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“No escribo de lo que me gusta, escribo de lo que odio”: Chascas [AUDIO]

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Uno de los diez mejores escritores/guionistas latinoamericanos, según The New York Times, José Ignacio Valenzuela “Chascas”, 9 de cada 10 personas en América Latina han visto o leído su trabajo (sin saberlo), ya que es escritor y guionista de telenovelas, series de ficción, obras de teatro, películas, cuentos y libros para todo tipo de públicos.
Aquí la gran plática que tuve con él para PLUMAVERTICAL

Ricardo Piglia, un escritor imprescindible de leer

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Bien en relatos breves o en extensas novelas, el argentino Ricardo Piglia crea una mezcla singular en ocasiones cargada de regionalismos americanos propios del realismo europeo, y en otras, se vale muy al estilo de Jorge Luis Borges de literatura apócrifa y de textos que son de autores inventados, y en la que supuestos personajes históricos sostienen encuentros muy a la orden del día.

Ya hace más de treinta años desde que comenzó a publicar sus escritos, y desde entonces lo ha hecho de manera pausada, equilibrada, pero sin perder su sobriedad, en la que el lenguaje refinado es otro elemento frecuentado por este escritor quien nació en Adrogué, provincia de Buenos Aires, Argentina.

Los temas detectivescos comenzaron a apasionar a Piglia desde muy corta edad, teniendo entre sus autores predilectos en el tema a Scott Fiztgerald, Dashiell Hammett y William Faulkner entre otros; la lectura de este último fue la que lo encausó al terreno de la novela policiaca, e incluso en sus propias obras encontramos muy variadas referencias sobre el lenguaje faulkneriano.

Estos antecedentes nos hacen encontrar en la obra de Ricardo Piglia una oralidad aparentemente “popular”, que le brinda ritmo a sus relatos que a la vez nos inducen en una especie de crispación expresiva o de múltiples registros, ya que el trabajo nace a partir de una vanguardia novedosa muy al estilo del Viejo Continente.

Su obra Plata quemada (Anagrama), es el resultado de la influencia que recibido por la lectura de estos temas, sin embargo lo relevante de ella es que está basada en un hecho acaecido en la ciudad de Buenos Aires en 1965, y que fue documentada y ficcionada al estilo del periodismo literario por Piglia durante largo tiempo.

Esta novela, publicada en 1997, cuenta la historia de una banda de viejos compinches que deciden robar un banco, bajo la sombra protectora de varios políticos y policías que se llevarán una parte del botín una vez que el robo haya funcionado, pero los rufianes deciden huir traicionando a sus socios y escapar con toda la plata, pero el burlar a las autoridades argentinas no les será cosa fácil y se verán acorralados en la ciudad de Montevideo, donde deberán ir en contra de sus propias motivaciones.

Plata quemada, considerada una de las mejores novelas argentinas de los últimos años, se ha convertido en un referente ineludible en la obra de Ricardo Piglia por su escritura amoral y por estar escrita a un ritmo implacable, que dicho en las palabras de Martín Kohan es “una novela dura que mira la sociedad desde el crimen”.

Asimismo, ejemplificando el trabajo de Piglia cito además Respiración artificial (Anagrama), obra que fue clave en la resistencia intelectual contra la ignominia durante los años previos a que fuera derrocada la más cruel dictadura argentina, y sin embargo lo que este texto calla es más lapidario que lo sofisticado de su alegato.

El argumento de esta novela parte en dos tiempos paralelos, uno a mitad del siglo XIX, encarnado en la figura de Enrique Ossorio; la otra en el año de 1979, bajo la última dictadura militar en Argentina, en la que el recurrente personaje de las ficciones de Piglia, Emilio Renzi, espera la llegada de su tío –y protagonista–, Marcelo Maggi.

