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“El legado de los monstruos”

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El miedo ha sido empleado desde tiempos remotos como agente de sometimiento físico, social, artístico o político, es por ello que vemos inundado nuestro mundo con decenas de monstruos y las historias que giran en torno a ellos, desde robots, vampiros, murciélagos, arañas, muertos vivientes, moribundos que deambulan por calles solitarias o bien asesinos psicópatas que elijen a sus víctimas de acuerdo a ciertas características.

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Es en este tema en el que Ignacio Padilla (Ciudad de México, 1968) decide indagar en un sorprendente ensayo donde el miedo y lo terrible son los ejes principales que funcionan como catalizadores de nuestros más apocalípticos temores.

El legado de los monstruos (Editorial Taurus), un libro donde Padilla por fin reflexiona ampliamente sobre el miedo como combustible estético y sociopolítico en nuestros días, asimismo pasa revista a algunos de los considerados como los monstruos principales de la historia.

Ya anteriormente, en 1994, Ignacio Padilla había comenzado a explorar el tema del miedo cuando junto con un par de miembros de la cofradía del ‘crack’ (Eloy Urroz y Jorge Volpi) publicaron Tres bosquejos del mal, un ejemplar donde cada uno de ellos habla con su estilo muy particular sobre el asunto.

En aquella ocasión Padilla parte de una sentencia de Kafka para sumergirnos en compañía de sus protagonistas, quienes son dos arquitectos, en un contexto de suspense, un relato breve titulado Imposibilidad de los cuervos, posteriormente continuó ese sendero más recientemente con La industria del fin del mundo, en el cual repasa la forma en que agentes de poder se habían aprovechado de algunos de nuestros apocalípticos temores del fin del mundo en 2012, cuando se decía que la humanidad acabaría según una predicción atribuida a los mayas.

Es así como en El legado de los monstruos se convierte en una aproximación más general a todo tipo de miedos y sus usos políticos, mediáticos, y en menor medida sus utilizaciones artísticas, particularmente literarias. Este ensayo, según lo dicho por el mismo autor, es más sociopsicológico, semiótico y mediático que literario.

En cierta forma, lo contenido en las páginas de El legado de los monstruos son obsesiones que trascienden los límites posibles de la ficción y se convierten más en ensayos de semiótica, sociología o psicología, pero que al mismo tiempo traen a nuestro recuerdo situaciones vividas en nuestra infancia ya que parte bajo la certeza de que solo proyectamos cosas que ya estaban presentes en nuestra mente, aunque muchas de ellas se han alimentado también a través de la narrativa cinematográfica, televisiva o teatral.

El miedo, dice Padilla, es necesario para la supervivencia humana, ya que ante todo “es un mecanismo de conservación: el miedo es necesario, nos constituye, nos impele, nos permite paralizarnos cuando hay que pasar inadvertidos o alejarnos cuando tenemos que proteger a nuestra cría, por ende es una cualidad”, por ello en El legado de los monstruos el término ‘monstruo’ es utilizado desde su etimología: mostrar y, en ese sentido, el monstruo es hermano del espejo y es antítesis de la máscara, porque al final, todo monstruo refleja no solo un miedo, sino un deseo.

Jorge Iván Garduño
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La fluidez intelectual de Ignacio Padilla

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¿Qué haría si alguien le propusiera intercambiar su vida por la de otra persona?, ¿aceptaría vivir la vida sobre la base e historia de la de otro individuo?, estos elementos son precisamente los que el escritor mexicano Ignacio Padilla (Ciudad de México, 1968) utiliza para construir una novela sobre los suplantadores y la incertidumbre de la verdad.

Todo inicia con una simple partida de ajedrez entre dos extraños que se desarrolla en un vagón de un tren en cierto lugar de Europa, los dos personajes involucrados en tan peculiar enfrentamiento son un soldado dela PrimeraGuerraMundial y un guardagujas que responden a los nombres de Tadeus y Víctor, respectivamente.

