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La fluidez intelectual del gran ‘Nacho’ Padilla

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¿Qué haría si alguien le propusiera intercambiar su vida por la de otra persona?, ¿aceptaría vivir la vida sobre la base e historia de la de otro individuo?, estos elementos son precisamente los que el escritor mexicano Ignacio Padilla (1968-2016), recientemente fallecido tras un accidente automovilístico la madrugada del sábado pasado (20 agosto), utilizó para construir una novela sobre los suplantadores y la incertidumbre de la verdad.

Todo inicia con una simple partida de ajedrez entre dos extraños que se desarrolla en un vagón de un tren en cierto lugar de Europa, los dos personajes involucrados en tan peculiar enfrentamiento son un soldado de la Primera Guerra Mundial y un guardagujas que responden a los nombres de Tadeus y Víctor, respectivamente.

Dejará de ser una simple partida de ajedrez al ponerse en juego la identidad de cada uno de ellos, quienes de manera aprobada intercambian sus vidas por la del adversario, situación que los lleva a transformar de forma radical el rumbo de cada uno de ellos, y de quienes les rodean.

El hijo de uno de estos excepcionales personajes se encargará de buscar la historia verdadera de su padre, a quien él creía soldado y héroe nazi, pero que por azares de la vida se verá enfrentado a la fábula en que se han convertido los acontecimientos de la que imaginaba era la tradición de su familia.

Ignacio Padilla

08Padilla 10 noviembre 2014 Seccion: cultura Foto: Juan Boites Entrevista con el escritor Ignaci Padilla a proposito de su mas reciente libro “Las fauces del abismo”.

Ignacio Padilla recrea en Amphitryon (la novela de la que hablo), la ficción en la que se ha convertido la historia del siglo XX, iniciando con el acontecimiento traumático de la guerra y posguerra, y que influenciaron de muy diversas maneras a los sucesos que le siguieron.

Amphitryon es un libro incrustado en el género de la novela negra, con elementos de la intriga, rasgos de thriller y una carga fuerte de intelectualidad, que hacen de esta obra una novela muy interesante y con muy pocos antecedentes dentro de la literatura mexicana, lo que la convierte en una aventura encomiable para cualquier lector serio.

Las primeras referencias literarias que se tienen de Ignacio Padilla datan de sus andaduras de preparatoria junto a sus amigos y a la postre colegas, Jorge Volpi y Eloy Urroz, con quienes formaría en 1996 la cofradía del crack en compañía también de Pedro Ángel Palou, Ricardo Chávez y Vicente Herrasti, todos ellos en la actualidad incorporados a las voces más influyentes de la literatura mexicana.

Ya para ese año de 1996, Padilla se había convertido, gracias a su talento narrativo, en una de las nuevas voces de las letras de nuestro país, ya que dos años antes obtuvo el Premio Nacional de Literatura en tres categorías distintas: Cuento Infantil “Juan de la Cabada”, “Juan Rulfo” para Primera Novela y el Premio de Ensayo Literario “Malcolm Lowry”; suceso que vaticinaba una excelente y muy prolífica carrera intelectual.

Esto quedó reafirmado para finales de 1999, año en que junto con Volpi, Ignacio Padilla ratificaba que sus reconocimientos no eran obra de la casualidad y sí de su talento y creatividad, al alcanzar en España el Premio Primavera de Novela 2000 precisamente por su libro Amphitryon, el cual ha sido traducido a más de quince idiomas, lo que permitió catapultar a Padilla, pero sobre todo a las letras mexicanas, a un plano internacional para comienzos del siglo XXI, logro trascendente para un escritor no mayor de cuarenta años, para ese entonces.

Sus textos siempre se desmarcaron del resto por poseer equilibrio dentro de la métrica literaria, y así Ignacio Padilla asumió un rol narrativo desafiante, esto por las diversas e inteligentes formas de abordar la utilización del lenguaje, lo que a la vez le significó una renovación continua para sus lectores.

Durante los 20 años que ejerció como escritor desde su primero libro publicado, Padilla nos regaló inquietantes novelas que nos relatan historias sobre hombres que habitan islas desiertas o viven en la antigua Unión Soviética; artículos que recogen su experiencia de vida durante dos años en Swazilandia, África; cuentos situados en entornos urbanos ubicados en diversos escenarios cerrados, en desiertos, selvas o bien en playas; o simplemente ejercicios literarios donde el lenguaje y la estructura formal cobran mayor importancia que la narración misma.

Toda la tesura que plasmó en sus ficciones y ensayos, le valieron para ser apreciado en el universo literario como un escritor depositario de una fluidez intelectual deslumbrante, maduro y capaz de envolver en sus letras desde un niño hasta un erudito, por ello, su muerte, significa una gran pérdida para la literatura universal, pero sobre todo, es una mayor pérdida por el gran ser humano que era.

