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Camilo Maccise, el carmelita mexicano que se enfrentó a El Vaticano

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[Podcast] “Fue un privilegio para la familia Maccise contar con un creyente como Camilo”: Eduardo Maccise

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Jorge Iván Garduño platica con el primo hermano de Camilo Maccise, el Ing. Eduardo Maccise, quien atendió en los últimos años al carmelita descalzo.

Aquí la entrevista: En el invierno eclesial.

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Jorge Iván Garduño

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[Podcast] 5 mil pesos, el promedio que cuesta al crimen organizado corromper a la policía: Edgar Morín

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Edgar Morín (Distrito Federal) es doctor en antropología por el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM y durante más de una década ha impartido clases en instituciones de educación superior, tanto públicas como privadas. También ha participado en coloquios, diplomados y seminarios sobre diversos temas de investigación: jóvenes, música, cultura urbana, tatuajes, drogas ilícitas y violencia. Ha colaborado en medios como La Jornada Semanal, revistas académicas como las del Instituto Mexicano de la Juventud y el Instituto Nacional de Antropología e Historia, además de participar en libros colectivos como La ciudad desde sus lugares (Conaculta/Porrúa/UAM, 2001), Jóvenes, cultura e identidades urbanas (UAM/Porrúa, 2002). Editó y coordinó el libro Tinta y carne. Tatuajes y piercings en sociedades contemporáneas (Cultura contra Cultura, 2009).

Jorge Iván Garduño entrevistó a Edgar Morín con quien habló sobre La Maña (Debate), un recorrido por la cultura de las drogas, y aquí te compartimos esta charla.

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Te invitamos a escuchar esta entrevista en este link: LA MAÑA

La desolación de “Mi tierra prometida”

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Era el año de 1993 y en Washington, EEUU, se firmaba un acuerdo de paz entre Palestina e Israel, como una forma de declaración sobre  acuerdos provisionales para obtener la autonomía de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), misma que reconocía a Israel y su derecho a existir.

Estos acuerdos fueron signados por hombres que en su mayoría ya no ocupan los mismos cargos dentro de la política actual, han fallecido o en algunos casos fueron asesinados. Mahmoud Abbas, entonces representante de la OLP y desde 2005 presidente de la Autoridad Nacional Palestina; el Ministro de Relaciones Exteriores de Israel, Shimon Peres, y actual presidente de Israel; el exSecretario de Estado de la Unión Americana, Warren Christopher, fallecido en 2011; el canciller ruso Andréi Kozyrev; todos ellos en presencia de Yasser Arafat, de la OLP, fallecido en 2004; Yitzhak Rabin, Primer Ministro de Israel, asesinado en 1995; y el entonces presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton.

Y en un caso curioso, ese mismo año, el director de cine Steven Spielberg, llevó a las salas de cine la historia de los mil doscientos judíos polacos que fueron salvados de morir en el Holocausto por un solo hombre –Oskar Schindler–, considerada una de sus mejores películas, y con la cual ganó seis premios Oscar, incluidos los de mejor guión, película, director y banda sonora: La lista de Schindler, la épica versión cinematográfica basada en un hecho real que se encuentra consignado y documentado en el libro del escritor australiano Thomas Keneally (Sydney, 1935), El arca de Schindler.

Cinco años duró la aparente paz entre los pueblos árabe-israelíes firmada en Washington (1995-1998). Y pese a todo, el boom del Holocausto continúa dando cintas cinematográficas, libros “espectaculares”, entrevistas y una interminable lista de discursos, acuerdos y disculpas; que sólo se quedan en buenas intenciones.

Las negociaciones de paz entre palestinos e israelíes para alcanzar un acuerdo de paz continúan muchos años después de estos buenos intentos, en la actualidad los nombres de los actores son John Kerry, por el lado norteamericano, por Israel Tzipi Livni, y del lado palestino Saeb Erekat, quienes han dicho que están comprometidos para alcanzar tan “anhelado sueño”.

