en sus primeras víctimas.

Estas “ceremonias” obligan, que cada vez sea mayor el número de mujeres de corta edad, que abandonan su país de origen, para emigrar a Europa o América del Norte principalmente, sumándose a los problemas alimenticios y de trabajo existentes. Todo esto fomenta la prostitución, el odio y la denuncia constante de grupos que consideran el “totalitarismo islamista” comparable con el nazismo y el estalinismo, que desemboca en constantes choques violentos, y estos hechos todos “en nombre de Dios”.

Un caso significativo es el de Waris Dirie, quien nació en Somalia, en una familia nómada. Ignora su edad pero podría tener 41 años. A los cinco, aproximadamente, su madre la condujo a la oscuridad del desierto y dejó que una gitana le extirpara el clítoris. Después, la cosieron con espinas de plantas y le ataron las piernas por 40 días. Su belleza le valió un millonario contrato con la marca Revlon y ser parte de las inolvidables chicas Bond. En septiembre de 1996, fue nombrada por la ONU Embajadora Especial para su campaña en contra de la mutilación femenina. Es autora del libro La flor del desierto, (Editorial Planeta, 1999), en el que habla sobre su niñez y de cómo salió de África.

La mutilación femenina ha sido una práctica milenaria que no debería seguir existiendo, sin embargo es tan complicado erradicarla y tan complejo combatirla, que el simple hecho de mencionar esta posibilidad es ya una herejía por la cual en diversos países yo podría estar siendo lapidado.

Pero dentro de nuestras sociedades modernas, debemos hacernos conscientes que estas prácticas suceden todos los días en lugares remotos de nuestro planeta o bien, a la vuelta de la esquina de nuestro vecindario, por lo cual el hecho de ignorarlo no va a solucionar ni a mejorar la situación, ya que no sólo se daña a la mujer, sino que la figura varonil también es trastocada.

En la medida de nuestras posibilidades hablemos y ataquemos estos sucesos con la firme convicción de construir mejores bases sociales, fomentar la conciencia humana, valorar la figura femenina y toda su femineidad, quizás, en no muchos años, podamos decir que en todo el mundo: la mujer ya no es un objeto sexual, de trabajo doméstico y de reproducción humana, sino que ha sido valorada como la depositaria de la vida misma.

Jorge Iván Garduño
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El rescate de la educación femenina

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Hoy en día, en las naciones en desarrollo, una de cada siete niñas contrae matrimonio antes de los 15 años. Las hijas de estas niñas suelen hacer lo mismo; muchas son abuelas antes de los 30. Ellas suelen dejar la escuela y empezar familias a mitad de su adolescencia o inclusive antes –8, 9, 13 o 15 años de edad–, volviéndose a menudo víctimas de violencia intrafamiliar, enfermedades y complicaciones al momento del parto, que muchas veces devienen en daños irreversibles incluyendo la muerte.

Estudios del Banco Mundial, Naciones Unidas y movimientos no lucrativos demuestran que mantener a estas chicas en la escuela y retrasar el momento del matrimonio las beneficia a ellas y sus comunidades al reducir la mortalidad infantil, aumentar el ingreso familiar y detener la propagación del VIH-Sida, por lo que es determinante buscar formas para hacer que las jóvenes sean más valiosas para sus familias como proveedoras de ingresos en lugar de esposas o “mujeres” comprometidas.

Muchos países alrededor del mundo, principalmente en Asia, Oceanía y el continente africano realizan este tipo de prácticas que lo único que provocan es dejar sin ninguna oportunidad a la mujer para decidir sobre su futuro, sus oportunidades y que sean vistas como simples objetos del “hogar”, situación que pone al margen al género femenino en la sociedad.

Sobre esta situación, Tsitsi Dangarembga (1959, Zimbabwe) relata en su fascinante novela Estado de nervios, una muy atractiva memoria personal que transcurre en la Rhodesia colonial de la década de 1960, a la vez que nos crea un cuadro vívido de su país y de la situación tan difícil que vive la mujer en una nación de hombres.

Estado de nervios nos habla sobre la rama familiar de Tambu, quien se dedica a la agricultura y quien vive sus primeros años de vida en la granja marcados por el duro trabajo y por una profunda sensación de injusticia que recorrerá espectralmente toda la obra.

Tambu pertenece al patriarcado Shona, por lo que se atiene a las normas de este grupo étnico, uno de los tres oriundos de Zimbabwe, pero una firme decisión acecha su mente: ella no piensa resignarse como su madre ni a la pobreza que implica el ser negro ni a las cargas de la condición de la mujer africana.

