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La violencia es ya un problema estructural que atraviesa a la sociedad mexicana: Edgar Morín [AUDIO]

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“La maña” (Debate) es una visión inédita que abarca de manera integral el nudo social conformado por las drogas, la violencia y el poder. Es una investigación hecha con herramientas provenientes de la antropología, la economía, la historia, la sociología y el periodismo, que aborda el fenómeno del narcotráfico y sus imaginarios en los llamados tiempos de la globalización.
Les comparto la entrevista que le realicé para plumavertical a Edgar Morín, autor de “La Maña”.
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“Después del fin del mundo”, un crudo testimonio que hay que tomar en serio

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Un grupo de jóvenes, encabezados por Santiago, realizan un viaje a la capital de Jalisco, Guadalajara, y en medio de la música y la violencia, pronto se ven inmersos en un ambiente sórdido que asecha con engullirlos, lo que cambiaría radicalmente sus vidas.

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Esto es lo que nos cuenta Después del fin del mundo (Editorial Montena) un magistral libro escrito por Eduardo Robles, también conocido como el Tío Patota, quien es autor de más de 60 libros de cuentos para niños, distinguido a nivel internacional en la lista de honor del Premio Hans Christian Andersen por su extensa obra literaria, asimismo fue fundador de la Asociación Nacional de Narradores de Cuentos, prolífico conferencista orientado en las relaciones entre padres e hijos y la incomunicación.

Después del fin del mundo es un relato lúcido que habla sobre las tentaciones de los bares o antros, la circulación y agravamiento del problema de la droga, la sexualidad libertina y los cómos este grupo de jóvenes son atraídos y encerrados en las garras de la violencia e incomprensión empujándolos al abismo entre la vida y la muerte.

Basada en hechos reales, Después del fin del mundo se alimenta de la vida misma y sirve de luz para padres e hijos que habitan en la vorágine social que sucede en todas direcciones.

Un crudo testimonio dirigido a todas aquellas personas que dicen: “eso a mí, ni a mi casa, jamás va a ocurrir”.

Un testimonio que debemos tomar muy en serio y compartirlo con nuestros seres amados.

Jorge Iván Garduño
@plumavertical
 
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http://efektonoticias.com/cultura/despues-del-fin-del-mundo-un-crudo-testimonio-que-hay-que-tomar-en-serio
 

Mi nombre es Casablanca, novela cargada de pólvora, plomo, material hirviente e hiriente

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La escalada de violencia que se suscita en este o en cualquier otro país, puede entenderse como el resultado de ausencia de responsabilidad y corresponsabilidad del individuo por su entorno, así como de la pérdida de valores de la base de la sociedad que es la familia, y por ende, una sinrazón de libertinaje que pone en jaque el tejido social que con tanto esfuerzo se construye por generaciones.

Cúpulas de poder carcomidas por el crimen organizado, una democracia tambaleante víctima de la embestida de la violencia repartida por todos lados, zonas hostiles, ejecuciones, secuestros, impunidad y corrupción, son los constantes boquetes por donde se cuela el miedo en la vida familiar.

En suma, la turbación se ha vuelto ya una forma de vida, siendo el narcotráfico un factor determinante en la estabilidad nacional, que no se doblega a pesar que cada descarga hiere a la sociedad, transformado el crimen en una nueva realidad, donde la muerte anda a caballo desbocado.

Dentro de este cuarto de pánico, el escritor mexicano, Juan José Rodríguez (1970), recrea una de las literaturas mejor logradas en lo referente a la cultura del narco, siendo un claro ejemplo de esto su novela Mi nombre es Casablanca.

Esta obra a la que me refiero, está construida a partir de la experiencia trepidante que se vive en Mazatlán en torno al narcotráfico, la corrupción de las más altas cúpulas gubernamentales y los intentos desesperados de un sector cada vez más reducido de los organismos policiacos que luchan en contra de estos cánceres sociales y públicos.