En este marco, la obra de Ari Shavit –influyente periodista del diario Haaretz– Mi tierra prometida (Debate) capta la esencia y el corazón palpitante del Medio Oriente, así como del lugar que allí ocupa Israel, de una forma tan intensa como ningún otro libro lo ha hecho en los últimos años.

A partir de entrevistas, documentos, diarios privados, cartas y de la propia tradición familiar, Ari Shavit ilumina los hitos del siglo sionista y articula una narrativa de grandes dimensiones históricas en torno a la crisis existencial que padece Israel en la actualidad.

Con su prosa provocadora, Shavit desarrolla una iluminadora reflexión sobre las encrucijadas del Estado judío y se formula preguntas clave que arrojan nueva luz sobre el presente: ¿Por qué se constituyó Israel? ¿Cómo se estableció? ¿Puede sobrevivir? He aquí el retrato imprescindible de un país pequeño, convulso, que vive al límite y cuya presencia e identidad desempeñan un papel crucial en el panorama político global.

Ciertamente, todo se desenmascaró durante el siglo XX, donde por lo menos en una ocasión observamos un temible rostro, permitiendo palpar la realidad durante El Holocausto. El soldado se convirtió en asesino profesional; la política, en crimen; el capital, en una gran fábrica equipada con hornos crematorios y destinada a eliminar seres humanos; la ley, en reglas de juego de un juego sucio; la libertad universal, en cárcel de los pueblos; el antisemitismo, en Auschwitz; el sentimiento nacional, en genocidio. En todas partes se trasluce la verdadera intención; los pocos ideales que había, quedaron manchados por la sangre de la cruda realidad.

Y quizás, la situación sea tal como la formuló Franz Kafka: sólo nos queda acabar lo negativo; lo positivo ya nos fue dado por nuestra propia falta de sensibilidad ante la destrucción del hombre hacia el hombre.

Israel y Palestina, hoy, mañana y más allá de mañana se sentarán para dialogar y alcanzar una virtual paz en un conflicto que ya alcanza proporciones mileniales, sin embargo y pese a los esfuerzos de los Estados Unidos, el camino es abrupto, sinuoso y desolador, en el que no he visto… no veo… y ni veré las condiciones para que tan ambicionada paz se alcance.

Por desgracia, la paz y seguridad que en un futuro se pronuncie en aquella región, será el inicio de dolores para los habitantes de Israel, Palestina y la Unión Americana, porque los intereses de los árabes, no son los mismos que el de los judíos, por lo que los norteamericanos están parados en un polvorín en el que el fuego ya ha sido encendido.

Jorge Iván Garduño

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Las “Lecciones de liderazgo” de Steve Jobs

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Ya casi se cumplen 3 años de la muerte del visionario Steve Jobs, y su legado ha sido grande, múltiples sectores se vieron fuertemente beneficiados gracias a las implementaciones empresariales que él puso en marcha, asimismo la industria de las comunicaciones, fue uno de los más revolucionarios gracias a Jobs.

Con Lecciones de liderazgo (Editorial Debate) accedemos de primera mano a lo más significativo de la mentalidad emprendedora que Jobs puso en marcha en su vida diaria, y que lo impulsó para alcanzar el pináculo empresarial con Apple.

El manejo del tiempo, el éxito, el liderazgo, la pasión, rodearse de los mejores y mucho mucho más, es lo que nos ofrece este obra con la cual tenemos la oportunidad de comprender la mirada y estilo de vida que resumen la excelencia con la que siempre se dirigió Steve Jobs.

Lecciones de liderazgo es una aportación para transformar poderosamente el espíritu del emprendedor y así poder alcanzar sus metas.

En los últimos años de vida, Steve Jobs se propuso aprovechar al máximo su talento, empeñándose a enseñar las abundantes lecciones espirituales, morales y físicas que pueden ayudar al ser humano a salir victoriosos en la carrera empresarial y de innovación.

