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“El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde” de Robert Louis Stevenson

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A principios de otoño de 1885 los pensamientos del escritor británico Robert Louis Balfour Stevenson (Gran Bretaña, 1850 – Samoa, 1894) giraban en torno a la idea de la dualidad del hombre y cómo incorporar la dualidad del bien y del mal en una historia.

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Según la tradición, se dice que Stevenson tuvo un sueño cierta noche perturbadora y que al despertar tenía la idea para dos o tres escenas que aparecerían en El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde, novela corta que ahora publica acertadamente Lectorum.

También se comenta en diversas obras de referencia que Robert Louis Stevenson leyó frenéticamente por primera vez su obra hasta la mitad del relato en voz alta, para luego pasar a ocuparse nuevamente de su redacción, por lo que se asegura que la primera versión de El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde le llevara más de tres días.

Este breve relato o novela corta, nos habla del señor Utterson, un prestigioso abogado londinense, ha escuchado una historia de su amigo, el señor Enfield, que despierta su curiosidad. Así, Utterson comienza una investigación para averiguar la verdadera identidad de Mr. Hyde, un hombre que se presenta muy unido a un viejo amigo conocido como el doctor Jekyll.

Sus investigaciones llevan a Utterson, en primer lugar, a un testamento escrito por Jekyll, en el que hace propietario, en el caso de su muerte o desaparición, de todos sus bienes a Hyde. Más tarde el abogado mantendrá una conversación con Jekyll, el que le pedirá que se olvide del asunto. Todo cambia cuando Hyde asesina a un respetado parlamentario inglés, sir Danvers Carew, ante un testigo. Mientras Utterson ayuda en la investigación del crimen, Jekyll se vuelve cada vez más solitario y melancólico, y Utterson llega a pensar que el doctor está encubriendo a Hyde.

Llega un momento en que Jekyll se encierra en su laboratorio atenazado por una angustia que nadie comprende. Otro amigo de Utterson, Lanyon, muere de un shock espiritual con el que el señor Jekyll parece estar relacionado. Un día el mayordomo de Jekyll, Poole, pide ayuda a Utterson para tratar con un individuo desconocido que, de alguna forma, ha conseguido entrar en el laboratorio y matar a Jekyll. Ambos descubren que el extraño es Hyde, y cuando consiguen entrar en el laboratorio, encuentran el cadáver de Hyde, que se ha suicidado, mientras que Jekyll no aparece en ninguna parte.

Finalmente, Utterson lee las cartas escritas por Lanyon y la confesión del Dr. Jekyll. La primera revela que Lanyon ha sido testigo de la transformación física de Hyde en Jekyll por medio de un brebaje inventado por este último. Fue el horror ante tal descubrimiento lo que le llevó finalmente a la muerte.

La otra carta es una confesión del propio Jekyll: en su juventud se dio cuenta de que la conciencia de cada ser humano se compone de dos aspectos – el bien y el mal – que están enzarzados en una lucha continua. Siguiendo la hipótesis de que es posible polarizar y separar estos dos componentes del yo, creó una poción y su correspondiente antídoto, que podía transformar a una persona en la encarnación de su parte maléfica, consiguiendo al mismo tiempo depurar el lado bueno. Después de tomar la poción, Jekyll disminuía un tanto su estatura, tomaba un aspecto desagradable para con todos sus semejantes, adquiría la fuerza y la astucia de doce hombres, su naturaleza malvada se volvía dominante, además su inteligencia se hacía extrañamente brillante y sus reflejos extraordinarios; a esta “persona” la llamó Edward Hyde. Inicialmente los efectos de la poción eran temporales y no era necesario el antídoto.

Después de unas cuantas transformaciones a Hyde, y viceversa, Jekyll se acostumbró a realizar regularmente la metamorfosis con el fin de poder entregarse a placeres antisociales prohibidos, que nunca se permitiría en la persona de Jekyll. Sin embargo, su parte maléfica se fue haciendo más y más fuerte, rebasando la capacidad de Jekyll para controlarla, necesitando el uso del antídoto para recuperar su forma original. Después del asesinato del parlamentario, Jekyll, horrorizado, decidió dejar de tomar la poción.

Desgraciadamente para el doctor, después de algún tiempo de tranquilidad, las trasformaciones a Hyde se producían espontáneamente, mejorando sus “facultades”, y Jekyll sólo podía permanecer de esta forma mientras durasen los efectos, cada vez más debilitados, del antídoto. Finalmente se agotó un ingrediente fundamental del antídoto, una sal que había adquirido inicialmente en gran cantidad. Las nuevas remesas de esta sal ya no producían un antídoto efectivo.

