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Cinco pasos para sanear nuestras finanzas [OPINIÓN]

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TEXTO PUBLICADO EL 7 DE JULIO DE 2018 EN LA SILLA ROTA

El siguiente tema nos interesa a todos, y cuando digo a todos ¡es a todos, eh!, y ya ustedes me dirán si no es así.

Y es que: pésima idea que nadie nos enseña a manejar nuestro dinero, es decir, obvio sabemos perfecto cómo administrarnos, ¿no? (sarcasmo). La cosa es que cuando al fin llegamos a la edad en que nos podemos independizar no tenemos ni la menor idea de lo que nos espera. Un buen día, después de que según nosotros ya lo analizamos bien, decidimos irnos a vivir solos, buscamos departamento y de paso que esté bien ubicado, por aquello de la reunión con los cuates, familiares… entonces nos decidimos por el que además tiene la mejor vista y cuenta con estacionamiento, bueno, no siempre cuenta con él, pero es lo deseable.

Así, comenzamos pagando el depósito y otros requisitos varios para quedarnos a vivir ahí. Desde luego, apostamos por la cama nueva, un sofá comodísimo, pantalla, equipo de sonido, refrigerador y otros enceres electrodomésticos necesarios para subsistir. Ah, y no olvidemos la fabulosa lavadora o buscar una lavandería cercana a nuestra vivienda.

El asunto es que después de unos meses, pagar la renta ya no es tan satisfactorio como al principio. También está la cuota de mantenimiento, el pago de la tarjeta de crédito, el veterinario de tu mascota (porque primero muerta que abandonar a Minie en casa de mi mamá…), el mecánico, la lavandería, fruta, verduras, helado, chocolate, cine, antro… ¿Ya no suena tan bien, cierto?

Por eso, antes de que te endeudes al tope, o por si acaso ya te metiste en broncas, aquí te doy algunos tips para que comiences a sanear tus bolsillos:

  • Primero que nada, haz un presupuesto. ¿Cuánto ganas vs. cuánto gastas? Puede ser semanal o quincenal. No te lo recomiendo mensual, porque si no estás acostumbrado a llevar a cabo la planeación de tus finanzas, va a ser de lo más pesado.
  • Ahora que sabes cuánto ganas y cuánto gastas, reduce los gastos excesivos, es decir, evita comprar aquello que no necesitas. La pregunta del millón es: ¿puedes vivir sin eso? Entonces, no lo compres.
  • Primero lo primero: aparta, por porcentajes, el dinero necesario para pagar la renta y los servicios. Luego, piensa en lo más indispensable, la comida y finalmente, no te olvides de la ropa, accesorios y hasta el entretenimiento. El chiste es que todo gasto sea planeado.
  • Ahorra. Ya sé, ya sé, no te alcanza ¿y encima te pido que guardes? Pero no sólo se puede ahorrar dinero. Piensa: ¿y si dejarás de pagar tanto de lavandería, luz agua o gas? Si eres más cuidadoso con lo que se desperdicia, a final de mes puedes llevarte gratas sorpresas.
  • La tarjeta de crédito no es un regalo. Da tristeza, pero es la verdad. Si no cuentas con el dinero en efectivo para adquirir zapatos, ropa o una pantalla, lo peor que puedes hacer es “dar el tarjetazo”. Terminarás pagando más del doble de lo que cuesta el producto que adquiriste, siempre será mejor esperar un poco más para comprar sin endeudarte.

El tema de las finanzas es súper extenso, por lo que siempre debemos estar receptivos con este tema, aprendiendo en todo momento, nunca sabemos que cómo o quién nos va a proporcionar un gran aprendizaje en otros puntos que nos ayuden a mejorar la administración de nuestros recursos económicos.

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Hablando de dinero “Lo que importa es el porqué”

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Es un tremendo defecto de los sistemas educativos, en general, que la gente no reciba enseñanzas básicas sobre finanzas. No importa la actividad que se desempeñe, todo mundo tiene necesidad, tarde o temprano, de manejar sus finanzas personales. Igual necesita saber del manejo de dinero un médico, un ingeniero o un taxista. Todos, algún día, tendrán que decidir cómo invertir sus ahorros, cómo manejar una tarjeta de crédito o tal vez, conocer el mejor esquema de financiamiento para comprar un auto o una casa.

Todos nosotros nos enfrentamos día a día al reto de manejar nuestro dinero. Diariamente, con el dinero que tenemos compramos bienes, como alimentos o ropa y pagamos servicios, como el agua, la luz, el gas, entre otros.

No importa cuánto dinero tengamos, todos podemos aprender a administrarlo mejor. Si lo administramos lo mejor posible y somos conscientes de cómo lo gastamos, podemos sacar mejor provecho de él. Al manejo de los recursos financieros se le denomina “Finanzas”, y al manejo de nuestros recursos particulares, se le llama “Finanzas personales”.

Lo que importa es el porqué (Urano) Un libro para todo aquel al que le interese cómo funciona realmente la economía que finalmente rigen nuestras finanzas personales, por lo que este libro narra una serie de experimentos sociológicos y económicos, originales que ponen en tela de juicio muchas de las teorías económicas y desvelan cómo funciona en realidad la economía real de una sociedad.

