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El nepotismo de El Chapo [Opinión]

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TEXTO PUBLICADO EL 13 DE MAYO DE 2017

Este martes pasado fue capturado en la Ciudad de México Dámaso López, quien es considerado uno de los sucesores de Joaquín “El Chapo” Guzmán. La captura de López, alias “El Licenciado”, se da en plena contienda entre las distintas facciones del cartel de Sinaloa: Dámaso López, por un lado, los hijos de Guzmán, por otro, y la sombra de Beltrán Leyva amenazante por otra…

La batalla en el territorio de El Chapo ha derivado que la violencia estalle en nuevos umbrales. Ya existen reportes de cuerpos aventados desde las alturas en avionetas, como exhibición y amenaza a grupos o facciones contrarios a uno u otro bando, por lo que es significante que en los dos primeros meses se registraron 230 homicidios, aunque especialistas aseguran que estás cifras podrían ser superiores.

Por otra parte, y tras la extradición de Joaquín El Chapo Guzmán, autoridades norteamericanas aseguran que capturar y encerrar al capo de Sinaloa ha sido parecido a lo que en su día fue el encierro de John Gotti, quien llegó a ser el jefe de los Gambino, una de las grandes familias mafiosas de Nueva York.

Y aquí es donde volteamos a ver a los hijos de El Chapo, porque una vez que veamos qué lugar ocupan en la estructura del grupo delictivo, existirán muchas personas resentidas por el hecho de que estén los hijos del narcotraficante donde están sin haber competido por una plaza como ellos sí lo han tenido que hacer, lo que algunos podrían llamar o acusar de nepotismo pero en versión narcotraficante.

En el mundo del narco, muerto el perro, no acaba la rabia. Más bien, muerto el perro, se propaga la rabia, y ese hueco ha generado un terremoto al interior de la organización y la sociedad pagará las consecuencias.

Con el agua al cuello [Opinión]

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Mi columna publicada en el periódico Capital Mexico “CON EL AGUA AL CUELLO“. Puedes leerla en este link: http://ow.ly/L5Tjo

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Texto publicado en el periódico Capital México, el miércoles 24 de junio de 2015. Para su reproducción total o parcial es necesario citar a Capital México y al autor.

“El extraditado”

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El extraditado (Grijalbo) constituye el retrato implacable sobre Benjamín Arellano Félix, jefe máximo del Cártel de Tijuana, una de las organizaciones criminales más poderosas durante la década de los noventa.

Desde una perspectiva cercana, la historia muestra el testimonio directo del protagonista, siendo la primera vez que un capo mexicano ofrece su versión de los hechos desde la extradición en Estados Unidos.

Con un estilo vertiginoso, siempre exento de juicios morales, Juan Carlos Reyna despliega una impactante crónica donde la voz del personaje principal confluye con información inédita de diversos expedientes judiciales. Así, el lector va descubriendo los entresijos de varios hitos en la historia del narcotráfico, como la balacera de la discoteca Christine, el asesinato del cardenal Posadas Ocampo o la detención del propio Benjamín Arellano en Puebla.

“Tuve la impresión –afirma el autor– de que la historia de los Arellano Félix, entrecruzada con la de México en general, era una sucesión brutal de ajusticiamientos.”

Situado más allá de la trinchera periodística, en ese recorrido lleno de velocidad y desconcertantes giros se ponen al desnudo las entrañas del cártel: sus nexos empresariales-políticos, sus jerarquías y modos de operar. El resultado es una compleja y profunda visión sobre la acumulación de poder a través del feroz ejercicio de la violencia.

Juan Carlos Reyna (Tijuana, 1980) es autor de Confesión de un sicario (Grijalbo) y de la columna El alfabeto ilustrado del narco mexicano publicada en http://www.vice.com. Su trabajo en televisión incluye la producción periodística de los documentales Se presume inocente y Confesiones de un sicario, nominado a los premios Emmy.

Su trabajo en artes visuales abarca el volumen de ensayos Las estéticas de la mundialización, la curaduría de Estado Alterado en la galería Massimo Audiello y una columna quincenal de crítica de arte en la revista Código.

Como músico es colaborador desde hace una década de Bostich y Fussible, fundadores del Colectivo Nortec y nominados a los premios Grammy Internacional.

