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Games of Trump [Opinión]

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TEXTO PUBLICADO EL 9 DE DICIEMBRE DE 2017

“Jerusalén es el corazón de una de las más exitosas democracias del mundo, un lugar donde judíos, musulmanes y cristianos pueden vivir según sus creencias. En 1995, el Congreso [de EU] aprobó por abrumadora mayoría reubicar ahí la Embajada, y desde entonces todos los presidentes han aplazado la decisión por miedo a afectar las negociaciones de paz, pero décadas después no estamos más cerca del acuerdo. Este es un paso largamente postergado que permitirá avanzar en el proceso y trabajar en la consecución del pacto. […] Estamos aceptando lo obvio. Israel es una nación soberana y Jerusalén es la sede de su Gobierno, Parlamento y Tribunal Supremo”, así justificó Donald Trump su decisión de reconocer Jerusalén como capital de Israel.

El neoyorkino e inquilino de la Casa Blanca se ha desmarcado de sus antecesores, y de muchos gobernantes en el mundo, ya que si algo está caracterizando su gobierno es que Trump está empeñado en cumplir sus promesas de campaña, algo inusual en los políticos y mandatarios, y fiel a su estilo de prescindir de toda prudencia, y en un gesto de buena voluntad hacia sus votantes más radicales, realiza un anuncio en un momento en que el Medio Oriente es un auténtico barril de pólvora teniendo como marco la guerra de Siria, que está provocando migraciones humanas extremas y movimientos de refugiados, así como tensiones entre sunitas y chiitas, además de un acentuado terrorismo islamista día con día, aunado a los habituales conflictos en Cisjordania y Gaza.

Sin escuchar las quejas y súplicas de líderes políticos y religiosos de todo el mundo, incluida la del Papa Francisco, Donald Trump provoca así abiertamente a la comunidad palestina y, por extensión, a toda la comunidad árabe del Oriente Medio, la zona más convulsa del planeta, por lo que su provocación está marcada por la arbitrariedad y un alto grado de irresponsabilidad, habida cuenta de que el traslado de la Embajada, como señala el propio mandatario norteamericano, “tardará años” en concretarse.

Ningún presidente de los Estados Unidos había decidido trasladar la Embajada norteamericana de Tel Aviv a Jerusalén (como acordó por unanimidad el Congreso estadounidense en 1995), por las tensiones que causaría reconocer esta ciudad como capital de Israel, cuando alberga lugares sagrados no solo del judaísmo, sino también del islam y de distintas ramas del cristianismo. Y porque los palestinos aún reivindican su parte oriental como capital del Estado Palestino que reclaman, pese a que fuera ocupada en 1967, en la Guerra de los Seis Días. La comunidad internacional nunca asumió la soberanía israelí de ese territorio, aunque Rusia reconoció en enero pasado la capitalidad israelí de Jerusalén.

Es así como, Donald Trump ha vuelto a avivar las tensiones en Medio Oriente, y coloca contra la pared a los palestinos, lo que se interpreta como un espaldarazo al mundo árabe y al mismo proceso de paz duradero entre israelís y palestinos que por décadas se ha buscado, lo que sitúa a Estados Unidos en una posición riesgosa, ya sea que se concrete, o no, el traslado de su embajada a Jerusalén.

Es cuestión de tiempo para: 1) Recoger los escombros de una ciudad milenaria que por décadas ha sido testigo del esfuerzo humano por consolidar el Estado de Israel en Palestina a golpe de contiendas y guerras y; 2) Observar la decadencia, hasta ahora impensable, de la nación más poderosa que en aras de buscar “ser grande nuevamente”, se ha cegado por la soberbia de sus líderes ensoberbeciéndose al grado que, sin quererlo ni saberlo, podría acelerar una alianza árabe, hasta hoy día improbable ―según los expertos―, propiciando un eje de contrapeso en Medio Oriente sin precedentes para Europa, Estados Unidos y las renovadas Rusia y China.

Tiempo al tiempo.

