Archivo de la etiqueta: Caniem

Peggy Espinosa, editora artífice de Petra Ediciones [AUDIO]

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“Tal vez vuelvan los pájaros” en Espacio Interjet – CANIEM presentado por Jorge Iván Garduño [VIDEO]

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Industria editorial, ¿reto u oportunidad? [OPINIÓN]

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TEXTO PUBLICADO EL 1 DE DICIEMBRE DE 2018 EN LA SILLA ROTA

La industria editorial será siempre un bastión para el desarrollo de la cultura escrita desde la pluralidad y la difusión irrestricta de las ideas; es un bastión para reforzar el derecho de publicación y de expresión del conocimiento y difusora de ideas y textos.

Confío que la actividad de la industria editorial mexicana estará en concordancia con las políticas culturales del gobierno de México que encabeza ahora Andrés Manuel López Obrador.

En nuestro país, los lectores de libros son muy pocos y la mejor manera de promover la lectura es con una oferta cultural amplia, plural, en todos los espacios del país, en todos los medios y en todos los recintos.

Las bibliotecas y las librerías deben estar en el centro de nuestra actividad. Dotar de los presupuestos suficientes para que la cultura escrita esté en todos lados es una tarea urgente para los responsables de la cultura, la economía, la educación y la hacienda pública, tanto del poder legislativo como del poder ejecutivo. La violencia tiene un freno en la cultura.

El objetivo es multiplicar a los lectores autónomos, críticos, capaces de participar en la toma de decisiones sociales: en eso habremos de colaborar, indudablemente, gobierno, industria editorial, lectores y ciudadanos en general.

Construir políticas públicas en torno al libro es fomentar la lectura y alimentar al idioma y, por consecuencia, provocar el desarrollo de la cultura de nuestra sociedad. La industria editorial enfrenta, con la irrupción de las redes sociales y

los formatos digitales, una profunda transformación; la demanda de contenidos digitales ha provocado un cambio no sólo tecnológico, sino cultural y de hábitos de lectura. Las industrias culturales y de esparcimiento son parte estratégica de las economías, y México no es la excepción al generar recursos y cientos de empleos directos e indirectos que mueven a toda una cadena industrial a una tarea que alimenta el espíritu y provee conocimiento a la población.

Las industrias culturales y, sobre todo, la industria editorial, es una industria fundamental que refleja el avance de la sociedad en cuanto a cultura y educación. Junto con las autoridades, por medio de ferias, actividades académicas, premios, reconocimientos y campañas de fomento de la lectura, se busca que la industria editorial crezca, con la finalidad de propiciar una población lectora, educada, que cuestione y tome decisiones en su día a día.

En este sentido y, en concordancia con ello, la librería es el punto de venta que prefiere el lector para adquirir libros, es su canal natural de comercialización.

Es decir, el negocio del libro tiene en la librería la punta de la lanza de la venta de contenidos. Las librerías, igual que las bibliotecas, son el punto de encuentro entre los autores y los lectores, y son el espacio necesario para provocar el diálogo, la reflexión, el compartir las experiencias, y tener muchas otras nuevas vivencias. Una industria editorial fuerte, con librerías suficientes y rentables, que cubran las necesidades de los lectores, beneficiará a toda la cadena productiva del libro y corregirá las deformaciones del sector.

Para los editores del país no hay nada más importante que la promoción del libro y el fomento a la lectura. Sin políticas y estrategias que alienten la lectura, la industria editorial y toda la cadena de valor vinculada a ella no tendría sentido.

Una de las principales razones de ser de la industria editorial mexicana, que está representada por la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana, es la de acompañar las estrategias que origina el gobierno federal para el fomento de la lectura; pero también propiciar la participación de sus más de 250 editoriales afiliadas del mundo del libro y la revista como un impulsor del desarrollo cultural del país.

La labor de los libreros y comercializadores de contenidos juega un papel preponderante en este esquema, para que la sociedad encuentre en la lectura un factor de crecimiento. La proliferación de quienes se dedican a la venta de nuestros materiales es fundamental para el acercamiento al libro. La lectura se convierte en la punta de lanza para la prevalencia del negocio de los libreros. Con cada librería que cierra se erosiona el mercado. De ahí la importancia de las políticas públicas que contemplen el desarrollo de los libreros y sus establecimientos.

