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¿El regreso del nacismo? [Opinión]

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TEXTO PUBLICADO EL 30 DE SEPTIEMBRE DE 2017

Tras las elecciones del domingo 24 de septiembre, sorprende la irrupción de la ultraderecha al Bundestag de Alemania como la tercera fuerza, lo que supone la instauración en el Parlamento de un discurso xenófobo y nacionalista de ultraderechistas que desde la Segunda Guerra Mundial no accedía al Parlamento.

El partido Alternativa para Alemania (AFD), obtuvo alrededor del 13% de los votos, y tendrá entre 86 y 89 diputados en el Bundestag. Entre sus futuros diputados figuran personas que aplauden el papel de los soldados nazis, descalifican abiertamente a los extranjeros e incluso tienen vínculos con grupos neonazis e identitarios.

Entre ellos están: Martin Hohmann, expulsado en 2004 de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) por antisemita tras calificar a los judíos como “pueblo delincuente”; Jens Maier, que ha abogado por acabar con la “cultura de la culpabilidad” en Alemania; Detlev Spangenberg, que defendió un país con las fronteras de 1937; Leif-Erik Holm, quien advirtió que Alemania “paso a paso se está transformando en un califato” por la llegada de musulmanes; Alice Weidel, que en 2013 tachó, mediante un correo electrónico, a los miembros del Gobierno de “cerdos” y “marionetas de las potencias vencedoras” de la II Guerra Mundial y alertaba que Alemania estaba siendo “inundada por pueblos de culturas extrañas como árabes y gitanos”; y Alexander Gauland, periodista y político de 76 años, que mediante sus discursos anima a los alemanes a sentirse “orgullosos” de los actos del ejército nazi en la II Guerra Mundial.

Sigmar Gabriel, ministro socialdemócrata alemán de Exteriores declaró previo a los comicios que “Si realmente AFD entra en el Bundestag, hablarán por primera vez en más de 70 años los nazis en el Reichstag”.

¿El retorno de la ultraderecha en Alemania será una alerta para Europa, y el mundo entero?

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Circuncisión faraónica

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El siguiente texto, es un extracto del testimonio verídico de Khadidiatou Diallo, mujer africana, militante en Francia de la asociación Grupo de Mujeres para la Abolición de las Mutilaciones Sexuales (GAMS):

Nunca me olvidare de ese día. Fue en 1966. Yo tenía 12 años y mi hermana diez. Como todos los veranos, estábamos en casa de nuestros abuelos paternos, en una aldea a 15 kilómetros de Bamako. Una mañana temprano fuimos a ver a mi tía, la hermana de mi padre, a quien siempre queríamos visitar, pues nos consentía mucho.

Yo no sospechaba nada. Mi tía me llevo al baño y ella y varias mujeres más se abalanzaron sobre mí, me agarraron, me tumbaron y me separaron las piernas. Yo gritaba. No vi el cuchillo, pero sentí que me estaban cortando. Había mucha sangre. Lloré, pero me decían ‘no hay que llorar, es una vergüenza cuando una llora, ahora eres una mujer, lo que te hemos hecho no es nada’. Empezaron a dar palmas y me vistieron con un paño blanco. No me pusieron ninguna venda, sólo algo que habían preparado con aceite de karité y hojas. Le tocaba a mi hermana menor. La oí llorar y pedirme auxilio y eso me hizo sufrir aún más.

Me embarga un sentimiento de odio y de rabia. Me case a los 22 años. Nunca pude decir que me faltaba algo en mi cuerpo, porque no se admitía que una mujer expresara sus deseos de placer. No es una herida, sino una verdadera mutilación; una herida se cura, pero con la mutilación se pierde algo para siempre.

 Según cálculos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 130 millones de mujeres han sido víctimas de mutilaciones sexuales y, anualmente, dos millones de niñas corren el riesgo de sufrir esas prácticas. Existen 28 países del África, y grupos que realizan esto dentro de las comunidades de inmigrantes en Europa, Australia, Canadá y Estados Unidos.