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Un Medio Oriente inestable amenaza al mundo [Opinión]

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TEXTO PUBLICADO EL 25 DE NOVIEMBRE DE 2017

En el mundo árabe actual, primeramente hay que entender que hay dos grandes rivales: el líder del islam sunita, que es Arabia Saudita, y el líder del islam chiita, que es Irán, estos dos rivales, no son sólo rivales religiosos, sino son rivales geopolíticos, que se encuentran viviendo una especie de “Guerra fría” entre ellos, y su enfrentamiento indirecto tan profundo, se ha manifestado recientemente en eventos como la guerra civil en Siria, en Yemen, o bien Líbano.

Con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, su evidente simpatía por Arabia Saudita (que dejó manifiesta en su última visita a Oriente Medio), y tras tensos acontecimientos desde inicios de noviembre, la escalada de tensión entre Arabia Saudí e Irán ha sido la constante en Oriente Medio, lo que supone un gravísimo riesgo para la estabilidad de la región, y para el mundo entero. El cruce de acusaciones entre Riad y Teherán debe cesar cuanto antes y las grandes potencias aliadas de ambos países deben ejercer la presión necesaria para rebajar una temperatura que se ha disparado peligrosamente a lo largo de las últimas semanas.

En un mundo todavía dependiente del petróleo, Arabia Saudí desempeña un papel crucial al momento de sentar las bases para la estabilidad económica, de lo cual, Riad se ha aprovechado, hasta cierto punto, durante décadas, sin embargo, la inmutabilidad del régimen ha saltado por los aires tras la purga ordenada por el príncipe saudí, y nuevo hombre fuerte del país, Mohamed bin Salmán, que ha ejecutado las órdenes de aprehensión de once príncipes, cuatro ministros en activo y decenas de antiguos ministros, todos ellos acusados de corrupción.

Por otra parte, el aliado iraní, Líbano, salta a escena nuevamente, ya que su primer ministro, Saad Hariri, en vez de comparecer ante su Parlamento, voló a Riad para anunciar su dimisión a través de un vídeo en el que confesaba temer por su vida. Acto seguido, Hezbolá, la milicia proiraní libanesa considerada grupo terrorista por EEUU y la UE —que cuenta con varios miles de militantes armados y ha protagonizado una guerra contra Israel—, acusó a Arabia Saudí de forzar la dimisión del primer ministro libanés.

La respuesta saudí ha sido fulminante: considerará cualquier acción de Hezbolá contra sus intereses como una declaración de guerra de Líbano. Este grupo libanés combate en Siria contra el Estado Islámico junto al Ejército de Asad y miembros de la Guardia Revolucionaria iraní. La victoria de estas fuerzas crearía un corredor chií desde Irán hasta el Mediterráneo, algo que el Gobierno de Jerusalén —empeñado en evitar que Hezbolá reciba de Teherán armas y misiles con los que atacar a Israel— no está dispuesto a permitir, lo que aproxima a israelíes y saudíes, que también recelan del programa nuclear iraní y de la influencia de Teherán en la región.

Si hay una región del mundo en la que las tensiones pueden llevar a conflictos de consecuencias funestas, esa es Medio Oriente. Estados Unidos —principal aliado de Arabia Saudita e Israel— y Rusia —aliado de Irán y Siria—, podrían actuar para rebajar la tensión, aunque bien la injerencia de estas naciones podría desatar más tensión en la región, y la mediación europea está a la puerta, lo que suma más actores en un posible conflicto.

En suma, a cada minuto se va tornando el Medio Oriente más inestable, y la amenaza al mundo, como una posible realidad.

Emperatrump [Opinión]

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TEXTO PUBLICADO EL 11 DE NOVIEMBRE DE 2017

Un año ya del triunfo del trumpismo, el triunfo de un personaje salido del reality show, una figura que nunca antes había sido elegido para cargo público alguno, un magnate inmobiliario que, con casi 10 meses al frente de la nación más poderosa del mundo, se mantiene soberbio, en un intento por devolverle a EU un orgullo que nunca le ha hecho bien.

Donald Trump sigue decidido a rechazar acuerdos de comercio e instituciones multilaterales, adoptando una línea dura respecto de la migración ilegal, y a modificar el esquema de alianzas de seguridad y defensa de su país, y como bien dijo en tanto y tantos discursos antes de ganarse un lugar en la Casa Blanca, “quiero que EU sea predeciblemente impredecible”, y lo está logrando, pero no precisamente es favorable para sus conciudadanos, ni para el resto del mundo.

