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Tensión en Gaza [OPINIÓN]

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TEXTO PUBLICADO EL 18 DE AGOSTO DE 2018 EN EL PERIÓDICO EL NACIONAL

Las tensiones que se desataron desde hace cinco meses en la zona de Gaza, derivó que Israel haya restringido “aún más” el paso de mercancías a la región a través del paso Kerem Shalom, la única terminal de carga hacia el territorio palestino. El paso permanecía cerrado con restricciones desde principios de julio como represalia por los ataques a Israel con proyectiles desde la Franja de Gaza, y que se suma a una operación militar efectuada con bombardeos del Ejército de Israel que causó la muerte de al menos dos adolescentes a mediados de julio en el pequeño territorio. Israel restringió la entrada de petróleo y gas.

A ello, se suma la marejada terrorista que, vuelve a ocupar los titulares de la prensa internacional tanto en Oriente como en Occidente, el miedo en Europa y EU ante grupos yihadistas está latente… y el nerviosismo generado por el temor puede provocar reacciones en cadena.

En días pasado, en Medio Oriente una tensa calma laceró fuertemente a la región, luego de que Israel, pese a aprobar una tregua en la franja de Gaza para intentar poner fin a la guerra encubierta con Hamás, que en las últimas semanas ha desembocado en ataques generalizados de ambos bandos.

El Gabinete de Seguridad israelí, el órgano del Gobierno que decide sobre las ofensivas militares y especia de sanedrín de ministros que está al timón de la seguridad del Estado judío, ratificó este pasado miércoles 15 de agosto, según el diario Haaretz, el precario alto al fuego en vigor desde el pasado día 10, al término de los peores enfrentamientos registrados desde el conflicto de 2014.

El cese de hostilidades ha permitido la reapertura completa del puesto fronterizo de Kerem Shalom, cerrado para el paso de mercancías desde el pasado 9 de julio. Más de 700 camiones atravesaron ayer la terminal de carga con material de construcción, productos textiles, pienso para ganado, combustible y otros productos básicos para la maltrecha economía del territorio palestino, sometido al bloqueo israelí y egipcio. El Ejército de Israel había seguido autorizando el paso de alimentos y medicinas por Kerem Shalom, pese a la medida. El Ministerio de Defensa también ha ordenado ampliar la zona de pesca hasta nueve millas náuticas de la costa.

Es de todos conocido que, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, ha proclamado en múltiples ocasiones, que no permitiría la creación de un Estado Palestino ni el desmantelamiento de los asentamientos judíos de Cisjordania, discurso que propició que los votantes más extremistas le concedieran su voto en marzo de 2015.

El giro nacionalista dado por el dirigente conservador del Likud generan preocupación y temor en Europa, al vislumbrar que la solución al conflicto palestino-israelí podría terminar enterrado, aunque la administración de Donald Trump apoya fervientemente a Netanyahu.

Las expectativas de un acuerdo para devolver la calma a la frontera se dispararon después de que Israel permitiera el regreso a la Franja de Saleh al Aruri, número dos de Hamás en el exilio y considerado uno de sus mayores enemigos por el Estado judío, para que pudiese participar en el acuerdo de la hudna. El Gabinete de Seguridad ha estado trabajando a marchas forzadas en busca de acuerdos de paz, una aparente paz en la Franja de Gaza.

Las negociaciones para restablecer la calma y resucitar la economía de Gaza tras cinco meses de tensión letal en la frontera se han visto golpeadas desde comienzos de agosto tras una espiral de ataques de ambas partes. Al tiempo que Egipto trata de mediar con urgencia para establecer una tregua de más largo alcance.

El nuevo elemento que se agrega es el dado por la Administración del presidente Donald Trump, quien acordó el pasado mes de enero congelar una sexta parte de la aportación de su Gobierno a la UNRWA, la agencia de Naciones Unidas especializada que atiende a los refugiados descendientes de las familias desterradas tras el nacimiento de Israel hace 70 años, que significa el equivalente a una tercera parte del presupuesto anual— de la agencia para los refugiados palestinos.

