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Me lo dijo un pajarito

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Al más puro estilo de Woodstock ‒y no, no me refiero al festival de rock; aunque es bien sabido de los grandes “viajes” que muchos experimentaron durante tal evento (y el personaje principal de esta historia seguramente también está “viajando”)‒ o Emilio como lo conocen otros tantos (el pajarito amarillo, amigo de Snoopy) se aparece ahora el finado Hugo Chávez para platicar con nuestro ya cada vez más afamado Nicolás Maduro.

Y es que ahora resulta que para desearle suerte, en la mismísima casa de la familia de Hugo Chávez, un “pajarito chiquitico” se posó en un dintel y observando a Nicolás Maduro le habló y lo bendijo en lo que es el inicio de su periplo rumbo a las elecciones presidenciales en Venezuela, que se celebrarán el próximo 14 de abril.

Es lamentable que a un mes del anuncio oficial de la muerte de Hugo Chávez, el encargado del despacho presidencial de Venezuela se mantenga en las primeras planas de los diarios y espacios en medios radiofónicos y televisivos más por sus comentarios incoherentes que por la capacidad como líder, político y proponiendo nuevos ejes para el gobierno que busca encabezar por los próximos 6 años en lo que representaría la extensión del chavismo.

Desgraciadamente, en tan solo 30 días Maduro ha dicho más necedades que las que se le recuerden a Hugo Chávez en un periodo similar, por lo que lo mejor que podría sucederle a la hermana nación venezolana es que Henrique Capriles llegara de forma democrática al Palacio de Miraflores; hecho que a no ser que Chávez y todas sus huestes angelicales en un arrebato democratizador post mortem intervengan en el cielo, se antoja más que difícil.

Así las cosas, por un lado un Nicolás Maduro que insiste en envolverse en la figura del difunto Chávez, erigiéndolo en el beato latinoamericano que El Vaticano pronto reconocerá, ya que carece de un proyecto de nación con rumbo y dirección y que, le guste o no, sólo busca el poder por el poder mismo, sin importar que para llegar a su meta explique cómo el “pajarito chiquitito” le habló casi, casi al oído y le recitó el discurso para el día en que tome por completo las riendas de Venezuela. Por el otro, vemos cómo tras una ceremonia luctuosa que reunió a tantos jefes de Estado que en otras circunstancias era inimaginable ver en un mismo lugar y a la misma hora, hoy día ‒a casi 30 días‒ un mutismo general ha permeado en gran parte de las naciones “hermanas” ante las próximas elecciones que Venezuela celebrará, y con un Maduro a quien nadie de sus allegados se atreve a dar la espalda o siquiera contradecir.

Ante tal panorama, es más que probable que pronto escuchemos a quien sea electo presidente de la República Bolivariana de Venezuela, decir que ganó gracias a un pajarito, y que ese pajarito le ha pedido se perpetúe en el poder por el bien de los ciudadanos… y del chavismo… y de él… y de todos… y a estas alturas ¿por qué no?, que Hugo Chávez será nombrado vicepresidente vitalicio en su calidad de “jefe supremo”.

Total, apreciados lectores, ante la incapacidad política de gobernar el pan y circo siempre han funcionado en la historia reciente de la humanidad ¿o no?

Jorge Iván Garduño
@plumavertical
 
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Hugo Chávez ha muerto

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Una sentencia que por más de un año –desde que se dio a conocer que el mandatario venezolano padecía de cáncer– surgió de forma impronunciable en labios de sus allegados, idea agazapada en las mentes de prácticamente todos, pero que recobró fuerza hace menos de 90 días, cuando el hoy fallecido Hugo Chávez Frías viajó nuevamente a La Habana para someterse a su cuarta cirugía con la esperanza de erradicar las células cancerígenas…

En vano fueron tantos esfuerzos.