Los miembros de la UE y la OTAN se están preparando para algo similar en asuntos de comercio y seguridad, lo que podría acelerar una Constitución política para la Eurozona que dé pie a algo llamado “Estados Unidos de Europa”, lo que abriría la puerta para crear su propio ejército, y Alemania ya ha comenzado a dar indicios de una ultraderecha que no se ha ida de sus filas políticas.

Durante los próximos meses o años, se espera que se desaten guerras comerciales y de divisas, y se supone que históricas alianzas defensivas se abandonen o estén en riesgo, ya que la solidaridad regional estará por encima de viejas enemistades.

Es lamentable que el ahora político Trump, centre sus declaraciones de odio contra los migrantes, como lo son los mexicanos, que según las cifras oficiales rondan los 34 millones de connacionales radicados en aquel país, declaraciones que no son objetivas, pues dejan a un lado el discurso que debería hablar de la fuerza productiva que representan nuestros paisanos, quienes generan 485 mmdd anuales, o lo que es lo mismo 3.7 por ciento del PIB norteamericano.

Está claro que las elecciones del 8 de noviembre de 2016 fueron trascendentales para EEUU y todo el entorno internacional. Nunca antes los aspirantes Demócrata y Republicano a la Casa Blanca habían representado dos posturas tan dispares…y nunca antes las alarmas en Europa, Asia, Oriente Medio, Latinoamérica y México se habían encendido con tanta sincronía al ver despertar de un nada amigable Estados Unidos que convulsiona la geopolítica mundial.

La relación de vecindad entre México y Estados Unidos es tan relevante y fundamental para ambas naciones, que decenas de expertos e internacionalistas se han abocado en hacer énfasis en el trabajo binacional, como un intento de revertir las declaraciones y tuitazos del presidente Donald Trump.

Ni un año ha cumplido en el cargo, y Donald Trump ya se ve a sí mismo con el “Emperatrump” del orbe mundial.

Europa ya no se puede fiar de EU [Opinión]

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TEXTO PUBLICADO EL 3 DE JUNIO DE 2017

Durante estos días, Donald Trump cumplirá más de 130 días al frente del gobierno de los Estados Unidos. Desde que este personaje resultó electo en noviembre pasado, mucho se habló respecto de lo que supondría su mandato y su manera de gobernar, sobre todo en lo referente a su postura radical, dictatorial, xenófoba y extremadamente nacionalista, por lo que se esperaba que ya instalado en la Casa Blanca moderaría dicho discurso e implementaría políticas alineadas al “establishment” norteamericano… políticos norteamericanos preveían que el neoyorquino sería un “gobernante” controlable, que su equipo lo alinearía a intereses en común con otras naciones “hermanas”, pero Trump le ha cambiado el rostro a la Casa Blanca, y a la política norteamericana.

En días pasados, el presidente Trump realizó su primera gira internacional en medio de una fuerte crisis al interior de su gobierno sobre sus relaciones y las de sus colaboradores y familiares con el gobierno ruso.

Su visita a Europa ha alterado los ánimos en ambos lados del Atlántico. Simplemente las discusiones en las recientes cumbres de la OTAN y del G7 sobre el gasto militar, la protección del clima o la política de refugiados parece que acabaron por dinamitar la poca paciencia que le quedaba ya a la mandataria alemana, Angela Merkel, quien no dudó en alzar la voz durante un acto en Alemania que Europa camina sola.

“Los tiempos en los que podíamos fiar completamente de los otros en parte han terminado. Así lo experimenté los últimos días […], por ello sólo puedo decir: nosotros los europeos debemos realmente tener nuestro destino en nuestra propia mano”, afirmó Merkel sólo un día después de la cumbre del G7 efectuada en Taormina.

¿Un momento de cambio histórico para Alemania o campaña electoral barata?

Genocidio en Siria [Opinión]

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TEXTO PUBLICADO EL 7 DE ABRIL DE 2017.

Las imágenes impactaron al mundo: cuerpos de jóvenes, mujeres, hombres y niños tumbados, agonizando, producto del efecto de armas químicas, que una vez que invaden el cuerpo humano tardan alrededor de media hora, si el contacto es con la piel, para manifestar sus efectos y colapsar las funciones esenciales de los órganos entre sudores, mareos, espasmos y finalmente la asfixia y el paro cardiaco, hombres desesperados intentando evitar lo inevitable: la muerte.

