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Games of Trump [Opinión]

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TEXTO PUBLICADO EL 9 DE DICIEMBRE DE 2017

“Jerusalén es el corazón de una de las más exitosas democracias del mundo, un lugar donde judíos, musulmanes y cristianos pueden vivir según sus creencias. En 1995, el Congreso [de EU] aprobó por abrumadora mayoría reubicar ahí la Embajada, y desde entonces todos los presidentes han aplazado la decisión por miedo a afectar las negociaciones de paz, pero décadas después no estamos más cerca del acuerdo. Este es un paso largamente postergado que permitirá avanzar en el proceso y trabajar en la consecución del pacto. […] Estamos aceptando lo obvio. Israel es una nación soberana y Jerusalén es la sede de su Gobierno, Parlamento y Tribunal Supremo”, así justificó Donald Trump su decisión de reconocer Jerusalén como capital de Israel.

El neoyorkino e inquilino de la Casa Blanca se ha desmarcado de sus antecesores, y de muchos gobernantes en el mundo, ya que si algo está caracterizando su gobierno es que Trump está empeñado en cumplir sus promesas de campaña, algo inusual en los políticos y mandatarios, y fiel a su estilo de prescindir de toda prudencia, y en un gesto de buena voluntad hacia sus votantes más radicales, realiza un anuncio en un momento en que el Medio Oriente es un auténtico barril de pólvora teniendo como marco la guerra de Siria, que está provocando migraciones humanas extremas y movimientos de refugiados, así como tensiones entre sunitas y chiitas, además de un acentuado terrorismo islamista día con día, aunado a los habituales conflictos en Cisjordania y Gaza.

Sin escuchar las quejas y súplicas de líderes políticos y religiosos de todo el mundo, incluida la del Papa Francisco, Donald Trump provoca así abiertamente a la comunidad palestina y, por extensión, a toda la comunidad árabe del Oriente Medio, la zona más convulsa del planeta, por lo que su provocación está marcada por la arbitrariedad y un alto grado de irresponsabilidad, habida cuenta de que el traslado de la Embajada, como señala el propio mandatario norteamericano, “tardará años” en concretarse.

Ningún presidente de los Estados Unidos había decidido trasladar la Embajada norteamericana de Tel Aviv a Jerusalén (como acordó por unanimidad el Congreso estadounidense en 1995), por las tensiones que causaría reconocer esta ciudad como capital de Israel, cuando alberga lugares sagrados no solo del judaísmo, sino también del islam y de distintas ramas del cristianismo. Y porque los palestinos aún reivindican su parte oriental como capital del Estado Palestino que reclaman, pese a que fuera ocupada en 1967, en la Guerra de los Seis Días. La comunidad internacional nunca asumió la soberanía israelí de ese territorio, aunque Rusia reconoció en enero pasado la capitalidad israelí de Jerusalén.

Es así como, Donald Trump ha vuelto a avivar las tensiones en Medio Oriente, y coloca contra la pared a los palestinos, lo que se interpreta como un espaldarazo al mundo árabe y al mismo proceso de paz duradero entre israelís y palestinos que por décadas se ha buscado, lo que sitúa a Estados Unidos en una posición riesgosa, ya sea que se concrete, o no, el traslado de su embajada a Jerusalén.

Es cuestión de tiempo para: 1) Recoger los escombros de una ciudad milenaria que por décadas ha sido testigo del esfuerzo humano por consolidar el Estado de Israel en Palestina a golpe de contiendas y guerras y; 2) Observar la decadencia, hasta ahora impensable, de la nación más poderosa que en aras de buscar “ser grande nuevamente”, se ha cegado por la soberbia de sus líderes ensoberbeciéndose al grado que, sin quererlo ni saberlo, podría acelerar una alianza árabe, hasta hoy día improbable ―según los expertos―, propiciando un eje de contrapeso en Medio Oriente sin precedentes para Europa, Estados Unidos y las renovadas Rusia y China.

Tiempo al tiempo.