Textos suyos sobre cultura y violencia han aparecido en el periódico Reforma y en las revistas Gatopardo, Esquire, La Tempestad y Letras Libres.

Por su parte Farrah Fresnedo (Los Ángeles, 1977) es criminóloga. Ha sido asesora durante cinco años para abogados federales especializados en delitos de narcotráfico en la frontera México-Estados Unidos. Además, ha sido mentora en la Unidad de Pandillas del Departamento de Educación del condado de San Diego, donde ha tenido a su cargo a adolescentes en la fase de iniciación en el crimen organizado.

Es miembro de la mesa directiva de Dasein, una asociación civil que ofrece asistencia psicológica y legal para niños de escasos recursos ligada con el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) en Tijuana.

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“Zetas”, la franquicia criminal

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En los últimos años del siglo XX y lo que va de este siglo XXI, hemos sido testigos del incremento de violencia en diversos estados de nuestro país, especialmente en Tamaulipas, Chihuahua, Michoacán, Morelos, Guerrero, Nuevo León, primordialmente y sólo por citar a los más representativos.

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Los enfrentamientos entre grupos criminales y elementos de seguridad pública ha sido una constante, así como la lucha por las plazas y zonas de paso para contrabandear estupefacientes han dejado a la población en la completa desolación, ya que las acciones del gobierno han sido prácticamente nulas.

Pero de donde han surgido tantos grupos criminales y ¿por qué?

El periodista Ricardo Ravelo, quien se inicio como reportero en la revista Proceso hasta hacerse de un nombre dentro del tema del narcotráfico por sus intensas investigaciones, publica un libro trascendental para entender la escalada de violencia que vivimos durante los gobiernos federales panistas y el surgimiento de nuevos y cada vez más poderosos y sanguinarios grupos criminales.

Zetas, la franquicia criminal (Ediciones B) es uno de los más recientes trabajos periodísticos que Ravelo publica, en el que devela nombres, acuerdos y la maraña intrincada en la que involucra al gobierno Federal y los carteles de la droga.

El grupo de ‘Los Zetas’, enfrento a militares contra militares, lo que ha encarnizado y elevado el nivel para erradicar la violencia, o bien, ya de menos apaciguar las aguas de tantas regiones convulsas, ya que al escuchar voces de la ciudadanía michoacana que se aventuran a citar que en Michoacán es imposible gobernar y se ha convertido en “Estado fallido” debido a que las acciones de las autoridades locales se ven limitadas por el miedo o por la colusión y contubernio con criminales donde hay ausencia de la ley y la justicia que provoca inseguridad, miedo, tristeza, ira, desconfianza, rivalidad, indiferencia, muerte y opresión, no me queda más que reconocer dichas palabras como una verdad al apreciar un paisaje de acontecimientos trágicos en aquella entidad… y en muchas otras donde operan distintos grupos como ‘Los Zetas’.

Jorge Iván Garduño
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“La historia del narcotráfico en México”, y la defensa de la narcoguerra

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Tras el aumento del índice delictivo, pero sobre todo de muertes por enfrentamientos y la llamada “Guerra del narcotráfico” emprendida por el gobierno del entonces presidente Felipe Calderón (2006-2012), se evidenció la gravedad que México enfrenta en materia de delincuencia organizada se refiere.

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A este respecto, también es muy recordado el llamado Acuerdo para la Cobertura Informativa de la Violencia que en su momento suscribieron 175 medios de comunicación, entre televisoras, radiodifusoras, periódicos, revistas, casas editoriales y portales electrónicos de información en el que se comprometieron todos ellos para adoptar estrategias que ayudaran a tomar posturas en contra del crimen organizado a fin de evitar convertirse en voceros involuntarios de grupos de terror.

Bien es cierto que el manejo de cualquier información debe ser abordado de manera objetiva como lo demanda el ejercicio periodístico, pero sobre el crimen organizado la objetividad –y aquí el periodismo es permisivo– no es posible plasmarla cuando de lo que se habla es un hecho que lacera a la sociedad misma, que por falta de capacidad o de sobrada incapacidad de las autoridades competentes, según quieran verlo, hiere, lastima y lesiona la libertad de expresión… que cabe recordar es uno de los derechos fundamentales en cualquier sociedad sana que se jacte de serlo, a fin de estar informado para tomar mejores decisiones.