Enrique Ossorio, supuesto aspirante a escritor, quiere escribir una novela de denuncia y opta por el género de anticipación que a manera de cartas un personaje recibe del futuro, aunque éstas no le están dirigidas, al tiempo que Renzi espera el arribo de su familiar, a éste le irán llegando incomprensiblemente una serie de mensajes cifrados fragmentariamente a lo largo de toda la novela originadas por su tío; sin embargo, estas misivas no encuentran destinatario fiel y directo, cayendo el diálogo en una encrucijada artística en la que la lectura desviada y la interferencia significante “abre el camino de un género híbrido absolutamente contemporáneo: la ficción especulativa”.

El desdoble multipersonal ocurrío en la mente de Ricardo Piglia, lo que se tradujo en un juego de espejos infinito, un estado de trance intelectual en la que el narrador tiene mucho que decir, pero prefiere apegarse a lo necesariamente importante, hundiéndose en un torbellino saturado de memoria, ideas, elucubraciones y desvaríos colosalmente críticos.

Ricardo Emilio Piglia Renzi, crítico, ensayista, profesor académico, periodista, quien recibió el Premio Planeta Argentina de 1997; así como la mención especial en el Premio Casa de las Américas en 1967; Premio Iberoamericano de Letras José Donoso en Chile en 2005; además de poseer una obra que ha sido traducida a numerosos idiomas.

Él es Ricardo Piglia, un argentino, que en vida, se comprometió con su patria y sus buenas costumbres, fue decidido a cuestionar gobiernos que impusieran las armas antes que el diálogo y la reflexión; pero sobre todo, y tras su muerte este 6 de enero de 2016, Ricardo Piglia seguirá siendo un escritor imprescindible de leer.

Jorge Iván Garduño

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TEXTO PUBLICADO POR “LA SILLA ROTA” Y “HOMOZAPPING”.

Raymond Chandler, el maestro indiscutible de la novela negra

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Raymond Chandler (1888- 1959), fue un escritor norteamericano en la que su escritura irónica y cínica elevó la novela negra logrando que fuera revalorada, por lo que se considera el maestro indiscutible de este género.

Tras el divorcio de sus padres, Chandler recibió una sólida formación literaria en el Dulwich College de Londres, Inglaterra, y luego de estudiar a autores clásicos y modernos viajó a Francia y Alemania, y posteriormente se nacionalizó británico.

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Trabajó como reportero para el London Daily Express y para la Bristol Western Gazette, y fue en esas fechas cuando publicó 27 poemas y su primer relato: The Rose Leaf Romance para luego regresar a los Estados Unidos e instalarse en California.

Tras participar en la Primera Guerra Mundial, se enroló como empleado de la banca, para después trabajar en la industria petrolífera, y en 1932, Chandler fue nombrado vicepresidente del Dabney Oil Syndicate en Signal Hill, sin embargo, fue despedido a causa de su alcoholismo, múltiples aventuras con las secretarias de la empresa y ausentismo.

Este duro golpe en medio de la Gran Depresión, es en 1933 cuando Raymond Chandler decide dedicarse por completo a la escritura, y es así como comienza a enviar manuscritos a pulps populares de revistas de ficción criminal impresas en papel barato, siendo Blackmailers Don’t Shoot uno de sus primeros cuentos, y que publicó en la revista Black Mask.

Cabe señalar que Debolsillo estrena la biblioteca de Raymond Chandler, y su personaje más famoso, Philip Marlowe, es un detective de pocas palabras y profundas reflexiones que envejece a través de las novelas que protagoniza. Marlowe es solitario, cínico, escéptico, fuerte, duro, seguro de sí mismo, un antihéroe romántico y un referente de la literatura y el cine del siglo xx.

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Lo obra de Chandler reflejan una sociedad empobrecida, violenta y deshonesta que todavía vive las consecuencias de la Gran Depresión. El escenario: Los Ángeles, una ciudad joven, aislada, con una ley moral dudosa y un departamento de policía corrupto; las calles que pisa Marlowe van desde su despacho cerca del decadente Sunset Boulevard hasta las grandes mansiones de la zona alta, desde los bajos fondos de una Santa Mónica casi inexistente hasta los cañones de los desiertos que rodean la ciudad.

