Archivo de la etiqueta: Niños

“El tambor de hojalata”: novela emblemática de Günter Grass

Estándar

Considerado uno de los grandes intelectuales de nuestro tiempo y galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1999, Günter Grass (Danzig, 1927) expone en su libro más celebre El tambor de hojalata (1959), un ejercicio de desmitificación acerca de los crímenes alemanes en la primera mitad del siglo XX.

Oscar Matzerath, el protagonista, nos narra su intrincada historia en la época de una Alemania convulsa. Este misterioso joven se encuentra recluido en una clínica para enfermos mentales desde donde relata las memorias de su vida, al tiempo que golpea su tambor de hojalata, cansando a quienes lo rodean por tanto tocar. La crónica parte de un flashback en el que el joven Matzerath ocupa el papel de narrador omnisciente y omnipresente; la primer característica lo acompañara durante sus primeras tres décadas de existencia.

Junto a él, está el enfermero del hospital encargado de Matzerath, el silencioso Bruno, que hace las veces de amigo y que acompañará al alucinante Oscar a fungir como testigo de un mundo desquiciado decidido a expulsar a las mentes sensatas.

Una estilográfica, quinientas hojas de “papel virgen” y todo el tiempo necesario, ocupará nuestro protagonista para desdeñar cada tabú de la sociedad que contempla con excelente iluminación desde su aislamiento, donde <<se entrega al lúcido vértigo, a la delirante inteligencia oculta tras su apariencia infantil>>.

Nuestro héroe, por decisión propia –si es que así se puede decir–, sufre un accidente en su tercer aniversario y con esto devino, el mayor rechazo propinado por un niño hacia sus progenitores y a la sociedad que habita: detener su crecimiento, culpar de su condición al que se piensa su padre y hacer creer a todos que razona y actúa como un chico de tres años.

Como lectores, contemplado desde el umbral, este universo es desquiciante; adentrándonos en él, se vincula el desamparo a lo grotesco propinado por el misterioso ritual de una criatura ácida sujetada a su tambor de esmalte rojo y blanco. Un demiurgo venido en la noche para divertir y asustar a mucha gente.

Oscar Matzerath entrecruza las fronteras de lo real y lo fantástico en un mundo donde prevalecen los dobles discursos, los engaños y los asesinatos. Una novela bergante en la que Grass redacta de forma picante y exagerada sus experiencias durante la consolidación del nazismo anterior a 1939, así como de los años de la guerra y la posguerra.

Esta obra colocó al novelista, poeta, escultor, músico, dibujante y dramaturgo alemán entre las voces más destacadas de su generación. Sus firmes convicciones morales y socialistas sustentan la fantasía de este volumen.

Günter Grass ha llegado a abordar otros temas, sin embargo es uno el que le desvela, el que le obsesiona, el que le da razón para escribir, el que inunda las millones de hojas escritas por su mano: el holocausto, el acontecimiento central de Europa y también del mundo en el siglo XX. La sombra nazi (fría y alargada) proyectada por más de seis décadas sobre el actual pueblo teutón y sus hijos, ha encontrado una de las mejores superficies en la cual descansar. Toda su narrativa está articulada, ciertamente, en torno al nacionalsocialismo y, la posición política y la ideología socialdemócrata que comparte Grass.

Como buen alemán comprometido con su pueblo, pretende reforzar los ideales universales que quedaron manchados por la sangre de la cruda verdad, la violencia y la destructividad. La indignación causada nos lleva a la reflexión, tal vez sea sólo un sentimiento artificial que sirve para quitar el sabor original, mucho más requemante, de aquel momento. Mas el arte –léase literatura- no es para condenar a las personas, sino para recrear el momento y obtener nuestras propias conclusiones.

El tambor de hojalata, conmovedora novela que es también un fino análisis de la realidad y otra llamada de alerta realizada con poesía, terror, erotismo, blasfemia, advenimiento. Oscar Matzerath encerrado en una habitación por un crimen que no cometió; pero dispuesto a la redención y rendido a la reconciliación con el exterior. Definitivamente, literatura de advertencia.