El brutal ataque químico sucedido este martes contra la población siria de Jan Sheijun, en una zona controlada por las fuerzas rebeldes contrarias a la dictadura de Bachar Al-Assad, a una hora en la que la mayoría de la población dormía.

Este suceso prendió las alarmas en la comunidad internacional –nuevamente y teniendo como antecedente un ataque con Gas Sarín hace cuatro años; seis años de guerra; más de 321 mil muertos y 145 mil desaparecidos–, la ONU pide al gobierno de Al-Assad detener el genocidio en Siria… e Irán se pronuncia en contra de un despliegue militar internacional contra esta nación, porque para Teherán podría ser ésta la oportunidad de encabezar el poderío del mundo islámico contra “Occidente”, a sabiendas de que si Siria cae, ellos serían el siguiente objetivo.

Aunque suena arriesgado y muy aventurado, las piezas se han ido acomodando poco a poco, y tarde que temprano la tensión en Medio Oriente desatará a los demonios que están esperando el día y la hora para desencadenar un cataclismo de mundial.

Es posible que un eventual ataque de los Estados Unidos contra Siria no desate una guerra de proporciones universales, pero agrega tensión a la desgastada relación del mundo árabe con Occidente, léase Israel, Europa y EU, algo nada bueno para el mundo entero.

La desolación de “Mi tierra prometida”

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Era el año de 1993 y en Washington, EEUU, se firmaba un acuerdo de paz entre Palestina e Israel, como una forma de declaración sobre  acuerdos provisionales para obtener la autonomía de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), misma que reconocía a Israel y su derecho a existir.

Estos acuerdos fueron signados por hombres que en su mayoría ya no ocupan los mismos cargos dentro de la política actual, han fallecido o en algunos casos fueron asesinados. Mahmoud Abbas, entonces representante de la OLP y desde 2005 presidente de la Autoridad Nacional Palestina; el Ministro de Relaciones Exteriores de Israel, Shimon Peres, y actual presidente de Israel; el exSecretario de Estado de la Unión Americana, Warren Christopher, fallecido en 2011; el canciller ruso Andréi Kozyrev; todos ellos en presencia de Yasser Arafat, de la OLP, fallecido en 2004; Yitzhak Rabin, Primer Ministro de Israel, asesinado en 1995; y el entonces presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton.

Y en un caso curioso, ese mismo año, el director de cine Steven Spielberg, llevó a las salas de cine la historia de los mil doscientos judíos polacos que fueron salvados de morir en el Holocausto por un solo hombre –Oskar Schindler–, considerada una de sus mejores películas, y con la cual ganó seis premios Oscar, incluidos los de mejor guión, película, director y banda sonora: La lista de Schindler, la épica versión cinematográfica basada en un hecho real que se encuentra consignado y documentado en el libro del escritor australiano Thomas Keneally (Sydney, 1935), El arca de Schindler.

Cinco años duró la aparente paz entre los pueblos árabe-israelíes firmada en Washington (1995-1998). Y pese a todo, el boom del Holocausto continúa dando cintas cinematográficas, libros “espectaculares”, entrevistas y una interminable lista de discursos, acuerdos y disculpas; que sólo se quedan en buenas intenciones.

Las negociaciones de paz entre palestinos e israelíes para alcanzar un acuerdo de paz continúan muchos años después de estos buenos intentos, en la actualidad los nombres de los actores son John Kerry, por el lado norteamericano, por Israel Tzipi Livni, y del lado palestino Saeb Erekat, quienes han dicho que están comprometidos para alcanzar tan “anhelado sueño”.

En este marco, la obra de Ari Shavit –influyente periodista del diario Haaretz– Mi tierra prometida (Debate) capta la esencia y el corazón palpitante del Medio Oriente, así como del lugar que allí ocupa Israel, de una forma tan intensa como ningún otro libro lo ha hecho en los últimos años.

A partir de entrevistas, documentos, diarios privados, cartas y de la propia tradición familiar, Ari Shavit ilumina los hitos del siglo sionista y articula una narrativa de grandes dimensiones históricas en torno a la crisis existencial que padece Israel en la actualidad.