Sabemos que la cuarta transformación del país, no es posible sin políticas públicas que impulsen verdaderamente al libro, la creación de más y mejores librerías, así como el derecho de publicación y difusión de las ideas, de todo tipo de ideas, porque lo que hace grande a una nación es su pluralidad, así como la madurez política de sus gobernantes.

Tiempo al tiempo.

Los libros tienen la palabra [OPINIÓN]

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TEXTO PUBLICADO EL 31 DE AGOSTO DE 2018 EN EL PERIÓDICO EL NACIONAL

La escritura ha modelado el mundo y la cultura en que vivimos. Ha acrecentado el número de las crónicas, los poemas, las fabulaciones, y ha extendido como por milagro el espacio de su duración.

De muchas maneras la literatura oral sobrevive, pero es más vigorosa, más fácilmente perdurable y transmisible la que se escribe. La literatura oral es una literatura que no existe cabalmente mientras no haya sido puesta en manos del lector de forma escrita.

Llevar las obras literarias a los lectores es, en este momento y con el auge de los formatos electrónicos, una tarea más sencilla que la que suponía la realizada el siglo pasado, sin embargo, resolverlo y llevarlo a cabo sigue implicando continuar publicando y editando revistas, folletos, suplementos, libros; así como la distribución de este material; continuar despertando el interés del público; organizar bibliotecas bien surtidas de toda clase de literatura; sin olvidar la formación de nuevos y mejores lectores.

Y es que, en nuestro país, los lectores de libros son muy pocos; no existe mejor manera de promover la literatura que multiplicar a los lectores.

Quiero insistir en que la letra impresa es el espacio propio de nuestra literatura: lo habitual es que ésta se escriba, se publique y se lea. Me parece útil tomar conciencia de que la literatura llega al público primordialmente en libros y revistas, en diarios y publicaciones digitales y, otros formatos impresos.

Hablar de literatura nos obliga a tomar en cuenta no sólo la escritura de libro, sino toda esa intrincada red de hechos que lo reproducen y lo hacen llegar al lector, y que incluyen la edición, la distribución, la promoción, la crítica, la venta, becas, premios, las relaciones con la prensa, la radio, el cine, la televisión. Si la literatura nos preocupa, bien podemos ocuparnos de la producción y el destino de los libros y demás medios que la contienen.

La promoción y difusión cultural es fundamental para el conocimiento de la idiosincrasia, de la historia y de la cosmogonía de los pueblos.  México es un enclave con rica tradición cultural, tanto antigua como contemporánea que, ha enriquecido el patrimonio de las artes a lo largo de la vida de la nación.

En este largo camino de la historia cultural del país, desde la época colonial hasta nuestros días, el papel del libro ha sido pilar fundamental en el desarrollo educativo y de difusión del conocimiento.  Más aún si se suma la producción industrial que arranca por ahí de los años 20 y donde se construye una cadena productiva que marca el progreso de la industria editorial mexicana.

Desde muchas perspectivas, el proceso evolutivo de la industria editorial va aparejado con el progreso cultural, pero también con el desempeño económico, político y social. Los hilos de la historia del país están atados a las páginas de libros y revistas que han dado cuenta del devenir nacional.

La cadena productiva del libro y la revista involucra a ramas tan diversas como las artes gráficas, la industria del papel, de la producción de químicos e insumos, etcétera; todos trabajando para que el lector tenga en sus manos un producto acorde con sus necesidades culturales, de conocimiento o diversión.

Los acentos de la FIL [Opinión]

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TEXTO PUBLICADO EL 2 DE DICIEMBRE DE 2017

La Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), ese gran escaparate editorial en español, la feria del libro más importante de Latinoamérica, y la segunda feria del mundo, sólo detrás de Fráncfort, ha hecho vibrar a la capital jalisciense.

Y es que, teniendo a Madrid como ciudad invitada, sólo Los Ángeles había tenido esta distinción, ha sido pasarela y escenario para que 700 autores de 41 países desfilaran por sus pasillos de más de 34 mil metros cuadrados, que sus 800 mil visitantes han disfrutado sin lugar a dudas.