Dejará de ser una simple partida de ajedrez al ponerse en juego la identidad de cada uno de ellos, quienes de manera aprobada intercambian sus vidas por la del adversario, situación que los lleva a transformar de forma radical el rumbo  de cada uno de ellos, y de quienes les rodean.

El hijo de uno de estos excepcionales personajes se encargará de buscar la historia verdadera de su padre, a quien él creía soldado y héroe nazi, pero que por azares de la vida se verá enfrentado a la fábula en que se han convertido los acontecimientos de la que imaginaba era la tradición de su familia.

Ignacio Padilla recrea en Amphitryon (la novela de la que hablo), la ficción en la que se ha convertido la historia del siglo XX, iniciando con el acontecimiento traumático de la guerra y posguerra, y que influenciaron de muy diversas maneras a los sucesos que le siguieron.

Amphitryon es un libro incrustado en el género de la novela negra, con elementos de la intriga, rasgos de thriller y una carga fuerte de intelectualidad, que hacen de esta obra una novela muy interesante y con muy pocos antecedentes dentro de la literatura mexicana, lo que la convierte en una  aventura encomiable para cualquier lector serio.

Las primeras referencias literarias que se tienen de Ignacio Padilla datan de sus andaduras de preparatoria junto a sus amigos y ahora también colegas, Jorge Volpi y Eloy Urroz, con quienes formaría en 1996 la cofradía del crack en compañía también de Pedro Ángel Palou, Ricardo Chávez y Vicente Herrasti, todos ellos en la actualidad incorporados a las voces más influyentes de la literatura mexicana.

Ya para ese año de 1996, Padilla se había convertido, gracias a su talento narrativo, en una de las nuevas voces de las letras de nuestro país, ya que dos años antes obtuvo el Premio Nacional de Literatura en tres categorías distintas: Cuento Infantil “Juan dela Cabada”, “Juan Rulfo” para Primera Novela y el Premio de Ensayo Literario “Malcolm Lowry”; suceso que vaticinaba una excelente y muy prolífica carrera intelectual.

Esto quedó reafirmado para finales de 1999, año en que junto con Volpi, Ignacio Padilla ratificaba que sus reconocimientos no eran obra de la casualidad y sí de su talento y creatividad, al alcanzar en España el Premio Primavera de Novela 2000 precisamente por su libro Amphitryon, el cual ha sido traducido a más de quince idiomas, lo que permitió catapultar a Padilla, pero sobre todo a las letras mexicanas, a un plano internacional para comienzos del siglo XXI, logro trascendente para un escritor no mayor de cuarenta años.

Poseedor de equilibrio dentro de la métrica literaria que maneja, Ignacio Padilla asume un rol narrativo desafiante, esto por las diversas e inteligentes formas de abordar la utilización del lenguaje, lo que a la vez le significa una renovación continua para el público que lo lee.

Durante los casi 20 años que tiene como escritor desde que comenzó a publicar, Padilla nos ha regalado inquietantes novelas que nos relatan historias sobre hombres que habitan islas desiertas o viven en la antigua Unión Soviética; artículos que recogen su experiencia de vida durante dos años en Swazilandia, África; cuentos situados en entornos urbanos ubicados en diversos escenarios cerrados, en desiertos, selvas o bien en playas; o simplemente ejercicios literarios donde el lenguaje y la estructura formal cobran mayor importancia que la narración misma.

Toda la tesura que plasma en sus ficciones y ensayos, le han valido para ser apreciado en el universo literario como un escritor depositario de una fluidez intelectual deslumbrante, maduro y capaz de envolver en sus letras desde un niño hasta un erudito.

Ignacio Padilla, licenciado en Comunicación por la UniversidadIberoamericana, doctor en Literatura Inglesa por la Universidadde Edimburgo y doctor de Literatura Española e Hispanoamericana por la Universidadde Salamanca, ha sido agregado cultural de la Embajadade México en la Gran Bretaña(2001-2003), columnista y posteriormente Director Editorial de la revista Playboy-México, becario dela John Simon Guggenheim Foundation y miembro del Sistema Nacional de Creadores.

