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La trama rusa ¿verdad o injuria? [OPINIÓN]

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TEXTO PUBLICADO EL 16 DE MARZO DE 2018 EN EL PERIÓDICO EL NACIONAL

Las superpotencias viven momentos decisivos, y aunque no se hable abiertamente, la realidad es que en la actualidad estamos viviendo una especie de carrera nuclear como si fuera un asunto “normal”, pero ahora, a diferencia de la posguerra de la segunda mitad del siglo pasado, la rivalidad geopolítica entre Estados Unidos y Rusia se ha revivido desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y la presunta injerencia de Moscú en las elecciones norteamericanas del 2016.

Apenas en enero pasado el secretario de Defensa de Estados Unidos, James Mattis, ha declarado que el enemigo número uno de ellos no es ya el terrorismo, en parte por el debilitamiento de ISIS y el decremento en la actividad terrorista a nivel mundial según reportó el funcionario, y ahora se centran en los llamados enemigos número uno: Rusia y China, superpotencias que están desarrollando armamento nunca antes visto, por lo que las tensiones entre estas naciones y Norteamérica surgen nuevamente.

Como ejemplo de ello, es cómo en días pasados Vladimir Putin, presidente de Rusia, mostró ante las cámaras armamento nuclear de última generación diciéndole muy directamente al mundo que Rusia ha desarrollado ya armamento supersónico, lo que significa, según los conocedores del tema armamentístico, que con un solo misil supersónico Moscú puede esquivar cualquier defensa existente alcanzando su objetivo hasta que el misil explote en el mismo, además de poseer drones nucleares, torpedos submarinos, enviando así el mensaje, sin decirlo verbalmente: “les estamos ganando en esta carrera nuclear”, acontecimiento que prende las alarmas en Estados Unidos.

Con ello, nuevamente entramos a un ambiente de “guerra fría”, estamos de vuelta en los años 50’s y años 60’s del siglo XX donde, en pleno siglo XXI, las potencias están desarrollando la mayor tecnología posible para lograr superar a la otra, algo económicamente elevado, pero a diferencia de la Guerra Fría post Segunda Guerra Mundial, ahora no es bipolar, tenemos a una tercera potencia: China, e incluso Europa entraría en esta tensión nuclear.

En medio de todo este escenario de aparente “guerra fría resurgida”, surge el caso del ex espía ruso envenenado en Reino Unido, Serguéi Skripal de 66 años, quien fue atacado el pasado 4 de marzo con un gas nervioso al que fue expuesto en un centro comercial. En el ataque también resultaron afectadas su hija y otras 21 personas, entre ellas un agente de policía británico que llegó al lugar para atender la emergencia. Un hecho que enrarece y tensa las relaciones entre Londres y Moscú.

El caso del ruso Serguéi Skripal toma notoriedad al saber que en 2006 fue condenado a 13 años por un tribunal moscovita que le declaró culpable de trabajar para los servicios secretos británicos y de revelar las identidades de otros agentes rusos. En 2010 se benefició de un intercambio de espías y desde entonces se encuentra refugiado en Reino Unido.

No es el primer episodio de estas características que se produce en suelo británico. El caso más famoso de los últimos años es el del también ex espía Alexander Litvinenko, quien en 2006 falleció tras ingerir polonio depositado en la taza de té que bebía. En 2012, Alexander Perepilichnyy, un empresario ruso que estaba colaborando para destapar una trama rusa de blanqueo de capitales, falleció de un infarto. En su estómago se encontraron restos de una planta venenosa. Y en 2013, el magnate y opositor ruso Borís Berezovski apareció ahorcado en su casa.

Lo sucedido en Salisbury ha afectado a más personas que al objetivo del supuesto ataque, por lo que medios británicos la han calificado de una acción terrorista indiscriminada, por su parte, la actitud del gobierno británico fue prudente al decir que no había que sacar conclusiones apresuradas, sin embargo, no por ello se dejaron de escuchar voces de condena y repudio, como la advertencia del ministro de Exteriores, Boris Johnson, quien aseguró que Londres contestará de manera “fuerte y apropiada” si Moscú está detrás de la acción.

Tras ya varios días del atentado, se ha identificado ya el gas nervioso que se utilizó como Novichok, desarrollado por la Unión Soviética y, en teoría, destruido posteriormente, Londres pidió a Rusia explicaciones, obteniendo solo amenazas y desmentidos sin credibilidad.

La reacción de Londres ha sido contundente y tiene un importante calado político. Ha considerado el atentado como “un uso ilegal de la fuerza por parte del Estado ruso contra el Reino Unido”. Es decir: un ataque directo. El Gobierno de Theresa May ha anunciado además una batería de represalias entre las que destaca la expulsión de 23 diplomáticos rusos de suelo británico. Se trata de la mayor expulsión de representantes rusos desde la caída de la Unión Soviética. Además, May ha decretado la suspensión de los contactos diplomáticos al más alto nivel así como la cancelación de la visita de Sergei Lavrov, ministro de exteriores ruso.