Fue así como Paul Auster abrió uno de los salones para presentar 4321, su nueva novela tras siete años de silencio. El francés Emmanuel Carrère, el último tótem de la no ficción, que también presentó su libro, Conviene tener un sitio adonde ir, recibió el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, que por quinto año consecutivo recae en un autor no latinoamericano.

Con el título, Pongamos que hablo de Madrid, pinturas, collages y fotografías de Ouka Lele, Carlos Alcolea, Pablo Pérez Minguez o Elena Asins. El autor teatral español más traducido en la actualidad, Juan Mayorga, presentó su último montaje. Y cada una de las nueve noches, músicos madrileños compartieron el escenario junto a músicos madrileños y mexicanos como son: Vetusta Morla, Santiago Auserón, Sonido Gallo Negro, Leiva, Natalia Lafourcade, Amaral, Carla Morrison o Instituto Mexicano del Sonido.

Madrid lidera la producción editorial española con casi 20.000 títulos al año y unas 900 editoriales. México es la pasarela tradicional para el mercado latinoamericano y la FIL, el trampolín para zambullirse en el negocio editorial. La venta de libros y de derechos superó el año pasado los 40 millones de dólares. En esta edición, se espera la asistencia de más de 20.000 profesionales del libro, más de 2.000 editoriales y la presentación de 400.000 títulos de los 47 países representados, habrá que esperar las cifras oficiales.

La capital española ha tenido su propio pabellón dentro del recinto. “Un gran cilindro negro por fuera y blanco por dentro, con un techo lleno de luz. En el interior levantándose unas gradas blancas, creando un anfiteatro, un ágora, coronado en su parte superior con una banda de estanterías llenas de libros”, según el propio arquitecto Alberto Campo Baeza. Una obra efímera y luminosa inspirada en Ganarás la luz, un verso de León Felipe, uno de los grandes poetas exiliados en México.

Una gran feria, sin lugar a dudas, pero el gobierno mexicano tiene una mucho mayor deuda con los lectores mexicanos, ya que, según cifras presentadas por la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana, sobre los indicadores del sector editorial privado en México de 2016, así como una estimación de venta para 2017, la industria editorial va a la baja, al sufrir una contracción del 5.2% con respecto al 2015.

Lo que se requiere son políticas públicas para el fomento a la lectura, y no leyes “Frankenstein” que, en lugar de incentivar la industria editorial, dan paso para que empresas extranjeras como Amazon se adueñen del mercado, y es que, en un país con más de 128 millones de habitantes, es irrisorio tener una cifra de alrededor de 1700 librerías en todo el territorio nacional, tan sólo por poner un ejemplo.

Que orgullo es tener la segunda feria más grande e importante del mundo en nuestro país, pero hace falta exigir a nuestras autoridades mayor presupuesto al sector cultural, y estímulos fiscales verdaderos para todos los integrantes de la cadena de valor del libro.

Fomento a la lectura, detonante económico [Opinión]

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TEXTO PUBLICADO EL 26 DE AGOSTO DE 2017

Además de ser uno de los principales eslabones de venta de libros, las ferias propician la cohesión, fomentan la lectura y acercan al público lector a un mundo de posibilidades; los fondos editoriales que se juntan en este tipo de actividades –como lo son recientemente Filuni, FUL Pachuca o bien FIL IPN–, serían imposibles en librerías tradicionales.

Como se ha demostrado en distintos países, las industrias culturales y de esparcimiento son parte estratégica de las economías. Generan recursos, cientos de empleos directos e indirectos, mueven a toda una cadena industrial entorno a una tarea que alimenta el espíritu y provee conocimiento y esparcimiento a la población.

Para los editores mexicanos es fundamental concientizar a la opinión pública y a las autoridades de educación y cultura de que la industria editorial es una actividad prioritaria para el desarrollo de la nación, porque el crecimiento de las industrias culturales, tienen impacto directo en el crecimiento del PIB. La industria editorial mexicana debe ser considerada por el Gobierno como estratégica, y la promoción de la lectura un detonante para el desarrollo económico, cultural y educativo, factores definitorios en la cohesión social.