Steve Jobs ha dejado grandes enseñanzas y su biógrafo Walter Isaacson se dio a la tarea de plasmar la visión de Jobs como líder en Lecciones de liderazgo, con el firme propósito de aplicar principios que en realidad tienen el poder transformador en nuestra vida profesional y empresarial.

Un libro aleccionador que nos acompañará en nuestra carrera personal.

Jorge Iván Garduño

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“Tengo que morir todas las noches”

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Debo confesarlo, es un crónica perfectamente delineada, que nos traslada a una época donde la vida nocturna era una delicia, en la que la violencia no tenía nada que ver con lo que nos viene a la mente hoy en día con esa funesta palabra.

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Tengo que morir todas las noches (Debate) narra una época clave de la contracultura y la diversidad sexual en la Ciudad de México, donde el editor, escritor y periodista mexicano Guillermo Osorno nos revive las noches gloriosas del bar El Nueve, lugar de experimentación artística y sexual de los años ochenta, donde acudían artistas, estrellas de cine, críticos de arte, los llamados socialités, cineastas, rockeros y punketos, la cultura y contracultura de nuestro México de antaño.

Cabe señalar, que debe uno hacer de lado todo tipo de prejuicios, primeramente porque en la solapa de la obra observamos la palabra “gay”, y aunque no se trata de un texto que habla de gays y los lugares que frecuentaban; tiene que ver con un testimonio cabal de unos de los momentos más importantes y olvidados de la contracultura, así como de la lucha por la aceptación de la diversidad en México.

Osorno, se ha documentado a la perfección sobre la vida de Henri Donnadieu, dueño del icónico bar, quien creyó que la vida nocturna era también cultura, principal motivación que lo impulsó a fundar este lugar de recreación nocturna.

Ubicado en la calle de Londres, en la Zona Rosa, El Nueve abrió sus puertas en 1976 y durante 15 años fue un lugar de experimentación erótica, psicotrópica, alcoholizada y rocanrolera de una generación de mexicanos.

Ahí se dieron las primeras peleas punk y las discusiones contra el Sida; debutaron bandas como La Maldita Vecindad y Café Tacuba, alguna vez se emborracharon los escritores Severo Sarduy y Manuel Puig, así como los cantantes Alaska, Charly García e integrantes de Caifanes.

En su última etapa, “en El Nueve se reunían los protagonistas de la cultura contemporánea de los noventa y de 2000 quienes ahí dejaron un testimonio artístico generacional”, dicho en palabras del autor.

Tengo que morir todas las noches es una crónica de investigación basada en entrevistas con Henri Donnadieu, empleados, parroquianos, así como otros personajes nacidos entre los años cuarenta y principios de los sesenta que disfrutaron una de las épocas emblemáticas de El Nueve, y su excitante vida homosexual.

Un libro que nos hará recordar la brevedad de la vida, pero que dentro de esa brevedad bien caben grandes dosis de placer… y es que al final de cuentas, en voz del propio Henri Donnadieu: “tengo que morir todas las noches para renacer al día siguiente”… así de placentera es su lectura.

Jorge Iván Garduño
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Epidemia mortal

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El hombre ha utilizado drogas de origen vegetal desde tiempos muy remotos, pero los avances revolucionarios de finales del siglo XX y principios del XXI han provisto los medios para que se produzca la avalancha moderna del abuso de las drogas.

Asimismo, el rápido desarrollo de la industria farmacéutica, las comunicaciones y el transporte internacionales, la prosperidad de muchas naciones y las migraciones en masa hacia las ciudades, han provocado una verdadera explosión para el consumo de estupefacientes. Las restricciones culturales que en otro tiempo limitaban el uso de las drogas en los países en vías de desarrollo, han cedido ante la influencia permisiva occidental.

Según el último reporte Mundial sobre las Drogas de 2013 publicado por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) se estima que alrededor de 315 millones de personas entre 15 y 64 años de edad consumen algún tipo de narcótico, lo que representa el 6.9 por ciento de la población total.

