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Albert Memmi, un rostro anticolonialista

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En la época reciente, somos testigos del derrocamiento de dictadores en el norte de África y Medio Oriente, revueltas sociales que han servido como “inspiración” para que pueblos muy similares se levanten en contra de gobiernos dictatoriales en naciones árabes diversas como son Egipto, Marruecos, Argelia, Libia, Bahrein o Túnez, país donde iniciaron, el 17 de diciembre de 2010, una serie de protestas que culminaron con la dimisión del ex presidente Zine el-Abidine Ben Alí, y con ello el detonante de la llamada revolución del jazmín.

Los cambios trascendentales que sufre la geopolítica mundial, son muestra fehaciente de la inestabilidad social a la que estamos sometidos, en la que sólo es necesaria la chispa adecuada que encienda el descontento social, para dar paso al surgimiento de un líder nacional o regional que muy difícilmente se abstendrá de cometer los mismos errores y ejercer el poder de forma similar a las que hoy originan las revueltas.

Debemos recordar que la opresión es antes que nada el odio del opresor contra el oprimido, y un sistema colonial fabrica colonialistas de la misma manera que fabrica colonizadores, muy probablemente como en el caso de los actores de la revolución del jazmín, donde un pueblo colonizado buscó asumir las responsabilidades colectivas para decidir su destino como pueblo, accediendo a la construcción de una nación incluyente, donde el peso de la tradición barrial y el activismo sindical, formaron un frente que articuló la protesta civil y “pacífica” contra un régimen autoritario y corrupto que ya no garantizaba la estabilidad ni la viabilidad de los sistemas políticos, pero con el riesgo de que en ellos resucite la naturaleza humana que hoy quieren destruir.

En este marco histórico temporal, años atrás surgieron diversas voces de combate consideradas subversivas, quienes han escrito textos que denuncian la explotación económica y los excesos de los gobiernos monárquicos, siguiendo la tradición anticolonialista por su pasado de sometimiento europeo, resultando en una literatura de ruptura total.

En este pensamiento converge la obra de Albert Memmi, un literato e intelectual que nació en el Protectorado francés de Túnez en 1920, dentro de una comunidad judía. Él utiliza la lengua francesa como instrumento de su quehacer profesional, pero con la incuestionable convicción de que sus letras no se arrojen al compromiso político totalizador que permea y ciega al Tercer Mundo; pugnando por una conciencia socio-cultural que permita que los pueblos menos desarrollados gocen de los beneficios de la civilización europea.

La importancia de su obra radica hoy día, en que ha descrito o anunciado a manera de premonición que dichos pueblos –árabes o judíos– deben romper el círculo infernal del colonialismo por medio de la rebelión, que según Memmi sería esencialmente “una negativa de todo lo colonial”; asimismo, nos advierte que el oprimido también puede ser opresor, pues si la colonización destruye al colonizado, pudre al colonizador.

Como novelista, el autor tunecino nos cuenta su amarga juventud en La estatua de sal (1953), texto que le sirvió para orientar su existencia judía dentro de un mundo árabe, y toparse con la imposibilidad de una vida humana consumada en el África del Norte posterior a la segunda mitad del siglo XX, dando pie a lo que sería su segunda obra, Agar (19); en ambas, Memmi describe la quemante tierra africana a través de su mirada, dejándonos sentir, por medio de la nuestra, el fuego abrazador de su magistral pluma.

Albert Memmi, autor de una obra sobria y claramente apasionada, donde su tranquila objetividad es sinónimo del sufrimiento y cólera ya superados, por lo que sus relatos parecen proyectarse al presente inmediato y no al pasado traslúcido del que surgieron.

Jorge Iván Garduño
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com
@plumavertical
 
Este texto ha sido publicado en:
 
http://www.lajornadaguerrero.com.mx/2011/03/13/index.php?section=sociedad&article=006n3soc
 
http://apiavirtual.net/2011/03/10/albert-memmi-un-rostro-anticolonialista/
 
 

Yasar Kemal: de la tradición oral a la escritura épica

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Turquía, Estado encrucijada entre Asia y Europa situado en Asia Menor, en el Mediterráneo. Nación poseedora de una incalculable riqueza en todos los planos, muestra de ello es: la basílica de Santa Sofía; la región de Ankara de donde provienen las cabras y los conejos de angora (de ellos se obtienen las apreciadas lana mohair y de angora, respectivamente); el raki;[i] el kebab;[ii] los derviches Mawlawiyah; la ciudad de Estambul; el monte Ararat[iii] y la región montañosa del Kurdistán.

A lo largo de su historia, Turquía ha sido punto de encuentro de culturas, de ideologías, centro culminante de las rutas comerciales entre Oriente y Occidente, tierra de asilo para los judíos sefardíes expulsados de España y, sobre todo, la capital de un imperio que extendió sus dominios por una parte de Asia, Europa y algunas zonas del continente africano –el imperio otomano–.