La mutilación sexual femenina –conocida como excisión–, consiste en cortar la piel que recubre el extremo del clítoris o la extirpación (ablación) de este órgano y, a menudo, se amputa parte de los labios menores. Otra mutilación mucho más extrema es la de la infibulación o también llamada circuncisión faraónica, que es una excisión completada con la ablación de los labios mayores, cuyos muñones se suturan de un extremo a otro, dejando un pequeño orificio para permitir el paso de la orina, el flujo menstrual y más adelante, permitir la penetración. Esta práctica tiene graves consecuencias: hemorragia, anemia, retención de líquidos, infecciones pélvicas y desgarramientos en el parto. Se ha considerado que dicho ritual no tiene vinculación con religión en particular, ya que tribus animistas, judíos, cristianos y musulmanes la practican, siendo esta última la más identificada con este rito considerado de transición.

En la mayoría de los países musulmanes, las leyes laborales en el sector industrial o administrativo, tienen como primera víctima a la mujer trabajadora en relación con la desigualdad de sueldos, facilidades maternales o lo referente a la jubilación, mientras que en la agricultura o el trabajo doméstico, no existe ninguna ley que proteja a las trabajadoras.

En lo referente a las leyes familiares, –en cualquier país árabe– como la finalidad es proteger los beneficios de la familia como una unidad económica, le dan todo el poder a los hombres, quienes desde el punto de vista religioso, son los únicos capaces de mantener y defender esa unidad, convirtiendo a las mujeres –reitero– en sus primeras víctimas.

Estas “ceremonias” obligan, que cada vez sea mayor el número de mujeres de corta edad, que abandonan su país de origen, para emigrar a Europa o América del Norte principalmente, sumándose a los problemas alimenticios y de trabajo existentes. Todo esto fomenta la prostitución, el odio y la denuncia constante de grupos que consideran el “totalitarismo islamista” comparable con el nazismo y el estalinismo, que desemboca en constantes choques violentos, y estos hechos todos “en nombre de Dios”.

Un caso significativo es el de Waris Dirie, quien nació en Somalia, en una familia nómada. Ignora su edad pero podría tener 41 años. A los cinco, aproximadamente, su madre la condujo a la oscuridad del desierto y dejó que una gitana le extirpara el clítoris. Después, la cosieron con espinas de plantas y le ataron las piernas por 40 días. Su belleza le valió un millonario contrato con la marca Revlon y ser parte de las inolvidables chicas Bond. En septiembre de 1996, fue nombrada por la ONU Embajadora Especial para su campaña en contra de la mutilación femenina. Es autora del libro La flor del desierto, (Editorial Planeta, 1999), en el que habla sobre su niñez y de cómo salió de África.

La mutilación femenina ha sido una práctica milenaria que no debería seguir existiendo, sin embargo es tan complicado erradicarla y tan complejo combatirla, que el simple hecho de mencionar esta posibilidad es ya una herejía por la cual en diversos países yo podría estar siendo lapidado.

Pero dentro de nuestras sociedades modernas, debemos hacernos conscientes que estas prácticas suceden todos los días en lugares remotos de nuestro planeta o bien, a la vuelta de la esquina de nuestro vecindario, por lo cual el hecho de ignorarlo no va a solucionar ni a mejorar la situación, ya que no sólo se daña a la mujer, sino que la figura varonil también es trastocada.

En la medida de nuestras posibilidades hablemos y ataquemos estos sucesos con la firme convicción de construir mejores bases sociales, fomentar la conciencia humana, valorar la figura femenina y toda su femineidad, quizás, en no muchos años, podamos decir que en todo el mundo: la mujer ya no es un objeto sexual, de trabajo doméstico y de reproducción humana, sino que ha sido valorada como la depositaria de la vida misma.

Jorge Iván Garduño
@plumavertical
 
Este texto ha sido publicado en:
 
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