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Emperatrump [Opinión]

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TEXTO PUBLICADO EL 11 DE NOVIEMBRE DE 2017

Un año ya del triunfo del trumpismo, el triunfo de un personaje salido del reality show, una figura que nunca antes había sido elegido para cargo público alguno, un magnate inmobiliario que, con casi 10 meses al frente de la nación más poderosa del mundo, se mantiene soberbio, en un intento por devolverle a EU un orgullo que nunca le ha hecho bien.

Donald Trump sigue decidido a rechazar acuerdos de comercio e instituciones multilaterales, adoptando una línea dura respecto de la migración ilegal, y a modificar el esquema de alianzas de seguridad y defensa de su país, y como bien dijo en tanto y tantos discursos antes de ganarse un lugar en la Casa Blanca, “quiero que EU sea predeciblemente impredecible”, y lo está logrando, pero no precisamente es favorable para sus conciudadanos, ni para el resto del mundo.

Los miembros de la UE y la OTAN se están preparando para algo similar en asuntos de comercio y seguridad, lo que podría acelerar una Constitución política para la Eurozona que dé pie a algo llamado “Estados Unidos de Europa”, lo que abriría la puerta para crear su propio ejército, y Alemania ya ha comenzado a dar indicios de una ultraderecha que no se ha ida de sus filas políticas.

Durante los próximos meses o años, se espera que se desaten guerras comerciales y de divisas, y se supone que históricas alianzas defensivas se abandonen o estén en riesgo, ya que la solidaridad regional estará por encima de viejas enemistades.

Es lamentable que el ahora político Trump, centre sus declaraciones de odio contra los migrantes, como lo son los mexicanos, que según las cifras oficiales rondan los 34 millones de connacionales radicados en aquel país, declaraciones que no son objetivas, pues dejan a un lado el discurso que debería hablar de la fuerza productiva que representan nuestros paisanos, quienes generan 485 mmdd anuales, o lo que es lo mismo 3.7 por ciento del PIB norteamericano.

Está claro que las elecciones del 8 de noviembre de 2016 fueron trascendentales para EEUU y todo el entorno internacional. Nunca antes los aspirantes Demócrata y Republicano a la Casa Blanca habían representado dos posturas tan dispares…y nunca antes las alarmas en Europa, Asia, Oriente Medio, Latinoamérica y México se habían encendido con tanta sincronía al ver despertar de un nada amigable Estados Unidos que convulsiona la geopolítica mundial.

La relación de vecindad entre México y Estados Unidos es tan relevante y fundamental para ambas naciones, que decenas de expertos e internacionalistas se han abocado en hacer énfasis en el trabajo binacional, como un intento de revertir las declaraciones y tuitazos del presidente Donald Trump.

Ni un año ha cumplido en el cargo, y Donald Trump ya se ve a sí mismo con el “Emperatrump” del orbe mundial.

“Dispara, yo ya estoy muerto”, de Julia Navarro

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La última novela de la escritora y periodista española Julia Navarro (Madrid, España, 1953) es una obra de múltiples personajes donde la historia es sólo el pretexto para exponer las verdaderas intenciones de ellos.

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Dispara, yo ya estoy muerto (Plaza & Janés) es una novela “donde los personajes priman por encima de cualquier otra consideración, una novela de arquetipos humanos, en la que las grandes pasiones que anidan en el ser humano van aflorando en distintos personajes a lo largo de la historia”, esto en las palabras de Navarro.

Esta obra cuenta la historia de la familia Zucker, que fue expulsada a finales del siglo XIX de la Rusia zarista por su condición de judíos, y a su arribo a la llamada “Tierra Santa” decide adquirir la propiedad de los Ziad, familia árabe encabezada por Ahmed.

Entre éste y Samuel, patriarca de los Zucker, se creará un fuerte vínculo, una amistad que por encima de las diferencias religiosas y políticas se perpetuará generación tras generación.

Julia Navarro ha señalado que con en Dispara, yo ya estoy muerto ha buscado escribir sobre cómo los seres humanos “vienen al mundo con unas cuantas piedras en la mochila” y “cómo pese a esas piedras que los determinan —la religión, la situación económica por motivos familiares, la circunstancias históricas, etcétera— son capaces de coger las riendas de su propia vida e intentar cambiar las cosas”.

