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Periodicidio [Opinión]

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TEXTO PUBLICADO EL 20 DE MAYO DE 2017

Doce balazos recibió en su cuerpo Javier Valdez al ser asesino. A plena luz del día. Su cuerpo quedó tendido a unos metros de la entrada del semanario Riodoce que dirigía desde hace unos años, además de ser corresponsal de La Jornada. Desde sus columnas, libros y múltiples ensayos periodísticos denunciaba a los grupos de delincuencia organizada, y a sus líderes que quieren someter a la sociedad con sangre, terror y miedo.

No hace muchas semanas sucedió el asesinato de la también periodista de La Jornada en Chihuahua, Miroslava Breach. La cifra de periodistas asesinados es ya escandalosa…, así fuera sólo uno.

Asesinatos penosos, dolosos y culposos. Nuestro país ocupa los primeros lugares donde ejercer el periodismo es sinónimo de muerte, y el llamado Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, simplemente es obsoleto e inservible.

No se trata sólo de un asunto de ineptitud, sino también de complicidades. Denunciar las cuentas secretas y mansiones inexplicables de un gobernador, o bien las correrías de un narcotraficante, con frecuencia resultan en la pérdida del empleo, o la vida.

La labor de ofrecer noticias y análisis es de suma importancia, ya que el oficio periodístico permite al ciudadano informarse sobre los acontecimientos más relevantes de su comunidad, país y el mundo, obteniendo así los elementos necesarios para ejercer nuestras responsabilidades como ciudadanos, pues una democracia auténtica es imposible de lograr si no hay organizaciones dedicadas a divulgar las noticias.

Javier Valdez lo dijo así en cierta ocasión: “En Culiacán, Sinaloa, es un peligro estar vivo y hacer periodismo es caminar sobre una invisible línea marcada por los malos que están en el narcotráfico y en el Gobierno. […] Uno debe cuidarse de todo y de todos”… en México vivimos ya un verdadero periodicidio.

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Prensa bajo fuego [Opinión]

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TEXTO PUBLICADO EL 24 DE MARZO DE 2017.

En tan sólo tres semanas, tres periodistas mexicanos han sido ejecutados. Ayer por la mañana, Miroslava Breach fue ejecutada frente a su domicilio en la ciudad de Chihuahua; recibió ocho impactos de bala calibre .38. Perdió la vida mientras era trasladada al hospital.

Breach trabajaba como corresponsal de los periódicos La Jornada y Norte de Ciudad Juárez, y su trabajo se especializaba en investigaciones sobre temas de seguridad y política.

Este asesinato se produce tan sólo cuatro días después del ataque contra Ricardo Monlui, otro periodista que murió a tiros en Veracruz el pasado 19 de marzo. También se suma al de Cecilio Pineda, un periodista de Guerrero, quien fue ejecutado el pasado 2 de marzo. Con el asesinato de Miroslava Breach suman ya 30 periodistas asesinados de diciembre de 2012 a la fecha.

Estos asesinatos son penosos, dolosos y culposos, porque nuestro país sigue ocupando los primeros lugares donde ejercer el periodismo es una profesión de alto riesgo, pese a la existencia del Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas.

Nuestro compromiso como sociedad o gobierno debería ser el de apoyar y expandir la libertad de prensa y el libre intercambio de información en la era digital del siglo XXI. Juntos podemos forjar una visión que asegure la libertad de expresión y garantice el avance de México en búsqueda de un mejor gobierno y sociedad.

La labor de ofrecer noticias y análisis es de suma importancia, ya que el oficio periodístico permite al ciudadano informarse sobre los acontecimientos más relevantes de su comunidad, país y el mundo, obteniendo así los elementos necesarios para ejercer nuestras responsabilidades como ciudadanos, pues una democracia auténtica es imposible de lograr si no hay organizaciones dedicadas a divulgar las noticias.

La apuesta radical de Cristina Rivera Garza

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Con una formación en historia latinoamericana por la Universidad de Houston, la escritora mexicana Cristina Rivera Garza ha creado una obra denominada transgénica, pues entrelaza múltiples disciplinas en su trabajo literario, el cual es posible leer en dos idiomas: castellano e inglés.

Sin embargo, una de las mayores peculiaridades que sus libros tienen es la de hablarnos de los límites físicos entre dos pueblos, pero sobre todo, de los límites, diferencias y fronteras internas que existen en el ser humano; porque no hay comunidad humana compleja que no tenga sus propias fronteras.