121 mil muertos fue el saldo que el INEGI dio a conocer como el número oficial por la narcoguerra calderonista, sin embargo muchas voces dicen que esa lucha tenía que realizarse a favor de la sociedad mexicana, y uno de los argumentos más firmes al respecto se encuentra en La historia del narcotráfico en México (Editorial Aguilar).

En esta obra, Guillermo Valdés Castellanos, quien fungió como director del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) entre los años 2006 y 2011, hace una recapitulación sobre la situación que vivía México al llegar al cargo el ex presidente Felipe Calderón Hinojosa, para aterrizar en la defensa de la lucha emprendida por el pasado sexenio contra la delincuencia organizada.

En sus casi 500 páginas, Valdés Castellanos hace gala de sus conocimientos y muestra una gran investigación, por la que a más de uno les resultará una obra de consulta y acerbo bibliográfico, aunque no para quienes busquen o supongan que es un recorrido por los diversos cárteles mexicanos y sus principales cabecillas, ya que al centrarse en el pasado sexenio, no es posible alcanzar la objetividad en esta materia.

La historia del narcotráfico en México, una obra que por desgracia es necesaria para entender el México contemporáneo, ya que la escalada de la violencia en la delincuencia organizada amenaza la integridad de más y más ciudadanos de a pie quienes somos agredidos en nuestras libertades más básicas.

Una obra que hay que leer para entender u obtener las herramientas necesarias que nos permitirán cuestionar o defender la guerra contra el narcotráfico que caracterizó el sexenio de Felipe Calderón.

Jorge Iván Garduño
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“La literatura tiene el papel de contar historias verosímiles que enganchen al lector”

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El escritor colombiano Óscar Collazos me ofreció una entrevista a propósito de su nueva novela La modelo asesinada (Editorial Océano), un libro estremecedor en el que el protagonista, Raúl Blasco, se empeña en desvelar un misterioso crimen que desencadena una inquietante trama bien lograda y extremadamente  agitada.

Collazos nos habla de su quehacer literario, de su patria, la violencia y de cómo vislumbra el futuro colombiano, una interesante charla que a continuación reproduzco.

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Jorge Iván Garduño [JIG]: ¿Cómo se vivieron los años de violencia y corrupción creciente en Colombia, desde la perspectiva de tu generación?

Óscar Collazos [OC]: Como la continuación de episodios sucesivos de violencia en nuestra historia. Fuimos niños y crecimos con la violencia política de liberales y conservadores, hasta la aparición de guerrillas, paramilitares y narcotráfico.

JIG: ¿Desde siempre supiste que escribirías libros o cómo fue que iniciaste en esta empresa?

OC: Desde muy joven, hacia los 15 o 16 años, sentí que quería ser escritor. Hacia los 20, sabía que ya no podía ser otra cosa que escritor: publiqué mis primeros cuentos y artículos y decidí que, sobre todas las demás cosas (una carrera universitaria, una profesión exitosa) ser escritor era lo que le daba sentido a mi vida dentro de la más absoluta confusión.

JIG: ¿Cómo definirías tu literatura?

OC: He pasado por distintas etapas, de difícil definición: de la autobiografía y la experimentación formal de los primeros años a una visión del mundo más amplia, sirviéndome del aprendizaje de esos primeros años. Hay, seguramente, temas que definen mi literatura: la violencia, por ejemplo, pero es la misma violencia que recorren otros escritores de mi generación. En mi caso, esa violencia empieza con el principio de autoridad en la familia, con la imposición de dogmas religiosos y morales y el propósito de enfrentarlos desde la escritura. La sexualidad, que fue tema de muchos de mis cuentos y novelas, dio un paso hacia el erotismo y la trasgresión moral. De todas maneras, me resulta muy difícil definirme.

JIG: ¿Consideras a Raúl Blasco un paladín de la justicia y la honorabilidad; como un hombre que se niega a enfrentar su presente o una víctima de las circunstancias? ¿Y por qué?