Con su prosa provocadora, Shavit desarrolla una iluminadora reflexión sobre las encrucijadas del Estado judío y se formula preguntas clave que arrojan nueva luz sobre el presente: ¿Por qué se constituyó Israel? ¿Cómo se estableció? ¿Puede sobrevivir? He aquí el retrato imprescindible de un país pequeño, convulso, que vive al límite y cuya presencia e identidad desempeñan un papel crucial en el panorama político global.

Ciertamente, todo se desenmascaró durante el siglo XX, donde por lo menos en una ocasión observamos un temible rostro, permitiendo palpar la realidad durante El Holocausto. El soldado se convirtió en asesino profesional; la política, en crimen; el capital, en una gran fábrica equipada con hornos crematorios y destinada a eliminar seres humanos; la ley, en reglas de juego de un juego sucio; la libertad universal, en cárcel de los pueblos; el antisemitismo, en Auschwitz; el sentimiento nacional, en genocidio. En todas partes se trasluce la verdadera intención; los pocos ideales que había, quedaron manchados por la sangre de la cruda realidad.

Y quizás, la situación sea tal como la formuló Franz Kafka: sólo nos queda acabar lo negativo; lo positivo ya nos fue dado por nuestra propia falta de sensibilidad ante la destrucción del hombre hacia el hombre.

Israel y Palestina, hoy, mañana y más allá de mañana se sentarán para dialogar y alcanzar una virtual paz en un conflicto que ya alcanza proporciones mileniales, sin embargo y pese a los esfuerzos de los Estados Unidos, el camino es abrupto, sinuoso y desolador, en el que no he visto… no veo… y ni veré las condiciones para que tan ambicionada paz se alcance.

Por desgracia, la paz y seguridad que en un futuro se pronuncie en aquella región, será el inicio de dolores para los habitantes de Israel, Palestina y la Unión Americana, porque los intereses de los árabes, no son los mismos que el de los judíos, por lo que los norteamericanos están parados en un polvorín en el que el fuego ya ha sido encendido.

Jorge Iván Garduño

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Este texto ha sido publicado en:

http://efektonoticias.com/cultura/la-desolacion-de-mi-tierra-prometida

“Dispara, yo ya estoy muerto”, de Julia Navarro

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La última novela de la escritora y periodista española Julia Navarro (Madrid, España, 1953) es una obra de múltiples personajes donde la historia es sólo el pretexto para exponer las verdaderas intenciones de ellos.

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Dispara, yo ya estoy muerto (Plaza & Janés) es una novela “donde los personajes priman por encima de cualquier otra consideración, una novela de arquetipos humanos, en la que las grandes pasiones que anidan en el ser humano van aflorando en distintos personajes a lo largo de la historia”, esto en las palabras de Navarro.

Esta obra cuenta la historia de la familia Zucker, que fue expulsada a finales del siglo XIX de la Rusia zarista por su condición de judíos, y a su arribo a la llamada “Tierra Santa” decide adquirir la propiedad de los Ziad, familia árabe encabezada por Ahmed.

Entre éste y Samuel, patriarca de los Zucker, se creará un fuerte vínculo, una amistad que por encima de las diferencias religiosas y políticas se perpetuará generación tras generación.

Julia Navarro ha señalado que con en Dispara, yo ya estoy muerto ha buscado escribir sobre cómo los seres humanos “vienen al mundo con unas cuantas piedras en la mochila” y “cómo pese a esas piedras que los determinan —la religión, la situación económica por motivos familiares, la circunstancias históricas, etcétera— son capaces de coger las riendas de su propia vida e intentar cambiar las cosas”.

Poseedora de una prosa dura, que desgarra el alma, Dispara, yo ya estoy muerto no es una novela histórica, simplemente la historia es el escenario, el marco para contextualizar el relato, documentando de manera sublime una historia de dos culturas escindidas.

La también autora de títulos como ‘La Hermandad de la Sábana Santa’ o ‘La Biblia de barro’ es una escritora que aboga por la paz entre israelitas y palestinos y denuncia el fatalismo en esta su novela Dispara, yo ya estoy muerto, un libro que no hay que dejar de leer.