Destaca en este informe la proliferación inédita de nuevas sustancias sintéticas –alrededor de 251– que se venden como “drogas legales” que bien pueden ser vendidas como sales de baño o incienso, aunque bien la marihuana, derivados del opio, la cocaína y las anfetaminas siguen siendo las drogas más consumidas en el mundo; en contraste, al año mueren 247 mil personas a causa de uno de estos estupefacientes.

El abuso de estas sustancias peligrosas se ha difundido en Estados Unidos y Europa como el fuego en un matorral. De igual modo en Oceanía, Asia, América Latina y África la crisis ha tenido graves repercusiones a nivel económico y social que van a la alza, ya que en los países en vías de desarrollo también están plagados de problemas que se relacionan de alguna forma con el uso y abuso de las drogas.

En algunos casos estos problemas han existidos desde tiempos remotos. Cientos de millones de personas en estos países se aferran a los estupefacientes en busca de solaz para su miseria y sus problemas.

Sin embargo, no importa si las naciones gozan de prosperidad material o viven en la miseria, no importa su sistema económico o ideología política, no importa si tienen religión o no la tienen, la verdad es que los gobiernos occidentales y orientales, los sistemas educativos primitivos y modernos, y las grandes religiones se han mostrado incapaces de detener el azote de la drogadicción.

Hace falta mucho más que conocimiento, desarrollo, cultura o tecnología en el conocimiento y en los valores de todas las naciones del mundo. A las personas no se les enseña a buscar las causas y a resolver los problemas humanos. Al contrario, millones han sido educados para que busquen en las drogas y en productos químicos la solución a sus problemas.

Por ende, los gobiernos prefieren legalizar sustancias nocivas para la salud humana, antes que implementar programas preventivos y/o correctivos, que no sirvan como un placebo, sino que verdaderamente ataquen el problema en todos niveles: económico, laboral, familiar, entorno social y judicial, primordialmente, y no necesariamente en un orden preestablecido.

Por desgracia, el auge de foros que buscan la aprobación de autoridades y la sociedad sobre la legalización de la marihuana, o al escuchar a políticos y ex presidentes hablar a favor del tema para una eventual comercialización legal en nuestro país, nos enfrentamos a hombres y mujeres incapaces de resolver el problema de fondo y que con discursos bajo la bandera de la tolerancia avientan la roca para esconderse entre la multitud, ocultando siniestros intereses que antes ciertamente combatían.

Lo cierto es que la marihuana, dicho por expertos del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de EEUU, es un agente sumamente fuerte que afecta el organismo de distintas maneras, ya que el principal ingrediente psicoactivo que posee tiene afinidad por los tejidos adiposos (grasos) y cerebrales, por lo que quien haya fumado cannabis por algún tiempo tendrá que abstenerse durante meses para que el cuerpo logre eliminar todos los restos de dicha sustancia.

Aún desconocemos cuáles son todas las consecuencias del uso de la marihuana, pero a juzgar por lo que ya sabemos, no distan mucho de lo que la mayoría de estudios revelan: son horrendas.

El uso de la marihuana se popularizó ampliamente desde hace casi 50 años –tiempo similar en que investigaciones en el pasado han revelado graves implicaciones del tabaco en la salud humana–, y cada año que transcurre existen más pruebas de los graves atentados a la salud que produce la marihuana en lo físico, mental y social.

Existen indicios cada vez mayores de que la hierba fumada con regularidad ocasiona daños pulmonares, lesiones del sistema inmunológico y quizá cáncer. El humo de la marihuana contiene posiblemente mayores agentes cancerígenos que el humo del tabaco.

Una persona sincera y honesta, pero sobre todo, un juicioso gobernante que realmente quiera saber la pura verdad, no esconde los ojos ante tales hallazgos ni puede decir honradamente: “Yo no creo que la marihuana haga daño”.

¿O usted qué opina estimado lector?

Jorge Iván Garduño
@plumavertical
 
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