Este artículo fue publicado en:

 http://www.lajornadaguerrero.com.mx/2011/04/15/index.php?section=opinion&article=006a1soc

Además se ha publicado en la revista bimestral “Molino de Letras” de Julio-Agosto de 2007.

Revista “Desde El Sótano” de librerías El Sótano, Julio-Agosto 2007.
 
http://efektonoticias.com/noticias/internacional/el-tambor-de-hojalata-novela-emblematica-de-gunter-grass
 
Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com
@plumavertical
Anuncios

Velo de novia

Estándar

El fuego y las luces que saltan, bailan, se abrazan y se funden sobre las personas que gritan extasiadas esta noche me tienen embelesada, fascinada, hipnotizada… nunca había contemplado tan de cerca el danzar de la pólvora quemada.

El pueblo está de fiesta, la niña María se casa con Antonio -el hijo del panadero-, quienes desde niños jugaban en esta misma plaza a corretearse uno detrás del otro, o simplemente tomaban cualquier envase vacío extraído de la basura para patearlo a fin de que les sirviera de pretexto para pasar las horas después del colegio.

Esta noche, María y Antonio se miran a los ojos prometiéndose amor y fidelidad, mientras los pobladores bailan alrededor suyo librando las chispas de pólvora encendida que buscan quemar la superficie de sus ropas; y yo, contemplo desde las afueras de la iglesia cómo las luces de fuego cubren a todo un pueblo y les hacen olvidar por unos instantes penas, dolencias y pesares. ¡Qué gran acontecimiento!

El flamante marido obsequia monedas a las doncellas, y su esposa se descalza las zapatillas y tira el velo de novia a sus primas al tiempo que corre tras él, sí, así como queriendo recordar aquellos años en que juntos jugaban hasta que el sol se ocultaba.

Velo de novia

Jorge Iván Garduño
@plumavertical

El Señor de las moscas o la reinvención del conflicto humano

Estándar

¿Qué sucedería si de pronto te encontraras en un lugar paradisíaco junto a una docena de personas, y les tocara organizarse para su supervivencia?, o peor aún, si a este lugar paradisíaco, en vez de habitarlo nosotros lo protagonizaran un grupo de niños responsables de marcar las reglas, ¿cuál sería el resultado? La respuesta es simplemente la misma: se reinventarían los mitos, miedos y odios que existen en el mundo que conocemos.

Existe una novela que nos plantea esta circunstancia y el gran acierto de parte de su autor, es que el protagonista es un grupo coral de niños, y no de adultos. ¿Por qué? Porque en el caso segundo, en el que los personajes fueran adultos, el lector sería simplemente un testigo y no ocurriría la liberación que permite la lectura, sus diversas interpretaciones y esa inteligente protesta erigida a mitad del siglo XX; es en el primer caso, el de la precocidad, la que nos convierte en cómplices, en culpables, ¿quién puede matar a un niño? Otro niño. <<El dedo acusador del autor nos señala a todos>>.

Un libro pesimista, sin duda la verdadera Fábula Moral del siglo pasado y, una obra que adquirió la condición de clásico contemporáneo prácticamente desde su publicación en 1954; en la actualidad lectura obligada en muchas escuelas y universidades, me refiero a El Señor de las moscas de William Golding.

La obra narra la historia de una treintena de niños ingleses (de entre seis y doce años) atrapados en una isla desierta cuando su avión es derribado por un aparato enemigo en tiempos dela Segunda GuerraMundial. Ellos, como únicos sobrevivientes, se ven forzados a organizar su existencia; no hay ningún adulto, no hay ninguna ley adulta, todo cuanto ven les pertenece, pueden hacer lo que les venga en gana –diría alguien–; nadie se los puede prohibir.

Los chicos comienzan por reinventar una democracia, ya probada en la civilización de sus mayores, que sólo trae desacuerdos, oposición, guerra y más conflictos; nada diferente de la sociedad cuestionada por el caos que no está muy lejos de ahí produciendo ruina, muerte y destrucción.