Ignacio Padilla, era licenciado en Comunicación por la Universidad Iberoamericana, doctor en Literatura Inglesa por la Universidad de Edimburgo y doctor de Literatura Española e Hispanoamericana por la Universidad de Salamanca, fue agregado cultural de la Embajada de México en la Gran Bretaña (2001-2003), columnista y posteriormente Director Editorial de la revista Playboy-México, becario de la John Simon Guggenheim Foundation y miembro del Sistema Nacional de Creadores. Cervantista y miembro de la Académica Mexicana de la Lengua.

Su creatividad, su agudeza y su fuerza literaria, lo situaron en uno de los lugares más privilegiados que un escritor puede alcanzar, y que sin duda, el tiempo seguirá reconociendo su talento narrativo, ensayístico e intelectual, por lo que sin duda, seguirá cosechando logros y ocupando un gran sitio en el mundo de las letras.

Con profundo afecto para sus deudos.

@plumavertical

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“El legado de los monstruos”

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El miedo ha sido empleado desde tiempos remotos como agente de sometimiento físico, social, artístico o político, es por ello que vemos inundado nuestro mundo con decenas de monstruos y las historias que giran en torno a ellos, desde robots, vampiros, murciélagos, arañas, muertos vivientes, moribundos que deambulan por calles solitarias o bien asesinos psicópatas que elijen a sus víctimas de acuerdo a ciertas características.

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Es en este tema en el que Ignacio Padilla (Ciudad de México, 1968) decide indagar en un sorprendente ensayo donde el miedo y lo terrible son los ejes principales que funcionan como catalizadores de nuestros más apocalípticos temores.

El legado de los monstruos (Editorial Taurus), un libro donde Padilla por fin reflexiona ampliamente sobre el miedo como combustible estético y sociopolítico en nuestros días, asimismo pasa revista a algunos de los considerados como los monstruos principales de la historia.

Ya anteriormente, en 1994, Ignacio Padilla había comenzado a explorar el tema del miedo cuando junto con un par de miembros de la cofradía del ‘crack’ (Eloy Urroz y Jorge Volpi) publicaron Tres bosquejos del mal, un ejemplar donde cada uno de ellos habla con su estilo muy particular sobre el asunto.

En aquella ocasión Padilla parte de una sentencia de Kafka para sumergirnos en compañía de sus protagonistas, quienes son dos arquitectos, en un contexto de suspense, un relato breve titulado Imposibilidad de los cuervos, posteriormente continuó ese sendero más recientemente con La industria del fin del mundo, en el cual repasa la forma en que agentes de poder se habían aprovechado de algunos de nuestros apocalípticos temores del fin del mundo en 2012, cuando se decía que la humanidad acabaría según una predicción atribuida a los mayas.

Es así como en El legado de los monstruos se convierte en una aproximación más general a todo tipo de miedos y sus usos políticos, mediáticos, y en menor medida sus utilizaciones artísticas, particularmente literarias. Este ensayo, según lo dicho por el mismo autor, es más sociopsicológico, semiótico y mediático que literario.

En cierta forma, lo contenido en las páginas de El legado de los monstruos son obsesiones que trascienden los límites posibles de la ficción y se convierten más en ensayos de semiótica, sociología o psicología, pero que al mismo tiempo traen a nuestro recuerdo situaciones vividas en nuestra infancia ya que parte bajo la certeza de que solo proyectamos cosas que ya estaban presentes en nuestra mente, aunque muchas de ellas se han alimentado también a través de la narrativa cinematográfica, televisiva o teatral.

El miedo, dice Padilla, es necesario para la supervivencia humana, ya que ante todo “es un mecanismo de conservación: el miedo es necesario, nos constituye, nos impele, nos permite paralizarnos cuando hay que pasar inadvertidos o alejarnos cuando tenemos que proteger a nuestra cría, por ende es una cualidad”, por ello en El legado de los monstruos el término ‘monstruo’ es utilizado desde su etimología: mostrar y, en ese sentido, el monstruo es hermano del espejo y es antítesis de la máscara, porque al final, todo monstruo refleja no solo un miedo, sino un deseo.

Jorge Iván Garduño
@plumavertical
 
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La fluidez intelectual de Ignacio Padilla

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¿Qué haría si alguien le propusiera intercambiar su vida por la de otra persona?, ¿aceptaría vivir la vida sobre la base e historia de la de otro individuo?, estos elementos son precisamente los que el escritor mexicano Ignacio Padilla (Ciudad de México, 1968) utiliza para construir una novela sobre los suplantadores y la incertidumbre de la verdad.