En El sueño eterno (1939), la primera novela de Chandler, Philip Marlowe acepta un caso que promete ser sencillo. El General Sternwood, viejo, paralítico y extremadamente rico, ha recibido una nota de chantaje que concierne a su hija menor, la salvaje Carmen. Sternwood sospecha de Arthur Geiger, un librero de la ciudad, y pide a Marlowe que le investigue a fondo.

Sin embargo, Vivian Sternwood, la hija mayor del General, sospecha que el detective ha sido contratado para que encuentre a su marido, Rusty Regan, desaparecido recientemente. Marlowe pronto descubrirá que lo que parecía un trabajo rutinario es, en realidad, una laberíntica trama de pornografía y asesinatos en la que las hermanas Sternwood jugarán un diabólico papel.

Esta novela es el resultado de un proceso de expansión y recreación de dos relatos del autor “canibalizados”, que fueron publicados antes en la revista pulp Blac.

Adiós, muñeca (Debolsillo) publicada por primera ocasión en 1940, es la segunda novela protagonizada por Philip Marlowe, es una muestra exquisita del más puro Chandler: una trama brillante, personajes ambiguos, una femme fatale desalmada y una crítica social cruda y mordaz.

Marlowe está trabajando en un caso tedioso y rutinario cuando se fija en un tipo bastante sospechoso y le sigue hasta un club. Es Moose Malloy, y está decidido a recuperar a su ex novia, Velma Valento, que ha desaparecido. Su desesperación le lleva a matar al propietario del local, un hombre afroamericano.

La policía de Los Ángeles todavía se rige por prejuicios racistas y se desentiende de la investigación. Marlowe se encargará del caso sin ser consciente del peligro que corre. No tardará en darse cuenta de que está inmerso en una complicada trama de asesinatos y corrupción donde nada es lo que parece.

Adiós, muñeca también se inspira en tres relatos que Chandler “canibalizó” y que serán incluidos como novedad en la edición de este título de Debolsillo: “El hombre que amaba a los perros”, “Prueba con la chica” y “El jade del mandarín”.

Cabe señalar que Raymond Chandler reflexionó sobre el arte de la novela policiaca en su ensayo El simple arte de matar (1950).

Jorge Iván Garduño
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“Yo recibiría las peores noticias de tus labios” de Marçal Aquino [Entrevista]

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Escritor brasileño, Marçal Aquino (Sao Paulo, 1958), es un periodista, escritor y guionista de cine y televisión, que se caracteriza por retratar el submundo de la calle, las relaciones humanas y el conflicto urbano.

Un prolífico escritor que estuvo en México realizando diversas presentaciones sobre su más reciente novela publicada al español por Editorial Océano de su colección Hotel de las Letras Yo recibiría las peores noticias de tus labios.

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Jorge Iván Garduño (JIG): ¿Cómo fue la niñez de Marçal Aquino?

Marçal Aquino (MA):Crecí en una hacienda en el interior del estado de Sao Paulo hasta los seis años, en los que no tuve contacto con la televisión, lo que fue maravillosos, ya que crecí escuchando historias orales, contadas por personas que vivían allá, lo que generó en mí desde una edad temprana esa idea de contar historias.

JIG: ¿Considera que la oralidad le permitió involucrarse en el mundo de la literatura?

MA: Al escuchar las historias orales, yo notaba que quienes las contaban tenían una técnica para contar historias, la misma historia era repetida varias veces siempre diferente, agregaban unos detalles, cambiaban otros, percibí que esa era una técnica de contar historias, por lo que sí, creo que parte de mis ganas de contar historias y la importancia de escribir viene de ahí.

JIG: ¿Cómo se decidió a ser escritor de tiempo completo?

