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¿Qué sucedió Cabify? [Opinión]

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TEXTO PUBLICADO EL 15 DE SEPTIEMBRE DE 2017

Una joven poblana de 19 años de edad, llamada Mara Castilla, salió de una fiesta a la que acudió la noche del jueves pasado en Cholula, alrededor de las cinco de la mañana decidió retirarse, y para ello solicitó un vehículo de la empresa Cabify para volver a casa. El taxi privado completó el trayecto de 20 minutos entre el bar The Bronx y su destino, pero al llegar a su casa, la estudiante de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP) nunca bajó de la unidad, que permaneció media hora en el fraccionamiento donde vive. Desde entonces, nadie la ha visto con vida.

De acuerdo con el registro de la empresa, el viaje concluyó a las 5.47, y en el video de seguridad del fraccionamiento, se observa el momento en el que el Chevrolet Sonic, entró y salió del sitio, pero no se observa a Mara Fernanda descender del auto.

El chofer Ricardo “N” ya ha sido detenido por las autoridades del estado, y presentó su declaración ante el Ministerio Público en la que indica que la señorita le pidió bajar unos metros antes. El conductor de Cabify, al ser la última persona en ver a Mara Fernanda está detenido, en tanto se aclara su situación por el probable delito de privación ilegal de la libertad, y como no se ha recibido ninguna petición de rescate por Mara, las autoridades no pueden reconocer esta desaparición como un secuestro.

Las pruebas que se tienen contra Ricardo “N” no se han hecho públicas, pero una declaración del gobernador poblano Toni Gali indica que pudo haber sido llevada a Tenancingo, Tlaxcala, “cuna de la trata y la prostitución en México”.

Urge dar con el paradero de Mara, pero las autoridades parecen tener otras prioridades.

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¡Prensa, no disparen! [Opinión]

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En su informe semestral sobre ataques a la prensa, Artículo 19 destaca que policías, políticos, servidores públicos y criminales agredieron un promedio de 1.5 veces al día a reporteros y fotógrafos. En total, 276 ataques en sólo 6 meses, una cifra que va en claro aumento si la comparamos con los 218 de los primeros seis meses del 2016.

También aumentaron los asesinatos, perfilándose 2017 como el más mortífero en México para los periodistas, ya que en todo 2016 se registraron 11 ejecuciones de reporteros, en la primera mitad de 2017 ya se registraban 6, siendo el mes de marzo el que destaca con tres reporteros ejecutados: Miroslava Breach, Cecilio Pineda y Ricardo Monliu. A estas alturas del año, ya son ocho.

Para Artículo 19, el reportero michoacano Salvador Adame continúa en calidad de desaparecido. Su familia no acepta el resultado del peritaje. Sería el noveno periodista asesinado.

En mayo, tras la ejecución de Javier Valdez, Enrique Peña Nieto anunció que aumentaría el presupuesto del mecanismo de protección a periodistas… ahora sólo evidencia la falta de rigor en México para investigar estos crímenes porque no hay un solo detenido por ninguno de los ocho periodistas asesinados este año.

Estos asesinatos son penosos, dolosos y culposos, porque México sigue ocupando los primeros lugares donde ejercer el periodismo es una profesión de alto riesgo, pese a la existencia del Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas.

Nuestro compromiso como sociedad o gobierno debería ser el de apoyar y expandir la libertad de prensa y el libre intercambio de información en la era digital del siglo XXI. Juntos podemos forjar una visión que asegure la libertad de expresión y garantice el avance de México en búsqueda de un mejor gobierno y sociedad.

Pitcher, una autora que plasma los anhelos del hombre

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Elegir a un asesino que está condenado a muerte para confesar los peores actos de tu vida, teniendo las prerrogativas de no conocerse entablando una conversación que has decidido iniciar y que podrías terminar en el momento que lo quisieras si así lo decidieras, sabiendo que ese sujeto no cuenta con el “valor moral” para juzgarte por lo que hayas realizado, ya que él habrá hecho cosas equiparables o mucho peores, podría ser el sueño de todo ser humano.