Jorge Iván Garduño
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Encrucijada mortal [Opinión]

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Las imágenes impactaron al mundo, cuerpos de jóvenes, adultos y en su mayoría niños tumbados en el suelo producto de lo que se supone fue el efecto del Gas Sarín –que una vez que invade el cuerpo humano tarda alrededor de media hora, si el contacto es con la piel, para manifestarse y colapsar las funciones esenciales de los órganos antes de la muerte inevitable entre sudores, mareos, espasmos y finalmente la asfixia y el paro cardiaco–, hombres desesperados intentando evitar lo inevitable: la muerte.

Al parecer el video fue grabado en Siria y difundido por los medios locales e internacionales, y según dicen los expertos todo indica que lo que documenta es un ataque químico contra una población civil, algo nunca antes visto casi en tiempo real.

Este suceso prendió las alarmas en la comunidad internacional y por primera vez –y no los dos años de guerra y los más de cien mil muertos–, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) pide al gobierno de Bassar Al-Assad garantizar la integridad de la población siria y el cese al fuego, sin embargo, Estados Unidos ha manifestado que intervendrá militarmente en el territorio sirio en las próximas horas.

Lo alarmante aquí es que Siria no es, por mucho, Irak, país árabe que la Unión Americana invadió en 2003, culminando con el derrocamiento de Saddam Hussein a quien condenaron para morir en la horca, orden ejecutada en diciembre de 2006.

Estados Unidos cuenta con el apoyo de nueve naciones: Alemania, Arabia Saudita, Canadá, Francia, Italia, Jordania, Qatar, Reino Unido y Turquía, quienes están decididos para encabezar una operación militar desde portaaviones desplegados en El Mediterráneo, al tiempo que otro frente ataca vía el Golfo Pérsico.

Lo preocupante es que, si bien existen gobiernos árabes que apoyan el derrocamiento de Bassar Al-Assad, el grueso del mundo árabe no es probable que dejen solos a los sirios… ya Irán y Rusia se han pronunciado en contra de un despliegue militar contra Siria, y para Teherán podría ser ésta la oportunidad de encabezar el poderío del mundo islámico contra “Occidente”, a sabiendas que si Siria cae, ellos serían el siguiente objetivo.

Aunque suena arriesgado y muy aventurado, las piezas se han ido acomodando poco a poco, y tarde que temprano –hoy o mañana– las tensiones en Medio Oriente desatarán más de un demonio que por siglos han estado esperando el día y la hora para desencadenar un cataclismo de proporciones mundiales.

Es cuestión de tiempo… y de tener la escusa perfecta, ya sea el petróleo o el agua o bien un ataque con una de las armas químicas más letales creadas por el hombre: Gas Sarín, que hay que señalar, Siria posee grandes cantidades, mismas que estará dispuesto para utilizar contra sus enemigos y la población civil.

Es posible que un eventual ataque de los Estados Unidos contra Siria no desate una guerra de proporciones universales, pero agrega tensión a la desgastada relación del mundo árabe con Occidente, léase Israel, Europa y Estados Unidos, algo que, insisto, coloca las piezas para una encrucijada mortal.

Jorge Iván Garduño
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En medio de la desolación

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Era el año de 1993 y en Washington, EEUU, se firmaba un acuerdo de paz entre Palestina e Israel, como una forma de declaración sobre  acuerdos provisionales para obtener la autonomía de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), misma que reconocía a Israel y su derecho a existir.

Estos acuerdos fueron signados por hombres que en su mayoría ya no ocupan los mismos cargos dentro de la política actual, han fallecido o en algunos casos fueron asesinados: Mahmoud Abbas, entonces representante de la OLP y desde 2005 presidente de la Autoridad Nacional Palestina; el Ministro de Relaciones Exteriores de Israel, Shimon Peres,  actual presidente de Israel; el ex Secretario de Estado de la Unión Americana, Warren Christopher, fallecido en 2011; el canciller ruso Andréi Kozyrev; además de Yasser Arafat, de la OLP, fallecido en 2004; Yitzhak Rabin, Primer Ministro de Israel, asesinado en 1995; y el entonces presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton.

