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“El Pacifista” de John Boyne, una pasión secreta que desemboca en un final inesperado

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El afamado autor de la multipremiada obra El niño del pijama de rayas, John Boyne (Dublín, Irlanda, 1972) vuelve a las librerías con una nueva novela en la que mantiene la sombra subyugante de la guerra, la soledad de los personajes y nuevamente un final inesperado, pero a la vez liberador, del que surgen preguntas que parten de la reflexión de un amor que intenta darle sentido a la existencia.

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El Pacifista (Editorial Salamandra), transcurre primordialmente durante la época de la Primera Guerra Mundial y nos relata la lucha de un amor encarnizado por las pasiones escondidas, vergonzosas y condenadas entre Tristan Sadler y Will Bancroft, dos soldados que luchan al norte de Francia por una Europa libre mientras se enamoran entre trincheras, metal, pólvora y plomo.

La tragedia pronto se hace presente cuando Will muere fusilado asido de la idea de un mundo idealizado, por el que está dispuesto a perder la vida sin apartarse a diestra ni a siniestra de una moral destrozada por un amor condenado.

En El Pacifista, la figura homosexual parece adaptarse con mayor destreza a los horrores producidos por la guerra, esto se debe tal vez al estado de gracia del pensamiento en que viven estos personajes, por encima de la realidad cruenta, feroz y complicada que significa el conflicto bélico.

Tristan Sadler sobrevive al espanto y se aferra a la idea de dejar enterrado en el pasado a Will, sin embargo el recuerdo de su viejo amigo fallecido y de toda la historia del conflicto vivido con sus pesadumbres y victorias con compañeros, representan una carga muy pesada para sobrellevar sólo.

Pronto recupera las cartas que Will le enviaba con su hermana Marian Bancroft, tras viajar al pueblo inglés de ella. Allí inicia la truculenta historia de secretos inconfesables que de forma pausada, y como en un juego de sombras acudiremos en flashback al pasado que encierra la pasión secreta que desembocará en un final inesperado y liberador.

El Pacifista, una novela reveladora que de manera magistral desentierra un pasado abrumador, ya que ni para Will, ni el desafortunado protagonista resultará adecuado el desarrollo de las cosas.

John Boyne ha decidido dar una vuelta de tuerca en su narrativa con El Pacifista, una historia que cuenta la visión de un hombre que vivió dos guerras en un mismo momento: la de los hombres, y la suya, la interna… pero al final del día los demonios propios son más difíciles de dominar, y para muestra está este libro.

Jorge Iván Garduño
@plumavertical
 
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“Personas como yo”, novela de John Irving que se erige sobre la intolerancia sexual

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La búsqueda de la identidad es crucial durante el desarrollo del ser humano, y es lo que definirá la vida de cada ser, hombre o mujer, dentro de la sociedad y lo que éste hará por ella, y dentro de ello la sexualidad juega un papel transformador en la búsqueda de nuestro “yo”.

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El afamado escritor norteamericano John Irving (Exeter, New Hampshire, Estados Unidos, 1942) aborda este tema en su novela Personas como yo (Tusquets Editores) en la que nada queda guardado en cuanto a minorías con comportamiento sexual diferente al común de la sociedad, muy por el contrario, temas que han dejado de ser tabú son tratados de manera excepcional en las 467 páginas que conforman esta edición.

Billy Dean, el protagonista de esta historia, es un adolescente caprichoso que disfruta “vivir la vida” sin mayores complicaciones ni preocupaciones, quien interpreta, ya sea en el pequeño teatro para aficionados o en el Club de Teatro del colegio de la localidad de First Sister, papeles complejos y ambiguos que aunque representan un gran reto, nunca llegarán a compararse a la vida que permite producir exceso de adrenalina, y en la que él se desenvuelve sólo a muy temprana edad.

La narración comienza en la década de los ’50 del siglo pasado, y seremos testigos de esa búsqueda de identidad a la que Dean debe enfrentar en una sociedad dura y que criminaliza la conducta humana que no es igual al grueso de la población, sino que pertenecen a una minoría.

El joven Billy Dean es huérfano de padre, pero pronto llegará a su vida Richard Abbott quien se convierte en su atractivo padrastro, mismo que lo guiará para hallar su camino en el ámbito sentimental, y será él quien abre la puerta para que acceda a la vida de su inexperto hijastro la señorita Frost, la bella y suspicaz bibliotecaria del pueblo, pero que encierra un gran secreto “inconfesable” para aquella sociedad y que descubrirá Billy.

Dean sueña con ser un gran escritor y poder vivir de eso, pero para lograr su sueño deberá compartir grandes anécdotas o terribles desilusiones en el que la sombra de la intolerancia está presente en cada hoja, porque el joven protagonista irá descubriendo que su sexualidad es muy diferente a la del resto de sus compañeros.

A Billy Dean le gustan las mujeres… pero también le atraen los hombres, en fin, la bisexualidad es abordada por Irving con un desparpajo de maestro, permitiendo que el relato fluya hasta llegar a nuestros días, mientras que la homosexualidad, el transexualismo y una sobrada intolerancia son pieza fundamental en Personas como yo.