Una realidad que es imposible ignorar, siendo este libro una radiografía producto de la estela dejada por los hombres de la hierba, por los capos de la bala y el terror, por los señores que someten a las ciudades, zarandean las voluntades, arrinconan con la mirada en espacios abiertos con la violencia desconcertante que practican.

Novela escrita en primera persona, en la que el autor nos permite adentrarnos en los bajos fondos de una Mazatlán dibujada con plomo, pólvora y sangre caliente, olvidándonos por completo de la playa soleada, el mar y las diversiones acuáticas, porque la cultura del narco a permeado el trabajo periodístico, intelectual y literario en los últimos veinte años de manera brutal.

Mi nombre es Casablanca, una obra literaria que se desdobla en múltiples caminos circundantes, tejiendo una maraña boscosa en la que cada paso dado, es una posibilidad de ciegos en dar con la verdad, situación que le agrega elementos de suspenso policiaco, novela negra o thriller detectivesco que busca resolver una serie de crímenes aparentemente aislados que exigen una explicación.

Juan José Rodríguez, un escritor que ha construido una prosa con base en la cultura del narco, que sin lugar a dudas, comparte con el también sinaloense Élmer Mendoza, Leobardo Sarabia, Arturo Pérez-Reverte o Jorge Franco, en un paralelo hirviente.

La lectura de esta u otras novelas con igual temática, nos permite concientizar hasta qué punto el cáncer carcome y destruye, interrogar y analizar el entorno, ya que finalmente, la literatura no es un acto de cobardía sino de salvación, que busca cambiar desde adentro, desde el pensamiento la realidad, permitiéndonos acercar a nuestra existencia a fin de percibir mejor lo que somos y los que es el mundo.

Esta obra, logra de forma avasallante, ser un fiel espejo de los actuales sucesos de la sociedad, a fin de reconocer nuestras limitantes para definir mejor el futuro.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com
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http://www.lajornadaguerrero.com.mx/2011/02/20/index.php?section=sociedad&article=006a1soc
 
Revista “Molino de letras” Abril-Junio 2011.
 
 

La vertiginosa vida colombiana en la pluma de Jorge Franco

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Casi a diario y todos los días, estamos siendo testigos, sin quererlo ni desearlo, de las masacres y los saldos rojos que dejan a su paso los enfrentamientos entre grupos armados y cárteles de la droga provistos de grandes cantidades de armas; los miles de casquillos percutidos en algún lugar que es zona de paso o influencia de estas organizaciones criminales nos hablan de esto.

En las grandes ciudades, en los poblados más apartados y en las comunidades ubicadas al interior de cualquier país, la violencia se ha vuelto una constante a la que los habitantes debemos habituarnos y aprender a vivir con ella a la puerta de nuestro hogar e incluso a entablar el diálogo con alguno de nuestros conocidos.

Aquellos días en los que podíamos salir confiados a caminar en los parques, jardines y el resto de la vía pública, están siendo ensombrecidos por las diversas expresiones violentas que van perneando a la sociedad y cauterizan nuestro entorno, resultando en un tejido social semidestruido y en vías de su improbable recuperación.

España, Turquía, Irán, los Estados Unidos, Vietnam, Angola y Latinoamérica, están siendo asolados por grupos que al buscar sus propios intereses flagelan a los sectores productivos del país o la región, y lo más lamentable de todo ello es que a pesar de que los gobiernos combaten estas problemáticas, en lugar de erradicarlas más parece que se fomentan y crecen.

En América Latina, y tal vez en todo el mundo, el pueblo colombiano ha sido presa de una estigmatización cruel que ha dañado su imagen como país, afectando principalmente a sus pobladores, quienes aunque conforman un pueblo rico en cultura, arte, música, gastronomía y literatura, sólo por mencionar una pequeña parte de sus muchas riquezas, son identificados por la violencia y el tráfico de armas y droga con el que lucran grupos criminales.