OC: Raúl Blasco es un hombre que vive en las fronteras de la trasgresión y lo establecido. Es políticamente un escéptico, pero ha aprendido a vivir con los placeres que elige. Es un bon vivant, pero vive obsesionado con la justicia. Creo que vive irónicamente y por eso su condición de voyeur, es decir, de testigo. Ha tratado de ser un hombre justo y ha sido víctima de la injusticia. Más que un seductor, es un hombre que gusta, por ser libre.

JIC: ¿Piensas que en las sociedad son más los “Raules Blasco” que gente empeñada en la violencia?

OC: Los Raules Blasco de Colombia, los que prefieren la justicia al crimen, la ética a la corrupción, han impedido que mi país no se hunda en el abismo. Son figuras de la resistencia política y ética, pero están condenados, muchas veces, a perder, pues el sistema es mucho más poderoso que ellos.

JIG: ¿Cuál consideras es el verdadero papel de la literatura dentro de una sociedad a la sombra del narco y los paramilitares?

OC: La literatura, en este caso la novela, no tiene más papel que el de contar historias verosímiles que arrastren al lector del principio hasta el final. Frente al poder monstruoso de narcos y paramilitares, cualquier función de la literatura puede parecer irrisoria, pero más allá de las historias que cuenta, esa literatura contiene principios morales, actitudes ejemplares, formas de ver el mundo que los lectores reconocen detrás de historias y personajes.

JIG: Tras largos años de estar sólo como espectador, ¿cuál fue la Colombia que encontraste a tu regreso?

OC: Una Colombia que, de 1972 a 1989, se había convertido en uno de los países más violentos de América Latina, con una clase política capaz de servir a las industrias del crimen, con una sociedad secuestrada por las organizaciones criminales. Regresar a Colombia me exigía recuperar el habla cotidiana, las tensiones de la vida diaria, el instinto de supervivencia que había perdido en muchos años de ausencia. El país visto de lejos durante años debía ser visto de cerca. Eso le dio una nueva vida a mi literatura.

JIG: ¿Cómo vislumbras Colombia a corto, mediano y largo plazo?

OC: Un país que, finalmente, vislumbra la posibilidad de encontrar fórmulas de paz a mediano plazo, pero, al mismo tiempo, un país de fuerzas enfrentadas a favor o en contra de la guerra. No soy demasiado optimista: mientras subsista el narcotráfico y sus organizaciones al margen de la ley, van a subsistir otras formas de violencia organizada, no tanto de orden político (como las guerrillas) sino de orden estrictamente criminal, como lo que es llamado “bandas criminales”, que no son sino paramilitarismo sin proyecto político antisubversivo. Tendrán aliados entre las fuerzas del Estado, sin duda, pero una fase de la violencia histórica de Colombia parece encontrar por ahora una salida política.

La modelo asesinada una novela trepidante y que a cada momento impone un ritmo vertiginoso que desencadena en un final vibrante, que de principio a fin arrastran al lector en una historia tan verosímil como bien contada.

Jorge Iván Garduño
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“Trancapalanca”

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Tusquets Editores reedita este año un conjunto de cuentos breves del escritor sinaloense Élmer Mendoza, que conforman la obra titulada Trancapalanca, misma que fue publicada por primera ocasión hace 24 años, además, cabe mencionar que este extraño título del libro es una palabra evocadora que hace referencia “a un ritmo único” que en los 23 relatos a los que hago referencia se presentan múltiples facetas y situaciones que asemejan una vuelta de tuerca muy singular y sugestiva.

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En Trancapalanca se percibe una mayor libertad en cuanto al tratamiento formal de las historias en comparación con la obra más reciente que de Mendoza se ha publicado, mismas que nos sumergen en ambientes fantasmagóricos, de lucha, deporte, periodismo, asesinos a sueldo, y siempre cruzando la frontera entre el narco, las balas y la pólvora, siempre presentes en la obra de este autor.

Un universo fascinante es con el que nos encontraremos en Trancapalanca, que bien puede ser leído a manera de micro relatos y bien en su conjunto puede ser considerada como una novela difícil de encasillar por la variedad de historias que aborda y el tratamiento en cuanto a estilo se refiere, sin embargo por mantenerse este estilo y forma a lo largo de los relatos, es posible entenderlos como un todo abarcador dentro de un universo fragmentado y traumático.