Al principio, Jekyll lo atribuyó a impurezas en estas remesas, pero finalmente llegó a la conclusión de que la impureza desconocida se hallaba en el lote inicial, siendo ésta la que otorgaba efectividad a la mezcla, por lo que nunca más podría obtener una poción efectiva, ni su antídoto, y quedaría convertido en su oscuro alter ego Hyde permanentemente.

Esta novela se ha convertido en una pieza muy fundamental y muy centrada en el concepto de la cultura occidental del conflicto interior del ser humano entre el bien y el mal. También ha sido considerada como “una de las mejores descripciones del período victoriano por su gótica descripción de la dicotomía fundamental del siglo XIX: Respetabilidad externa y lujuria interna.” Y su tendencia a la hipocresía social.

Jorge Iván Garduño

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Este texto ha sido publicado en:

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“El año del verano que nunca llegó”, o la noche que nacieron Frankenstein y El Vampiro

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La anécdota que envuelve la novela Frankenstein o el moderno Prometeo, cuenta que un grupo de amigos –Lord Byron, Mary Shelley, John Polidori y el poeta Percy Bysshe Shelley, entre otros–  se encerraron un par de semanas en una villa en Ginebra, Suiza, para comentar crónicas sobre fantasmas junto al lago Leman. Debido al mal tiempo, lord Byron propuso que cada uno de los presentes escribiera un relato fantástico para ser expuesto al juicio de los demás; a Mary Shelley (1797-1851) no se le ocurría ninguna idea, nada que escribir.

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Fue hasta una noche que recordó las conversaciones de su marido con Byron sobre la cuestión del momento: la naturaleza del principio vital, y la posibilidad de llegar a descubrir dicho principio y conferirlo a la materia inerte. Galvani aseguraba que los músculos de un cuerpo inerte, de un cuerpo sin vida, podían recobrar sus funciones si se les aplicaba descargas eléctricas. Se trataba de la posibilidad de infundir vida a la materia inerte.

Mary Shelley, comenzó a trabajar sobre las teorías de los científicos para escribir una obra que más que provocar el miedo en el lector, debía inducirle a la reflexión sobre la eterna pretensión humana a través de sus prácticas científicas de igualarse a Dios, por ejemplo, la de reanimar un cadáver.

Esa misma noche, y mucho antes que el Drácula de Stoker se publicara en 1897, John W. Polidori se inspiró creando un texto que tenían como figura o eje temático al vampiro que se alimenta de sangre humana: El Vampiro, fue el primer trabajo al respecto, posteriormente se publicaron otros como La novia de corinto de Goethe, Vampirismo de Hoffmann, Berenice de Poe, Manuscrito encontrado en Zaragoza de Potoki y Carmilla de Sheridan Le Fanu, pero Polidori ya lo había concebido previamente.

Y es precisamente en esa anécdota, en la que el verano europeo de 1816 se vio fuertemente castigado por la tremenda erupción de un volcán en Indonesia convirtiendo ese periodo en uno de los más fríos y desapacibles de los que se tenga noticia, en que surgen dos figuras emblemáticas de la literatura considerada de terror.

Una inmensa nube de azufre, ceniza y cristales en polvo cubrió los cielos del hemisferio norte, hasta el punto de provocar una larga noche de tres días de duración, por lo que estas personalidades se reunieron en la mansión de Villa Diodati, en los márgenes del Lago de Ginebra.

El encuentro ha pasado a la historia: de él surgieron algunas de las pesadillas más recordadas de los tiempos modernos, como Frankenstein y el vampiro, y se ha convertido en un episodio emocionante para lectores, escritores y estudiosos.

William Ospina se ha sumado a esta obsesión. Con miras a descubrir qué pasó en esa larga noche de tres días, se sumerge en esta apasionante historia en su obra El año del verano que nunca llegó (Literatura Random House) logrando explorar no solo esa reunión, sino la vida de cada uno de sus renombrados participantes (Byron, los Shelley, Polidori) y, sobre todo, de la edad del romanticismo, con todos sus fascinantes protagonistas, sus preguntas, sus creaciones y sus atrevimientos.

Sumérgete en el verano más frío y oscuro que sirvió de inspiración para concebir a Frankenstein y el mítico vampiro chupa sangre.

Jorge Iván Garduño

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