Y si bien lo que sucede en Colombia no es un caso exclusivo de esa nación, sí ha influenciado fuertemente en la vida de sus habitantes, y es ahí donde surge un genio literario sin recato que sin ningún miramiento a la realidad que se vive en su país, escribe de manera atrevida.

Este genio literario de quien hablo es Jorge Franco, quien por un lado creció leyendo el “realismo mágico” de otro genio colombiano, Gabriel García Márquez, y por otro creció viendo la mutilación de su pueblo hecho por grupos subversivos y cárteles del narcotráfico, que pugnan por destruir la industria bananera para sustituirla por la industria de las drogas.

Tal vez esto último ha comenzado a suceder en el mundo literario de Franco, ya que su vena creativa está impregnada con un olor a pólvora recién quemada, a humo de marihuana flotando en la habitación cerrada, a polvo de cocaína inalada por algún ser desafortunado.

La escritura de Jorge Franco es una escritura lúcida en la que sus personajes viven sumergidos en el submundo de los estupefacientes, el narcotráfico, los asesinatos, la rivalidad de grupos y enfrentamientos entre ellos para alcanzar cuotas de poder, el control de las zonas y el de los barrios.

Este mundo clavado en la realidad de muchos pueblos de Hispanoamérica es el combustible que este escritor colombiano utiliza para expulsar los demonios que han invadido su territorio y que se empeñan en clausurar el paraíso de tan noble y sufrida tierra.

Con una formación cinematográfica, Franco Ramos estudió literatura enla PontificiaUniversidadJaveriana de Bogotá, sin embargo no concluyó sus estudios y aun así, aprovechando sus conocimientos de cine, logró plasmar de manera visual en el papel las escenas de las que nos habla en sus libros.

Entre sus obras destacan Paraíso Travel, de quien el colombiano Simón Brand dirigiera la versión cinematográfica; y Rosario Tijeras, la obra más conocida, que le valió el Premio Beca Nacional Colcultura y el Premio Dashiell Hammett dela Semana Negra de Gijón en el 2000, y por la cual fue traducido a diversos idiomas.

Jorge Franco, un escritor fascinante que continúa con la buena tradición de Gabriel García Márquez, donde su escritura converge con las nuevas voces de la literatura latinoamericana al sabor gaucho de Neuman, la desfachatez de Bayly o la convulsa letra de Élmer Mendoza.

Un escritor único que se prepara para ser depositario de una de las antorchas más brillantes de las letras colombianas.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com
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http://apiavirtual.net/2010/09/15/la-vertiginosa-vida-colombiana-en-la-pluma-de-jorge-franco/
 
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La literatura española tiene un lugar preponderante dentro de las letras universales, pero este lugar privilegiado del cual goza esta literatura no es cosa de casualidades ni causalidades, ya que la prosa con la cual están impresas se caracteriza por un manejo sobrio de parte de sus autores.

Además, en el corredor literario universal, es bien sabido que el devenir histórico de España ha servido para que esos grandes escritores ibéricos, utilicen toda la carga de información con la que cuentan para impregnar el papel de sutiles letras, francas palabras, intensas frases o decisivas obras, que a la postre marcan el rumbo intelectual en todas latitudes.

Y si como un magnífico ejemplo de las letras inglesas citaríamos a William Shakespeare o Charles Dickens, en el caso español los ejemplos a nombrar no serían menos importantes, de Miguel de Cervantes a Francisco de Quevedo, de Camilo José Cela a Francisco Umbral, la realidad española está reflejada en sus obras: la pasión de una España Imperial, el arraigo dela Fe, el paternalismo por América, el entusiasmo de Europa e incluso la apoteosis de la propia España; todo esto es lo que ha mantenido vivo al país ibérico.