Dentro de este gran mosaico que ha fungido como puente entre dos mundos y sus ciencias, nace en Hemite, Kemal Sadik Gokceli (1923), una de las mayores figuras de la literatura contemporánea turca, un autor incómodo por utilizar un estilo mordaz, virulento y sarcástico a favor de los desheredados que luchan en nombre de la tierra.

Sadik Gokceli es conocido en los círculos literarios por el seudónimo de Yasar Kemal, con el cual a publicado una veintena de relatos, protagonizados todos por bandidos solitarios que se ven enfrentados a gobernantes ambiciosos, despiadados y corruptos que han dominado las regiones turcas a lo largo de la historia.

Yasar Kemal es de origen kurdo, lo cual explica mejor su estilo literario, que ronda las ideas comunistas y una defensa comprometida hacia la minoría kurda, haciendo de lado el silencio ante las injusticias que ha imperado  no sólo en esta sinuosa zona geográfica del planeta, sino que a la vez otras minorías ven reflejadas su situación política y hacen suya la voz de Kemal, que no es otra mas que la de la defensa en pro de su heredad.

Su prosa no necesita mayor explicación, es firme, calibrada, cadenciosa, llena de pasión, cargada de emociones, de acción, a ratos con humor y a ratos con sentimiento, en escenarios que se desarrollan al aire libre y a lo largo de la compleja barrera montañosa que se extiende por todo el territorio turco; dando muestras de la pericia que tiene el autor para describir los paisajes que rodean a sus personajes, sin caer en el exceso.

Sin embargo, debo añadir un dato que brindara a la lectura de Yasar Kemal mayor lucidez y que, tiene que ver directamente con su origen: el Kurdistán. Los kurdos viven diseminados desde hace siglos en una región montañosa del oeste de Asia, que se extiende por Turquía, Siria, Irak, Irán y Armenia, aunque la mayoría de ellos se encuentra instalada en Turquía e Irak.

Ellos son musulmanes de la rama sunnita y se dedican a la agricultura y a la cría de ovejas. Este pueblo ha hecho frente a las invasiones de muchos pueblos guerreros y sólo fue vencido por los turcos selyúcidas en el siglo XI e incorporados al imperio otomano en el siglo XIV. Trasla Primera GuerraMundial, en 1920 se firmó el Tratado de Sèvres, el cual preveía la creación de un estado kurdo, pero en 1923 al ser nombrado presidente Mustafá Kemal Atatürk (1923-1938) no se respetó el acuerdo y suprimió la cultura e identidad kurdas, lo que ha dado origen a los diversos levantamientos armados hasta la actualidad.

La ausencia de compromiso y verdadera libertad han creado personajes legendarios, me refiero a Memed El Flaco, un bandido mítico que protagoniza la novela-símbolo más representativa de la obra de Kemal: El Halcón (1955), con la cual alcanzó el reconocimiento mundial y a la vez un odio más execrable de parte de sus coetáneos, que no perdonan una mente lucida en medio de un desierto de incoherencias.

Yasar Kemal comenzó como periodista para un diario de su país, con el paso de los años, fue puliendo su escritura a la vez que recababa las tradiciones orales del Oriente Medio, para finalmente plasmarlas en un tono épico. << Sus novelas en el fondo son relatos de aventuras, impregnadas de una poesía sutil, de un paisaje espinoso, con un aliento de epopeya que sin embargo profundiza en los seres menores, en sus limitaciones y posibilidades, y en esa hondura exótica que forman las elegías y creencias ancestrales de la cultura medio oriental>>, como dijo su más reconocido crítico.

Su trabajo literario nos recuerda la épica clásica india y las narraciones románticas protagonizadas por hombres obligados a convertirse en bandoleros que se refugian en los montes,[iv] hombres que se escurren de las manos de la justicia corrupta, condenados a la soledad, pero que poseen un alma noble, rebelde, comprometida.

En definitiva, no me queda más que compartir las palabras que hacen referencia a la prosa de Yasar Kemal, <<Una escritura que acaricia y quema, que crea la adición propia de lo fronterizo, pues fusiona con dolor el Oriente y el Occidente>>.[v]


[i] Un aguardiente anisado considerado como la bebida nacional turca.

[ii] Forma de preparar la carne de cordero o ternera al estilo turco. Son platillos heredados de los pueblos nómadas de Oriente y centrados en la carne del cordero. Parte pincho, parte brocheta, parte bocadillo.

[iii] Según el Antiguo Testamento fue la cumbre en la que se posó el arca de Noé después del diluvio universal, Gn. 8:4.

[iv] Casi comparable con el cine mexicano de mitad del siglo XX, que era producto de una resaca revolucionaria.

[v] José Luis de Juan, El País.

Jorge Iván Garduño 
Fotógrafo, escritor y periodista mexicano.
jorgeivangg@hotmail.com
@plumavertical
 
 Este texto ha sido publicado en:
http://www.lajornadaguerrero.com.mx/2010/11/21/index.php?section=opinion&article=006a1soc
 
http://apiavirtual.net/2008/09/17/yasar-kemal-de-la-tradicion-oral-a-la-escritura-epica/