En un caso curioso, ese mismo año, el director de cine Steven Spielberg, llevó a las salas cinematográficas la historia de los mil doscientos judíos polacos que fueron salvados de morir en el Holocausto por un solo hombre –Oskar Schindler–. Considerada una de sus mejores películas, con la cual ganó seis premios Oscar, incluidos los de mejor guión, película, director y banda sonora: La lista de Schindler, la épica versión cinematográfica basada en un hecho real que se encuentra consignado y documentado en el libro del escritor australiano Thomas Keneally (Sydney, 1935), El arca de Schindler.

Cinco años duró la aparente paz entre los pueblos árabe-israelíes firmada en Washington (1995-1998). Y pese a todo, el boom del Holocausto continúa dando cintas cinematográficas, libros “espectaculares”, entrevistas y una interminable lista de discursos, acuerdos y disculpas; que sólo se quedan en buenas intenciones.

Hace apenas unos días, se informó de las negociaciones entre palestinos e israelíes para alcanzar un acuerdo de paz en los próximos nueve meses, dando pie a que las conversaciones se den para mediados de agosto, todo auspiciado por el actual secretario de Estado de los Estados Unidos, John Kerry, que en su viaje a Medio Oriente asumió su papel de mediador para alcanzar la paz entre la israelí Tzipi Livni y el palestino Saeb Erekat, quienes se comprometieron para alcanzar tan “anhelado sueño”.

Sin embargo, aunque para todos es un tema urgente, considero que las fricciones en Medio Oriente proseguirán en el futuro cercano, pues nada ha cambiado desde 1993 o previo a esa fecha. El antisemitismo está más vivo que nunca, sólo que se encuentra políticamente “maquillado”, a pesar de que los dirigentes no lo acepten abiertamente, hay un odio que va creciendo paulatinamente y al final, por más “Oskares Schindler” que aparezcan, nada será suficiente para acallar el odio exacerbado que entre esos dos pueblos hermanos existe.

Ciertamente, todo se desenmascaró durante el siglo XX, cuando por lo menos en una ocasión observamos un temible rostro, permitiendo palpar la realidad durante El Holocausto. El soldado se convirtió en asesino profesional; la política, en crimen; el capital, en una gran fábrica equipada con hornos crematorios y destinada a eliminar seres humanos; la ley, en reglas de juego de un juego sucio; la libertad universal, en cárcel de los pueblos; el antisemitismo, en Auschwitz; el sentimiento nacional, en genocidio. En todas partes se trasluce la verdadera intención; los pocos ideales que había quedaron manchados por la sangre de la cruda realidad.

Y quizás la situación sea tal como la formuló Franz Kafka: sólo nos queda acabar con lo negativo; lo positivo ya lo eliminamos por nuestra propia falta de sensibilidad ante la destrucción del hombre hacia el hombre.

Israel y Palestina nuevamente se sentarán para dialogar y alcanzar la paz en un conflicto que ya alcanza proporciones mileniales, sin embargo y pese a los esfuerzos de los Estados Unidos, el camino es abrupto, sinuoso y desolador, en el que no he visto… no veo… ni veré las condiciones para que tan ambicionada paz se alcance.

Por desgracia, la paz y seguridad que en un futuro se pronuncien en aquella región, serán el inicio de dolores para los habitantes de Israel, Palestina y la Unión Americana, porque los intereses de los árabes, no son los mismos que los de los judíos, por lo que los norteamericanos están parados en un polvorín en el que el fuego ya ha sido encendido.

Jorge Iván Garduño
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Yusuf [Fragmento de novela]

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Aprieta fuertemente la piedrecita negra contra su pecho, continúa observando el danzar de las embarcaciones que van arribando al puerto de Beirut.

En la última ocasión que su amigo Yusuf visitó el puerto, le estuvo platicando sobre el peregrinar que realizó hace dos años a La Meca, ganándose el epíteto de hayyi. En La Meca se dan cita año con año millones de peregrinos en los primeros días del décimo segundo mes del calendario musulmán, en obediencia a uno de los cinco pilares del islam.

