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La guerra comercial ¡llegó! [OPINIÓN]

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“Trump aprueba los aranceles sobre China y amenaza con más gravámenes”; “México estudia un arancel sobre el maíz y soja de EU si Trump insiste en el proteccionismo”; “EU endurece los aranceles para la importación de aceituna negra española”; “China contraataca a Trump con aranceles a productos de EU valorados en 50.000 millones”; “La UE lanza una última oferta a EU para evitar la guerra comercial”; “El secretario del Tesoro de EU trata de reducir la tensión por la amenaza de una guerra comercial”; estos son solo algunos titulares que la prensa internacional ha destacado en los últimos meses.

La guerra comercial continúa, China, Europa, México, Canadá y Estados Unidos han oficializado subidas de aranceles a mercancías, o bien están en vías de realizarlo.

Donald Trump está “empecinado” en imponer aranceles punitivos a las importaciones de acero y, posiblemente, de otros productos, a pesar de la oposición de la mayoría de sus asesores, e incluso de los miembros de su propio gabinete. Finalmente, las afirmaciones de que “otros países se están aprovechando de EU” fueron uno de los principales temas de su campaña presidencial. Este discurso, sin duda, recibe buena aceptación entre las bases electorales de Trump, a la que le gusta la idea de una guerra comercial. Pero hacer política con el impacto en los bolsillos del electorado, no es nada sencillo.

Primeramente, hay que entender que una gran parte del comercio moderno se hace con bienes intermedios, cosas que se usan para fabricar otras cosas. Un arancel sobre el acero ayuda a los productores de acero, pero perjudica a los consumidores de acero en las fases posteriores del proceso productivo como el sector automovilístico. Por tanto, ni siquiera está claro el efecto directo del llamado proteccionismo de Trump sobre el empleo.

Luego de esto, le siguen los efectos indirectos, lo que significa que cualquier aumento del empleo en un sector protegido por aranceles debe compararse con la pérdida de empleo en otros sectores. Normalmente, el comercio y la política comercial tienen pocos efectos (o ninguno), sobre el empleo total. Este tipo de política comercial afecta al tipo de empleos; pero no tanto al número total. Los especialistas en el tema indican que, hay razones para creer que estos efectos indirectos impedirían cualquier creación de empleos netos, debido a la respuesta arancelaria de otros países.

El comercio internacional se rige por normas, normas que Estados Unidos contribuyó a crear. Si empezamos a incumplir esas normas, los demás también lo harán, tanto en represalia como por simple imitación. A eso es a lo que se refiere la gente cuando habla de una guerra comercial.

Y sería una insensatez pensar que Estados Unidos ganaría dicha guerra, ya que enfrente no tiene únicamente a China, que ya de por sí es un mercado preponderante como el americano, sino que además hay que sumar a la Unión Europea, un actor igual de importante y capaz de adoptar represalias eficaces (como pudo comprobar el Gobierno de George W. Bush cuando impuso aranceles sobre el acero en 2002).

En cualquier caso, el comercio no es cuestión de ganar o de perder: en general, el comercio permite que las partes involucradas en un acuerdo sean más ricas, pero una guerra comercial sí suele perjudicar a todos los países involucrados. Donald Trump esgrime que los aranceles defienden el empleo frente a prácticas anticompetitivas, pero la realidad de las cosas es que, sus medidas pueden empeorar la economía mundial, enrareciendo el ecosistema económico.

Cuando nos detenemos a observar el mundo de la industria y el comercio nos encontramos, sin lugar a duda, ante un desarrollo tan espectacular que despierta admiración y asombro. Redes complejas son las que dan vida al comercio, y los Estados Unidos representan a la nación con la que cualquier otro país del mundo desea realizar negocios e intercambios comerciales con ella.

Si observamos más detenidamente nos damos cuenta de que, el comercio hoy en día, en cualquier parte del mundo, está basado en la competencia y la codicia, en prácticas deshonestas que buscan el beneficio ventajoso sobre el otro. Las naciones más poderosas buscan con la publicidad y el mercadeo de sus productos apelar con frecuencia a la vanidad y la lascivia; se valen del fraude, la tergiversación, el engaño y los negocios injustos. El incentivo que los impulsa es dar menos y cobrar más.

Los aranceles proteccionistas, no buscan la justicia, el bien común, sino imponer impuestos para evitar la competencia y la entrada al mercado de productos extranjeros beneficiando en lo inmediato a unos cuantos empresarios, aunque en el fondo y a mediano y largo plazo, los mercados financieros sufrirán una contracción y desestabilización económica, propiciando desempleo y menor poder adquisitivo, carestía de la canasta básica, y aumento de la deuda pública, debido a que vivimos inmerso en una economía global, impulsada originalmente por los Estados Unidos.

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Escala el conflicto comercial EU-China [OPINIÓN]

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Al anunciar la administración de Donald Trump respecto de tasar sus exportaciones de productos de productos de alta tecnología, China rápidamente responde al detallar cuál será su respuesta en caso de que Washington opte por continuar por ese camino.

La semana que acaba de terminar, las autoridades chinas han publicado una nueva lista con 106 productos, entre los que destacan la soja, los automóviles, los productos químicos o ciertos tipos de aeronaves, a los que se impondrá un arancel del 25%. En suma, estas mercancías alcanzan un valor de importación de 50 mil millones de dólares, un monto equivalente al paquete de productos chinos que Estados Unidos pretende gravar.