Sin embargo, su padre considera que no tiene sentido enviarla a la escuela puesto que para alimentar a su futuro marido no podrá cocinar libros, por lo que deberá de someterse a las reglas de su etnia. Tambu se da cuenta muy pronto de que la educación es su única salida y tendrá que aprovechar su condición de estudiante sobresaliente y una clara determinación.

En la escuela, Tambu se introduce en el mundo exitoso de su tío y la familia de éste en cuyos miembros se aprecia la huella del tiempo que han vivido en Inglaterra y se involucra además en los trastornos alimentarios de su prima Nyasha; sin embargo, en el nerviosismo y el afán controlador de su tío, Tambu distingue las tensiones provocadas por la situación colonial gracias al hecho de estar atrapados entre dos mundos.

Ese es el campo minado que debe atravesar Tambu durante su educación, agravado también por otras cuestiones más decisivas en torno a la identidad femenina negra que se manifestará a través de la experiencia única de las cuatro mujeres que protagonizan esta novela tan excelentemente lograda.

Finalmente, lo que Tsitsi Dangarembga plantea es una realidad innegable: la educación crea su propio ciclo y el estudio le dará a la mujer africana una ventaja sobre otras a las que les será negada.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com
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Revista “Molino de letras” de Marzo-Abril 2012 http://www.facebook.com/photo.php?fbid=243232672437289&set=a.125734557520435.25938.125734250853799&type=1&theater
 
Revista “Molino de letras” de Enero-Febrero 2012 http://www.facebook.com/photo.php?fbid=215068058587084&set=a.125734557520435.25938.125734250853799&type=1&theater
 
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La fragmentación de la identidad somalí en la obra de Farah

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Somalia, país africano asolado y azotado por importantes problemas étnicos, demográficos, económicos y políticos. Su pobreza se ha visto agravada por la sequía de la década de 1980, y desde 1988 con la guerra civil que ha dado como resultado –mas no solucionado– la separación de la región norte somalí en el naciente Estado de Eritrea, apenas reconocida hace unos años por la comunidad internacional.

Siendo uno de los países más pobres del mundo, con ingresos per cápita menores a un dólar por habitante al día y, quienes tienen una esperanza de vida, en el mejor de los escenarios de 50 años, esta nación ocupa uno de los lugares más alarmantes de desnutrición extrema de África, y por consiguiente del resto del mundo.

Como resultado de la carencia de carbohidratos y proteínas necesarios, existe una dieta inadecuada en la población de Somalia, produciéndoles enfermedades que obstaculizan la asimilación de los pocos alimentos que consumen y por ende afectan la realización de las funciones de las células y su regeneración normal, retrasando el crecimiento, volviendo sus cuerpos susceptibles a infecciones, anemia, disminución de la masa muscular y dañando órganos y huesos; por lo que la ayuda internacional es ineficaz ante todo esfuerzo.

En este duro escenario, surge un escritor complejo, erigiendo a su nación como el centro de su ilimitada imaginación literaria, tomando las dificultades modernas como el atributo esencial que deja a un lado el inconsciente individual para dar paso a la fragmentación de las estructuras sociales de la familia en el Estado-Nación en África.

Nuruddin Farah (Baidoa, Somalia, 1945), autor de obras que oscilan entre la santidad y el pecado, entre la carne y el espíritu, entre el bien y el mal, revelándose en contra del poder político ineficaz, que al querérsele cuestionar y destruir se ha agazapado y finalmente se ha rebelado con mayor violencia y perversidad, arrojando al escritor al exilio; ya que esas potencias políticas son invencibles.

De las novelas más notables de Farah tenemos De una costilla partida (1970), donde el rastro perdurable de la mujer islámica que rechaza la sumisión es el leitmotiv de este texto, exigencia ineludible de su rol de género tradicional con un elaborado conjunto de códigos de conducta que le permiten evadir la dominación masculina a la protagonista Ebla, por medio de su sexualidad, siguiendo la estructura típica de las narraciones orales.

Dentro de su trilogía Variaciones sobre el tema de un dictador africano, resalta la serie de juegos dobles que construye dentro de estas obras de suspense político, donde las facetas de la identidad nacional somalí se recrudecen por medio de la fragmentación y la amputación racial en la representación de los cinco grupos étnicos, sociales y religiosos en el Cuerno de África, aunados a los cuatro diferentes poderes imperiales coexistentes: británicos, italianos, franceses y etíopes.