Las letras españolas han formado enormes maquinarias que mantienen en perfecto funcionamiento a su nación, pues pertenecen a engranajes intelectuales que encajan en el tejido social de millones de individuos en todo el planeta.

Los escritores españoles hoy, como siempre, mantienen la principal característica de la literatura moderna dejando para su debido momento la utilización de convencionalismos, siendo los medios de comunicación masiva los encargados de homogeneizar los temas y el lenguaje utilizado; las nuevas generaciones de escritores gozan de una mayor comunión con los lectores jóvenes, pero claro, sin descuidar a los más adultos.

Y es en los escritores que rondan los cuarenta años –que emplean la palabra escrita de manera valiente–, en quienes está la responsabilidad por construir literaturas valiosas, que al explotar las temáticas actuales alcanzan niveles de audiencia poco esperadas por sus antecesores, ellos y ellas van abriéndose paso en las galerías literarias, algunos con menor suerte que otros, pero al final están edificando buenas torres porque los cimientos en los que se asentaron son firmes.

Uno de los mejores ejemplos de lo que hablo, que se está mostrando en España y que cada vez seduce más a más lectores es Lucía Etxebarria, una ferocidad de escritora, que posee un lenguaje literario cargado de eufemismos, que al explorar las insinuaciones de la mente femenina, recrea un lenguaje sugerente, provocativo o muy tentador.

Desde la publicación de su primera obra, Etxebarria mostró el lenguaje y la temática de su atención, ese primer libro significó el aprendizaje que ella necesitaba como escritora para poder dar un salto significativo en poco tiempo dentro de esta área, ya que el escribir sobre la relación de Kurt Cobain y Courtney Love expuso sus sentimientos hacia el movimiento grunge y afinó su métrica intelectual, La historia de Kurt y Courtney: aguanta esto, fue un muy buen ejercicio literario.

La primera novela que publica es Amor, curiosidad, prozac y dudas, una novela urbana, ambientada en un contexto dela España moderna (aunque para algunos críticos esto pueda indicar el empleo de ciertas frases como excesivamente dañadas o deterioradas), que reflexiona sobre la identidad femenina y desde el punto de vista feminista toma partido en los acontecimientos que influyen en la vida de la mujer de hoy.

Dentro de su bibliografía es común encontrarnos con esa exploración íntima y libre que hace del erotismo, que sin caer en el absurdo o en lo vulgar, describe las formas femeninas: el cuerpo, la mente, los deseos, la espiritualidad, pero sobre todo la carnalidad femenina que puede actuar de manera racional o irracional, sin embargo, procura nunca perder la belleza y erotismo.

Asimismo, las posteriores novelas de Etxebarria han continuado la senda que se impuso desde un principio, sin dejar de lado asuntos de suma importancia y que una escritora de su perfil nunca puede dejar ausente en la prosa que escribe.

Lucía Etxebarria nació en España en 1966, en la ciudad de Valencia, estudió Ciencias de la Información y desde sus épocas de estudiante desempeñó diversas actividades profesionales hasta que fijó su residencia en Madrid, ahí se ha ocupado como jefa de prensa para varias multinacionales y posteriormente fue invitada a colaborar de manera habitual en diversos medios de comunicación escritos.

Su prosa puede llegar a ser distinguida, quisquillosa, seria, lacónica o puntillosa, pero sea como sea, su prolijidad es asombrosa, no por nada ha sido merecedora de premios como el Nadal o el Primavera de Novela, que han servido para reconocer a una de las escritoras más sobrias y leídas de España de la última década, título que podría compartir con su contemporánea Espido Freire.

Etxebarria, una mujer escritora que no deja duda de su calidad ensayística, novelística y periodística, que está publicando obras que la posicionan como una digna representante de las letras españolas y todo lo que a nivel intelectual eso conlleva.

Pero en definitiva, una investigadora del pensamiento europeo.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com
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La identidad de la mujer actual en la literatura de Etxebarria