El gran argumento es que lo que importa es porqué actúa la gente y no las razones por las que dicen que actúan. Con un estilo desenfadado, es el libro que sucede a grandes éxitos como Freakonomics de Steven Levitt.

Uri Gneezy nació en Israel, aprendió economía en las calles de su país y actualmente es profesor de la Rady School of Management de la University of California, San Diego.

John A. List creció en una familia obrera de Wisconsin y aprendió economía en los mercados de hobbies. Actualmente es profesor de economía de la Universidad de Chicago. Ha sido investigador del National Bureau of Economics (NBER).

Con Lo que importa es el porqué es una obra que te ayudará a transitar de manera segura por un camino que te lleve a la libertad financiera de manera clara y sencilla, para finalmente poner en práctica útiles enseñanzas, pero sobre todo iniciaras un plan financiero personal que te ayude a mediano plazo alcanzar la tranquilidad financiera que tanto anhelas.

Jorge Iván Garduño

@plumavertical

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Este texto ha sido publicado en:

http://efektonoticias.com/finanzas/hablando-de-dinero-lo-que-importa-es-el-porque

Del dinero plástico a una cultura financiera

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Uno de los temas fundamentales en nuestra vida –y pienso que de cualquier sana sociedad que se precie de serlo–, es la buena administración de las llamadasfinanzas personales, ya que tarde que temprano, no importa cuál sea nuestra actividad laboral, todo mundo deberá enfrentarse a la necesidad del manejo de los recursos financieros, y toma mayor relevancia cuando se trata de la dirección de nuestros recursos particulares.

Lamentablemente ésta no es una materia que se brinde en la educación básica de nuestro sistema educativo, aunque bien podría serlo, ya que repercute de forma drástica en todos los niveles y áreas de nuestra vida, así como en las relaciones humanas del día a día al adquirir bienes, alimentos, ropa, invertir ahorros, o al pagar de servicios como agua, luz, gas, o qué me dicen sobre la decisión tan trascendental, porque lo es, como la de adquirir una tarjeta de crédito.

Y es que la sociedad mexicana en su conjunto, se enfrenta a una grave situación financiera, por lo que si no aprendemos a mantener un control adecuado de nuestras finanzas, el suceso podría derivar muy pronto en que nuestro país se enfrente a una deplorable salud financiera, con récords sin precedentes de déficit presupuestarios y bancos en quiebra.

Las estadísticas de quiebras financieras muestran claramente que este declive es un hecho, éstas no revelan ciclos, sino, más bien, una alarmante baja constante y no muestran conexión con la inflación, el desempleo, la recesión ni ninguna otra tendencia nacional, a excepción del aumento de las deudas personales.

Trasladándonos a 1929 y tomando como ejemplo a los Estados Unidos –la llamada “superpotencia” económica mundial–, que actualmente es la nación más endeudada del orbe,  se sabe que para ese año de “la gran crisis” únicamente 2% de las viviendas de los americanos estaban hipotecadas, y que para 1962 sólo 2% no lo estaban.

Las cifras actuales son más alarmantes, simplemente en nuestro país 80% de la población económicamente activa está comprometida con una línea de crédito. No debemos engañarnos creyendo que estos problemas sólo los enfrentan las grandes compañías o los buenos para nada. Al contrario, son las típicas familias con uno o dos niños, una mascota y con rutinas cotidianas e incluso profesionistas con trabajos estables quienes lamentablemente perdieron el control de la situación y suponen que la tarjeta de crédito “es dinero extra” sobre su sueldo, ¡craso error!

Como sociedad hemos olvidado cómo demorar las satisfacciones. Vivimos en una época en la que todo se hace al momento, como las comidas rápidas “cocinadas” en el horno de microondas, ya que con tan sólo desear algo lo queremos tener al instante, y desgraciadamente aniquilamos nuestras finanzas dejándonos llevar por el consumismo que los medios de comunicación ejercen sobre el público con la finalidad de elevar la bien nombrada “materialitis” de la que esta generación es presa.

No importa cuánto dinero tengamos, todos podemos –debemos– aprender a administrarlo mejor, ahorrando con la finalidad de fijarnos metas a corto, mediano y largo plazo, y así acceder a un mejor nivel de vida de manera planificada y consumiendo de forma reflexiva… y no emocional.

Si nos administramos lo mejor posible, seremos conscientes de cómo gastamos nuestro dinero y podremos sacar un mejor provecho de él con tan sólo pequeños ajustes, evitando el gasto hormiga por ejemplo, o la sobreadquisición de alimentos que al final de la semana seremos incapaces de consumir; y que se traduce en fugas de dinero.

Esta situación sólo refleja nuestra incapacidad personal de nunca “decirnos no”. Pienso que antes de exigir al gobierno y funcionarios públicos vigentes responsabilidad en el manejo de los recursos monetarios, debemos corregir nuestras propias fallas y sanear nuestras finanzas personales, ya que el deterioro del Estado es únicamente el reflejo de una sociedad que actúa en detrimento de todo el sistema nacional.

¿Qué opina al respecto estimado lector?

Jorge Iván Garduño
@plumavertical
 
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