MA: Antes de escribir creí que iba a ser ilustrador de cómics, porque no tenía gran interés por la palabra escrita, pero sí tenía interés por el dibujo. Sin embargo, en el momento en que comienzo a leer libros, tal vez a los 9 o 10 años de edad, quedé en shock también, porque a diferencia del cine y las historietas, la literatura apela a la imaginación, y el cine a la atención.

En un libro, la imaginación es la que debe trabajar, un buen libro necesita de un buen lector, un lector con imaginación. Así fue que a los 14 o 15 años decidí ser escritor.

JIG: ¿fue difícil incursionar al mundo de la literatura en aquellos años?

MA: Como escritor no era una profesión, elegí una carrera en la que pudiese escribir, por eso soy periodista. Desde aquellos momentos me fui a trabajar con los medios impresos, con los periódicos, porque lo que yo quería hacer era escribir. Mi asunto siempre fue la escritura, la palabra escrita.

JIG: ¿Qué le ha aportado el periodismo a su literatura?

MA: Normalmente, en mi país se habla de que el periodismo dificulta el ejercicio de la literatura, sin embargo en mi caso, el periodismo me dio la posibilidad de tener contacto con el submundo policial, con personajes de la vida real que yo no diría que son bandidos, más bien son personas de la escala social más baja, ese contacto que tuve fue muy importante para desarrollar mi literatura, y el periodismo me lo brindó, por lo que escribiría diferente de no haber trabajado como periodista policiaco.

JIG: ¿Por qué decidió involucrar el mundo policial con el tipo de literatura que usted escribe?

MA: Porque siempre me interesé por los conflictos, me apasiona el universo del conflicto, y en este mundo marginal policiaco está presente en todo momento, el conflicto humano, llámese hombres-mujeres es mi objeto de interés.

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Yo recibiría las peores noticias de tus labios, una historia de amor contada con la eficacia de una novela policiaca, un fotógrafo llega a una ciudad minera del Amazonas y se enamora de una joven casada. A pesar de que ella provoca todo tipo de conflictos a su paso, a pesar de los rumores de reporteros y vecinos, de la lucha entre mineros y empresarios, de que alguien le puso precio a su vida y de las premoniciones que lo acosan, el fotógrafo decide explorar esa pasión inusual. Marçal Aquino, uno de los renovadores de la narrativa brasileña, nos ofrece una novela admirable, hecha de amor y crimen en la misma medida.

Jorge Iván Garduño
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“El plantador de tabaco”, un canto a la adversidad humana

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Este año la editorial Sexto Piso ha publicado una novela cautivadora que representa en su totalidad un homenaje a la literatura misma, me refiero a El plantador de tabaco, del escritor norteamericano John Simmons Barth (Cambridge, Maryland, 27 de mayo de 1930), y que está ambientada en su natal Maryland.

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La novela cuenta la historia de Ebenezer Cooke (basada en la historia de un poeta del mismo nombre), es un ilustre hombre que ha heredado una plantación de tabaco en la inhóspita tierra de Maryland de finales del siglo XVII, a la que deberá de trasladarse y hacer frente a las múltiples adversidades que dicha empresa le presenta.

Ingenuo de corazón, Ebenezer hace gala de su humor para escapar de la realidad muy al estilo de Don Quijote de la Mancha, y pone en práctica el curioso principio pedagógico de que para aprender algo lo mejor es enseñarlo, y es aquí donde comienza a desdibujarse el quijotesco heredero de tabaco.

Ebenezer Cooke sufre, un buen día, la inspiración poética que le causa una musa, y está decidido a convertirse en un gran poeta autor del primer poema épico sobre Maryland, por lo que se armará de cuaderno y lápiz junto a su tutor y ahora criado, Burlingame, quien hace un papel al estilo Sancho Panza.

En El plantador de tabaco, John Barth incorpora un fino análisis psicológico en la personalidad de sus personajes, aportando extraordinarios matices de una finura poco conocida en autores norteamericanos, detalles y situaciones que detallan una realidad insignificante en apariencia, pero que al verla de cerca gana riqueza y profundidad a través de su pluma.