El recorte impuesto por Trump ha estrangulado las finanzas de la UNRWA, que llegaron a acumular un déficit de 446 millones (un 12% del presupuesto), posteriormente reducido a la mitad gracias a las aportaciones de donantes en junio, lo que significa una seria amenaza a la economía de la región, ya que esta agencia da empleo a más de 30 mil personas —solo en la franja de Gaza tiene contratados a cerca de 13 mil trabajadores, entre docentes, personal sanitario y equipos de ayuda humanitaria.

Sami Mshasha, también portavoz de la ONU para los refugiados palestinos, ha asegurado que la agencia “intentará mantener los servicios esenciales a pesar de la crisis financiera”, y en especial tratará de “minimizar el impacto sobre los refugiados que se encuentren en situación más vulnerable en Gaza”.

Desde Israel, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, se ha mostrado partidario de transferir los fondos de la UNRWA al Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados y disolver la agencia. “Solo sirve para perpetuar el problema de los refugiados palestinos y alentar su supuesto derecho de retorno”, argumenta Netanyahu.

Por su parte, la histórica dirigente de la Organización para la Liberación de Palestina Hanan Ashrawi sostiene que EU pretende “convertir en irrelevante” una agencia de la ONU que atiende al sector más necesitado del pueblo palestino. Un asunto que agrega tensión a la geopolítica mundial.

Tiempo al tiempo.

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Jerusalén, un conflicto milenario [OPINIÓN]

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El pasado lunes 14 de mayo del 2018, se conmemoraron 70 años de la creación del Estado de Israel. Muy por el contario de lo que significa para los israelíes, los palestinos conmemoraron, el martes que siguió a esta fecha, lo que llaman la “Naba” o “Catástrofe”, cuando cientos de miles de ellos tuvieron que dejar sus casas tras la creación del Estado judío.

Pero el 14 de mayo de este 2018 será recordado por otro hecho sumamente relevante: el traslado de la embajada de Estados Unidos de Tel Aviv a la ciudad de Jerusalén. Hay que recordar que los palestinos reclaman un Estado propio en Gaza y Cisjordania con capital en Jerusalén Oriental. Por su parte, el Departamento de Estado norteamericano insiste en que el traslado de la sede de su embajada no prejuzga los límites definitivos de la ciudad de Jerusalén. Los israelíes consideran que la Casa Blanca ha reconocido la realidad —a su favor— con el cambio de su embajada, en tanto que los palestinos afirman que Estados Unidos ha perdido su papel de mediador neutral.

Sin embargo, esta decisión, desde que se anunció, ha provocado tensiones en la región, y un rechazo casi generalizado de la comunidad internacional, por lo que, desde finales de marzo dio inicio una ola de protestas contra Israel. La apertura de la embajada norteamericana en Jerusalén ha suscitado masivas manifestaciones en el límite de la franja de Gaza con Israel, que se han saldado hasta ahora con más de un centenar de muertos y unos 10.000 heridos.

Pero a pesar de las protestas, y de la jornada más violenta desde el 2014 en la Franja de Gaza, la apertura oficial de la embajada norteamericana en Jerusalén se desarrolló a primera hora de la tarde de este 14 de mayo en la milenaria “Ciudad de Paz”, mientras proseguían las protestas en Gaza.

La delegación norteamericana que acudió al acto de inauguración estuvo integrada por Ivanka Trump, asesora e hija del presidente Donald Trump. El presidente envió un mensaje en video preparado para el evento. El esposo de Ivanka, Jared Kushner, consejero presidencial, también viajó a Medio Oriente con el secretario del tesoro, Steve Mnuchin, y el subsecretario de estado, John Sullivan. El acto fue encabezado por el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, junto con el presidente del Estado de Israel, Revén Rilan, rodeados todos por enormes pancartas donde se leía la frase: “Trump hace grande a Israel de nuevo”.