Y es que el periplo que la ha traído en constantes mudanzas desde los límites de Matamoros con Brownsville, la frontera de Tijuana con San Diego o la zona circunvecina entre Toluca y la ciudad de México, la han motivado –incluso ella misma sin saberlo ni propiciarlo–, a escribir sobre la experiencia fronteriza que no sólo se reduce a un espacio geográfico, ya que en todo lugar físico o mental siempre encontraremos diferencias y otredad.

Comprender “al otro” es un ejercicio intenso y alucinante que Rivera Garza experimenta con la literatura, ya que el proceso de leer y el de escribir nos brinda la posibilidad de salir de uno mismo y correr el riesgo de sentir el incendio que ocurre en la piel de otra persona, con toda la complejidad que esto conlleva.

La literatura de Cristina Rivera Garza tiene la facilidad de arrojarnos al espejo, de multiplicar nuestros sentidos hacia “lo otro” a fin de que podamos comprender un poco lo que nos rodea, tener esa posibilidad nos vuelve más humanos, nos confronta, nos reta y nos cuestiona partiendo de nuestra individualidad hacia el mundo infinito de la otredad.

La fuerza de esta artista por la literatura surge de una necesidad de la escritura, y después de una devoción, un gusto y un compromiso con el ejercicio literario, por el hecho de materializar el pensamiento, pero también por el gran placer de ver cómo se va componiendo una página, una frase, un párrafo, cómo se van engarzando palabras, cómo se van paseando las ideas para vestir el conjunto de un libro, cómo se plasman frases casi vacías o silencios sincopados que pueden ser retomados por el que los lee.

Ese momento fundamental que produce la escritura, que es el de estar a solas frente a una página o una pantalla en blanco en un rincón frente al lenguaje y nada más, es el que a Rivera Garza le produce un vértigo maravilloso, una aventura extrema por sentirse una orfebre solitaria que pone en riesgo su propia alma dada la carga emocional con la que su obra está escrita.

Lugares encerrados, paredes altas, el desierto, el mar… son temas recurrentes en sus novelas que le brindan al lector una sensación de realidad disonante, que al conjugarse con sus grandes obsesiones como la locura, la muerte, la debilidad, la vulnerabilidad, las grietas que se abren en el cuerpo, la psique y el mundo de la enfermedad, recrean paisajes estrechos en constante cambio, lugares llenos de colores, con texturas firmes y espacios en el que la luz juega una relación estrecha con la perspectiva de los personajes.
Los textos de Cristina Rivera Garza han sido publicados en antologías, diarios y en diversas revistas nacionales e internacionales, además de ser traducidos al inglés, italiano, portugués, alemán, coreano, francés y esloveno, por lo cual el escritor Carlos Fuentes ha dicho de esta autora que es en la actualidad “una de las voces más importantes de la joven generación de autoras y autores mexicanos y latinoamericanos”, asimismo al hablar de su novela Nadie me verá llorar[i] mencionó que es “hermosa y perturbadora”.

Cristina Rivera Garza, una escritora en que ciertamente la palabra perturbadora podría ser el adjetivo ideal para definir su prosa.

Ha sido acreedora de la beca Jóvenes Creadores del FONCA en dos ocasiones, se le ha otorgado la Beca Salvador Novo, además de que pertenece al Sistema Nacional de Creadores Artísticos desde 2007; ha impartido cátedra de Historia de México y latinoamericana en diversas universidades de los Estados Unidos y de México.

Categóricamente la escritura de Rivera Garza es una letra que no da concesiones a nada y que explora la otredad y los límites humanos.


1 Premio Internacional IMPAC-Conarte-ITESM, 1999; Premio Sor Juana Inés de la Cruz, 2001.
 
Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com
@plumavertical
 
Este texto ha sido publicado en:
 
http://www.lajornadaguerrero.com.mx/2010/10/23/index.php?section=sociedad&article=007a1soc
 
 

El desdoble multipersonal en la mente de Piglia

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Bien en relatos breves o en extensas novelas, el argentino Ricardo Piglia crea una mezcla singular en ocasiones cargada de regionalismos americanos propios del realismo europeo, y en otras se vale muy al estilo de Jorge Luis Borges de literatura apócrifa y de textos que son de autores inventados, y en la que supuestos personajes históricos sostienen encuentros muy a la orden del día.

Ya hace más de veinte años desde que comenzó a publicar sus escritos, y desde entonces lo ha hecho de manera pausada, equilibrada, pero sin perder su sobriedad, en la que el lenguaje refinado es otro elemento frecuentado por este escritor nacido en Adrogué, provincia de Buenos Aires, Argentina.