Poseedora de una prosa dura, que desgarra el alma, Dispara, yo ya estoy muerto no es una novela histórica, simplemente la historia es el escenario, el marco para contextualizar el relato, documentando de manera sublime una historia de dos culturas escindidas.

La también autora de títulos como ‘La Hermandad de la Sábana Santa’ o ‘La Biblia de barro’ es una escritora que aboga por la paz entre israelitas y palestinos y denuncia el fatalismo en esta su novela Dispara, yo ya estoy muerto, un libro que no hay que dejar de leer.

Jorge Iván Garduño
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Encrucijada mortal [Opinión]

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Las imágenes impactaron al mundo, cuerpos de jóvenes, adultos y en su mayoría niños tumbados en el suelo producto de lo que se supone fue el efecto del Gas Sarín –que una vez que invade el cuerpo humano tarda alrededor de media hora, si el contacto es con la piel, para manifestarse y colapsar las funciones esenciales de los órganos antes de la muerte inevitable entre sudores, mareos, espasmos y finalmente la asfixia y el paro cardiaco–, hombres desesperados intentando evitar lo inevitable: la muerte.

Al parecer el video fue grabado en Siria y difundido por los medios locales e internacionales, y según dicen los expertos todo indica que lo que documenta es un ataque químico contra una población civil, algo nunca antes visto casi en tiempo real.

Este suceso prendió las alarmas en la comunidad internacional y por primera vez –y no los dos años de guerra y los más de cien mil muertos–, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) pide al gobierno de Bassar Al-Assad garantizar la integridad de la población siria y el cese al fuego, sin embargo, Estados Unidos ha manifestado que intervendrá militarmente en el territorio sirio en las próximas horas.

Lo alarmante aquí es que Siria no es, por mucho, Irak, país árabe que la Unión Americana invadió en 2003, culminando con el derrocamiento de Saddam Hussein a quien condenaron para morir en la horca, orden ejecutada en diciembre de 2006.

Estados Unidos cuenta con el apoyo de nueve naciones: Alemania, Arabia Saudita, Canadá, Francia, Italia, Jordania, Qatar, Reino Unido y Turquía, quienes están decididos para encabezar una operación militar desde portaaviones desplegados en El Mediterráneo, al tiempo que otro frente ataca vía el Golfo Pérsico.

Lo preocupante es que, si bien existen gobiernos árabes que apoyan el derrocamiento de Bassar Al-Assad, el grueso del mundo árabe no es probable que dejen solos a los sirios… ya Irán y Rusia se han pronunciado en contra de un despliegue militar contra Siria, y para Teherán podría ser ésta la oportunidad de encabezar el poderío del mundo islámico contra “Occidente”, a sabiendas que si Siria cae, ellos serían el siguiente objetivo.

Aunque suena arriesgado y muy aventurado, las piezas se han ido acomodando poco a poco, y tarde que temprano –hoy o mañana– las tensiones en Medio Oriente desatarán más de un demonio que por siglos han estado esperando el día y la hora para desencadenar un cataclismo de proporciones mundiales.

Es cuestión de tiempo… y de tener la escusa perfecta, ya sea el petróleo o el agua o bien un ataque con una de las armas químicas más letales creadas por el hombre: Gas Sarín, que hay que señalar, Siria posee grandes cantidades, mismas que estará dispuesto para utilizar contra sus enemigos y la población civil.

Es posible que un eventual ataque de los Estados Unidos contra Siria no desate una guerra de proporciones universales, pero agrega tensión a la desgastada relación del mundo árabe con Occidente, léase Israel, Europa y Estados Unidos, algo que, insisto, coloca las piezas para una encrucijada mortal.

Jorge Iván Garduño
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“El informe Hitler”

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1 de septiembre de 1939, las tropas alemanas entraron en Polonia sin haber declarado la guerra y dieron comienzo a la II Guerra Mundial, este hecho, además de una llana declaratoria hostil de parte de Alemania hacia Francia e Inglaterra, significó el resultado del pacto de no agresión que Adolf Hitler y Josif V. Stalin firmaron con la intención de repartirse la nación polaca.

