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“La Comisión para la Inmortalización”

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La idea de poder infundir vida a la materia inerte o a un cuerpo ya sin vida, ha cautivado al ser humano desde milenios. La eterna pretensión humana a través de sus prácticas científicas de igualarse a Dios, por ejemplo, la de reanimar un cadáver.

El hombre anhela el conocimiento y la sabiduría con la finalidad de “mejorar” la débil e imperfecta naturaleza del ser humano, tal vez el verdadero horror de nuestro mundo.

La búsqueda de ese conocimiento y perfección, ha puesto al hombre en una carrera de velocidad máxima y sin freno. La ciencia hoy día, pretende desarrollarse y controlarse hasta el punto de ser capaces de detener el curso de la naturaleza hacia la disolución muy al etilo del Dr. Frankenstein.

Esta idea de la reanimación la encontramos en gran parte del terror moderno, por otra parte, “la tentativa de alterar el orden natural caótico en aras de una certidumbre lineal es algo que la sociedad moderna hace continuamente”.

En la actualidad, “estamos decididos a forzar la naturaleza hasta en sus últimos reductos y lo hacemos con un ardor apasionado y una constancia inquebrantable; todo porque nuestros ojos permanecen insensibles a los encantos de ella, la naturaleza”.

En La Comisión para la inmortalización. La ciencia y la extraña cruzada para burlar a la muerte (Sexto Piso) John Gray reflexiona sobre los conceptos de ciencia y religión, para demostrar que incluso ahora que vivimos en una época formalmente secular –al menos desde el punto de vista político y científico–, las sociedades continúan evadiendo el miedo a la muerte mediante sistemas de pensamiento que permiten creer al hombre en su inmortalidad. En el fondo, argumenta John Gray, lo verdaderamente humano consiste en aceptar nuestro carácter finito, pues los experimentos colectivos para intentar negar la muerte han producido gran dolor y destrucción, en aras de evitar aquello de lo que jamás podremos escapar.

Leonid Krasin fue un ingeniero de la antigua Unión Soviética que propuso congelar el cadáver de Lenin para devolverlo a la vida cuando fuera científica y tecnológicamente posible. Formaba parte de la conocida como “Comisión para la Inmortalización”. Y de ello trata precisamente el nuevo y fascinante ensayo de John Gray: de la obsesión humana por trascender la mortalidad. Si por un lado los investigadores psíquicos victorianos pretendían demostrar de una manera científica la existencia del alma y para ello se servían de extrañas sesiones de espiritismo en las que escribían textos automáticos interconectados para entrar en contacto no con el magma del inconsciente –como harían más tarde los surrealistas–, sino con el más allá, los “constructores de Dios” de la Unión Soviética, por su parte, no buscaban pruebas de vida después de la muerte, sino divinizar a la humanidad a través de la técnica y la razón, creando a un nuevo hombre libre de toda imperfección. Pero para matar a la muerte habría que matar primero al hombre. Y eso hizo, de manera implacable, la eficiente máquina de muerte soviética. Espiritismo, bolcheviques, Darwin, dobles agentes, extravagantes profesores ingleses, presencias ultramundanas, sociedades secretas, Stalin, extraterrestres, mesías póstumos y la momia de Lenin… Una galería de personajes y de situaciones digna de una novela –si no perteneciera ya a esa novela insuperable que es la historia– y que en manos de John Gray da lugar a un ensayo lúcido y apasionante sobre la necesidad que siempre ha tenido el hombre –ya sea a través de la religión o de la ciencia– de creer en la inmortalidad. En realidad, nos dice Gray, se trata de un profundo miedo a lo ingobernable, a esa contingencia que rige el destino de todos los seres humanos y que habría que aceptar con humildad: “El más allá es como la utopía, un lugar donde nadie quiere vivir”.

Para aproximarse a la perfección, un hombre debe conservar la calma y la tranquilidad de espíritu sin permitir jamás que ésta se vea turbada por una pasión o un deseo momentáneo, esta reflexión me deja La Comisión para la inmortalización.

No creo que la búsqueda del saber sea una excepción a la regla.

Si el estudio al que uno se consagra puede llegar a destruir su gusto por los placeres sencillos que no pueden ser mixtificados, otorgándonos la posibilidad de adentrarnos en las pasiones humanas con más comprensión y autoridad de las que ofrece el simple relato de hechos estrictamente reales, vale muchísimo la pena, por consiguiente, La Comisión para la inmortalización es de sobra una obra única y apasionante.

