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¿Sólo por ser mujer? [Opinión]

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Sin embargo, estoy convencido de que hacen falta muchas más mujeres en la política del país. Para lograrlo, envié al Congreso de la Unión, una iniciativa de reforma al Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales. De ser aprobada, los partidos políticos estarán obligados a que el 50 por ciento de sus candidaturas, a diputados federales y senadores, deberán ser para mujeres, expresó Enrique Peña Nieto, el pasado 11 de octubre durante la conmemoración del VX Aniversario del voto de las mujeres en México, a lo que siguieron aplausos y elogios para el mandatario de nuestro país. Sin embargo, y sin que se me tache de misógino o machista, el problema con esta iniciativa es que antepone el simple hecho de nacer mujer a las capacidades profesionales para ocupar puestos de elección popular.

Ya se escuchan voces que preguntan “¿y el gabinete federal cuándo?”, y cómo impedirlas, pues luego de tan “aplaudida” propuesta, diré: “El buen juez por su casa empieza”.

No debemos confundir políticas definidas que den certeza y rumbo a una nación, con reformas al Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales, por citar un ejemplo, sólo para no caer de los índices de popularidad que mantiene la figura presidencial en un aparente estado de comodidad, pese a permanecer impávido ante la inseguridad que se vive, las reformas hacendaria, educativa y energética -que lo único que propone es golpear a la clase trabajadora, creando un abismo mayor entre los pobres y los ricos.

La política mexicana no debiera ser una lucha de géneros, a eso es a lo que se está reduciendo sumándose a la lucha de interesas partidistas. La política mexicana tendría que permitir la transformación de los servicios públicos; el desarrollo del campo; el impulso energético castigando fuertemente la corrupción en el sector; la generación de empleos protegiendo al trabajador y no dando beneficios al empleador como la contratación de personal bajo esquemas de “honorarios profesionales”; impulsando la inversión nacional y extranjera reactivando el poder adquisitivo de la población, y no impulsando créditos bancarios que sólo sumarán deudores a la banca.

Me enorgullezco de que las mujeres en México tengan plenos derechos, el género no debe ser motivo de exclusión ni discriminación, por tal motivo se debe reducir la brecha en materia de acceso al trabajo propiciando una mayor justicia en materia laboral, fomentando la participación de los hombres en las labores del hogar -por ejemplo- y redoblar esfuerzos para erradicar la violencia contra las mujeres –como el dar a luz en jardines o recepciones de hospitales–; promoviendo políticas de apoyo a la base de la sociedad (familia) a fin de reducir las brechas de género.

Pero en materia de función pública, de lo que se trata es de capacidades para el buen desempeño en un puesto federal o local, independientemente del género, sea mujer u hombre.

Eso sí, si él o ella no tienen la capacidad, entonces habrá que darle oportunidad al siguiente en la lista.

Jorge Iván Garduño
@plumavertical
 
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“Cómo ser mujer”, un libro que aborda el feminismo de manera divertida

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No es un manual de instrucciones, no es un libro sobre tecnicismos, y mucho menos es un libro sobre la historicidad del llamado “sexo débil”, Cómo ser mujer (Editorial Anagrama) de Caitlin Moran no es nada de lo anterior pero sí es un libro para divertirse, por lo que la intención de la autora para que el feminismo funcione es bien aplicado y explotado.

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Caitlin Moran es una periodista británica que se hizo profesionalmente en las redacciones de revistas musicales, así que está íntimamente ligada con la cultura pop, por lo que buscó escribir una obra con el que la gente pudiese divertirse, hacerla su cómplice a través del texto que difícilmente lo deja uno una vez que lo comienza.

Y es que luego su lanzamiento en español el pasado 5 de julio en Barcelona, Cómo ser mujer, continúa su gran éxito que ha tenido en su lengua original, la inglesa, por lo que ya es considerado un ejemplar de altas ventas, y se en castellano no dudo que alcance lo propio.

Moran pugna por un “feminismo divertido”, en el que las mujeres no se juzgan, más bien se relajan, se suben a la silla y gritan ‘Soy feminista’, por lo que el iniciar una revolución e intentar cambiar el mundo es algo que puede ser muy divertido, y así lo demuestra Cómo ser mujer.

Cómo ser mujer es también un fina crónica de madurez de una mujer quien es mujer, madre y con dos hijas, que reflexiona desde el punto de vista del género acerca de su vida, hasta que descubre la sexualidad en los límites de la frontera de los cuarenta años.

El relato se deja sentir de manera autobiográfica, como bien lo dice Caitlin Moran que sólo le ha añadido uno que otro pincelazo, por tal motivo uno tendrá la sensación de visitar a la autora en su alcoba para mantener una charla directa.