Hitler dirigió la guerra como un gánster en toda Europa: invadiendo por sorpresa. Para el 22 de junio de 1941 Hitler ya había invadido Yugoslavia y Grecia, y gran parte del oeste y el norte del continente –exceptuando España, Portugal, Suecia, Finlandia y Suiza–, pese a esto, Inglaterra no se rindió y ante todos los pronósticos, Winston Churchill, el nuevo primer ministro inglés no accedió a firmar la paz tras ver derrotada a su aliada Francia, ni a los bombardeos sobre la capital de parte de los alemanes.

Pero al ir avanzando y buscar invadir Rusia para ese año, las tropas de Hitler nunca previeron que el crudo invierno las alcanzarían en octubre de 1941, lo que se considera el principio del fin alemán, que se agravó con el ataque de Pearl Harbor que Japón efectuó en el Pacífico el 7 de diciembre, y significó la entrada de los Estados Unidos a una guerra ya con dimensiones mundiales, al declararse abiertamente en ejercicios hostiles Alemania y los norteamericanos.

En 1942, al dar Hitler la orden de seguir adelante, el ejército alemán renueva su ofensiva sobre Rusia, y en noviembre de ese año, los alemanes son rodeados completamente y aniquilados en una de las batallas más cruentas de la historia. A partir de entonces los alemanes sólo pudieron ir replegándose, destruyendo todo a su paso, con el fin de impedir el aprovisionamiento del enemigo.

El 10 de julio de 1943, los británicos y los norteamericanos desembarcaron en Italia, y el 6 de junio de 1944 tuvo lugar el fastuoso episodio en Normandía llamado “D-Day” (Debarcation Day). Con él, los estadounidenses y los ingleses irrumpieron en Francia y abrieron un segundo frente en el oeste.

Por el escenario, la conclusión estaba clara desde hacía tiempo: Alemania ya no podía ganar la guerra y sin embargo ningún general pensaba en encarcelar a Hitler y poner fin a aquella masacre. Continuaron sacrificando a sus soldados, pues para muchos de ellos su juramento de lealtad a Hitler era más importante que la vida de sus hombres: ésa era la perversa moral de la casta guerrera de un Estado militar. Finalmente decidieron dejar el asunto en manos de un oficial que tenía un solo ojo y un solo brazo y que debía atentar contra el tirano: Stauffenberg, quien el 20 de julio de 1944 atentó contra Adolf Hitler, pero todo salió mal y él y otros conspiradores fueron pasados por las armas.

Los alemanes siguieron luchando hasta que los rusos tomaron Berlín. El 30 de abril de 1945 el Führer se dio un disparo en su búnker. El 8 de mayo, Wilhelm Keitel firmó la capitulación incondicional de Alemania. Los alemanes se identificaron con Hitler hasta el final y lo acompañaron en su caída. Nunca otra figura ha sido tan popular entre ellos. Adolf Hitler comenzó personificando su patología y acabó induciéndolos a celebrar con él un aquelarre sin igual.

El resultado de los crímenes que realizaron juntos fue de una magnitud hasta entonces desconocida, que aún resulta imposible concebir.

Como se sitúan más allá de la razón, la reflexión sobre ellos ha tomado tintes religiosos. Pero en la medida en que la ciencia histórica se ha ocupado de ellos, se ha dado lugar a dos teorías: intencionalista y funcionalista.

Los intencionalistas dicen que Hitler quiso siempre este genocidio y lo planeó de antemano.

Por su parte los funcionalistas afirman que el genocidio fue consecuencia de la intensificación de las medidas adoptadas por los nazis. Éstos querían zonas de asentamiento para los alemanes, así que llevaron a los judíos a los guetos; pero aquí no podían alimentarlos, por lo que se les ocurrió la idea de asesinarlos, y sobrevino todo lo demás.

Pero Stalin siempre observó de cerca a su contraparte alemán, y tras la toma de Berlín ordena expresamente que integrantes del servicio secreto soviético, el NKVD, investigue qué ha sido del Führer, y en su afán por desentrañar los métodos que utilizó Hitler para dominar a su pueblo, da con dos hombres muy cercanos al tirano: Otto Günsche y Heinz Linge, quienes ejecutaron la orden final de quemar el cuerpo tras el suicidio de Adolf Hitler.