Su creatividad, su agudeza y su fuerza literaria, lo han situado en uno de los lugares más privilegiados como escritor, en el que sin duda continuará brindándonos de mayores retos narrativos y ensayísticos.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com
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Tierra, Libertad y El Caudillo del Sur

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Al comienzo de la segunda década del siglo XX, la inconformidad social con el gobierno del general Díaz y su política de reelección presidencial, favorecieron que diversos cabecillas dieran comienzo a una lucha armada que se conocería comola RevoluciónMexicana, que abarca desde el derrocamiento del presidente Porfirio Díaz a la promulgación de la constitución en 1917.

La dictadura, los pequeños propietarios despojados de sus tierras –en su mayoría indígenas– y librar al país de la <<nefanda oligarquía científica>> que venía absorbiendo y dilapidando los recursos nacionales, eran las principales demandas de la sociedad mexicana de ese entonces, que estaba encabezada por líderes y movimientos ubicados en las principales zonas de influencia.

Uno de los principales referentes dela RevoluciónMexicanaes, sin ninguna duda, Emiliano Zapata, también conocido como: El Caudillo del sur. Este título se debe en gran medida a que fue en Morelos, su estado natal,  donde combatió valerosamente con sus hombres, abarcando toda esa región y todavía más al sur del país con sus tropas de a caballo.

Zapata nació en San Miguel Anenecuilco, en 1879, en el ceno de una familia humilde y campesina, con la cual experimentó vejaciones, abusos, injusticias y el despojo, de parte de las autoridades en el poder, de su propiedad, lo que propicio su incursión en1909, alos treinta años, en la lucha por conseguir la restitución de las tierras de su comunidad y las propias.

Su mente inquieta, inteligente, vivaz y su sagaz espíritu, que lo llevaría por senderos insospechados por él o por cualquier otro, hicieron de Emiliano Zapata un líder aguerrido y firme en sus ideales, pronto se ganó la confianza de los más viejos de su pueblo y depositaron en él, su confianza y los títulos de sus tierras para que luchase por ellas.

A mediados de 1910 y ante la indiferencia del gobierno por resolver los problemas de tierras de la región de Morelos, Zapata reparte las tierras del llano de Huajar; y es a finales de ese mismo año, y ya apoyando a Francisco I. Madero para que ocupara la silla presidencial en sustitución de Porfirio Díaz, cuando vuelve a repartir tierras en las comunidades de Anenecuilco, Villa de Ayala y Moyotepec.

El “Plan de San Luis Potosí” que promulgó Madero, fue bien visto por Zapata, ya que en su contenido se manifestaba la restitución de tierras a las comunidades despojadas por los grandes terratenientes, sin embargo, Francisco I. Madero trató de restablecer la normalidad en México… a su modo; todo seguiría como en tiempos de Don Porfirio, pero sin Don Porfirio, esto decepcionó a las gentes que habían hecho posible su triunfo, y así Emiliano Zapata volvió a la lucha reclamando <<Tierra y Libertad>>.

De haber sido designado “jefe supremo del movimiento revolucionario del Sur” al frente de las tropas maderistas, pasó a ser el principal opositor del gobierno  de Madero; el entonces ya autonombrado general Zapata, promulgó en noviembre de 1911, el “Plan de Ayala”, en el cual anunciaba restituciones y expropiaciones de tierras para dar satisfacción a los pequeños propietarios y a los pueblos.

Durante los casi dos años que duró el gobierno de Francisco I. Madero, tuvo constantes enfrentamientos con él, una de las imputaciones más conocidas dice así: “Acuérdese, señor Madero, que al pueblo no se le engaña y si usted no cumple sus compromisos, con las mismas armas que lo elevamos, lo derrocaremos.”