Fue así como la embajada de Estados Unidos abrió sus puertas de manera provisional en una oficina consular ya existente en un distrito periférico del sur de la ciudad. La embajada se ubica en plena Línea Verde, la tierra de nadie o zona tapón que separa la parte occidental de Jerusalén —donde Israel instaló su capital tras su nacimiento—, de la zona oriental —con mayoría de población palestina y bajo la administración jordana—, que incluye la Ciudad Vieja y los lugares santos de las tres religiones monoteístas.

Por su parte, el primer ministro palestino, Rama Hádala, condenó el traslado de la embajada de Estados Unidos en la víspera de la Naba. “La Naba representa una serie de tragedias colectivas que se plasmó en la destrucción de al menos 418 poblaciones y el desplazamiento forzoso del 70 por ciento de nuestro pueblo”, aseguró Hádala en un comunicado oficial citado por la agencia de noticias EFE.

El secretario general de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), Sabe Erecta, afirmó que el traslado de la delegación diplomática desde Tel Aviv a Jerusalén, supone “un infame acto hostil contra el derecho internacional y contra el pueblo de Palestina, que coloca a Estados Unidos del lado de la potencia ocupante, Israel”.

Esta complicada situación entre árabes e israelís se presenta cada vez más como un problema sin solución. Aunque ambos lados han transigido en algo con el fin de resolver ciertos aspectos del dilema, la brecha sigue siendo profunda y amplia respecto a muchos puntos fundamentales.

Jerusalén es una ciudad única en el mundo, al igual que el Estado de Israel. Pensemos esto por un momento: cada país tiene el derecho de elegir su propia capital. Sin embargo, ese derecho político básico aplica a todas las naciones sobre la tierra, excepto a una: Israel. Los otros 192 miembros de la ONU eligen sus capitales, y nadie interfiere en esa decisión, pero no en el caso de Israel. Israel encuentra en la posición única de tener su auto declarada capital en Jerusalén, mientras las otras naciones insisten con Tel Aviv como capital del Estado judío. Ahí emplazan sus embajadas y residencias con el fin de tratar de mantener la frágil y débil paz en la ciudad y en la región.

Pero el Estado moderno de Israel reclama a la ciudad de Jerusalén como su capital porque esta ciudad fue la capital de la antigua nación de Israel, bajo el rey David (según lo mencionado en la Biblia en 2 Samuel 5:5; 1 Crónicas 15:1-3). Y así como Estados Unidos ha reconocido oficialmente a Jerusalén como la capital de Israel, otras naciones como Guatemala y Paraguay, han decidido, o están considerando, hacer lo propio y trasladar sus embajadas a la “Ciudad de Paz”.

Conforme los acontecimientos continúan su curso natural, Jerusalén tomará un papel protagónico cada vez mayor en la escena mundial, convirtiéndose en el núcleo de una lucha a muerte por el dominio de la región, siendo esta ciudad pieza clave para el futuro de la humanidad.

Así se trastorna el frágil equilibrio de paz que existe en Jerusalén. Al ver lo que sucede con la decisión del presidente Donald Trump respecto a la embajada de su país en Israel, vemos ante nuestros ojos cómo la línea delgada que nos separa del estallido de un conflicto de proporciones épicas se desdibuja y la tensión aumenta.

Games of Trump [Opinión]

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TEXTO PUBLICADO EL 9 DE DICIEMBRE DE 2017

“Jerusalén es el corazón de una de las más exitosas democracias del mundo, un lugar donde judíos, musulmanes y cristianos pueden vivir según sus creencias. En 1995, el Congreso [de EU] aprobó por abrumadora mayoría reubicar ahí la Embajada, y desde entonces todos los presidentes han aplazado la decisión por miedo a afectar las negociaciones de paz, pero décadas después no estamos más cerca del acuerdo. Este es un paso largamente postergado que permitirá avanzar en el proceso y trabajar en la consecución del pacto. […] Estamos aceptando lo obvio. Israel es una nación soberana y Jerusalén es la sede de su Gobierno, Parlamento y Tribunal Supremo”, así justificó Donald Trump su decisión de reconocer Jerusalén como capital de Israel.