El plantador de tabaco, obra excelsa y laberíntica, saturada de bellas emociones que alcanzan el borde de la consternación, un juego de máscaras finamente trazado desde las primeras líneas, que sólo nos demuestran que fueron escritas con una maestría e imaginación tan ciertas que llegan a lo profundo del corazón.

Convergen tantos elementos en esta aventura que dan pie a que el argumento y desarrollo de la historia confluyan frente a nuestros ojos, que los personajes cobren vida y compartamos sus emociones, y todo esto únicamente en una hermosa obra de arte escrita que alcanza la categoría de clásico contemporáneo.

John Barth, un escritor de novelas y relatos breves quien publico su primera obra, La ópera flotante, en 1956), que ha sido considerada como un texto influenciado por el existencialismo francés de Jean Paul Sartre y Albert Camus, y está narrada en primera persona por su protagonista, Todd Andrews, un abogado de Maryland que rememora en 1954 los acontecimientos que le llevaron, un día de junio de 1937, a tomar la decisión de suicidarse. La obra fue nominada para el National Book Award.

El plantador de tabaco, una novela que significa uno de los máximos intentos del ser humano por hurgar en los pensamientos y en las acciones del hombre en un ambiente colonizador, y que quizá Barth lo logra de manera inteligente y estoica, que junto con Cándido y el complejo mundo de El Quijote de la Mancha, recrean una trilogía total de la historia humana.

En definitiva, es la obra de Barth resulta ser para quienes les interese la literatura sagaz, inteligente y llena de meandros vivaces, ya que es un apetitoso territorio a la vista para los lectores más inquietos, ya que su fascinante universo literario esconde grandes destellos de lucidez y atracción de nuestro entorno.

Jorge Iván Garduño
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Las caras de la “Justicia”

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Un hombre acaudalado, inteligente y amante maquiavélico del juego de billar, entra a un concurrido restaurante, acto seguido y a la vista de todos asesina a quema ropa al profesor de nombre Adolf Winter. En la confusión, sale del lugar y se dirige para asistir a un concierto que se ofrecerá esa noche, y tras varias horas de haber perpetrado tan fatídico acontecimiento, es detenido.

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No existe duda que es él el asesino, sin embargo contrata los servicios de un joven abogado con problemas financieros y recién egresado de la facultad, bajo la premisa de que él es inocente por lo que deberá llevar el caso a buen puerto con la finalidad de que sea declarado inocente su cliente.

Los testigos caen en contradicciones, el arma nunca es encontrada y el maléfico juego del asesino Isaak Kohler da inicio con este interesante preámbulo; pero no crea querido lector que he arruinado su lectura de la novela Justicia (Tusquets Editores), ya que un brevísimo resumen similar se puede leer en la contraportada del libro del autor Friedrich Dürrenmatt (1921, Konolfingen, Berna, Suiza).

Una novela de suspenso, en la que su magnífica estructura y redacción hacen suponer al lector que la línea de investigación debería ir del punto “A” al “B”, tan lógico y coherente como el ser testigo de un asesinato donde vemos al autor material y quien además conocemos, pero el misterio se cierne sobre un hecho incuestionable; un misterio que no debería de serlo.

La escena puede ser clara, pero se abre un resquicio por el que es posible darse cuenta de lo que en realidad sucedió. Ángulos geométricos que son utilizados en el billar, por lo que no es de extrañar que Kohler utilice estos principios para mantener ocultas sus verdaderas motivaciones; todo depende del ángulo del que se mire y a dónde se quiera poner la bola.

El principio que para pegarle a una bola no es necesario darle directamente, será puesto en práctica de forma magistral en Justicia, donde la alma contradictoria de jueces y criminales es desgranada por Friedrich Dürrenmatt, quien en sus obras de teatro y novelas negras es un tema recurrente y aleccionador.