Desde 1946 hasta 1949 Günsche y Linge desgranaron la vida privada de Hitler.

El informe Hitler (Tusquets Editores) es una magistral obra que al momento de ser publicada impactó en la sociedad alemana, ya que relata desde una perspectiva inédita los acontecimientos que envolvieron la historia germana abarcando desde 1933 hasta el apocalipsis final de 1945.

Una obra monumental que los historiadores y escritores Henrik Heberle y Matthias Uhl documentan de manera extraordinaria, poniendo el mayor énfasis al relato de las últimas semanas en el búnker subterráneo de la cancillería y a la sobrecogedora descripción de aquella opresiva atmósfera.

Una obra imprescindible que nos habla de cómo un hombre terminó saliéndose del círculo de la civilización humana para hacer aquello de lo que la humanidad acusa a los judíos: matar a Dios. El informe Hitler, un libro que nos recuerda que los deseos y pasiones del ser humano siempre deberán tener un límite.

Jorge Iván Garduño
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hitler

“El arca de Schindler”

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Era el año de 1993 y en Washington, EE. UU., se firmaba un acuerdo de paz entre Palestina e Israel, como una forma de declaración sobre  acuerdos provisionales para obtener la autonomía dela Organizaciónparala Liberaciónde Palestina (OLP), misma que reconocía a Israel y su derecho a existir.

Ese mismo año, el director de cine Steven Spielberg, llevó a las salas de cine la historia de los mil doscientos judíos polacos que fueron salvados de morir en el Holocausto por un solo hombre –Oskar Schindler–, convirtiéndose en su mejor película, con la cual ganó seis premios Oscar, incluidos los de mejor guión, película, director y banda sonora.

La lista de Schindler, la épica versión cinematográfica, está basada en un hecho real que se encuentra consignado y documentado en el libro del escritor australiano Thomas Keneally (Sydney, 1935), y que de manera inevitable fue eclipsado por la historia rodada por el cineasta norteamericano; comenzando por el título.

El arca de Schindler (1982), título original de la novela de Keneally, da inicio con una <<nota>> del escritor en la que describe su encuentro casual con Leonard Pfefferberg,  uno de los “supervivientes de Schindler”, el mismo que le impulsó a escribir la historia de Oskar Schindler: un industrial, miembro del partido nazi, hombre de enorme astucia y talento para las relaciones públicas.

El libro combina investigación histórica con una reconstrucción imaginativa del complejo y provocativo carácter de Oskar Schindler. En el proceso, Keneally introduce a sus lectores en el mundo de estos judíos condenados por los nazis a una <<vida indigna de la vida>>.

Al mismo tiempo, al tomar la decisión de descubrir el Holocausto, Keneally se adentra en la polémica que rodea al proyecto, no sólo hasta qué punto es <<auténtico>> este retrato de Schindler, sino quién puede prestar testimonio del Holocausto. Entiéndase la controversia literaria sobre quién es El Narrador de El arca de Schindler.

La narrativa de Thomas Keneally refleja, desde un punto de vista crítico, sentimentalismo: su descripción novelística de la historia mediante la vida de un hombre, Oskar Schindler, quien arriesgó su vida para proteger a los judíos que laboraban en su fábrica de Cracovia,la DeutscheEmailFabrik, enla Poloniaocupada por los alemanes.

El arca de Schindler, ganadora del Premio Booker en 1982, es una <<novela>> engastada en el trauma de la memoria europea moderna, un relato que, insiste Keneally, trata de evitar toda ficción.

Ciertamente, todo se ha desenmascarado en este siglo XX, ha mostrado al menos una vez su verdadero rostro, permitiendo palpar la realidad. El soldado se convirtió en asesino profesional; la política, en crimen; el capital, en una gran fábrica equipada con hornos crematorios y destinada a eliminar seres humanos; la ley, en reglas de juego de un juego sucio; la libertad universal, en cárcel de los pueblos; el antisemitismo, en Auschwitz; el sentimiento nacional, en genocidio. En todas partes se trasluce la verdadera intención; los pocos ideales que había, quedaron manchados por la sangre de la cruda realidad. La situación quizá sea tal como la formuló Franz Kafka: sólo nos queda acabar lo negativo; lo positivo ya nos fue dado.