El neoyorkino e inquilino de la Casa Blanca se ha desmarcado de sus antecesores, y de muchos gobernantes en el mundo, ya que si algo está caracterizando su gobierno es que Trump está empeñado en cumplir sus promesas de campaña, algo inusual en los políticos y mandatarios, y fiel a su estilo de prescindir de toda prudencia, y en un gesto de buena voluntad hacia sus votantes más radicales, realiza un anuncio en un momento en que el Medio Oriente es un auténtico barril de pólvora teniendo como marco la guerra de Siria, que está provocando migraciones humanas extremas y movimientos de refugiados, así como tensiones entre sunitas y chiitas, además de un acentuado terrorismo islamista día con día, aunado a los habituales conflictos en Cisjordania y Gaza.

Sin escuchar las quejas y súplicas de líderes políticos y religiosos de todo el mundo, incluida la del Papa Francisco, Donald Trump provoca así abiertamente a la comunidad palestina y, por extensión, a toda la comunidad árabe del Oriente Medio, la zona más convulsa del planeta, por lo que su provocación está marcada por la arbitrariedad y un alto grado de irresponsabilidad, habida cuenta de que el traslado de la Embajada, como señala el propio mandatario norteamericano, “tardará años” en concretarse.

Ningún presidente de los Estados Unidos había decidido trasladar la Embajada norteamericana de Tel Aviv a Jerusalén (como acordó por unanimidad el Congreso estadounidense en 1995), por las tensiones que causaría reconocer esta ciudad como capital de Israel, cuando alberga lugares sagrados no solo del judaísmo, sino también del islam y de distintas ramas del cristianismo. Y porque los palestinos aún reivindican su parte oriental como capital del Estado Palestino que reclaman, pese a que fuera ocupada en 1967, en la Guerra de los Seis Días. La comunidad internacional nunca asumió la soberanía israelí de ese territorio, aunque Rusia reconoció en enero pasado la capitalidad israelí de Jerusalén.

Es así como, Donald Trump ha vuelto a avivar las tensiones en Medio Oriente, y coloca contra la pared a los palestinos, lo que se interpreta como un espaldarazo al mundo árabe y al mismo proceso de paz duradero entre israelís y palestinos que por décadas se ha buscado, lo que sitúa a Estados Unidos en una posición riesgosa, ya sea que se concrete, o no, el traslado de su embajada a Jerusalén.

Es cuestión de tiempo para: 1) Recoger los escombros de una ciudad milenaria que por décadas ha sido testigo del esfuerzo humano por consolidar el Estado de Israel en Palestina a golpe de contiendas y guerras y; 2) Observar la decadencia, hasta ahora impensable, de la nación más poderosa que en aras de buscar “ser grande nuevamente”, se ha cegado por la soberbia de sus líderes ensoberbeciéndose al grado que, sin quererlo ni saberlo, podría acelerar una alianza árabe, hasta hoy día improbable ―según los expertos―, propiciando un eje de contrapeso en Medio Oriente sin precedentes para Europa, Estados Unidos y las renovadas Rusia y China.

Tiempo al tiempo.

Un Medio Oriente inestable amenaza al mundo [Opinión]

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TEXTO PUBLICADO EL 25 DE NOVIEMBRE DE 2017

En el mundo árabe actual, primeramente hay que entender que hay dos grandes rivales: el líder del islam sunita, que es Arabia Saudita, y el líder del islam chiita, que es Irán, estos dos rivales, no son sólo rivales religiosos, sino son rivales geopolíticos, que se encuentran viviendo una especie de “Guerra fría” entre ellos, y su enfrentamiento indirecto tan profundo, se ha manifestado recientemente en eventos como la guerra civil en Siria, en Yemen, o bien Líbano.

Con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, su evidente simpatía por Arabia Saudita (que dejó manifiesta en su última visita a Oriente Medio), y tras tensos acontecimientos desde inicios de noviembre, la escalada de tensión entre Arabia Saudí e Irán ha sido la constante en Oriente Medio, lo que supone un gravísimo riesgo para la estabilidad de la región, y para el mundo entero. El cruce de acusaciones entre Riad y Teherán debe cesar cuanto antes y las grandes potencias aliadas de ambos países deben ejercer la presión necesaria para rebajar una temperatura que se ha disparado peligrosamente a lo largo de las últimas semanas.