De acuerdo a la dialéctica expuesta por Nuruddin Farah, las relaciones que se desprenden sobre el paisaje somalí se resuelven en el juego entre documento y ficción a partir de cierta lectura distópica de la modernidad urbana o rural, o incluso de su mezcla, una construcción utópica, lo que pone en el papel el escritor es el lado inverso de un sueño construido con elementos de una suerte de ruina próxima.

La lectura de Farah obsequia al lector la carga simbólica que el flujo de la continuidad narrativa brinda, con una excelente construcción intelectual.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com
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Albert Memmi, un rostro anticolonialista

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En la época reciente, somos testigos del derrocamiento de dictadores en el norte de África y Medio Oriente, revueltas sociales que han servido como “inspiración” para que pueblos muy similares se levanten en contra de gobiernos dictatoriales en naciones árabes diversas como son Egipto, Marruecos, Argelia, Libia, Bahrein o Túnez, país donde iniciaron, el 17 de diciembre de 2010, una serie de protestas que culminaron con la dimisión del ex presidente Zine el-Abidine Ben Alí, y con ello el detonante de la llamada revolución del jazmín.

Los cambios trascendentales que sufre la geopolítica mundial, son muestra fehaciente de la inestabilidad social a la que estamos sometidos, en la que sólo es necesaria la chispa adecuada que encienda el descontento social, para dar paso al surgimiento de un líder nacional o regional que muy difícilmente se abstendrá de cometer los mismos errores y ejercer el poder de forma similar a las que hoy originan las revueltas.

Debemos recordar que la opresión es antes que nada el odio del opresor contra el oprimido, y un sistema colonial fabrica colonialistas de la misma manera que fabrica colonizadores, muy probablemente como en el caso de los actores de la revolución del jazmín, donde un pueblo colonizado buscó asumir las responsabilidades colectivas para decidir su destino como pueblo, accediendo a la construcción de una nación incluyente, donde el peso de la tradición barrial y el activismo sindical, formaron un frente que articuló la protesta civil y “pacífica” contra un régimen autoritario y corrupto que ya no garantizaba la estabilidad ni la viabilidad de los sistemas políticos, pero con el riesgo de que en ellos resucite la naturaleza humana que hoy quieren destruir.

En este marco histórico temporal, años atrás surgieron diversas voces de combate consideradas subversivas, quienes han escrito textos que denuncian la explotación económica y los excesos de los gobiernos monárquicos, siguiendo la tradición anticolonialista por su pasado de sometimiento europeo, resultando en una literatura de ruptura total.

En este pensamiento converge la obra de Albert Memmi, un literato e intelectual que nació en el Protectorado francés de Túnez en 1920, dentro de una comunidad judía. Él utiliza la lengua francesa como instrumento de su quehacer profesional, pero con la incuestionable convicción de que sus letras no se arrojen al compromiso político totalizador que permea y ciega al Tercer Mundo; pugnando por una conciencia socio-cultural que permita que los pueblos menos desarrollados gocen de los beneficios de la civilización europea.

La importancia de su obra radica hoy día, en que ha descrito o anunciado a manera de premonición que dichos pueblos –árabes o judíos– deben romper el círculo infernal del colonialismo por medio de la rebelión, que según Memmi sería esencialmente “una negativa de todo lo colonial”; asimismo, nos advierte que el oprimido también puede ser opresor, pues si la colonización destruye al colonizado, pudre al colonizador.

Como novelista, el autor tunecino nos cuenta su amarga juventud en La estatua de sal (1953), texto que le sirvió para orientar su existencia judía dentro de un mundo árabe, y toparse con la imposibilidad de una vida humana consumada en el África del Norte posterior a la segunda mitad del siglo XX, dando pie a lo que sería su segunda obra, Agar (19); en ambas, Memmi describe la quemante tierra africana a través de su mirada, dejándonos sentir, por medio de la nuestra, el fuego abrazador de su magistral pluma.

Albert Memmi, autor de una obra sobria y claramente apasionada, donde su tranquila objetividad es sinónimo del sufrimiento y cólera ya superados, por lo que sus relatos parecen proyectarse al presente inmediato y no al pasado traslúcido del que surgieron.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com
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Mitos y magia ancestral: el legado literario de Amos Tutuola

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El continente africano se caracteriza por ser depositario de extraordinarios paisajes, tener una variada riqueza natural con climas extremos y exuberantes, y ser contenedor de etnias, pueblos y razas milenarias que han acuñado mitos y leyendas para transmitir su legado de las generaciones primigenias a las generaciones futuras.

En este marco surgió a mitad del siglo pasado un brillante escritor nigeriano, quien gracias a su estilo aparentemente descuidado, nos interna en un universo fuera de toda lógica humana, en el que en ocasiones seres irreales y personajes fantásticos en algunas otras, brotan de la inventiva de Amos Tutuola, quien creó una verdadera saga africana utilizando la tradición de su familia de origen yoruba.