Los temas detectivescos comenzaron a apasionar a Piglia desde muy corta edad, teniendo entre sus autores predilectos en el tema a Scott Fiztgerald, Dashiell Hammett y William Faulkner entre otros; la lectura de este último fue la que lo encausó al terreno de la novela policiaca e incluso en sus propias obras encontramos muy variadas referencias sobre el lenguaje faulkneriano.

Estos antecedentes nos hacen encontrar en la obra de Ricardo Piglia una oralidad aparentemente “popular”, que le brinda ritmo a sus relatos que a la vez nos inducen en una especie de crispación expresiva o de múltiples registros, ya que el trabajo nace a partir de una vanguardia novedosa muy al estilo del Viejo Continente.

Su obra Plata quemada, es el resultado de la influencia que ha recibido por la lectura de estos temas, sin embargo lo relevante de ella es que está basada en un hecho acaecido en la ciudad de Buenos Aires en 1965, y que ha sido documentada y ficcionada al estilo del periodismo literario por Piglia durante largo tiempo.

Esta novela, publicada en 1997, cuenta la historia de una banda de viejos compinches que deciden robar un banco, bajo la sombra protectora de varios políticos y policías que se llevarán una parte del botín una vez que el robo haya funcionado, pero los rufianes deciden huir traicionando a sus socios y escapar con toda la plata, pero el burlar a las autoridades argentinas no les será cosa fácil y se verán acorralados en la ciudad de Montevideo, donde deberán ir en contra de sus propias motivaciones.

Plata quemada, considerada una de las mejores novelas argentinas de los últimos años, se ha convertido en un referente ineludible en la obra de Ricardo Piglia por su escritura amoral y por estar escrita a un ritmo implacable, que dicho en las palabras de Martín Kohan es “una novela dura que mira la sociedad desde el crimen”.

Asimismo, ejemplificando el trabajo de Piglia cito además Respiración artificial (1980), obra que fue clave en la resistencia intelectual contra la ignominia durante los años previos a que fuera derrocada la más cruel dictadura argentina, y sin embargo lo que este texto calla es más lapidario que lo sofisticado de su alegato.

El argumento de esta novela parte en dos tiempos paralelos, uno a mitad del siglo XIX, encarnado en la figura de Enrique Ossorio; la otra en el año de 1979, bajo la última dictadura militar en Argentina, en la que el recurrente personaje de las ficciones de Piglia, Emilio Renzi, espera la llegada de su tío –y protagonista–, Marcelo Maggi.

Enrique Ossorio, supuesto aspirante a escritor, quiere escribir una novela de denuncia y opta por el género de anticipación que a manera de cartas un personaje recibe del futuro, aunque éstas no le están dirigidas, al tiempo que Renzi espera el arribo de su familiar, a éste le irán llegando incomprensiblemente una serie de mensajes cifrados fragmentariamente a lo largo de toda la novela originadas por su tío; sin embargo, estas misivas no encuentran destinatario fiel y directo, cayendo el diálogo en una encrucijada artística en la que la lectura desviada y la interferencia significante “abre el camino de un género híbrido absolutamente contemporáneo: la ficción especulativa”.

El desdoble multipersonal que ocurre en la mente de Ricardo Piglia es un juego de espejos infinito, un estado de trance intelectual en la que el narrador tiene mucho que decir, pero prefiere apegarse a lo necesariamente importante, hundiéndose en un torbellino saturado de memoria, ideas, elucubraciones y desvaríos colosalmente críticos.

Ricardo Emilio Piglia Renzi, crítico, ensayista, profesor académico, periodista, que ha sido merecedor del Premio Planeta Argentina 1997; mención especial en el Premio Casa de las Américas en 1967; Premio Iberoamericano de Letras José Donoso en Chile en 2005; además de poseer una obra que ha sido traducida a numerosos idiomas.

Él es Ricardo Piglia, un argentino comprometido con su patria y sus buenas costumbres, decidido a cuestionar a gobiernos que imponen las armas antes que el diálogo y la reflexión; pero sobre todo, Ricardo Piglia es y seguirá siendo un escritor imprescindible de leer.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano
@plumavertical
 
Este texto se ha publicado en:
 
http://www.lajornadaguerrero.com.mx/2011/05/21/index.php?section=sociedad&article=006a1soc
 
http://efektonoticias.com/cultura/el-desdoble-multipersonal-en-la-mente-de-piglia-literatura
 
Revista “Molino de letras” de Julio-Agosto 2011.