En un mundo todavía dependiente del petróleo, Arabia Saudí desempeña un papel crucial al momento de sentar las bases para la estabilidad económica, de lo cual, Riad se ha aprovechado, hasta cierto punto, durante décadas, sin embargo, la inmutabilidad del régimen ha saltado por los aires tras la purga ordenada por el príncipe saudí, y nuevo hombre fuerte del país, Mohamed bin Salmán, que ha ejecutado las órdenes de aprehensión de once príncipes, cuatro ministros en activo y decenas de antiguos ministros, todos ellos acusados de corrupción.

Por otra parte, el aliado iraní, Líbano, salta a escena nuevamente, ya que su primer ministro, Saad Hariri, en vez de comparecer ante su Parlamento, voló a Riad para anunciar su dimisión a través de un vídeo en el que confesaba temer por su vida. Acto seguido, Hezbolá, la milicia proiraní libanesa considerada grupo terrorista por EEUU y la UE —que cuenta con varios miles de militantes armados y ha protagonizado una guerra contra Israel—, acusó a Arabia Saudí de forzar la dimisión del primer ministro libanés.

La respuesta saudí ha sido fulminante: considerará cualquier acción de Hezbolá contra sus intereses como una declaración de guerra de Líbano. Este grupo libanés combate en Siria contra el Estado Islámico junto al Ejército de Asad y miembros de la Guardia Revolucionaria iraní. La victoria de estas fuerzas crearía un corredor chií desde Irán hasta el Mediterráneo, algo que el Gobierno de Jerusalén —empeñado en evitar que Hezbolá reciba de Teherán armas y misiles con los que atacar a Israel— no está dispuesto a permitir, lo que aproxima a israelíes y saudíes, que también recelan del programa nuclear iraní y de la influencia de Teherán en la región.

Si hay una región del mundo en la que las tensiones pueden llevar a conflictos de consecuencias funestas, esa es Medio Oriente. Estados Unidos —principal aliado de Arabia Saudita e Israel— y Rusia —aliado de Irán y Siria—, podrían actuar para rebajar la tensión, aunque bien la injerencia de estas naciones podría desatar más tensión en la región, y la mediación europea está a la puerta, lo que suma más actores en un posible conflicto.

En suma, a cada minuto se va tornando el Medio Oriente más inestable, y la amenaza al mundo, como una posible realidad.

La desolación de “Mi tierra prometida”

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Era el año de 1993 y en Washington, EEUU, se firmaba un acuerdo de paz entre Palestina e Israel, como una forma de declaración sobre  acuerdos provisionales para obtener la autonomía de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), misma que reconocía a Israel y su derecho a existir.

Estos acuerdos fueron signados por hombres que en su mayoría ya no ocupan los mismos cargos dentro de la política actual, han fallecido o en algunos casos fueron asesinados. Mahmoud Abbas, entonces representante de la OLP y desde 2005 presidente de la Autoridad Nacional Palestina; el Ministro de Relaciones Exteriores de Israel, Shimon Peres, y actual presidente de Israel; el exSecretario de Estado de la Unión Americana, Warren Christopher, fallecido en 2011; el canciller ruso Andréi Kozyrev; todos ellos en presencia de Yasser Arafat, de la OLP, fallecido en 2004; Yitzhak Rabin, Primer Ministro de Israel, asesinado en 1995; y el entonces presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton.

Y en un caso curioso, ese mismo año, el director de cine Steven Spielberg, llevó a las salas de cine la historia de los mil doscientos judíos polacos que fueron salvados de morir en el Holocausto por un solo hombre –Oskar Schindler–, considerada una de sus mejores películas, y con la cual ganó seis premios Oscar, incluidos los de mejor guión, película, director y banda sonora: La lista de Schindler, la épica versión cinematográfica basada en un hecho real que se encuentra consignado y documentado en el libro del escritor australiano Thomas Keneally (Sydney, 1935), El arca de Schindler.