De manera brillante, Tutuola fue quien abrió el camino de la actual narrativa africana con su novela El bebedor de vino de palma, primera novela publicada por el autor, que despertó un gran interés en todo el mundo literario, por lo que muy pronto fue traducida a varios idiomas obteniendo un éxito inusual con respecto de otros autores africanos hasta ese momento.

El bebedor de vino de palma es una obra literaria que nos va revelando la poesía del pensamiento primitivo y su lógica interna, convirtiéndola en un símbolo universal que transita la frontera de la rica tradición oral yoruba con ideas y alusiones adaptadas al folclore moderno, lo que la convierte en algo único e impresionante.

Encuentros con seres sobrenaturales, magos, dioses, demiurgos nocturnos, aldeas encantadas pobladas por fantasmas, montes habitados por seres míticos, bosques donde los árboles caminan solos, es a lo que se enfrenta el protagonista que nos cuenta su inusual historia y que tiene lugar en el corazón de África.

El narrador es un desenfrenado bebedor de un característico vino extraído de la palma, que se destaca por ser una bebida fuerte, recia y muy común en países del Caribe, Asia y por supuesto África; desde la primera frase el narrador nos dice: “He sido un bebedor de vino de palma desde que tenía diez años”.

Amos nos deja abierta la posibilidad para discernir sobre el narrador-héroe y la historia que nos presenta: un hombre abatido por el alcohol que en estado inconsciente vive una aventura mezclada con los mitos y leyendas del pueblo yoruba, que sobriamente sería imposible recrear.

En el estado en el que está, ese hombre  tiene un periplo cuasi diabólico, efecto de la bebida embriagante que ha ingerido sobre manera, ligando el atractivo viaje con su interior y las fuerzas dominantes que rigen la cosmogonía del África, recreando una vía de desarrollo espiritual para la adquisición de sabiduría.

Diversos niveles de humanidad, espiritualidad y consciencia deberá de sortear el bebedor de vino de palma para alcanzar su objetivo: recobrar al sirviente que logra saciar la sed del bebedor, y con esto continuar bebiendo descomunalmente vino de palma.

El bebedor de vino de palma, una novela que desde el inicio logra captar la atención del lector gracias a la capacidad imaginativa que posee Tutuola para entrelazar la mitología yoruba y las leyendas africanas con la literatura moderna, alcanzando niveles poéticos haciendo un intento por liberar el alma humana.

Amos Tutuola, un escritor mágico, que en vida cultivó la imaginación y las tradiciones ancestrales para recrear un universo propio, lúcido y alegre, en el que otros autores se internaron para continuar la tradición iniciada por este novelista.

En definitiva, un extraño escritor nigeriano que tuvo la visión y la fuerza suficientes para escribir de forma fantástica en un mundo donde la tradición oral es más fuerte que la escritura.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com
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Revista “Bicaa’lu”, edición Enero 2012.

El ‘Paraíso’ reencontrado de Gurnah

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África: el continente enigmático, salvaje, depositario de extensas tierras bañadas por el sol y la arena, que posee paisajes naturales que invitan a la ensoñación, con sus sabanas, selvas, volcanes, macizos de notable altitud, sus inmensos desiertos, su vegetación tan variada; el territorio de los leopardos, leones, hienas, gorilas de montaña, cebras, jirafas, rinocerontes, ñúes, búfalos, elefantes… Un lugar con inmensas riquezas naturales y artísticas, en la que han surgido grandes líderes políticos, pero también de oposición.

Hoy día –como a lo largo de casi toda su historia– se enfrenta a problemas mayores concernientes a la sobre explotación de sus recursos naturales, con ese constante choque armado de grupos que buscan el control de zonas ricas en minerales.

Gobiernos sin escrúpulos venden sus tierras, aldeas, ciudades, su país, el continente africano en su totalidad a corporaciones industriales occidentales por billetes verdes, y esto va aunado a la esclavitud, que aún no se ha abolido en aquella zona, como en tantas otras regiones en desarrollo.

A esta grande cadena de males, debemos seguir añadiendo: familias destrozadas por los movimientos rebeldes y los ejércitos, que saquean las comunidades, decapitan o asesinan a hombres y niños, mientras a las mujeres los soldados las acosan, las humillan y las violan, en ocasiones ante los ojos de sus esposos o hijos. A esta dramática situación se añade el enorme riesgo de contagiarse el virus VIH/sida.[i]

Por absurdo que suene, el continente africano alberga a los países más ricos de la tierra. En ellos se puede encontrar, además de cacao, oro, plata, diamantes, petróleo, cobre, cobalto, estaño, tántalo y otras preciadas riquezas del subsuelo. Los principales frentes bélicos tienen lugar –no por casualidad– a lo largo de los grandes yacimientos,[ii] y por desgracia, cada vez son más los niños que son utilizados para extraer las riquezas del subsuelo o en las plantaciones.