Emiliano Zapata fue duramente atacado por todos sus adversarios, por todos sus opositores, por todos los medios posibles; Carranza fue uno de ellos, Villa uno más aunque en su momento también un fuerte aliado, Victoriano Huerta lo asedió constantemente, hasta que el coronel Jesús Guajardo consiguió traicionarlo y asesinarlo en 1919, en la hacienda de Chinameca, en Morelos.

Un incansable luchador revolucionario, que se levantó en armas para conseguir que se respetaran los derechos de los más humildes, nunca aceptó asumir un cargo público, aunque muy a menudo le fue ofrecido que asumiera el puesto de gobernador en la capital o en su tierra natal; eso no era lo suyo. Sencillamente no buscaba el beneficio del poder, sino el poder beneficiar a los campesinos.

Como buen general comprometido con los suyos, pretendió en todo momento luchar por ideales justos, honestos, libres, firmes, comprometidos con la tierra y para la tierra, porque para eso se hizo caudillo, para que las tierras pertenecieran a quienes las trabajan.

Pero esta es sólo la historia oficial o la que nos cuentan decenas de libros, Zapata fue mucho más que todo esto, vivió intensamente las pasiones, las humillaciones, el poder, la responsabilidad, la traición, las dudas, las hazañas, los temores de un hombre que en ocasiones se nos olvida que fue de carne y hueso, susceptible a su naturaleza humana.

Todas estas historias se encuentran plasmadas de manera magistral en la novela histórica Zapata, un trabajo bien documentado por el escritor mexicano Pedro Ángel Palou, quien se encargó de recopilar con mucho cuidado el mayor numero de datos posibles sobre el caudillo mexicano, y retratar con suma maestría literaria los pasajes de su vida en esta obra.

Zapata, una novela colmada de vida, en la que las palabras han sido grabadas en piedra con machete y cincel, y que se desbordan como el agua acariciando los montes y valles de Morelos.

Esta obra nos encausa a que cuando pronunciemos la frase “Tierra y Libertad” –no solo los mexicanos–, deberá resonar en nuestra mente uno de los personajes más importantes en la historia de nuestro país y de los pueblos, y además nos recuerda los principios sobre los cuales debe descansar cualquier nación que se presuma de serlo: la justicia y la libertad.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano
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Jorge Volpi hace ‘crack’ en la escena literaria

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En el año de 1994 un grupo de jóvenes escritores comenzaron a reunirse, algunas veces en el estado de Hidalgo, otras en cafés o restaurantes, pero en todo momento, buscando una única finalidad; coincidencia, casualidad, planeación, un poco de los tres elementos estuvieron presentes en aquellas ocasiones.

Como buenos compañeros, pero sobre todo grandes amigos, pactaron la “renovación generacional” de las novelas mexicanas, con la creación del “grupo del Crack”.

Dos años más tarde, publicaron Manifiesto del Crack, en el que exponen, que la llamada “generación del Crack”, toma su nombre por la ruptura –crack- literaria que pretenden; la “generación del boom latinoamericano” ya ocurrió, y en México, los Rulfo, los Paz, los Fuentes, los Pitol, nos han legado portentosas narraciones y a esta nueva cría le corresponde romper con la tradición esteticista mexicana y seguir generando novelas universales, partiendo de la convicción de que México y América Latina poseen dos tradiciones igualmente poderosas: una regional y la otra universal.

De esto hace ya casi dos décadas, y ellos, Jorge Volpi, Pedro Ángel Palou, Ignacio Padilla, Eloy Urroz, Vicente Herrasti y Ricardo Chávez, conservan la amistad literaria, unas cuantas novelas que hablan por sí mismas y a pesar de tener posiciones políticas divergentes, siguen compartiendo similar estética artística.

Cada uno de ellos, se ha ido forjando su destino con la calidad atractiva que poseen, todos y cada uno, son escritores mexicanos exitosos y con reconocimiento propio dentro de las letras hispanoamericanas, algunos ya han rebasado incluso el idioma castellano. Tal es el caso de Jorge Volpi, a quien se le considera como el más prolífico del ‘Crack’.

