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De la torpeza a la barbarie [OPINIÓN]

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TEXTO PUBLICADO EL 30 DE DICIEMBRE DE 2017

Perú está sumida en la inestabilidad política y polarización producto del torpe manejo político del Gobierno de Pedro Pablo Kuczynski (PPK), alentado por la oposición fujimorista (que controla el Congreso), y lo que todo gobierno padece: la corrupción rampante y recíproca de ambas partes.

67 por ciento de los peruanos desaprueban al Gobierno de PPK y el actuar del Congreso, todo tras un frustrado intento de vacancia al presidente peruano, por posibles conflictos de interés entre Kuczynski y la empresa Odebrecht cuando era ministro de economía hace poco más de diez años.

El peor momento viene cuando el presidente PPK le brinda el indulto al expresidente Alberto Fujimori, lo que se traduce como en un aparente acuerdo entre el mandatario con un sector fujimorista para salvarse de la vacancia. El indulto, dictado en nombre de la “reconciliación nacional”, abrió la actual fase de polarización y confrontación, la cual se expresa tanto en el ámbito político como en el jurídico.

En cuanto a lo político, lo que es evidente es que el necesario proceso de reconciliación nacional” tendría que tener bases y contenidos distintos de un sorpresivo indulto a un Fujimori luego del cual no ha sido capaz de pedir perdón por los graves crímenes cometidos durante su Gobierno autoritario. Se ha limitado a lamentar haber “defraudado” a un sector del país mientras fue presidente, como haría cualquier expresidente. Grave que Gobierno, Congreso y Fujimori no hayan dicho una palabra sobre las víctimas y la sociedad agredidas con escuadrones de la muerte y otras formas de represión ilegal durante el Gobierno del indultado.

El cuestionamiento jurídico es ya amplio, tanto en lo interno como internacionalmente. Probablemente en ello esté el medular talón de Aquiles de esta medida dictada con escaso rigor. Primero, porque la gravedad de la condición de salud para sustentar el indulto humanitario no queda demostrada y tiene tenue legitimidad un perdón dictado a partir del informe de una cuestionada junta médica de tres galenos integrada, entre otros, por el médico personal de Fujimori.

Pero la medida no queda en el indulto. Se incluyó en la misma resolución, bajo el elusivo título de “derecho de gracia”, la decisión de extraer a Fujimori de cualquier proceso penal presente o futuro. Esta ha sido diseñada de manera tan atropellada que lleva consigo una debilidad jurídica tan gruesa que es poco sostenible tanto en el plano interno como en el internacional.

En este penoso proceso, queda claro que el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski ha perdido toda credibilidad al pactar con Alberto Fujimori, sea cierto o no, no existe otra lectura al “indulto humanitario”, y ese suceso lo perseguirá por lo que reste de su administración, y aún más allá.

Y el caso Odebrecht seguirá tumbando gobiernos.

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Última oportunidad [Opinión]

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El combate a la corrupción es un tema pendiente en la historia de México, una asignatura que los dos sexenios panistas prefirieron anunciar como bandera política y a la hora de la hora, ni voltear a ver y mucho menos mencionar durante sus Gobiernos ―y qué decir de los más de 70 años del PRI que dejaron escuela para realizar prácticas clientelares, que nos endosaron una factura que seguimos pagando con creces.

Tras los niveles históricos a la baja de credibilidad e impopularidad del gobierno de Enrique Peña Nieto al comienzo de este 2017, la única salida política para alcanzar márgenes de operación o credibilidad en sus restantes dos años deberá ser irrestrictamente el combate a la corrupción, y éste tendrá que llevarse a cabo, obligatoriamente, en los más altos niveles de la burocracia.

Esta administración tendrá que trabajar para desprenderse de la sombra de la impunidad y los excesos de los gobernadores, directores de paraestatales, líderes sindicales y fracciones legislativas de extracción priista; de lo contrario su derrota política estará anunciada en el Estado de México y para la Presidencia en 2018.