La mezquita erigida en aquel lugar santo es llamada Al-Haram, y Yusuf le contó que se trata de una construcción que puede albergar veinte veces la población de Beirut (no sé si Yusuf haya errado en sus cálculos, pero entiendo con esto que ha de tratarse de un lugar muy grande). Y así debe de ser, ya que rodea y custodia la Kaaba, el lugar más sagrado de la Tierra para cualquier musulmán. La Kaaba alberga en su interior la piedra negra, símbolo del pacto entre Alá y los fieles. Ojos de Aceituna se imagina que su piedrecita negra procede del lugar más santísimo y al que ya pronto deberá ir en peregrinaje: La Meca.

Supone que entre tantos marineros no ha de faltar alguno que dirija cerca de La Meca su embarcación –o al menos eso es lo que él se imagina, pues desconoce el lugar donde se encuentra La Meca–, y facilitarle así su peregrinaje a dicho lugar tan sagrado, no olvidemos que el Corán dicta que por lo menos una vez en la vida todo creyente debe hacer la visita a la región de donde fue originario el profeta. Y Ojos de Aceituna es un  fiel y creyente musulmán, ansioso de que se le otorgue un título de gran respeto, y ser un hayyi es de respeto. Le alegran los planes que se le han venido a la mente para llevar a cabo esta empresa, sus ojos brillan al tiempo que la luz del sol se refleja en su mirada, sonríe mostrando de un jalón “la mazorca blanca” (como decía mi padre), que escondía tras sus delgados labios rojos.

–¡Hassan!

Esa voz familiar despierta a Hassan de sus ensoñaciones, y en el instante mismo recuerda que por la premura de llegar muy de madrugada al puerto, se le ha olvidado recitar la plegaria del amanecer, el muecín lo va a castigar, pero más que el temor al muecín, tiene temor de girar el rostro y toparse con la mirada fría e inexpresiva de su madre. Las expresiones en el rostro de ella son prácticamente nulas, sabe que en cuanto se gire y levante la mirada para verla a los ojos no serán necesarios los golpes o los insultos, que además basta decir que nunca han sido necesarios; la frialdad de su madre en combinación con su templanza hacen de ella una roca imponente que hay que respetar.

–¿Sssí? –contesta el muchacho a la madre mientras gira el cuerpo para colocarse de frente a ella.

–Baja de ahí y vámonos a casa.

Con cuidado desciende de su puesto de centinela que improvisó con una pila de cajas de madera abandonadas en la parte trasera del lote utilizado como basurero. Una mano aquí, el pie por allá, la otra mano por acullá, la rodilla bien flexionada para alcanzar a poner el otro pie allá, ¡y listo!, ha logrado descender de su trinchera.

–¿Qué estás haciendo? –pregunta la madre sin titubear-, tus hermanos y yo te hemos buscado por toda la ciudad, cómo eres ingrato, con tanta gente ajena en el puerto no deberías de andar por estos lugares, alguien podría llevarte o aprovecharse y nunca más sabríamos de ti.

–Madre –dice el muchacho con ánimos de titubear–, no me ha pasado nada, además el tío Abdullah anda en el puerto.

–No me voy a poner a discutir con mi hijo –sentencia Laila–.

Lo toma del brazo y hace que camine hacia su casa.

Laila es una mujer delgada, de facciones finas y extremidades alargadas. El velo que utiliza para cubrirse el rostro deja al descubierto sus ojos a través de una abertura cuadrangular que asemeja un antifaz sin serlo, y si se observa mejor y con mayor cuidado, se trasluce el color moreno de su piel gracias a la blancura de la tela.

Laila avanza con pasos firmes.

–Lo lamento madre, no fue mi intención preocuparlos –expresa Hassan, pero Laila guarda silencio.

–¿Y mis hermanos dónde están?, me dijiste hace unos momentos que mis hermanos y tú me han estado buscando. ¿Dónde están Hussein y Noa? –insiste Hassan, pero su madre no tiene ni la más mínima intención de responderle.

Las cordilleras del Líbano custodian al oriente la ciudad de Beirut, un conjunto de piedras ocre que han sido talladas con manos volcánicas y salpicadas de vegetación abundante; ésta provee la región de maderas finas como el roble, el pino o el exuberante cedro; todas ellas se comercializan en el Mediterráneo, Europa y en el pujante continente americano.

–Voy a realizar la peregrinación a La Meca este mismo año –suelta a bocajarro Hassan poco antes de entrar a la casa.

Laila sale de su mutismo.

 Jorge Iván Garduño
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