Rusia, que este próximo domingo celebra elecciones presidenciales, se ha limitado a repetir el argumento exculpatorio empleado anteriormente, por ejemplo, tras el asesinato del ex espía Alexander Litvinenko en 2006: Reino Unido debe presentar pruebas de sus suposiciones. Pero en vez de colaborar en la investigación, Rusia ejecuta una agresiva defensa verbal. Con acierto, May ha apuntado dos hipótesis. “O bien el Gobierno ruso es responsable directo del ataque o bien ha perdido el control de un arsenal químico ilegal”. Sea cual fuera, las dos apuntarían a la responsabilidad de Moscú.

De confirmarse la responsabilidad de Rusia en el caso de su ex espía envenenado, las tensiones entre Londres y Moscú aumentarían lo que podría provocar mayores confrontaciones afectando las relaciones entre Europa, Rusia, China y Estados Unidos, poniendo en riesgo la estabilidad geopolítica y de paz en todo el mundo.

Lo cierto es que, Rusia ha vuelto al escenario mundial en busca de un papel relevante en la geopolítica mundial, y ello no abona en nada para la paz y tranquilidad nacional de nadie. La trama rusa apenas comienza.

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Un Medio Oriente inestable amenaza al mundo [Opinión]

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TEXTO PUBLICADO EL 25 DE NOVIEMBRE DE 2017

En el mundo árabe actual, primeramente hay que entender que hay dos grandes rivales: el líder del islam sunita, que es Arabia Saudita, y el líder del islam chiita, que es Irán, estos dos rivales, no son sólo rivales religiosos, sino son rivales geopolíticos, que se encuentran viviendo una especie de “Guerra fría” entre ellos, y su enfrentamiento indirecto tan profundo, se ha manifestado recientemente en eventos como la guerra civil en Siria, en Yemen, o bien Líbano.

Con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, su evidente simpatía por Arabia Saudita (que dejó manifiesta en su última visita a Oriente Medio), y tras tensos acontecimientos desde inicios de noviembre, la escalada de tensión entre Arabia Saudí e Irán ha sido la constante en Oriente Medio, lo que supone un gravísimo riesgo para la estabilidad de la región, y para el mundo entero. El cruce de acusaciones entre Riad y Teherán debe cesar cuanto antes y las grandes potencias aliadas de ambos países deben ejercer la presión necesaria para rebajar una temperatura que se ha disparado peligrosamente a lo largo de las últimas semanas.

En un mundo todavía dependiente del petróleo, Arabia Saudí desempeña un papel crucial al momento de sentar las bases para la estabilidad económica, de lo cual, Riad se ha aprovechado, hasta cierto punto, durante décadas, sin embargo, la inmutabilidad del régimen ha saltado por los aires tras la purga ordenada por el príncipe saudí, y nuevo hombre fuerte del país, Mohamed bin Salmán, que ha ejecutado las órdenes de aprehensión de once príncipes, cuatro ministros en activo y decenas de antiguos ministros, todos ellos acusados de corrupción.

Por otra parte, el aliado iraní, Líbano, salta a escena nuevamente, ya que su primer ministro, Saad Hariri, en vez de comparecer ante su Parlamento, voló a Riad para anunciar su dimisión a través de un vídeo en el que confesaba temer por su vida. Acto seguido, Hezbolá, la milicia proiraní libanesa considerada grupo terrorista por EEUU y la UE —que cuenta con varios miles de militantes armados y ha protagonizado una guerra contra Israel—, acusó a Arabia Saudí de forzar la dimisión del primer ministro libanés.

La respuesta saudí ha sido fulminante: considerará cualquier acción de Hezbolá contra sus intereses como una declaración de guerra de Líbano. Este grupo libanés combate en Siria contra el Estado Islámico junto al Ejército de Asad y miembros de la Guardia Revolucionaria iraní. La victoria de estas fuerzas crearía un corredor chií desde Irán hasta el Mediterráneo, algo que el Gobierno de Jerusalén —empeñado en evitar que Hezbolá reciba de Teherán armas y misiles con los que atacar a Israel— no está dispuesto a permitir, lo que aproxima a israelíes y saudíes, que también recelan del programa nuclear iraní y de la influencia de Teherán en la región.

Si hay una región del mundo en la que las tensiones pueden llevar a conflictos de consecuencias funestas, esa es Medio Oriente. Estados Unidos —principal aliado de Arabia Saudita e Israel— y Rusia —aliado de Irán y Siria—, podrían actuar para rebajar la tensión, aunque bien la injerencia de estas naciones podría desatar más tensión en la región, y la mediación europea está a la puerta, lo que suma más actores en un posible conflicto.

En suma, a cada minuto se va tornando el Medio Oriente más inestable, y la amenaza al mundo, como una posible realidad.