Moran llama las cosas por su nombre, y es que su narrativa es tan empática con los lectores y cargada de ironía, que hacen del libro toda una experiencia que no será fácil de olvidar.

Veremos como de una alcoba se van mezclando con receta de infusión, el feminismo; el sentido común; el buen humor; la literatura; La mujer eunuco, de German Greer; la música y voces de Madonna y Lady Gaga; el machismo; los problemas con la comida y el físico; el uso de los tacones; el burka o el trato a las mujeres en ámbito laboral; su sexualidad activa y el estilo de vida… en fin, tantas reflexiones sobre el amor y una que otra experiencia personal con el aborto.

Con sarcasmo y mucho buen humor, Cómo ser mujer es un libro sobre el feminismo contemporáneo que vale mucho la pena leer por todas la mujeres y muchos hombres.

Jorge Iván Garduño
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El rescate de la educación femenina

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Hoy en día, en las naciones en desarrollo, una de cada siete niñas contrae matrimonio antes de los 15 años. Las hijas de estas niñas suelen hacer lo mismo; muchas son abuelas antes de los 30. Ellas suelen dejar la escuela y empezar familias a mitad de su adolescencia o inclusive antes –8, 9, 13 o 15 años de edad–, volviéndose a menudo víctimas de violencia intrafamiliar, enfermedades y complicaciones al momento del parto, que muchas veces devienen en daños irreversibles incluyendo la muerte.

Estudios del Banco Mundial, Naciones Unidas y movimientos no lucrativos demuestran que mantener a estas chicas en la escuela y retrasar el momento del matrimonio las beneficia a ellas y sus comunidades al reducir la mortalidad infantil, aumentar el ingreso familiar y detener la propagación del VIH-Sida, por lo que es determinante buscar formas para hacer que las jóvenes sean más valiosas para sus familias como proveedoras de ingresos en lugar de esposas o “mujeres” comprometidas.

Muchos países alrededor del mundo, principalmente en Asia, Oceanía y el continente africano realizan este tipo de prácticas que lo único que provocan es dejar sin ninguna oportunidad a la mujer para decidir sobre su futuro, sus oportunidades y que sean vistas como simples objetos del “hogar”, situación que pone al margen al género femenino en la sociedad.

Sobre esta situación, Tsitsi Dangarembga (1959, Zimbabwe) relata en su fascinante novela Estado de nervios, una muy atractiva memoria personal que transcurre en la Rhodesia colonial de la década de 1960, a la vez que nos crea un cuadro vívido de su país y de la situación tan difícil que vive la mujer en una nación de hombres.

Estado de nervios nos habla sobre la rama familiar de Tambu, quien se dedica a la agricultura y quien vive sus primeros años de vida en la granja marcados por el duro trabajo y por una profunda sensación de injusticia que recorrerá espectralmente toda la obra.

Tambu pertenece al patriarcado Shona, por lo que se atiene a las normas de este grupo étnico, uno de los tres oriundos de Zimbabwe, pero una firme decisión acecha su mente: ella no piensa resignarse como su madre ni a la pobreza que implica el ser negro ni a las cargas de la condición de la mujer africana.

Sin embargo, su padre considera que no tiene sentido enviarla a la escuela puesto que para alimentar a su futuro marido no podrá cocinar libros, por lo que deberá de someterse a las reglas de su etnia. Tambu se da cuenta muy pronto de que la educación es su única salida y tendrá que aprovechar su condición de estudiante sobresaliente y una clara determinación.

En la escuela, Tambu se introduce en el mundo exitoso de su tío y la familia de éste en cuyos miembros se aprecia la huella del tiempo que han vivido en Inglaterra y se involucra además en los trastornos alimentarios de su prima Nyasha; sin embargo, en el nerviosismo y el afán controlador de su tío, Tambu distingue las tensiones provocadas por la situación colonial gracias al hecho de estar atrapados entre dos mundos.

Ese es el campo minado que debe atravesar Tambu durante su educación, agravado también por otras cuestiones más decisivas en torno a la identidad femenina negra que se manifestará a través de la experiencia única de las cuatro mujeres que protagonizan esta novela tan excelentemente lograda.

Finalmente, lo que Tsitsi Dangarembga plantea es una realidad innegable: la educación crea su propio ciclo y el estudio le dará a la mujer africana una ventaja sobre otras a las que les será negada.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com
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Revista “Molino de letras” de Marzo-Abril 2012 http://www.facebook.com/photo.php?fbid=243232672437289&set=a.125734557520435.25938.125734250853799&type=1&theater
 
Revista “Molino de letras” de Enero-Febrero 2012 http://www.facebook.com/photo.php?fbid=215068058587084&set=a.125734557520435.25938.125734250853799&type=1&theater
 
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