No existe nada más grave para un Gobierno que una relación fracturada y repleta de incredulidad para con su gobernados, y eso es precisamente la lectura de lo que sucede, nuestro Presidente debe desprenderse de la cultura de la cofradía y del “amiguismo”, porque de no hacerlo, el linchamiento en redes sociales y en el resto de la opinión pública propiciará un desprestigio de proporciones épicas.

No es de extrañar que al solicitar en cadena nacional un “sacrificio” de parte de los mexicanos, estos lo ignoren y genere antipatía al entenderse como una incongruencia del Ejecutivo Federal.

La lucha rumbo al 2018 comenzó. Deberán caer exgobernadores incómodos, porque ésta será la última oportunidad.

Aquí la edición digital en el diario Capital México: http://bit.ly/2ioHlv7

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Texto publicado en el periódico Capital México, el viernes 13 de enero de 2017. Para su reproducción total o parcial es necesario citar al autor, Jorge Iván Garduño.

La corrupción casi no se cuenta, pero cuenta mucho [Opinión]

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El pasado viernes 9 de diciembre se celebró el Día Internacional contra la Corrupción, y por desgracia, en América Latina no estamos muy bien parados en esta materia, ya que los casos Petrobras en Brasil; Casa Blanca en México; La Línea en Guatemala; Instituto de Seguridad Social en Honduras; Caval, Penta y SQM en Chile, el kirchnerismo en Argentina y el “Negociazo” en Perú, entre otros, colocan a la región en los niveles más bajos en materia de corrupción que jamás se habían tenido comparados con el resto del mundo, según la última medición del Índice de Control de la Corrupción del Banco Mundial.

Tan sólo en nuestro país, arriba del 40% de los ciudadanos considera que es peligroso pedir ayuda a la policía, ya que uno de cada dos mexicanos ha sido extorsionado por la autoridad y el 90% cree que la corrupción policial es un fenómeno frecuente en México, y que no puede ser erradicado.

Asimismo, se percibe que la corrupción e impunidad ha aumentado durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, lo que contrasta con las promesas del político mexiquense que durante su campaña presidencial de 2012 prometió bajas los índices de inseguridad y se comprometió con una mayor transparencia en el ejercicio de los servidores públicos, pero los casos de la “Casa Blanca”, la “Casa de Ixtapa” y la de Malinalco, principalmente, y un aumento en la violencia de parte del crimen organizado durante mayo y junio de este año, han colocado a la actual administración en índices por debajo del 30% de aceptación de la ciudadanía.

El mes pasado, por primera vez, el presidente reconoció que México está viviendo un “repunte” de la violencia, esto lo dijo durante un foro de seguridad nacional, donde redobló su confianza en las medidas en marcha: “estamos tratando de revertir la situación con coordinación y profesionalización policial”, aseguró Peña Nieto.

En nuestro país, el Día Internacional contra la Corrupción pasó sin pena ni gloria, porque al hablar de corrupción, quienes deben combatirla y erradicarla esconden la cabeza como avestruces temerosos, y por ejemplo hacen caso omiso a las recomendaciones que el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos ha realizado repetidamente respecto de las flaquezas del Estado de Derecho en México, como la impunidad, producto de la corrupción “imperante en el país”.

Tiempo al tiempo.

Jorge Iván Garduño

Corrupción, un lastre del siglo pasado [Opinión]

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Les comparto mi columna que publica Capital México “Corrupción, un lastre del siglo pasado”, aquí el link —>>> bit.ly/29Tws0i

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Texto publicado en el periódico Capital México, el viernes 22 de julio de 2016. Para su reproducción total o parcial es necesario citar a Capital México y al autor, Jorge Iván Garduño.