El joven Dean se obsesiona por encontrar a su verdadero padre, y se embarca en la aventura por dar con él, así que en su periplo por hallarlo asistiremos a escenarios tan variados como las costas americanas, clubes de lucha y no será hasta Madrid donde dará con su progenitor, pero ya con muchos años a cuestas.

Personas como yo nos habla sobre un mundo en el que es más cómodo etiquetar a las personas antes que conocerlas, tratarlas, y si no es posible comprenderlas, tan siquiera aceptarlas por el simple hecho de ser nuestros iguales.

Una novela que descarga una carga de furia sobre la intolerancia que se respira en nuestras sociedades y que hace más complicada la vida de cada uno de sus individuos. Una historia que nos permite entender las vivencias del otro lado del espejo, de ese lado en el que nada ha sido fácil, pero que al inclinarnos y escuchar esa voz nos daremos la oportunidad de entablar el diálogo gracias a la tolerancia.

Jorge Iván Garduño
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Por esto y más, la importancia de compartir con Wilde

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Surgió entre los límites de la transgresión y el encanto. Su inspiración fue más allá de toda imaginación creando un mundo novedoso, quimérico y provocador.

¿Provocador?, porque escandalizó a toda una sociedad, la sociedad victoriana, adoptando frecuentemente a ojos de ésta una figura antisocial y antimoral. Las apariencias, los buenos modales en público y el recato, era lo que imperaba en la burguesía europea a la que Oscar Wilde desnudaba en sus relatos y obras de teatro; como en su afamada obra “La importancia de llamarse Ernesto”, en la que plasmó de manera magistral el valor dado a un Nombre, Título o Posición Social más que la esencia humana al final del siglo XIX. Es por su prosa provocadora que adquiere una postura antidemocrática y antisocialista.

¿Quimérico?, porque nos brindó relatos fantásticos erigido como representante de la novela decadente. Tiene la certeza de unir la fuerte tradición del realismo y el naturalismo, sin faltarle los toques esteticistas ni dejar de lado el mundo fabuloso del simbolismo que dio como resultado: “El retrato de Dorian Gray”, título de su única novela.

¿Novedoso?, por tener una sensibilidad deslumbrante que ha enamorado a millones de lectores y esto a más de un siglo de su muerte. Su creación literaria tiene eso que a toda obra de arte se le exige: perdurar a través de los años.

Así es, para todo buen lector que decida tomar entre sus manos un libro del irlandés Wilde, podrá apreciar frente a sus ojos las escenas, argumentos y diálogos mejor logrados en el arte de la estética. Oscar Fingal O’Flahertie Wills Wilde, nombre verdadero del artista, tenía una manera inocente de escribir, ¿por qué digo esto? Basta recorrer las decenas de cuentos que nos legó: El príncipe feliz, El ruiseñor y la rosa, La casa de las granadas, El crimen de lord Arthur Saville, sólo por mencionar unos pocos.

De manera breve y contundente nos deja mirar, como por la rendija de una puerta, su intimidad (no me refiero al plano “íntimo y sexual” que viene a la mente), me refiero al de su corazón, al del verdadero Oscar Wilde que veía en la naturaleza y en la sencillez de las palabras su más vivo reflejo. Su vasta producción de cuentos y relatos breves tenían un único objetivo: sus hijos. Ellos, en complicidad con el arte y la estética nos brindaron al Oscar Wilde más inocente y a la vez, más perturbador.

Pero todo buen artista tiene un lado oscuro, seductor y perverso, Wilde no es la excepción. Nos convidó de su crítica a esa rancia clase media de la Inglaterra victoriana que fue llevada a la indignación por el genio, derivando que se le acusara de sodomía, si bien no era para aplaudir dicho comportamiento tampoco lo era para despreciar y arruinar al creador, que vio pasar sus últimos días empobrecido en una provincia francesa.

Sus comedias teatrales se caracterizan por la habilidad de sus argumentos que están finamente entretejidos, en este grupo además de La importancia de llamarse Ernesto, citado líneas arriba, tenemos: El abanico de lady Windermere, Una mujer sin importancia, Un marido ideal y este espacio no me alcanza para enumerar todas.

Sin duda un hombre que exploró el universo de las letras con cuentos, relatos, obras de teatro y una novela. Acérquese a la obra wildeniana, y sentirá el placer de la buena comida recorriendo su cuerpo hasta dejarlo satisfecho.

Hombre inocente y perverso. ¿Su vida?, plagada de excesos. ¿El arte?, el mayor de ellos. Por esto y más, la importancia y buen gusto de leer un libro de Oscar Wilde.

Este artículo fue publicado en:

http://www.lajornadaguerrero.com.mx/2010/10/30/index.php?section=opinion&article=007a1soc

http://efektotv.com/noticia/4845-por-esto-y-mas-la-importancia-de-compartir-con-oscar-wilde.html

Asimismo en la revista bimestral “Molino de Letras” de septiembre-octubre de 2007.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com