Cinco años duró la aparente paz entre los pueblos árabe-israelíes firmada en Washington (1995-1998). Y pese a todo, el boom del Holocausto continúa dando cintas cinematográficas, libros “espectaculares”, entrevistas y una interminable lista de discursos, acuerdos y disculpas; que sólo se quedan en buenas intenciones.

Las negociaciones de paz entre palestinos e israelíes para alcanzar un acuerdo de paz continúan muchos años después de estos buenos intentos, en la actualidad los nombres de los actores son John Kerry, por el lado norteamericano, por Israel Tzipi Livni, y del lado palestino Saeb Erekat, quienes han dicho que están comprometidos para alcanzar tan “anhelado sueño”.

En este marco, la obra de Ari Shavit –influyente periodista del diario Haaretz– Mi tierra prometida (Debate) capta la esencia y el corazón palpitante del Medio Oriente, así como del lugar que allí ocupa Israel, de una forma tan intensa como ningún otro libro lo ha hecho en los últimos años.

A partir de entrevistas, documentos, diarios privados, cartas y de la propia tradición familiar, Ari Shavit ilumina los hitos del siglo sionista y articula una narrativa de grandes dimensiones históricas en torno a la crisis existencial que padece Israel en la actualidad.

Con su prosa provocadora, Shavit desarrolla una iluminadora reflexión sobre las encrucijadas del Estado judío y se formula preguntas clave que arrojan nueva luz sobre el presente: ¿Por qué se constituyó Israel? ¿Cómo se estableció? ¿Puede sobrevivir? He aquí el retrato imprescindible de un país pequeño, convulso, que vive al límite y cuya presencia e identidad desempeñan un papel crucial en el panorama político global.

Ciertamente, todo se desenmascaró durante el siglo XX, donde por lo menos en una ocasión observamos un temible rostro, permitiendo palpar la realidad durante El Holocausto. El soldado se convirtió en asesino profesional; la política, en crimen; el capital, en una gran fábrica equipada con hornos crematorios y destinada a eliminar seres humanos; la ley, en reglas de juego de un juego sucio; la libertad universal, en cárcel de los pueblos; el antisemitismo, en Auschwitz; el sentimiento nacional, en genocidio. En todas partes se trasluce la verdadera intención; los pocos ideales que había, quedaron manchados por la sangre de la cruda realidad.

Y quizás, la situación sea tal como la formuló Franz Kafka: sólo nos queda acabar lo negativo; lo positivo ya nos fue dado por nuestra propia falta de sensibilidad ante la destrucción del hombre hacia el hombre.

Israel y Palestina, hoy, mañana y más allá de mañana se sentarán para dialogar y alcanzar una virtual paz en un conflicto que ya alcanza proporciones mileniales, sin embargo y pese a los esfuerzos de los Estados Unidos, el camino es abrupto, sinuoso y desolador, en el que no he visto… no veo… y ni veré las condiciones para que tan ambicionada paz se alcance.

Por desgracia, la paz y seguridad que en un futuro se pronuncie en aquella región, será el inicio de dolores para los habitantes de Israel, Palestina y la Unión Americana, porque los intereses de los árabes, no son los mismos que el de los judíos, por lo que los norteamericanos están parados en un polvorín en el que el fuego ya ha sido encendido.

Jorge Iván Garduño

@plumavertical

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Este texto ha sido publicado en:

http://efektonoticias.com/cultura/la-desolacion-de-mi-tierra-prometida

En medio de la desolación

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Era el año de 1993 y en Washington, EEUU, se firmaba un acuerdo de paz entre Palestina e Israel, como una forma de declaración sobre  acuerdos provisionales para obtener la autonomía de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), misma que reconocía a Israel y su derecho a existir.