 

Ley 3de3 [Opinión]

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Les comparto mi texto “Ley 3de3” publicada por Capital México, aquí lo pueden leer —–>> bit.ly/1RmOZzX

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Texto publicado en el periódico Capital México, el miércoles 16 de marzo de 2016. Para su reproducción total o parcial es necesario citar a Capital México  y al autor.

Mi nombre es Casablanca, novela cargada de pólvora, plomo, material hirviente e hiriente

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La escalada de violencia que se suscita en este o en cualquier otro país, puede entenderse como el resultado de ausencia de responsabilidad y corresponsabilidad del individuo por su entorno, así como de la pérdida de valores de la base de la sociedad que es la familia, y por ende, una sinrazón de libertinaje que pone en jaque el tejido social que con tanto esfuerzo se construye por generaciones.

Cúpulas de poder carcomidas por el crimen organizado, una democracia tambaleante víctima de la embestida de la violencia repartida por todos lados, zonas hostiles, ejecuciones, secuestros, impunidad y corrupción, son los constantes boquetes por donde se cuela el miedo en la vida familiar.

En suma, la turbación se ha vuelto ya una forma de vida, siendo el narcotráfico un factor determinante en la estabilidad nacional, que no se doblega a pesar que cada descarga hiere a la sociedad, transformado el crimen en una nueva realidad, donde la muerte anda a caballo desbocado.

Dentro de este cuarto de pánico, el escritor mexicano, Juan José Rodríguez (1970), recrea una de las literaturas mejor logradas en lo referente a la cultura del narco, siendo un claro ejemplo de esto su novela Mi nombre es Casablanca.

Esta obra a la que me refiero, está construida a partir de la experiencia trepidante que se vive en Mazatlán en torno al narcotráfico, la corrupción de las más altas cúpulas gubernamentales y los intentos desesperados de un sector cada vez más reducido de los organismos policiacos que luchan en contra de estos cánceres sociales y públicos.

Una realidad que es imposible ignorar, siendo este libro una radiografía producto de la estela dejada por los hombres de la hierba, por los capos de la bala y el terror, por los señores que someten a las ciudades, zarandean las voluntades, arrinconan con la mirada en espacios abiertos con la violencia desconcertante que practican.

Novela escrita en primera persona, en la que el autor nos permite adentrarnos en los bajos fondos de una Mazatlán dibujada con plomo, pólvora y sangre caliente, olvidándonos por completo de la playa soleada, el mar y las diversiones acuáticas, porque la cultura del narco a permeado el trabajo periodístico, intelectual y literario en los últimos veinte años de manera brutal.

Mi nombre es Casablanca, una obra literaria que se desdobla en múltiples caminos circundantes, tejiendo una maraña boscosa en la que cada paso dado, es una posibilidad de ciegos en dar con la verdad, situación que le agrega elementos de suspenso policiaco, novela negra o thriller detectivesco que busca resolver una serie de crímenes aparentemente aislados que exigen una explicación.

Juan José Rodríguez, un escritor que ha construido una prosa con base en la cultura del narco, que sin lugar a dudas, comparte con el también sinaloense Élmer Mendoza, Leobardo Sarabia, Arturo Pérez-Reverte o Jorge Franco, en un paralelo hirviente.

La lectura de esta u otras novelas con igual temática, nos permite concientizar hasta qué punto el cáncer carcome y destruye, interrogar y analizar el entorno, ya que finalmente, la literatura no es un acto de cobardía sino de salvación, que busca cambiar desde adentro, desde el pensamiento la realidad, permitiéndonos acercar a nuestra existencia a fin de percibir mejor lo que somos y los que es el mundo.

Esta obra, logra de forma avasallante, ser un fiel espejo de los actuales sucesos de la sociedad, a fin de reconocer nuestras limitantes para definir mejor el futuro.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com
@plumavertical
 
Este texto ha sido publicado en:
 
http://www.lajornadaguerrero.com.mx/2011/02/20/index.php?section=sociedad&article=006a1soc
 
Revista “Molino de letras” Abril-Junio 2011.