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1 de septiembre [Opinión]

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El 1 de septiembre fue por décadas el día en el que el Sr. Presidente de los Estados Unidos Mexicanos presentaba su Informe de Gobierno a los legisladores, representantes del pueblo a quienes por ley debe rendir cuenta de sus acciones emprendidas en materia política, económica social.

Era bien conocido que durante el 1 de septiembre, la nación “se detenía” para escuchar detalladamente el desglose de los logros y desazones –aunque casi estos últimos nunca se reportaban– que el Gobierno en funciones ha tenido durante un periodo de 365 días.

Un día considerado de asueto por decreto presidencial, en el que millones de mexicanos escuchaban kilométricas diatribas en cadena nacional que alcanzaban hasta las seis horas, e incluso algunas anécdotas son en que los jóvenes estudiantes debían pasar atentos por instrucciones de sus ilustres maestros para escribir lo dicho por el presidente en materia educativa.

Aquellos tortuosos años comenzaron su extinción con el eminente deterioro del Partido Revolucionario Institucional (PRI) tras el asesinato de su candidato Luis Donaldo Colosio en medio de rumores y extrañas conjeturas, por lo que durante el sexenio de Ernesto Zedillo, paulatinamente se iría apagando el tan sonado y para algunos bien llamado el “Día del Presidente”, esas largas horas se fueron acortando en un par.

Con la alternancia en el poder y con la llegada a Los Pinos de Vicente Fox Quesada del Partido Acción Nacional (PAN), se extinguió la tradición del “1 de septiembre”, dando paso a formatos en que en lugar de presentar personalmente el Informe de Gobierno de parte del Ejecutivo ante el poder Legislativo en la tribuna, se enviaba con el secretario de Gobernación o en algunos casos lo entregaba el presidente de manera personal y en una sala acondicionada para dicho acto.

Sin embargo, y mucho se especuló con la llegada del PRI nuevamente a Los Pinos, Enrique Peña Nieto continúa la tradición dejada por los gobiernos panistas y en un intento por devolverle el esplendor al “Día del Presidente” instituido por los gobiernos emanados del tricolor, en un evento un día después  al 1 de septiembre, el titular del Ejecutivo federal ensalzó los logros de su Gobierno… dejando muchas preguntas por resolver.

Este año, el 1 de septiembre ya no es recordado como el “Día del Presidente”, en su lugar queda la presencia de sectores inconformes con las políticas públicas ejercidas durante este Gobierno… y por cierto… también con el anterior… y con todo lo que huela al Gobierno Federal…

Por desgracia, la “insurrección” ciudadana no es nueva, pero sí está exacerbando a otros sectores de la población, lo que da la impresión, querámoslo o no, de ingobernabilidad y ausencia de capacidad para el diálogo y la atención a quienes consideran sus peticiones como justas, y que por el hecho de ser mexicanos es menester de las instancias competentes acordar  soluciones contundentes en beneficio de toda la población antes que el beneficio político.

Mientras no se alcance una madurez en nuestra clase política y entiendan que la brecha entre la clase baja y el resto es cada vez más grande e insostenible, estaremos siendo testigos cada 1 de septiembre en expresiones de encono, enfrentamientos y aparición de grupos subversivos o “anarquistas”, lo que puede desencadenar en más tragedias.

Las manifestaciones excesivas no deberían ser permitidas… al igual que la pobreza extrema y falta de oportunidades a los habitantes de esta gran nación.

Espero con ansias que llegue pronto un 1 de septiembre en que todos los sectores vean más nuestras semejanzas que las diferencias, y que en la trinchera en que nos toque trabajar lo hagamos con pasión y con la firme idea que es por todos y cada uno de nosotros.

Quiero un 1 de septiembre en que nunca vuelva a ver a niños de cinco, ocho o más años pidiendo una moneda en las calles de la capital… quiero un 1 de septiembre en que los maestros dejen impregnado en lo más profundo de los corazones de sus alumnos que la educación y la cultura es el motor que los puede impulsar para superar nuestras diferencias sociales… pero sobre todo que enseñen que el amor, la tolerancia y el diálogo tienen la capacidad para eliminar las diferencias que genera la naturaleza humana.