La guerra por el poder y el dominio, entre el bien y el mal, el orden y el caos, la civilización y el salvajismo, la ley y la anarquía, representados en dos figuras: Ralph, que derrota por muy poco en las votaciones realizadas por los infantes, y por Jack, quien será elegido cabecilla de los cazadores, o rebeldes. ¿Qué ocurre cuando las reglas las impone una autoridad irresponsable?

Esta novela refleja la agresividad criminal como uno de los instintos inherentes al hombre, y a la vez, la violencia ejercida por los niños es producto <<de la educación represiva de una sociedad que se sustenta en el castigo como valor y justicia final de toda ley>>.[i] Ante la falta de reglas, “la desazón del delito” desaparece. Sin responsabilidades, no hay sentido de culpa; sin culpa no hay madurez. La sociedad actual ha crecido y está creciendo sin siquiera sentir remotamente responsabilidad alguna de sus actos del pasado y del presente, una sociedad inmadura, sin sentido de culpa e irresponsable que se dirige a su exterminio.

En la novela, los escolares se encuentran liberados de la autoridad social para dar rienda suelta a sus instintos ocultos, reinventando mitos, miedos y odios; sin pretenderlo, la perfecta imitación a escala de sus mayores: reinventan el origen de la guerra, del conflicto, del odio, de la lucha, de la envidia, del desprecio, de la enemistad, del rencor, de la indiferencia, de la hostilidad, del horror, de la violencia, del asesinato… en fin, del Hombre Moderno.

El Señor de las moscas, un análisis conmovedor del conflicto entre dos impulsos contrapuestos que existen en el interior de todos los seres humanos: el instinto de conseguir la gratificación inmediata de todos los deseos y el impulso de hacerse con la supremacía por medio de la violencia, sacrificando al grupo en beneficio del individuo. En suma, un tratado sobrela Naturaleza Humana, un ejercicio de desmitificación personal.

Golding nos dice que el conflicto está en nosotros mismos y estamos condenados a repetirlo si sólo nos dejamos gobernar por nuestra fuerza interior y razonamiento propio… entonces daremos paso a la decadencia humana. “Si algún hombre se atreviera alguna vez a expresar todo lo que lleva en el corazón, a consignar lo que es realmente experiencia, lo que es verdaderamente su verdad, creo que entonces el mundo se haría añicos, que volaría en pedazos, y ningún dios, ningún accidente, ninguna voluntad podría volver a juntar los trozos, los átomos, los elementos indestructibles que han intervenido en la construcción del mundo.”[ii] Estamos cerca de lograrlo.

En un momento de la narración, los chicos temen a una fiera, (ese miedo a los demás que es el tema mismo de la novela), convencidos que hay un monstruo en la pequeña isla, surgirá la invención del primer mito de su sociedad condenada al exterminio) y cuando uno de ellos, Simón, comprende que la bestia no es una figura externa, sino que existe dentro de cada uno de ellos, es asesinado. Ellos le otorgan forma a la semilla del mal que llevamos dentro. Golding, nos formula la siguiente pregunta: ¿nos dejaremos gobernar por nuestra Naturaleza?

Este texto representa la exploración de los dilemas morales y las reacciones del individuo cuando es sometido a situaciones extremas. La historia queda circunscrita a un pequeño grupo de chicos en una isla, pero es un examen a las cuestiones básicas de la experiencia humana más amplia, que nos debe servir para transformar positivamente nuestro espíritu y poder definir mejor nuestro futuro.

El Señor de las moscas es equiparable con lo que dice Eduardo Galeano en su libro Las venas abiertas de América Latina, con lo que concluyo: <<En tiempos oscuros, tengamos el talento suficiente para aprender a volar en la noche… seamos lo suficientemente sanos como para vomitar las mentiras que nos obligan a tragar cada día; seamos lo suficientemente valientes para tener el coraje de estar solos y lo suficientemente valientes como para arriesgarnos a estar juntos…>>.


[i] Para los estudiosos de la obra de Golding.

[ii] Henry Miller, Trópico de Cáncer. Quien dijo a su manera lo que William Golding plasmo en su obra.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com
 
Este texto fue publicado en:
 
Revista “Molino de letras” enero-febrero de 2010.