En el libro del escritor australiano, nos podemos dar cuenta (gracias a su prosa vital) del horror que fue el Holocausto para todos aquellos que tuvieran sangre o rasgos judíos, pero lo que no logra Keneally –por lo menos no con todos– es que comprendamos la magnitud del suceso, y no por falta de talento narrativo, más bien por nuestra propia falta de sensibilidad ante la destrucción del hombre hacia el hombre.

Cinco años duró la aparente paz entre los pueblos árabe-israelíes firmada en Washington (1995-1998). El boom del Holocausto continúa dando cintas cinematográficas, libros “espectaculares”, entrevistas y una interminable lista de discursos y disculpas; que sólo se quedan en buenas intenciones.

Las fricciones en Medio Oriente prosiguen, nada ha cambiado. El antisemitismo está más vivo que nunca, sólo que se encuentra políticamente “maquillado”, y a pesar de que los dirigentes no lo acepten abiertamente, hay un odio que va creciendo paulatinamente y al final, por más Oskares Schindler que aparezcan, no serán suficientes.

Thomas Keneally, un narrador fascinado con la reconstrucción de sucesos históricos, como lo hiciera en las novelas Conversaciones del bosque (1975) y Hacia Asmara (1989); una ambientada enla Primera Guerra Mundial y la segunda, describe el conflicto armado de Eritrea, un pequeño y empobrecido país africano de reciente creación al norte de Somalia.

El arca de Schindler, el libro que fue inspiración de una de las películas más elocuentes sobre el genocidio ocurrido en Europa en la primera mitad del siglo XX. La lista de Schindler, la cinta cinematográfica apegada a una realidad descrita en un libro que sobrepasa la imaginación y –dejando a un lado lo propiamente literario– la ficción.

Jorge Iván Garduño
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Amos Oz, un prodigio de la literatura hebrea

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Hombre inteligente, sensible y deseoso de encontrar la paz entre los pueblos de Israel y Palestina, Amos Oz (Jerusalén, 1939) es uno de los escritores israelíes más importantes <<de la narrativa de nuestros días>>, quien se encuentra a favor del diálogo y tiene una visión más justa sobre la tragedia que se vive en Medio Oriente.

Su literatura –suave, envolvente– parte del principio de meterse en la piel del otro, esa que implica ver el punto de vista del hermano o del adversario, y la razón que pueden tener sus acciones. Un ejercicio que nos permite precisamente entrar en la mirada de “lo que no soy” y desde ahí entender a ese “otro”, de desdoblarnos en diferentes personajes, comprender el universo de las perspectivas; un composición notable en la obra de este escritor, combatiendo así el fanatismo de grupos extremistas.

Descendiente de una familia de emigrantes rusos y polacos, se ha destacado por ser un autor políticamente correcto al analiza las circunstancias en las que se encuentran Israel, Palestina y toda la región de Oriente Próximo con un gran sentido de justicia a favor de la paz, de la coexistencia pacífica al permitir una apertura a la dimensión trágica de la existencia; la cual considera él, ha perdido la humanidad.

Los libros de Oz, nos hablan de personajes melancólicos, abatidos, que rememoran el pasado y terminan tristes, pero vivos; en palabras del escritor José Gordon diremos que <<busca soluciones chejovianas>> a las tragedias que se viven en su país, donde prefieren las soluciones shakespearianas (personajes bañados de sangre sobre el escenario con la justicia “poética”[i] levitando por encima de ellos).

Amos Oz utiliza la lengua hebrea como un brillante instrumento para el arte literario, y para la revelación certera de las realidades más acuciantes y universales de nuestro tiempo, así como también es, una “voz que clama en el  desierto” por la coexistencia en paz y respeto mutuo de los pueblos judío y árabe, mediante un acuerdo histórico basado en la fórmula de dos estados nacionales para una solución justa a través del diálogo entre hermanos.