Jorge Iván Garduño

@plumavertical

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Este texto ha sido publicado en:

http://efektonoticias.com/cultura/la-comision-para-la-inmortalizacion-literatura

 

 

 

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El silencio de los animales

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Quien ha sido profesor de Oxford y que actualmente lo es en la London School of Economics, John Grey (Gran Bretaña, 1948) presenta un ensayo en el que mantiene su conocida acusación de que el hombre es un animal que tiende enfermizamente al autoengaño, El silencio de los animales: sobre el progreso y otros mitos modernos(Sexto Piso), ya que desde el inicio del texto sabe cómo argumentar sus ideas con la finalidad de hacer tambalear cualquier convicción que tuviésemos en contra.

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Pesimista o simplemente realista, El silencio de los animales, es un texto que continúa exponiendo aquellos temas por los que Gray siente predilección, destacando la crítica sobre la idea de progreso social o personal, el esfuerzo por desenmascarar la idea de hombre (animal racional y bueno por naturaleza) que un tipo de “Ilustración” nos legó, el ataque a la creencia liberal que afirma que deseamos sobre todas las cosas ser libres, la puesta en quiebra de toda utopía –prestando especial atención al liberalismo y al comunismo–, la acusación de que todos los ideales del Humanismo no son más que un mito, y para terminar, la creencia que el hombre no es otra cosa que una enfermedad sin cura: “los seres humanos son vasijas resquebrajadas”, afirma.

Conforme avanza la tecnología y el poderío económico crece, las diferencias entre las diversas economías nacionales sea grave y el problema se hace más notorio, al punto que al intentar acceder a los artículos básicos no es posible obtenerlas de manera sencilla ni mucho menos barata, provocando que colapsen las finanzas y agraven la economía.

Este ensayo nos lleva a plantearnos la inquietante pregunta: ¿Quiénes dominan a quiénes? Lo que pone de manifiesto es que los grupos en el poder ponen en peligro la existencia de minorías.

Cuando la minoría deja de ser un “nosotros” se produce la violencia etnocida, como lo afirma Appadurai.

El silencio de los animales es un ensayo lúcido que habla de economía, comportamiento, terrorismo y el estado de guerra permanente en el que se vive con la única finalidad de propiciar la supervivencia del ciudadano en una era postmoderna incapaz de avanzar por su naturaleza misma de destrucción y búsqueda de la “felicidad” en un mundo en el que la humanidad ha sido reducida a simples “animales”.

Para muchos, leer El silencio de los animales: sobre el progreso y otros mitos modernos puede asemejarse a pasear por un paisaje devastado, un descenso pesimista a los infiernos; pero a pesar de que John Gray maneja ingredientes de sabores fuertes o incómodos, es un pensador que plasma una realidad de nuestras sociedades que perturba, atrae y quizá palie algo el escozor de las heridas íntimas.

Una obra que nos debemos perdernos: El silencio de los animales.

Jorge Iván Garduño
@plumavertical
 

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“Marte y Venus en el dormitorio”, una guía sexual nada convencional

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Las relaciones de pareja no son fáciles, pero sí pueden ser muy emocionantes y constructivas si uno sabe cómo aprovechar la naturaleza misma del hombre y la mujer, con el propósito de llegar a sostener relaciones saludables con nuestra esposa o esposo.

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John Gray continúa sus trabajos sobre este tema fundamental que a todos debe ocuparnos, las relaciones de pareja entre mujeres y hombres, y ahora lo lleva a un escenario mucho más íntimo, la recámara, donde grandes batallas se han ganado y muchas otras se han perdido.

Marte y Venus en el dormitorio (Sello Debols!llo Clave),  no es una guía sexual convencional, ya que si bien parte de la idea universalmente aceptada de que la pasión sexual es la base de la convivencia de pareja, Gray identifica en las páginas de esta obra uno de los enemigos más insidiosos en muchos matrimonios: el mutuo desconocimiento de la actitud psicológica e incluso de la reacción fisiológica que tienen hombres y mujeres.

Es así por lo que no se centra en la mecánica del sexo, sino en los principios y métodos para mejorar la comunicación entre los miembros de la pareja, y así “mantener viva la magia del enamoramiento”, que bien alimentada migra a un amor verdadero ya no sólo centrado en el plano sexual.

Atrévete a conocer este maravilloso texto del doctor en psicología John Gray, autor de once best sellers, quien es reconocido internacionalmente como experto en comunicación, relaciones y desarrollo personal, asimismo ha dirigido seminarios de autoayuda durante casi tres décadas y es un recurrente participante en programas de radio y televisión, además de colaborador en prensa escrita.

Renueva tu relación de pareja y deja que ella y tú vivan un intenso encuentro “en el dormitorio” partiendo de los principios y métodos para mejorar la comunicación entre los dos, que al aplicarlos efectivamente, solucionarán esos ‘grandes’ conflictos que no los dejan avanzar.

Jorge Iván Garduño
@plumavertical
 
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