Desde su publicación en 1989, este libro se erigió como “mítico” dentro de los círculos de lectura de culto, y conforme Élmer Mendoza alcanzaba una mayor relevancia con sus siguientes obras, se le atribuyó un halo de misterio impregnada de una literatura innovadora, evocadora y un tanto inocente por su carácter mismo de novatez, que no deja de ser por demás casual en el arte narrativo aleccionador.

Más de 20 años han transcurrido desde la primera edición de Trancapalanca, sin embargo para los nuevos lectores de la obra de Élmer Mendoza o para los ya cautivos amantes del también autor de Un asesino solitario, encontrarán en estos 23 relatos el estilo característico de quien es ya considerado el narrador que recoge con acierto el efecto de la cultura del narcotráfico en México.

Y es que Mendoza se ha erigido como referente de la cultura del narco en la literatura mucho antes que la escalada de violencia recrudeciera en nuestro país, y todo esto debido a su pluma audaz, firme, con la que ha relatado vertiginosas historias donde personajes imbuidos en el narcotráfico e intercambio de influencias se han posicionado en la palestra literaria de forma avasalladora.

Élmer Mendoza, un fascinante escritor comprometido con el fomento a la lectura dentro de la sociedad a fin de fortalecer el círculo literario, además de ser un apasionado formador de novelistas en el ámbito cultural de nuestro país, lo que le ha valido reconocimiento y admiración de parte de intelectuales, escritores y público en general.

Trancapalanca, un conjunto de 23 relatos con los que hace más de 20 años Élmer Mendoza puso en marcha un estilo libre y experimental en la mayoría de los textos, donde el lector podrá ser cómplice de los personajes sicalípticos traídos por la mente del escritor sinaloense, lo que la hace una obra relevante y poseedora de mucha tensión emocional.

Jorge Iván Garduño
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Chinola Kid: narcotráfico, vaqueros y heroísmo puro

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El estado de indefensión ante el crimen organizado en el que nuestro país ‒por desgracia‒ ha caído, sin lugar a dudas es motivo suficiente para que ciudadanos movidos por su entorno busquen exorcizar los demonios que se encuentran sueltos a lo largo y ancho del territorio nacional, y sobre este tema, en los últimos años el ejercicio literario es buena muestra de ello.

Una sociedad herida, lacerada, siempre estará sedienta de buenas historias con finales conmovedores, aunque en el camino se derrame sangre… ¡mucha sangre!, gente inocente muera o pierdan a sus seres amados y posesiones que por años acumularon gracias a su trabajo honesto; siempre que el relato brinde una bocanada de aliento… eso es vital.

Chinola Kid (Random House Mondadori, 2012), del escritor mexicano Hilario Peña (1979), no solo proporciona al lector aire fresco en medio de un ambiente fúrico, sino que además es una obra que cuenta con elementos bien estructurados en el ambiente del narcotráfico y sólidas bases en las aventuras de vaqueros, dando como resultado una novela reflexiva con altos niveles de adrenalina e hilaridad.

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Peña, quien reside en Tijuana ‒fronteriza ciudad del norte de México‒, nos lleva con su relato por intrincados senderos que se bifurcan en agrestes escenarios donde el narcotráfico, la violencia y la seducción de las mujeres, acechan por los caminos transitados por hombres, de los que el único pecado ha sido ser asesinos a sueldo.

El Tecolote, población sinaloense nacida de la inventiva de Hilario Peña, es una comunidad donde el índice delictivo es extremadamente alto, y bien puede representar la actividad habitual de muchas comunidades de hoy día, donde las figuras de autoridad son capos del narco y oscuros personajes de la política involucrados siempre en negocios de mala caña.

Los pocos pobladores se han convertido en minoría comparados con el constante peregrinar de las balas de las que son presa, así que es necesaria una figura que haga respetar la ley y devuelva la tranquilidad en la zona, por lo que al puro estilo de aventuras del Viejo Oeste, surge enfundado en botas de piel, camisa y pantalones vaqueros, y su reluciente sombrero Stetson, Rodrigo Barajas alias el Chuck Norris, quien de ser un mal encarado personaje vomitado por el submundo del narcotráfico pasa a ser un ser quien buscará su redención como alguacil de El Tecolote.