Además de lo comercial, el fomento de la lectura tiene consecuencias en el desarrollo de las sociedades. El acercamiento con la lectura, sobre todo en las primeras etapas de la vida, provocan y alientan la convivencia social.  La palabra, el idioma, son elementos que alimentan la comunicación; crean consciencia y hermanan a las comunidades.

El libro, como elemento de conocimiento, de reflexión, de disfrute y desarrollo cultural, es uno de los triunfos más importantes de cualquier campaña de promoción de la lectura y se puede convertir también en un eslabón del proyecto de crecimiento para México.

¡Fomentemos e impulsemos la lectura!

Memoria infinita [Opinión]

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El amor por la lectura y los buenos libros me fue inculcada desde que tengo memoria, y como mi memoria se hizo presente alrededor de los cuatro años, recuerdo cómo a esa edad mi hermana –quien es 12 años mayor que yo–, me leía algunos relatos y fábulas, y más tarde y en la medida de nuestras posibilidades mi madre me compraba cada semana ciertos ejemplares de la literatura universal en adaptaciones para jóvenes, que yo “devoraba” ávidamente.

Con el paso de los años fui adquiriendo un gozo selectivo que me permitió conformar a estas nóveles alturas de mi vida una biblioteca cercana a los 10 mil ejemplares… y sumando, y es que ya fuera una novela, un libro de historia, un ejemplar sobre una materia especializada o simplemente poemas, el libro siempre ha sido un excelente pasatiempo dentro de mis actividades cotidianas.

Sin embargo, siempre fui muy reacio en lo que se refiere a leer libros catalogados de superación o los nombrados de autoayuda. Recuerdo cómo a mis escasos 12 años, durante mi primer nivel de escuela secundaria, mi profesora –quien por cierto fue la misma que se encargó de contarme esas fábulas en la niñez y que por extraños vericuetos de la vida ahora era mi maestra en aquella etapa–, nos pidió en la clase leer una obra de un autor por aquellos años muy comercial y difundido entre la sociedad… un autor de best sellers.

No quiero entrar en la discusión porque no es el tema central, pero la definición literatura no forma parte de ese ámbito; también comprendí con el paso de los años que esta clase de libros –que me negaba tan siquiera a hojear– no están interesados en formar parte de la bien llamada literatura universal, ¡no!, su función es otra, no buscan ese nicho.

Tras varios años de buena lectura he obtenido, sin duda, la capacidad de reconocer los buenos libros, hable de lo que hable la obra en cuestión, ya sea novela, prosa, o de “superación personal”  y es que la literatura nos brinda la posibilidad de viajar a múltiples sitios ya sean reales o concebidos desde la imaginación, asimismo la lectura nos permite adquirir conocimiento que sin duda a lo largo de nuestra vida ocuparemos de una forma u otra, o bien algunos ejemplares nos abren una nueva visión para realizar pequeñas modificaciones en nuestras actividades diarias a fin de alcanzar grandes beneficios tangibles como seres humanos a corto, mediano o largo plazo .

Gracias a la lectura podemos adquirir un lenguaje sencillo, fluido y franco e inspirarnos –en algunos casos– para aplicar sabios consejos y probablemente llegar a ser gente de éxito, empuje, confianza y perseverancia.

¡Sí!, la lectura nos brinda un sinfín de posibilidades, nos revela un mundo al alcance de cualquier persona que tenga la capacidad de pensar, la energía para trabajar y la confianza para superar obstáculos que puedan parecer insuperables, y aunque si bien es cierto que los libros no nos brindan en la inmediatez el tesoro con el que de la noche a la mañana seremos hombres y mujeres de éxito, sí nos descubren el camino más seguro para alcanzarlo fomentando una visión crítica y de valores, tan necesaria en nuestras sociedades.

Es así, con este texto, como rememoro mi gusto por la literatura y la buena lectura en el marco del Día Nacional del Libro que se festejó el día de ayer 12 de noviembre.

Fomentar la lectura nos abre la mente y nos afirma los pies para alcanzar sanos objetivos avivando la imaginación, como bien dijera Jorge Luis Borges: “De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo… Sólo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria”… infinita.

Jorge Iván Garduño
@plumavertical
 
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