Jorge Volpi Escalante (México, 1968), es escritor, ensayista y crítico político-literario, nacido en la ciudad de México. Estudió Derecho y Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México y un doctorado en Filología Hispánica en la Universidad de Salamanca, España. Fue becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA), de la Fundación John S. Guggenheim y del que fuese el Centro Mexicano de Escritores (CME).

Actualmente es director de Canal 22, una estación de televisión cultural que depende del Estado y que es parte del CONACULTA. Antes de desempeñarse en este cargo, por un lustro vivió en países tan diversos como Francia, Italia, Estados Unidos y España, desempeñándose como colaborador habitual en diversas revistas mexicanas e internacionales.

Pese a su juventud, Volpi es autor de las novelas Pieza en forma de sonata (1991), A pesar del oscuro silencio (1992), Días de ira, en Tres bosquejos del mal (1994), La paz de los sepulcros (1995), El temperamento melancólico (1996), Sanar tu piel amarga (1997) y de los ensayos El magisterio de Jorge Cuesta (Premio Plural de Ensayo, 1990), La imaginación y el poder. Una historia intelectual de 1968 (1998), y del libro México: lo que todo ciudadano quisiera (no) saber de su patria (2006) escrito a dos manos con Denise Dresser, entre otros, y en 1999, obtiene el Premio Biblioteca Breve por su novela En busca de Klingsor.

Es a partir de ésta, cuando el grupo de escritores que no rebasan los 40 años y que están sacudiendo la escena literaria mexicana, conocidos como “los del Crack”, son considerados para pensar en grande dentro de las letras en México y del extranjero.

En busca de Klingsor, es el principal ejemplo de esta nueva casta de creadores, por el riesgo estético, formal y que implica siempre el deseo de renovar la novela eliminando sin preámbulos lo superficial y lo deshonesto. El tiempo que le llevó a su autor la conformación de la misma, fue un lapso de cinco años: dos de investigación en México y cerca de tres años la redacción en Salamanca.

La novela está situada en la Europa de la época nazi, un periodo muy rico en investigación científica y en donde la física cuántica y el azar, se convierten en parte del instrumento conceptual del avance científico, teniendo como ejes temáticos la ciencia, el poder y el mal. Desde niño, a Jorge Volpi, le han gustado los programas de divulgación científica y siempre quiso ser físico, desgraciadamente, tuvo pésimos profesores en la escuela y decidió estudiar humanidades, afortunadamente, para los que gustamos de la buena literatura, así fue.

De toda su producción literaria, esta novela marca una evolución, “todas las anteriores apuntaban a En busca de Klingsor como el camino de búsqueda-encuentro”, dicho en las palabras de Volpi. Esta obra es el comienzo de una Trilogía del siglo XX,[i] donde la física, la globalización y la política, son las obsesiones del autor que guían un único proyecto: personajes desilusionados, corrompidos, pero al mismo tiempo capaces de reconstruir su mundo. El vivo reflejo de las sociedades contemporáneas, en suma, es un ejercicio sobre la investigación de la realidad.

En España era un escritor desconocido quien, a los 30 años de edad, ganaba uno de los premios de más prestigio convocado por las editoriales españolas, y dicho trabajo, recibió encendidos elogios por parte de la crítica. En busca de Klingsor, la novela mexicana mejor lograda de la última década del siglo XX, definitivamente.

El también escritor mexicano, Carlos Fuentes, en la Feria Internacional del Libro Guadalajara 2005 (FIL), le pasó la estafeta a Volpi, junto a Ignacio Padilla, Pedro Ángel Palou, Xavier Velasco y Cristina Rivera Garza, como “miembros de una nueva generación de escritores mexicanos” llamándolos sus “herederos intelectuales”, que “han roto con el realismo mágico”, por lo cual los ha denominado “la generación del Boomerang”.

Jorge Volpi, alguien que está llamado a ser el sucesor de muchos intelectuales mexicanos.


[i] El resto de la Trilogía la completan El fin de la locura (2003) y No será la tierra (2006).

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com
 
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