Y es que ya quedan en segundo término las especulaciones de las que fue objeto durante estos meses el también llamado por sus colaboradores y simpatizantes “jefe máximo de la Revolución Bolivariana”, como fueron:

  • Que si el cáncer surgió tras maldecir al pueblo judío con lo que dijo en su momento: “odio desde las entrañas”.
  • O bien, el mito de que los cubanos habían descubierto desde tiempo atrás la cura para el cáncer.
  • O qué me dicen de que se rumoró que era objeto de experimentos de clonación.
  • Y ya de manera más seria, que el comandante se estaba muriendo y que cada día era más complicado mantener esa verdad en el anonimato.

En fin, ya no importan a estas alturas, porque bien es cierto que el proyecto bolivariano no ha funcionado, y por más que Hugo Chávez, en busca de entronizarse en el poder sobre el pueblo venezolano ‒que está viviendo en la incertidumbre ahora que se cierne la peor de sus crisis económicas y políticas‒, reformó la constitución para ampliar su mandato y mantuvo un discurso alentador para las finanzas del país sudamericano, esto no ha sido así.

Perdón, corrijo amable lector, y me permito explicar: sí ha funcionado la Revolución Bolivariana: para mantener en el poder a un falso caudillo y a su séquito, que lo único que han hecho es dar “pan y circo”; el pan: de los excedentes de petróleo, y el circo: Hugo Chávez lo hizo.

Venezuela se enfrenta a un escenario aterrador. Sus reservas de petróleo son las segundas en importancia mundial, pero su economía pende de un delgado hilo resultado de una política chavista que giraba en torno al hidrocarburo, amistades izquierdistas en la región y un toque de hostilidad –en el discurso, mas no en la práctica– hacia el que llamó “imperialismo yanqui”.

Así las cosas, los herederos del gobierno de Venezuela, llámese Nicolás Maduro, Diosdado Cabello o Henrique Capriles, deberán enfrentar la muerte de Hugo Chávez si lo que quieren es comenzar a recomponer la credibilidad antes que la economía y el buen gobierno, y debe ser a la luz de la verdad y no en lo oscuro y buscando erigir al político en mártir.

Esa tarea, tan complicada, será la de conducir con veracidad el sepelio de Hugo Chávez, mostrando las imágenes de un presidente fallecido efectivamente el 5 de marzo a las 16:25 horas tiempo de Caracas, en el Hospital Militar, y no un servicio fúnebre con el ataúd cerrado y la foto del comandante, lo que podría ser un mensaje del inicio de la radicalización, porque con Chávez ya sabíamos a qué atenernos, con los políticos que ya manejan Venezuela… no sabemos.

Por esto se requiere de un buen gobierno que busque legitimarse a fin de obtener la credibilidad de los ciudadanos, lo que significa la base de toda buena sociedad, porque de no llegar lo anterior, entonces seguirán las malas habladurías y a la postre los más dañados serán los venezolanos, que podrían convertirse en un pueblo vetusto y corroído.

Y tras este lamentable suceso –porque a nadie se le desea la muerte–, escuché una frase que comenzó a circular en redes sociales que me parece muy atinada y que a continuación quiero reproducir, palabras más, palabras menos: He visto a muchas personas recuperarse del cáncer, pero nunca a toda una nación.

Les deseo a los venezolanos, chavistas y no chavistas, lo mejor, por lo que externo mis deseos de ver a partir de hoy cómo un país se recupera de este trágico suceso.

Y qué así sea.

Jorge Iván Garduño
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Cáncer, el enemigo silencioso

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Un silencio mortal inunda el consultorio de paredes blancas adornadas con diplomas e imágenes representativas del cuerpo humano. El paciente –inmóvil, sentado en una silla de tapiz negro– muestra una sonrisa intranquila, por lo que es fácil leer el miedo del que comienza a ser presa conforme los segundos avanzan y la espera se prolonga. Cruza los brazos, al tiempo que limpia el sudor en sus dedos frotándolos contra sus ropas.

