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El efecto Andrés Manuel [Opinión]

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Mi columna publicada en el periódico Capital Mexico “EL EFECTO ANDRÉS MANUEL”. Puedes leerla en este link: http://ow.ly/L5Tjo

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Texto publicado en el periódico Capital México, el miércoles 22 de abril de 2015. Para su reproducción total o parcial es necesario citar a Capital México y al autor.

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Papel polvo

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Tras los fuertes sonidos que deja luego de ingerir la infusión de la taza, posa ésta sobre la pila formada por una colección de libros de edición española muy fina y de letras doradas, entre sus pastas se enorgullece de tener las obras de los más notables escritores del siglo XIX: Verlaine, Baudelaire, Maupassant, Dostoievski, Dickens, Balzac… los cuales penosamente deben de esperar a que se les asigne un lugar decoroso en la habitación; dicho sea de paso alberga más libros, que oxígeno.

En sus bigotes quedan residuos de leche, con un movimiento repentino del antebrazo limpia los sedimentos estancados.

Jorge Iván Garduño
@plumavertical

Vomitados por el diablo

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El camino por el que transitamos es sinuoso muy difícil es salir de este agujero, del mismo infierno, vomitados por el diablo, tres seres desgraciados buscando un puerto donde poder descansar…

Jorge Iván Garduño
@plumavertical

“67 plomazos”

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Con trabajo voy girando el volante de un lado y para el otro; de verdad que odio los putos autos sin dirección hidráulica, por lo pronto esta chatarra ya se ganó a madres meterle más de 67 plomazos nomás que llegue al barrio, para luego abandonarla en la barranca de la colonia, haber si así escarmienta la chucha de su abuela. Perdón, perdón, es que me pongo un poquitín groserón cuando me altero y me salgo de mis casillas. Siempre me pasa igual. Nunca he podido controlar eso. Perdón pero es que la verdad pinche carro güevudo, uno aquí rompiéndose la puta madre a diario, chambeando y arriesgando el pellejo pa’sacar la papa y el auto aquí bien pepa, cuando más se le necesita nomás no, no responde a las exigencias de uno, ¡chingada madre! ¿Lo ven? De nueva cuenta me puse groserón. Perdón.

Jorge Iván Garduño
@plumavertical

Habitantes permanentes

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Observo por el retrovisor el sitio del crimen, un descampado a las afueras de la ciudad; la oscuridad y la soledad son habitantes permanentes en esta zona, apenas interrumpidas por un murmullo agobiante que produce a un par de kilómetros la autopista México/…

Jorge Iván Garduño
@plumavertical

“Yanko” y “el Gonzo”

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Piso el acelerador sin soltar el clutch, impaciente, aguardo a que regresen al vehículo los sicarios.

– ¡Arráncate pendejo! –grita Yanko con los ojos desorbitados que imagino rodando por el suelo.

Suelto el clutch y acelero furioso el Ford modelo 80 casi a propósito para que salgan volando Yanko y el Gonzo, cosa que no consigo.

Jorge Iván Garduño
@plumavertical

La insoportable levedad de ese Ser

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Sus pasos delatan que quiere derrumbar los escalones -o al menos eso dicen los portentosos golpes que ejerce al subir el edificio. Todos los días les pone a sus vecinos los nervios de punta… y escucho que su esposa le grita que ya no lo soporta…

Jorge Iván Garduño
@plumavertical

Velo de novia

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El fuego y las luces que saltan, bailan, se abrazan y se funden sobre las personas que gritan extasiadas esta noche me tienen embelesada, fascinada, hipnotizada… nunca había contemplado tan de cerca el danzar de la pólvora quemada.

El pueblo está de fiesta, la niña María se casa con Antonio -el hijo del panadero-, quienes desde niños jugaban en esta misma plaza a corretearse uno detrás del otro, o simplemente tomaban cualquier envase vacío extraído de la basura para patearlo a fin de que les sirviera de pretexto para pasar las horas después del colegio.

Esta noche, María y Antonio se miran a los ojos prometiéndose amor y fidelidad, mientras los pobladores bailan alrededor suyo librando las chispas de pólvora encendida que buscan quemar la superficie de sus ropas; y yo, contemplo desde las afueras de la iglesia cómo las luces de fuego cubren a todo un pueblo y les hacen olvidar por unos instantes penas, dolencias y pesares. ¡Qué gran acontecimiento!

El flamante marido obsequia monedas a las doncellas, y su esposa se descalza las zapatillas y tira el velo de novia a sus primas al tiempo que corre tras él, sí, así como queriendo recordar aquellos años en que juntos jugaban hasta que el sol se ocultaba.

Velo de novia

Jorge Iván Garduño
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Umbral

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Ese sonido que producen los tacones de sus zapatos al pisar sobre el suelo formado de piedra me deja inmóvil, y así observo cómo se adentra por el callejón…, la contemplo…, miro todo su cuerpo… y mis ojos hipnotizados pierden de vista su hermosa figura tras cruzar el umbral.

UMBRAL

Jorge Iván Garduño
@plumavertical

 

La carta de Aurora

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Ya es medianoche. Llego al cuarto que rento por mil quinientos pesos al mes en las afueras de la ciudad; la fachada del edificio está desgastada, y da la impresión que únicamente un par de gatos viejos, escombros, polvo y fierro oxidado habitan el lugar. Busco la llave, la introduzco, giro la chapa, me desquicia el chirrido de la puerta que más parece le disgusta que entre.

Con pasos que intento sean silenciosos subo por la escalera, sin embargo la madera vieja se encarga de delatar mi presencia y borrar cualquier indicio que hable de mi cautela. Llego a la azotea. Hay un viento helado que me despeina y enfría mi cara y manos.

Hurgo en mis bolsillos para tomar la llave con forma de rombo de mi apartamento.

Un trozo de papel muy bien doblado en forma de carta fue introducido por debajo de la puerta en mi ausencia, que al entrar a mi pequeño ‘hogar’ me da inmóvil la bienvenida.

Imagino de quién puede ser, aunque no cómo llegó aquí la misiva. No había tenido noticias suyas desde que partió a los Balcanes hace ya ocho meses cuando huía de Antonio, el padre de su hijo. En un par de años solamente intercambiamos algo de correspondencia sin mayor importancia.

¿Será posible que haya regresado?… por supuesto, reconozco esa manera de doblar una hoja, es inconfundible, sólo ella lo hace de esa forma tan estilizada a manera de flor como aquella primera ocasión en el colegio en las que me confesaba sus travesuras de adolescente.

Continúo observando. Ese trozo blanco de papel me grita que su remitente me necesita, tal vez tanto como yo a ella.

No sé, quizá pasada la medianoche saldré a buscarla, y en está ocasión sí pueda mirarla a los ojos y decirle que la amo.

Jorge Iván Garduño
@plumavertical