Jorge Iván Garduño
@plumavertical
 
Este texto ha sido publicado en:
 
http://www.efektonoticias.com/opinion/1-de-septiembre
 
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Al maestro con cariño

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La educación es parte fundamental para el bienestar de los individuos y el sano desarrollo de las sociedades, esta materia siempre ha sido prioritaria en las naciones desarrolladas, y desde los albores de la humanidad ha estado presente consolidando el desarrollo humano.

En México, con la imposición de gobiernos e ideologías –presentes incluso desde la época previa a la conquista española–, la educación siempre ha estado carente de veracidad y sí, no hay por qué negarlo, de muchas y muy buenas intenciones, que desgraciadamente nunca serán suficientes mientras no se alcance la permanencia de una excelente calidad educativa.

Sin embargo, no es posible achacar todos los males únicamente al gobierno federal en el poder –que por supuesto ha estado ausente y que entre sus mayores logros se cuentan los de mediados del siglo pasado–, sino que es un tema neurálgico que a todos nos acomete: sociedad, magisterio, padres de familia, medios de comunicación y gobierno; no necesariamente en ese orden, más bien todos parejos.

Veo con buenos ojos la Reforma Educativa, ya que no es posible que la buena educación de lo que representa el presente y futuro de México se encuentre en manos de grupos hostiles que buscan perpetuarse en el magisterio a través de la herencia de sus plazas, o de líderes sindicales omnipotentes y con sed de nepotismo.

Pero los buenos profesores y maestros con vocación sí existen, y los hay por todo nuestro país, y no por unos pocos –como los de Ayotzinapa– que aparecen en las pantallas de televisión, en primeras planas de los diarios, portadas de revistas o medios electrónicos, debemos juzgar a todo el gremio. Son pocos, muy pocos los rijosos que bloquean autopistas, agreden edificios públicos, toman calles y exigen no ser detenidos para sentarse a dialogar sobre la que consideran una Reforma Educativa “violatoria a sus derechos”… magisteriales.

No todos son Oaxaca, ni Guerrero, pero ojo, y esto va para las autoridades: no es posible querer que los profesores alcancen la excelencia cuando las aulas tienen un promedio de 50 o hasta 60 alumnos, donde con estas condiciones hasta al mejor profesor con vocación de enseñanza le es imposible alcanzar calificaciones aprobatorias como las que exige la evaluación magisterial… y esto es sólo por tomar un ejemplo.

Querer implantar estándares educativos exitosos en países del primer mundo en México: una nación en vías de desarrollo, economía emergente, de mano de obra, o como quieran maquillar nuestra real situación; será complicado, ya que es bueno, pero no creo que tengamos aún los medios materiales para aprobar la asignatura por la ausencia de programas pensados para los mexicanos.

Esta situación se agrava cuando ambos padres de familia laboran ausentándose por más de 10 o 12 horas del hogar, o los estudiantes son hijos de mamás o papás solteros, y que creemos que la educación es obligación de los profesores, total “por eso pago, para que eduquen a mi hijo” o ¿no?.

Por eso digo, el problema educativo en México es de todos, y no sólo es problema del Gobierno.

No se pueden solucionar los rezagos con: plantones, marchas, bloqueos, agresión, amenazas, exigencias… y ustedes ¿qué ofrecen señores maestros? ¿Éste es el camino para ustedes que tienen en sus manos la educación de niñas, niños, jovencitas y jóvenes?

El problema es complejo, pero lo que da tranquilidad es que la Reforma Educativa no plantea equipar aulas como la cacareada “Enciclomedia” del sexenio foxista, sin embargo –y al igual que el combate al crimen organizado–, el gobierno de Peña Nieto tiene que reforzar y actualizar planes de estudio, actualizar al magisterio, mejorar condiciones de trabajo, concientizar a padres de familia, ajustar sueldos, crear fuentes de trabajo para estudiantes recién egresados, invertir en tecnología en planteles de primaria y secundaria, contratar profesores y orientadores especializados…. ¡vaya! no es tarea fácil, pero ya se están dando los primeros pasos.

Se deberá avanzar en todos los rubros para sólo así alcanzar un nivel educativo satisfactorio y que no beneficie únicamente a escuelas particulares y a la clase alta.

Jorge Iván Garduño
@plumavertical
 
Este texto ha sido publicado en: 
 
http://efektonoticias.com/opinion/al-maestro-con-carino