El especialista, luego de leer cuidadosamente el documento que sostiene entre sus manos suspira profundamente, levanta la mirada por encima del armazón de sus anteojos y sentencia a sangre fría: “el tumor es maligno, y nuestras sospechas se han confirmado ¡tiene cáncer!”.

Cualquiera de nosotros –el que escribe estas líneas o ustedes amables lectores– podríamos convertirnos en un momento indeterminado en el paciente temeroso que aguarda tan trágica noticia que describí en esta breve escena.

Es por eso que aprovecho este espacio teniendo como escusa el Día Mundial Contra el Cáncer que se conmemoró el pasado lunes 4 de febrero, para reflexionar sobre el asunto.

Para muchos el cáncer es sinónimo de muerte, y cómo no serlo si la Organización Mundial de la Salud (OMS) reporta anualmente 7.5 millones de personas muertas por esta enfermedad; y en México, cada día los especialistas diagnostican 350 individuos con tumores malignos y fallecen anualmente 78 mil mexicanos, lo que se traduce en una muerte cada siete minutos.

Sin embargo, dentro del vórtice del dolor que esto representa, hay que atender las voces que nos dicen que el cáncer es curable, y dejando a un lado los spots y slogans publicitarios, es cierto, si se detecta a tiempo no todos los cánceres son mortales, y con un tratamiento adecuado y a tiempo es posible vencerlo; ya sea con radioterapias, quimioterapias o la cirugía y con todos los avances que día a día nos aporta la ciencia.

Además, podemos hacer mucho para no llegar a tan drásticos procedimientos, como bien dicen, la prevención es la mejor medicina, y contra este letal enemigo que avanza en silencio no hay mejor medicamento que la prevención.

Según informes proporcionados por la Secretaría de Salud más del 30 por ciento de todos los tipos de cáncer son prevenibles, pero para ello recomiendan realizar ejercicio físico todos los días; dejar el tabaco y la ingesta de bebidas embriagantes; suprimir de nuestra dieta productos refinados como pueden ser el azúcar, la sal o el arroz, sólo por citar algunos ejemplos; y agregar a nuestro consumo diario alimentos como el tomate, el brócoli, lentejas, frijoles, uvas, y muchos otros, que además de beneficiosos son sabrosos.

Lo anterior lo sustentan especialistas e instituciones de salud como el Hospital John Hopkins de Estados Unidos, que aunque no han encontrado las causas que originan que las células humanas se rebelen dividiéndose y multiplicándose a su propio ritmo hasta formar bultos anormales, en algo sí están de acuerdo, en que el estilo de vida propicia que alimentemos o no esas células cancerosas y por ende se reproduzcan.

Es una lucha titánica contra un enemigo silencioso, que cada vez cobra más fuerza y deja marcada la vida de muchas familias, porque cada vez es más difícil no ser hermano, amigo, hijo, padre, madre, primo, tío, vecino, esposa o cualquier familiar de alguien que haya sido diagnosticado con cáncer.

No aguardemos a formar parte de las estadísticas de los pacientes: cuidemos nuestra salud con una sana alimentación, un responsable estilo de vida, tomemos medidas contra las infecciones virales, la exposición a radiaciones o productos químicos dañinos, y más si somos portadores de genes propensos que aumenten el riesgo de padecer la enfermedad.

La ciencia avanza, pero no podemos dejar todo en manos de ella, porque no sabemos si en nuestra búsqueda por una cura contra el cáncer desarrollaremos enfermedades más letales. Mejor, cuidemos nuestra salud desde ahora empezando con la alimentación, y dejando a un lado malos hábitos; tal vez no nos aseguren que nunca padezcamos esta enfermedad, pero sí nos brindarán un alto porcentaje para no ser ese paciente nervioso que aguarda el diagnóstico médico.

Eso es mejor que nada.

Jorge Iván Garduño
@plumavertical
 
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