De los 106 productos afectados, resaltan la soja, cuyo valor de importación superó los 13 mil 900 millones de dólares el año pasado. Le siguen los automóviles, con 12 mil 280 millones, y las aeronaves de menor tamaño, con 9 mil 500 millones. También se encuentran el propano licuado (1 mil 760 millones), el algodón (980 millones) o el sorgo (950 millones). Otras de las mercancías incluidas en la lista son la carne de ternera congelada –cuyo veto en el mercado chino se levantó recientemente-, el whisky o el tabaco.

La entrada en vigor de estas tarifas dependerá, según lo dicho por las autoridades chinas, de los movimientos que lleve a cabo el Gobierno estadounidense con respecto a la imposición de aranceles a los bienes chinos.

Cabe recordar que, en días pasados, el gobierno estadounidense presentó una lista de 1 mil 300 productos procedentes de China a los que pretende imponer un arancel del 25%, en su mayoría artículos de alta tecnología. Las tasas entrarían en vigor una vez terminado el periodo de 30 días de consultas y si las dos grandes economías mundiales no han alcanzado un acuerdo que satisfaga a la administración del presidente Donald Trump, algo que los especialistas dudan que suceda.

Es claro que, con esta acción, el gobierno del presidente Xi Jinping deja en claro cuáles serán sus cartas si Donald Trump decide optar por la vía dura con Pekín. También espera que la nada arbitraria selección de productos obligue al presidente estadounidense a buscar una solución negociada: la mayoría de importaciones en la diana, especialmente la soja o los coches, se producen en estados de mayoría republicana.

La guerra comercial continúa, China y Estados Unidos han oficializado subidas de aranceles a mercancías por valor de 6 mil millones de dólares (3 mil por cada bando) que incluyen los impuestos al acero y aluminio chinos de Washington, por un lado, y la carne de cerdo, ciertas frutas, vino y tubos de acero que impuso Pekín, por otro.

Cifras insignificantes si tomamos en cuenta que el comercio bilateral entre ambas potencias alcanzó el año pasado los 630 mil millones. Sin embargo, la entrada en vigor de esta segunda ronda de tarifas supondría escalar el conflicto comercial de forma considerable, porque entre ambas listas se señala a productos cuyo valor asciende a los 100 mil millones de dólares.

Apenas hace unas semanas, la Casa Blanca informó que Trump habló con su homólogo, el francés Emmanuel Macron, y con la canciller alemana, Angela Merkel, sobre la necesidad de que Estados Unidos, Francia y Alemania “sumen fuerzas” contra las prácticas comerciales chinas, lo que indica que, la guerra comercial EU-China polarizará la geopolítica mundial.

La guerra que viene [OPINIÓN]

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TEXTO PUBLICADO EL 5 DE MARZO DE 2018 EN EL PERIÓDICO EL NACIONAL

El presidente de los Estados Unidos quiere guerra, guerra comercial, y es que el anuncio que realizó el pasado jueves en su cuenta de Twitter (como es ya su costumbre), sobre nuevos aranceles al acero y al aluminio activó a la Unión Europea, prende la alarma en Europa, China, Canadá y México (estos dos últimos por el tratado de libre comercio que está en revisión con nuestro vecino del norte).

Donald Trump se jactó de que Estados Unidos tiene las de ganar en un pulso mercantil al afirmar que “cuando un país está perdiendo miles de millones de dólares en comercio virtualmente con cada país con el que tiene negocios, las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar”.

El fondo de las palabras y el tono de Trump en su mensaje de Twitter, es un fondo y tono político, lo que nos recuerda que éste, fue uno de los elementos centrales de la agenda económica en la candidatura del neoyorquino. La diferencia entre lo que la economía importa y lo que exporta tocó el pasado noviembre su nivel máximo en los últimos cinco años -un total de 50 mil 500 millones en el mes- apurado sobre todo por las compras al gigante asiático. El lema “América, primero” que ha marcado el discurso de Trump, ha pasado en su versión económica por abandonar el Tratado Comercial del Pacífico (TPP, también cuestionado por los demócratas), olvidarse del proyecto de nuevo acuerdo con Europa (TTIP), poner el jaque la pervivencia del Nafta e incorporar aranceles.

Así las cosas, los países productores de acero toman posiciones ante la guerra comercial que declara Donald Trump. Europa, segundo exportador de acero a Estados Unidos, ha alertado este pasado viernes de que adoptará represalias en los próximos días contra una lista de productos estadounidenses si se concretan las amenazas vertidas por su gobernante. China, el mayor productor mundial, avisó de que esa estrategia perjudicará al comercio internacional. Por su parte, la respuesta en el mercado bursátil no podía esperar en todo el mundo, y los gigantes del sector reaccionaron con pérdidas ante la “guerra que viene”.

Europa lleva meses temiendo el proteccionismo de Donald Trump y ya tiene medidas preparadas para la guerra comercial que ha abierto el mandatario estadounidense. La Comisión Europea analizará el próximo miércoles posibles represalias comerciales como respuesta a los aranceles que Estados Unidos quiere imponer sobre el acero y el aluminio provenientes del exterior. Bruselas ha elaborado una lista de productos estadounidenses (siderúrgicos, agrícolas y de otro tipo) que afrontarán a gravámenes comerciales cuando se exporten a la UE, explican fuentes comunitarias.

Muy pocas veces las autoridades europeas expresan un discurso nacionalista frente a terceros, pero en esta ocasión fue necesario decirlo al verse amenazados por Washington como respuesta a la guerra del acero.

Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, dice que Europa está preparada: “No permaneceremos sentados mientras nuestra industria es atacada con medidas injustas que ponen en riesgo miles de puestos de trabajo europeos. La UE actuará con firmeza y con mesura para defender nuestros intereses”.

Estamos ante un escenario que pondrá a temblar al mundo político, comercial y social.

La guerra que viene es una guerra comercial.