Chinola Kid, un narcowestern que disfrutará ‒apreciable lector‒ de principio a fin, con personajes castigados por la rivalidad y el odio, la avaricia y el deseo, el rencor y la osadía, y siempre ante el pasmo y la impotencia de la legalidad.

Una obra salvajemente escrita, Chinola Kid está impregnada de pólvora, sangre, pero sobre todo de mucho heroísmo, tan necesario y eficaz en tiempos tan convulsos como los que vivimos hoy en día.

En definitiva, Hilario Peña ha recreado una obra literaria con los trágicos elementos del narcotráfico y el arrojo de los personajes de las narraciones vaqueras, pero que no es menos que una voz inteligente que se eleva en medio de un salvaje y cruel desierto fulminante.

Jorge Iván Garduño
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Mi nombre es Casablanca, novela cargada de pólvora, plomo, material hirviente e hiriente

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La escalada de violencia que se suscita en este o en cualquier otro país, puede entenderse como el resultado de ausencia de responsabilidad y corresponsabilidad del individuo por su entorno, así como de la pérdida de valores de la base de la sociedad que es la familia, y por ende, una sinrazón de libertinaje que pone en jaque el tejido social que con tanto esfuerzo se construye por generaciones.

Cúpulas de poder carcomidas por el crimen organizado, una democracia tambaleante víctima de la embestida de la violencia repartida por todos lados, zonas hostiles, ejecuciones, secuestros, impunidad y corrupción, son los constantes boquetes por donde se cuela el miedo en la vida familiar.

En suma, la turbación se ha vuelto ya una forma de vida, siendo el narcotráfico un factor determinante en la estabilidad nacional, que no se doblega a pesar que cada descarga hiere a la sociedad, transformado el crimen en una nueva realidad, donde la muerte anda a caballo desbocado.

Dentro de este cuarto de pánico, el escritor mexicano, Juan José Rodríguez (1970), recrea una de las literaturas mejor logradas en lo referente a la cultura del narco, siendo un claro ejemplo de esto su novela Mi nombre es Casablanca.

Esta obra a la que me refiero, está construida a partir de la experiencia trepidante que se vive en Mazatlán en torno al narcotráfico, la corrupción de las más altas cúpulas gubernamentales y los intentos desesperados de un sector cada vez más reducido de los organismos policiacos que luchan en contra de estos cánceres sociales y públicos.

Una realidad que es imposible ignorar, siendo este libro una radiografía producto de la estela dejada por los hombres de la hierba, por los capos de la bala y el terror, por los señores que someten a las ciudades, zarandean las voluntades, arrinconan con la mirada en espacios abiertos con la violencia desconcertante que practican.

Novela escrita en primera persona, en la que el autor nos permite adentrarnos en los bajos fondos de una Mazatlán dibujada con plomo, pólvora y sangre caliente, olvidándonos por completo de la playa soleada, el mar y las diversiones acuáticas, porque la cultura del narco a permeado el trabajo periodístico, intelectual y literario en los últimos veinte años de manera brutal.

Mi nombre es Casablanca, una obra literaria que se desdobla en múltiples caminos circundantes, tejiendo una maraña boscosa en la que cada paso dado, es una posibilidad de ciegos en dar con la verdad, situación que le agrega elementos de suspenso policiaco, novela negra o thriller detectivesco que busca resolver una serie de crímenes aparentemente aislados que exigen una explicación.

Juan José Rodríguez, un escritor que ha construido una prosa con base en la cultura del narco, que sin lugar a dudas, comparte con el también sinaloense Élmer Mendoza, Leobardo Sarabia, Arturo Pérez-Reverte o Jorge Franco, en un paralelo hirviente.

La lectura de esta u otras novelas con igual temática, nos permite concientizar hasta qué punto el cáncer carcome y destruye, interrogar y analizar el entorno, ya que finalmente, la literatura no es un acto de cobardía sino de salvación, que busca cambiar desde adentro, desde el pensamiento la realidad, permitiéndonos acercar a nuestra existencia a fin de percibir mejor lo que somos y los que es el mundo.

Esta obra, logra de forma avasallante, ser un fiel espejo de los actuales sucesos de la sociedad, a fin de reconocer nuestras limitantes para definir mejor el futuro.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com
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Revista “Molino de letras” Abril-Junio 2011.