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El poseer el derecho a equivocarse sabiendo que se ha actuado de mala manera no te hace ni más ni menos que los demás, simplemente demuestra uno la humanidad, y con eso, se puede confesar esa simple necesidad con alguien que no sea un dios perfecto e incorruptible, alguien tangible sin temor a ser condenado aceptando obras poniéndote a la par del “otro” que no debería juzgarte. Esa es una posición segura.

Y así es como lo lleva a cabo Zoe, la protagonista de la segunda novela de Annabel Pitcher, Nubes de kétchup (Editorial Alevosía), donde leemos a una quinceañera que ha cometido un crimen y que tienen la apremiante necesidad de externarlo para así buscar la redención de sus congéneres por medio de misivas confesionales.

La adolescencia, el asesinato y la culpa son los ingredientes que se cocinan en Nubes de kétchup, un libro ya galardonado en Europa con el premio Waterstones otorgado al mejor Libro Juvenil.

Nubes de kétchup es una novela muy bien tratada que habla del verdadero egoísmo del ser humano, ya que al final Zoe se sumerge en una especie de soliloquio en donde más que el remordimiento, escruta en sus pensamientos, recuerdos y vivencias para desahogarse, por lo que busca sacarlo de sí misma ya que no encuentra la forma de resarcir el daño.

Un daño que la va deteriorando y urgiéndole para hablar antes que el silencio la extermine, y en su afán por hacerlo decide llevar su tarea en un juego en la que ella decide el quién y el cómo, que se resumirá en sostener una comunicación mediante la redacción de cartas dirigidas a un preso condenado a muerte que se encuentra del otro lado del Atlántico, y que está segura que no la buscará para matarla el día de mañana.

Es así que la apuesta de Pitcher es excesivamente interesante y que nos adentra en la magia de la psicología del ser humano… un pensamiento que ha rondado la mente de muchos de nosotros: el confesar nuestros actos con alguien que no nos conoce y que se encuentra ya sobre el cadalso por ser tan pecador, o más, que nosotros.

Annabel Pitcher es una  escritora británica nacida en 1982, y que en múltiples entrevistas para medios ha expresado que esta novela le ha servido para liberarse del sentimiento de culpa que la persiguió durante su adolescencia debido a la extrema religiosidad de su madre, así que confiesa que contienen altos ingredientes de su propia vida.

Nubes de Kétchup, nos habla de esos anhelos y demonios del ser humano, y es así que partiendo de esta primicia construye Pitcher de manera lúcida una obra con la que confirma su calidad literaria y, una visión crítica de nuestra sociedad y de lo que somos, lo que sencillamente no dejará indiferente a sus lectores que desde su primera obra literaria Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea tocó el éxito.

Jorge Iván Garduño
@plumavertical
 
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“El arca de Schindler”

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Era el año de 1993 y en Washington, EE. UU., se firmaba un acuerdo de paz entre Palestina e Israel, como una forma de declaración sobre  acuerdos provisionales para obtener la autonomía dela Organizaciónparala Liberaciónde Palestina (OLP), misma que reconocía a Israel y su derecho a existir.

Ese mismo año, el director de cine Steven Spielberg, llevó a las salas de cine la historia de los mil doscientos judíos polacos que fueron salvados de morir en el Holocausto por un solo hombre –Oskar Schindler–, convirtiéndose en su mejor película, con la cual ganó seis premios Oscar, incluidos los de mejor guión, película, director y banda sonora.

La lista de Schindler, la épica versión cinematográfica, está basada en un hecho real que se encuentra consignado y documentado en el libro del escritor australiano Thomas Keneally (Sydney, 1935), y que de manera inevitable fue eclipsado por la historia rodada por el cineasta norteamericano; comenzando por el título.