Estos acuerdos fueron signados por hombres que en su mayoría ya no ocupan los mismos cargos dentro de la política actual, han fallecido o en algunos casos fueron asesinados: Mahmoud Abbas, entonces representante de la OLP y desde 2005 presidente de la Autoridad Nacional Palestina; el Ministro de Relaciones Exteriores de Israel, Shimon Peres,  actual presidente de Israel; el ex Secretario de Estado de la Unión Americana, Warren Christopher, fallecido en 2011; el canciller ruso Andréi Kozyrev; además de Yasser Arafat, de la OLP, fallecido en 2004; Yitzhak Rabin, Primer Ministro de Israel, asesinado en 1995; y el entonces presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton.

En un caso curioso, ese mismo año, el director de cine Steven Spielberg, llevó a las salas cinematográficas la historia de los mil doscientos judíos polacos que fueron salvados de morir en el Holocausto por un solo hombre –Oskar Schindler–. Considerada una de sus mejores películas, con la cual ganó seis premios Oscar, incluidos los de mejor guión, película, director y banda sonora: La lista de Schindler, la épica versión cinematográfica basada en un hecho real que se encuentra consignado y documentado en el libro del escritor australiano Thomas Keneally (Sydney, 1935), El arca de Schindler.

Cinco años duró la aparente paz entre los pueblos árabe-israelíes firmada en Washington (1995-1998). Y pese a todo, el boom del Holocausto continúa dando cintas cinematográficas, libros “espectaculares”, entrevistas y una interminable lista de discursos, acuerdos y disculpas; que sólo se quedan en buenas intenciones.

Hace apenas unos días, se informó de las negociaciones entre palestinos e israelíes para alcanzar un acuerdo de paz en los próximos nueve meses, dando pie a que las conversaciones se den para mediados de agosto, todo auspiciado por el actual secretario de Estado de los Estados Unidos, John Kerry, que en su viaje a Medio Oriente asumió su papel de mediador para alcanzar la paz entre la israelí Tzipi Livni y el palestino Saeb Erekat, quienes se comprometieron para alcanzar tan “anhelado sueño”.

Sin embargo, aunque para todos es un tema urgente, considero que las fricciones en Medio Oriente proseguirán en el futuro cercano, pues nada ha cambiado desde 1993 o previo a esa fecha. El antisemitismo está más vivo que nunca, sólo que se encuentra políticamente “maquillado”, a pesar de que los dirigentes no lo acepten abiertamente, hay un odio que va creciendo paulatinamente y al final, por más “Oskares Schindler” que aparezcan, nada será suficiente para acallar el odio exacerbado que entre esos dos pueblos hermanos existe.

Ciertamente, todo se desenmascaró durante el siglo XX, cuando por lo menos en una ocasión observamos un temible rostro, permitiendo palpar la realidad durante El Holocausto. El soldado se convirtió en asesino profesional; la política, en crimen; el capital, en una gran fábrica equipada con hornos crematorios y destinada a eliminar seres humanos; la ley, en reglas de juego de un juego sucio; la libertad universal, en cárcel de los pueblos; el antisemitismo, en Auschwitz; el sentimiento nacional, en genocidio. En todas partes se trasluce la verdadera intención; los pocos ideales que había quedaron manchados por la sangre de la cruda realidad.

Y quizás la situación sea tal como la formuló Franz Kafka: sólo nos queda acabar con lo negativo; lo positivo ya lo eliminamos por nuestra propia falta de sensibilidad ante la destrucción del hombre hacia el hombre.

Israel y Palestina nuevamente se sentarán para dialogar y alcanzar la paz en un conflicto que ya alcanza proporciones mileniales, sin embargo y pese a los esfuerzos de los Estados Unidos, el camino es abrupto, sinuoso y desolador, en el que no he visto… no veo… ni veré las condiciones para que tan ambicionada paz se alcance.

Por desgracia, la paz y seguridad que en un futuro se pronuncien en aquella región, serán el inicio de dolores para los habitantes de Israel, Palestina y la Unión Americana, porque los intereses de los árabes, no son los mismos que los de los judíos, por lo que los norteamericanos están parados en un polvorín en el que el fuego ya ha sido encendido.

Jorge Iván Garduño
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