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Industria editorial, ¿reto u oportunidad? [OPINIÓN]

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TEXTO PUBLICADO EL 1 DE DICIEMBRE DE 2018 EN LA SILLA ROTA

La industria editorial será siempre un bastión para el desarrollo de la cultura escrita desde la pluralidad y la difusión irrestricta de las ideas; es un bastión para reforzar el derecho de publicación y de expresión del conocimiento y difusora de ideas y textos.

Confío que la actividad de la industria editorial mexicana estará en concordancia con las políticas culturales del gobierno de México que encabeza ahora Andrés Manuel López Obrador.

En nuestro país, los lectores de libros son muy pocos y la mejor manera de promover la lectura es con una oferta cultural amplia, plural, en todos los espacios del país, en todos los medios y en todos los recintos.

Las bibliotecas y las librerías deben estar en el centro de nuestra actividad. Dotar de los presupuestos suficientes para que la cultura escrita esté en todos lados es una tarea urgente para los responsables de la cultura, la economía, la educación y la hacienda pública, tanto del poder legislativo como del poder ejecutivo. La violencia tiene un freno en la cultura.

El objetivo es multiplicar a los lectores autónomos, críticos, capaces de participar en la toma de decisiones sociales: en eso habremos de colaborar, indudablemente, gobierno, industria editorial, lectores y ciudadanos en general.

Construir políticas públicas en torno al libro es fomentar la lectura y alimentar al idioma y, por consecuencia, provocar el desarrollo de la cultura de nuestra sociedad. La industria editorial enfrenta, con la irrupción de las redes sociales y

los formatos digitales, una profunda transformación; la demanda de contenidos digitales ha provocado un cambio no sólo tecnológico, sino cultural y de hábitos de lectura. Las industrias culturales y de esparcimiento son parte estratégica de las economías, y México no es la excepción al generar recursos y cientos de empleos directos e indirectos que mueven a toda una cadena industrial a una tarea que alimenta el espíritu y provee conocimiento a la población.

Las industrias culturales y, sobre todo, la industria editorial, es una industria fundamental que refleja el avance de la sociedad en cuanto a cultura y educación. Junto con las autoridades, por medio de ferias, actividades académicas, premios, reconocimientos y campañas de fomento de la lectura, se busca que la industria editorial crezca, con la finalidad de propiciar una población lectora, educada, que cuestione y tome decisiones en su día a día.

En este sentido y, en concordancia con ello, la librería es el punto de venta que prefiere el lector para adquirir libros, es su canal natural de comercialización.

Es decir, el negocio del libro tiene en la librería la punta de la lanza de la venta de contenidos. Las librerías, igual que las bibliotecas, son el punto de encuentro entre los autores y los lectores, y son el espacio necesario para provocar el diálogo, la reflexión, el compartir las experiencias, y tener muchas otras nuevas vivencias. Una industria editorial fuerte, con librerías suficientes y rentables, que cubran las necesidades de los lectores, beneficiará a toda la cadena productiva del libro y corregirá las deformaciones del sector.

Para los editores del país no hay nada más importante que la promoción del libro y el fomento a la lectura. Sin políticas y estrategias que alienten la lectura, la industria editorial y toda la cadena de valor vinculada a ella no tendría sentido.

Una de las principales razones de ser de la industria editorial mexicana, que está representada por la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana, es la de acompañar las estrategias que origina el gobierno federal para el fomento de la lectura; pero también propiciar la participación de sus más de 250 editoriales afiliadas del mundo del libro y la revista como un impulsor del desarrollo cultural del país.

La labor de los libreros y comercializadores de contenidos juega un papel preponderante en este esquema, para que la sociedad encuentre en la lectura un factor de crecimiento. La proliferación de quienes se dedican a la venta de nuestros materiales es fundamental para el acercamiento al libro. La lectura se convierte en la punta de lanza para la prevalencia del negocio de los libreros. Con cada librería que cierra se erosiona el mercado. De ahí la importancia de las políticas públicas que contemplen el desarrollo de los libreros y sus establecimientos.

Sabemos que la cuarta transformación del país, no es posible sin políticas públicas que impulsen verdaderamente al libro, la creación de más y mejores librerías, así como el derecho de publicación y difusión de las ideas, de todo tipo de ideas, porque lo que hace grande a una nación es su pluralidad, así como la madurez política de sus gobernantes.

Tiempo al tiempo.

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Los libros tienen la palabra [OPINIÓN]

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TEXTO PUBLICADO EL 31 DE AGOSTO DE 2018 EN EL PERIÓDICO EL NACIONAL

La escritura ha modelado el mundo y la cultura en que vivimos. Ha acrecentado el número de las crónicas, los poemas, las fabulaciones, y ha extendido como por milagro el espacio de su duración.

De muchas maneras la literatura oral sobrevive, pero es más vigorosa, más fácilmente perdurable y transmisible la que se escribe. La literatura oral es una literatura que no existe cabalmente mientras no haya sido puesta en manos del lector de forma escrita.

Llevar las obras literarias a los lectores es, en este momento y con el auge de los formatos electrónicos, una tarea más sencilla que la que suponía la realizada el siglo pasado, sin embargo, resolverlo y llevarlo a cabo sigue implicando continuar publicando y editando revistas, folletos, suplementos, libros; así como la distribución de este material; continuar despertando el interés del público; organizar bibliotecas bien surtidas de toda clase de literatura; sin olvidar la formación de nuevos y mejores lectores.

Y es que, en nuestro país, los lectores de libros son muy pocos; no existe mejor manera de promover la literatura que multiplicar a los lectores.

Quiero insistir en que la letra impresa es el espacio propio de nuestra literatura: lo habitual es que ésta se escriba, se publique y se lea. Me parece útil tomar conciencia de que la literatura llega al público primordialmente en libros y revistas, en diarios y publicaciones digitales y, otros formatos impresos.

Hablar de literatura nos obliga a tomar en cuenta no sólo la escritura de libro, sino toda esa intrincada red de hechos que lo reproducen y lo hacen llegar al lector, y que incluyen la edición, la distribución, la promoción, la crítica, la venta, becas, premios, las relaciones con la prensa, la radio, el cine, la televisión. Si la literatura nos preocupa, bien podemos ocuparnos de la producción y el destino de los libros y demás medios que la contienen.

La promoción y difusión cultural es fundamental para el conocimiento de la idiosincrasia, de la historia y de la cosmogonía de los pueblos.  México es un enclave con rica tradición cultural, tanto antigua como contemporánea que, ha enriquecido el patrimonio de las artes a lo largo de la vida de la nación.

En este largo camino de la historia cultural del país, desde la época colonial hasta nuestros días, el papel del libro ha sido pilar fundamental en el desarrollo educativo y de difusión del conocimiento.  Más aún si se suma la producción industrial que arranca por ahí de los años 20 y donde se construye una cadena productiva que marca el progreso de la industria editorial mexicana.

Desde muchas perspectivas, el proceso evolutivo de la industria editorial va aparejado con el progreso cultural, pero también con el desempeño económico, político y social. Los hilos de la historia del país están atados a las páginas de libros y revistas que han dado cuenta del devenir nacional.

La cadena productiva del libro y la revista involucra a ramas tan diversas como las artes gráficas, la industria del papel, de la producción de químicos e insumos, etcétera; todos trabajando para que el lector tenga en sus manos un producto acorde con sus necesidades culturales, de conocimiento o diversión.