Todo inicia con una simple partida de ajedrez entre dos extraños que se desarrolla en un vagón de un tren en cierto lugar de Europa, los dos personajes involucrados en tan peculiar enfrentamiento son un soldado dela PrimeraGuerraMundial y un guardagujas que responden a los nombres de Tadeus y Víctor, respectivamente.

Dejará de ser una simple partida de ajedrez al ponerse en juego la identidad de cada uno de ellos, quienes de manera aprobada intercambian sus vidas por la del adversario, situación que los lleva a transformar de forma radical el rumbo  de cada uno de ellos, y de quienes les rodean.

El hijo de uno de estos excepcionales personajes se encargará de buscar la historia verdadera de su padre, a quien él creía soldado y héroe nazi, pero que por azares de la vida se verá enfrentado a la fábula en que se han convertido los acontecimientos de la que imaginaba era la tradición de su familia.

Ignacio Padilla recrea en Amphitryon (la novela de la que hablo), la ficción en la que se ha convertido la historia del siglo XX, iniciando con el acontecimiento traumático de la guerra y posguerra, y que influenciaron de muy diversas maneras a los sucesos que le siguieron.

Amphitryon es un libro incrustado en el género de la novela negra, con elementos de la intriga, rasgos de thriller y una carga fuerte de intelectualidad, que hacen de esta obra una novela muy interesante y con muy pocos antecedentes dentro de la literatura mexicana, lo que la convierte en una  aventura encomiable para cualquier lector serio.

Las primeras referencias literarias que se tienen de Ignacio Padilla datan de sus andaduras de preparatoria junto a sus amigos y ahora también colegas, Jorge Volpi y Eloy Urroz, con quienes formaría en 1996 la cofradía del crack en compañía también de Pedro Ángel Palou, Ricardo Chávez y Vicente Herrasti, todos ellos en la actualidad incorporados a las voces más influyentes de la literatura mexicana.

Ya para ese año de 1996, Padilla se había convertido, gracias a su talento narrativo, en una de las nuevas voces de las letras de nuestro país, ya que dos años antes obtuvo el Premio Nacional de Literatura en tres categorías distintas: Cuento Infantil “Juan dela Cabada”, “Juan Rulfo” para Primera Novela y el Premio de Ensayo Literario “Malcolm Lowry”; suceso que vaticinaba una excelente y muy prolífica carrera intelectual.

Esto quedó reafirmado para finales de 1999, año en que junto con Volpi, Ignacio Padilla ratificaba que sus reconocimientos no eran obra de la casualidad y sí de su talento y creatividad, al alcanzar en España el Premio Primavera de Novela 2000 precisamente por su libro Amphitryon, el cual ha sido traducido a más de quince idiomas, lo que permitió catapultar a Padilla, pero sobre todo a las letras mexicanas, a un plano internacional para comienzos del siglo XXI, logro trascendente para un escritor no mayor de cuarenta años.

Poseedor de equilibrio dentro de la métrica literaria que maneja, Ignacio Padilla asume un rol narrativo desafiante, esto por las diversas e inteligentes formas de abordar la utilización del lenguaje, lo que a la vez le significa una renovación continua para el público que lo lee.

Durante los casi 20 años que tiene como escritor desde que comenzó a publicar, Padilla nos ha regalado inquietantes novelas que nos relatan historias sobre hombres que habitan islas desiertas o viven en la antigua Unión Soviética; artículos que recogen su experiencia de vida durante dos años en Swazilandia, África; cuentos situados en entornos urbanos ubicados en diversos escenarios cerrados, en desiertos, selvas o bien en playas; o simplemente ejercicios literarios donde el lenguaje y la estructura formal cobran mayor importancia que la narración misma.

Toda la tesura que plasma en sus ficciones y ensayos, le han valido para ser apreciado en el universo literario como un escritor depositario de una fluidez intelectual deslumbrante, maduro y capaz de envolver en sus letras desde un niño hasta un erudito.

Ignacio Padilla, licenciado en Comunicación por la UniversidadIberoamericana, doctor en Literatura Inglesa por la Universidadde Edimburgo y doctor de Literatura Española e Hispanoamericana por la Universidadde Salamanca, ha sido agregado cultural de la Embajadade México en la Gran Bretaña(2001-2003), columnista y posteriormente Director Editorial de la revista Playboy-México, becario dela John Simon Guggenheim Foundation y miembro del Sistema Nacional de Creadores.

Su creatividad, su agudeza y su fuerza literaria, lo han situado en uno de los lugares más privilegiados como escritor, en el que sin duda continuará brindándonos de mayores retos narrativos y ensayísticos.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com
@plumavertical
 
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http://apiavirtual.net/2010/09/11/la-fluidez-intelectual-de-ignacio-padilla/