Cuando el ser humano logra captar la vida en ángulos, y conocer a dónde justamente hay que pegar para ejercer el poder donde verdaderamente se requiere, esa será una fuerza destructiva, que de forma indirecta podrá uno alcanzar los objetivos propuestos.

Friedrich Dürrenmatt, consiguió una obra perturbadora, que mantiene al lector inmerso en la trama desde las primeras líneas escritas, y conforme la historia se desarrolla, será imposible saber cuál será el verdadero desenlace… y por consiguiente las trágicas consecuencias.

Justicia, una novela poderosa y definitivamente poseedora de un final casi temible.

Jorge Iván Garduño
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La carta de Aurora

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Ya es medianoche. Llego al cuarto que rento por mil quinientos pesos al mes en las afueras de la ciudad; la fachada del edificio está desgastada, y da la impresión que únicamente un par de gatos viejos, escombros, polvo y fierro oxidado habitan el lugar. Busco la llave, la introduzco, giro la chapa, me desquicia el chirrido de la puerta que más parece le disgusta que entre.

Con pasos que intento sean silenciosos subo por la escalera, sin embargo la madera vieja se encarga de delatar mi presencia y borrar cualquier indicio que hable de mi cautela. Llego a la azotea. Hay un viento helado que me despeina y enfría mi cara y manos.

Hurgo en mis bolsillos para tomar la llave con forma de rombo de mi apartamento.

Un trozo de papel muy bien doblado en forma de carta fue introducido por debajo de la puerta en mi ausencia, que al entrar a mi pequeño ‘hogar’ me da inmóvil la bienvenida.

Imagino de quién puede ser, aunque no cómo llegó aquí la misiva. No había tenido noticias suyas desde que partió a los Balcanes hace ya ocho meses cuando huía de Antonio, el padre de su hijo. En un par de años solamente intercambiamos algo de correspondencia sin mayor importancia.

¿Será posible que haya regresado?… por supuesto, reconozco esa manera de doblar una hoja, es inconfundible, sólo ella lo hace de esa forma tan estilizada a manera de flor como aquella primera ocasión en el colegio en las que me confesaba sus travesuras de adolescente.

Continúo observando. Ese trozo blanco de papel me grita que su remitente me necesita, tal vez tanto como yo a ella.

No sé, quizá pasada la medianoche saldré a buscarla, y en está ocasión sí pueda mirarla a los ojos y decirle que la amo.

Jorge Iván Garduño
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Sociedad herida

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Indagando por los rincones de mi mente,

Voy descubriendo resplandores de lucidez,

Una lucidez aterradora,

avasallante,

Que pretende subyugar mi mente y mi cuerpo

A un mundo estridente.

 

De pronto te das cuenta de lo infinitesimal del espacio,

De la nada que se vuelve la materia,

Del vacío que va creando el ser humano de su vida;

¡para!,

¡detente!,

¡no sigas!

Se me aturde la cabeza de tanta vaguedad.

 

El despertar a la llamada realidad,

Nos vuelve conscientes de lo absurdo,

Tonto y estúpido que es la materia vuelta sociedad

Y que algunos llaman

capitalismo,

socialismo,

neoliberalismo,

O nombre parecido sólo para saciar su sed de poder, y

anarquismo.

 

A Juan de la Selva

Jorge Iván Garduño
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Suspiro de luz

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Un tenue suspiro de luz se filtra por la ventana que apenas si deja pasar la gruesa cortina, esto, aunque no permite iluminar la habitación, sí nos concede distinguir las sombras frías, grises y alargadas de los objetos que nos recrean un paisaje que bien parece sacado de un fresco de Piero Della Francesca.

Se vierte en una taza un líquido blanco y cremoso como cada mañana, deteniéndose un par de centímetros previos al borde. Se eleva el caliente vapor como un camino que en su intento por alcanzar el cielo es detenido por el mugroso techo. La bebida de Don Antonio López Trejo está lista.

Jorge Iván Garduño
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