El arca de Schindler (1982), título original de la novela de Keneally, da inicio con una <<nota>> del escritor en la que describe su encuentro casual con Leonard Pfefferberg,  uno de los “supervivientes de Schindler”, el mismo que le impulsó a escribir la historia de Oskar Schindler: un industrial, miembro del partido nazi, hombre de enorme astucia y talento para las relaciones públicas.

El libro combina investigación histórica con una reconstrucción imaginativa del complejo y provocativo carácter de Oskar Schindler. En el proceso, Keneally introduce a sus lectores en el mundo de estos judíos condenados por los nazis a una <<vida indigna de la vida>>.

Al mismo tiempo, al tomar la decisión de descubrir el Holocausto, Keneally se adentra en la polémica que rodea al proyecto, no sólo hasta qué punto es <<auténtico>> este retrato de Schindler, sino quién puede prestar testimonio del Holocausto. Entiéndase la controversia literaria sobre quién es El Narrador de El arca de Schindler.

La narrativa de Thomas Keneally refleja, desde un punto de vista crítico, sentimentalismo: su descripción novelística de la historia mediante la vida de un hombre, Oskar Schindler, quien arriesgó su vida para proteger a los judíos que laboraban en su fábrica de Cracovia,la DeutscheEmailFabrik, enla Poloniaocupada por los alemanes.

El arca de Schindler, ganadora del Premio Booker en 1982, es una <<novela>> engastada en el trauma de la memoria europea moderna, un relato que, insiste Keneally, trata de evitar toda ficción.

Ciertamente, todo se ha desenmascarado en este siglo XX, ha mostrado al menos una vez su verdadero rostro, permitiendo palpar la realidad. El soldado se convirtió en asesino profesional; la política, en crimen; el capital, en una gran fábrica equipada con hornos crematorios y destinada a eliminar seres humanos; la ley, en reglas de juego de un juego sucio; la libertad universal, en cárcel de los pueblos; el antisemitismo, en Auschwitz; el sentimiento nacional, en genocidio. En todas partes se trasluce la verdadera intención; los pocos ideales que había, quedaron manchados por la sangre de la cruda realidad. La situación quizá sea tal como la formuló Franz Kafka: sólo nos queda acabar lo negativo; lo positivo ya nos fue dado.

En el libro del escritor australiano, nos podemos dar cuenta (gracias a su prosa vital) del horror que fue el Holocausto para todos aquellos que tuvieran sangre o rasgos judíos, pero lo que no logra Keneally –por lo menos no con todos– es que comprendamos la magnitud del suceso, y no por falta de talento narrativo, más bien por nuestra propia falta de sensibilidad ante la destrucción del hombre hacia el hombre.

Cinco años duró la aparente paz entre los pueblos árabe-israelíes firmada en Washington (1995-1998). El boom del Holocausto continúa dando cintas cinematográficas, libros “espectaculares”, entrevistas y una interminable lista de discursos y disculpas; que sólo se quedan en buenas intenciones.

Las fricciones en Medio Oriente prosiguen, nada ha cambiado. El antisemitismo está más vivo que nunca, sólo que se encuentra políticamente “maquillado”, y a pesar de que los dirigentes no lo acepten abiertamente, hay un odio que va creciendo paulatinamente y al final, por más Oskares Schindler que aparezcan, no serán suficientes.

Thomas Keneally, un narrador fascinado con la reconstrucción de sucesos históricos, como lo hiciera en las novelas Conversaciones del bosque (1975) y Hacia Asmara (1989); una ambientada enla Primera Guerra Mundial y la segunda, describe el conflicto armado de Eritrea, un pequeño y empobrecido país africano de reciente creación al norte de Somalia.

El arca de Schindler, el libro que fue inspiración de una de las películas más elocuentes sobre el genocidio ocurrido en Europa en la primera mitad del siglo XX. La lista de Schindler, la cinta cinematográfica apegada a una realidad descrita en un libro que sobrepasa la imaginación y –dejando a un lado lo propiamente literario– la ficción.

Jorge Iván Garduño
@plumavertical
 
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