Abdulrazak Gurnah (1948, Tanzania) es un escritor que aborda los conflictos que aquejan a su continente y muy en especial a la región de la que proviene, Zanzíbar, una localidad  situada en la isla del mismo nombre, rodeada por el Océano Índico y que tiene justo al sur, ya en  el macizo continental, el puerto de Dar es Salaam, el puerto principal y también la mayor ciudad de Tanzania.

Gurnah, un autor que ha sido declarado como <<un africano de extraño talento>>, un hombre al que le fascina la literatura y el análisis sutil de los conflictos africanos, quien ha vivido en su propio cuerpo las tradiciones en el este del África musulmana, de donde toma los elementos suficientes para desarrollar su novela Paraíso.

La primera de sus novelas que fue traducida al castellano, Paraíso (Muchnik Editores, 1994), también finalista del prestigiado Booker Prize, el más estimado galardón de la literatura británica, es una obra que se remonta a los tiempos antes de la Primera Guerra Mundial, que nos cuenta la vida de Yusuf, un niño swahili,[iii] como tantos otros que hay en Tanzania o en África, y de cómo tiene que marcharse con el “tío” Aziz, a quien en realidad su padre lo ha vendido para cancelar parte de sus deudas.

Una práctica que es más terrible de lo que nos deja ver Gurnah en las páginas de la novela, porque este problema afecta a todo el continente negro, donde se estima que al menos 200,000 menores están condenados a la esclavitud. Una realidad que está sucediendo hoy mismo, donde los traficantes o “mercaderes” se aprovechan de la extrema pobreza de las familias, a las que compran los niños por entre 15 y 20 dólares, prometiéndoles que recibirán educación a cambio de tareas menores; la mayoría de las veces, no reciben salario alguno y son sometidos a abusos físicos y sexuales.

Paraíso entreteje la belleza de las tradiciones africanas con una sutil denuncia hacia la esclavitud infantil y las consecuencias que conlleva. Yusuf es llevado a un jardín edénico a muchos días de camino de sus padres, obligado a cuidar de la tienda de Aziz, mientras por las noches se escabulle en el huerto buscando inconcientemente su identidad que le fue arrebatada; un viaje iniciático muy conmovedor.

Abdulrazak Gurnah radica en Inglaterra, pero al volver a Tanzania para escribir esta novela declaró: “No viajé para recoger datos, sino para que el polvo volviera a entrarme en la nariz”, de esta manera Gurnah resume lo que fue su vida cuando era un chico por las calles de Zanzíbar, sitio del que está impregnada su vida y sus ficciones.

Un cuento verídico, contado por una voz omnisciente, que en ocasiones nos hace pensar que es Yusuf recordando sus memorias quien nos las platica, bajo el resguardo del Kilimanjaro o cobijado por el paisaje del Serengeti y sus habitantes; quizás Paraíso es eso y más: un sabio profesor de literatura que no olvida su origen en una África sumida en constantes conflictos armados.

Abdulrazak Gurnah nos descubre una Tanzania de hermosos paisajes –a pesar de sus graves deficiencias demográficas–, del mismo modo como lo hicieran el explorador Livingstone o Stanley en el siglo XIX. Paraíso, una novela que nos transmite la emoción, deseo y alegría por lo que aún no conocemos pero que ansiamos conocer.

Dejemos que el polvo entre a nuestra nariz recorriendo las páginas del paraíso que Abdulrazak Gurnah percibió a su regreso a Tanzania. Una novela que más que una denuncia a prácticas inhumanas, se convierte en un poema a la libertad humana.


[i] La cifra total de africanos infectados de VIH o que ya padecen la enfermedad es de 40 millones. Representan el 70% de los adultos y el 80% de los niños que viven con este mortal virus en el mundo.

[ii] Klaus Werner y Hans Weiss, El libro negro de las marcas, Mondadori, 2006, p. 45.

[iii] Etnia y lengua africana perteneciente a la familia bantú, de la clase oriental. En África se hablan más de 2000 lenguas. Aparte del árabe, las lenguas más utilizadas por los africanos son el swahili y el hausa, que cuentan cada una con más de diez millones de hablantes.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com
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