Las obras de este escritor suman múltiples novelas y numerosos artículos y ensayos; mismas que se han traducido a diversas lenguas.

Considerado uno de los maestros de la prosa hebrea moderna, estudió Filosofía y Letras en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Desde entonces ha compaginado la escritura con la docencia, es ensayista y periodista, y ha participado como profesor visitante en la Universidad de Oxford y como titular de Literatura en la Universidad Ben Gurión en Beer Sheva, Israel, donde es catedrático de Literatura Hebrea Moderna.[ii]

En México, Editorial Siruela ha publicado de este autor su ensayo Contra el fanatismo, y las novelas: Una pantera en el sótano, Un descanso verdadero, El mismo mar, Una historia de amor y oscuridad, De repente en lo profundo del bosque (publicada también por el Fondo de Cultura Económica), y No digas Noche.

Esta última, escrita con magistral hondura, nos relata una misma historia contada desde dos puntos de vista distintos, como dije desde un principio, Amos Oz nos hace situarnos con sus novelas en los ojos de Él, Ella y del Otro; Teo, un hombre inteligente, maduro y vital, conoce durante su estancia en América Latina a Noa, una mujer lista, quince años más joven que él, sensual y apasionada. Ellos dos son los encargados de platicarnos su vida, un mismo acontecimiento, temas seculares quizás, sin embargo, dejan huella en lo más profundo de la vida por cómo está contada y estructurada la narración, en eso radica la importancia de la obra de Oz, ya que lo que percibe y siente Teo no es lo mismo que siente y percibe Noa; porque de eso se trata la vida.

No digas Noche nos lleva de la mano a conocer el modo de vida de un Israel envuelto en conflictos, guerras, inmerso en una sociedad acelerada y en un sistema globalizado. Tanto desastre en tierras tan nobles, ha producido olvido en las tradiciones bíblicas de sus habitantes, es así como Amos Oz nos habla del Sabbath,[iii] de una fiesta llamada de los Tabernáculos,[iv] de los paisajes hebreos y de un pueblo que por tradición es judío y por costumbre ignora sus raíces.

Un libro que te comunica emociones; Teo nos narra sus vivencias; Noa sus sueños y frustraciones; él nos cuenta su vida en Perú, Centroamérica y el inolvidable México hasta toparse a Noa en Caracas, Venezuela. La mágica Noa pierde su brillo con los años junto a Teo; él se vuelve monótono y triste como el desierto que contempla día a día; y un tercer narrador omnisciente les hará compañía en su historia que al final sigue igual: triste, pero con vida, con esperanza, en medio de un desierto.

Amos Oz, más que escritor, un intelectual que aboga por la paz entre israelitas y palestinos y denuncia el fatalismo; galardonado en junio del 2007 con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras de ese año, sobre su trabajo él mismo ha dicho que si tuviera que decir en una sola palabra de qué trata su obra literaria, ésta sería <<familias>>. “Si fuera en dos, diría: <<familias infelices>>. Si fuera en más de dos palabras, tendrían que leer mis libros”, añade Oz.

En verdad, cualquier libro de él los sorprenderá gratamente, porque posee el talento narrativo de una “voz que clama” en nuestro desierto interno.


[i] En este caso el sentido poético lo coloco entre comillas, porque los extremistas lo confunden con fanatismo y en eso no hallamos nada de poesía.

[ii] Párrafo con información de la redacción de El Universal.

[iii] Día séptimo de la semana, que en el relato bíblico Dios ordena para descansar del trabajo. La tradición hebrea nos habla del sábado.

[iv] Una de las siete fiestas anuales que Dios dio a su pueblo y que vienen consignadas en Levítico 23.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano. Cursó estudios de Comunicación y Periodismo (UNAM). Colabora para revistas culturales, literarias, páginas web y diarios.
jorgeivangg@hotmail.com
 
Este texto fue publicado en:
http://www.lajornadaguerrero.com.mx/2010/12/06/index.php?section=opinion&article=002a1soc
 
Revista “Desde el Sótano” de librerías El Sótano enero 2008.