Archivo de la etiqueta: Periodista

Prensa bajo fuego [Opinión]

Estándar

TEXTO PUBLICADO EL 24 DE MARZO DE 2017.

En tan sólo tres semanas, tres periodistas mexicanos han sido ejecutados. Ayer por la mañana, Miroslava Breach fue ejecutada frente a su domicilio en la ciudad de Chihuahua; recibió ocho impactos de bala calibre .38. Perdió la vida mientras era trasladada al hospital.

Breach trabajaba como corresponsal de los periódicos La Jornada y Norte de Ciudad Juárez, y su trabajo se especializaba en investigaciones sobre temas de seguridad y política.

Este asesinato se produce tan sólo cuatro días después del ataque contra Ricardo Monlui, otro periodista que murió a tiros en Veracruz el pasado 19 de marzo. También se suma al de Cecilio Pineda, un periodista de Guerrero, quien fue ejecutado el pasado 2 de marzo. Con el asesinato de Miroslava Breach suman ya 30 periodistas asesinados de diciembre de 2012 a la fecha.

Estos asesinatos son penosos, dolosos y culposos, porque nuestro país sigue ocupando los primeros lugares donde ejercer el periodismo es una profesión de alto riesgo, pese a la existencia del Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas.

Nuestro compromiso como sociedad o gobierno debería ser el de apoyar y expandir la libertad de prensa y el libre intercambio de información en la era digital del siglo XXI. Juntos podemos forjar una visión que asegure la libertad de expresión y garantice el avance de México en búsqueda de un mejor gobierno y sociedad.

La labor de ofrecer noticias y análisis es de suma importancia, ya que el oficio periodístico permite al ciudadano informarse sobre los acontecimientos más relevantes de su comunidad, país y el mundo, obteniendo así los elementos necesarios para ejercer nuestras responsabilidades como ciudadanos, pues una democracia auténtica es imposible de lograr si no hay organizaciones dedicadas a divulgar las noticias.

Anuncios

La carta de Aurora

Estándar

Ya es medianoche. Llego al cuarto que rento por mil quinientos pesos al mes en las afueras de la ciudad; la fachada del edificio está desgastada, y da la impresión que únicamente un par de gatos viejos, escombros, polvo y fierro oxidado habitan el lugar. Busco la llave, la introduzco, giro la chapa, me desquicia el chirrido de la puerta que más parece le disgusta que entre.

Con pasos que intento sean silenciosos subo por la escalera, sin embargo la madera vieja se encarga de delatar mi presencia y borrar cualquier indicio que hable de mi cautela. Llego a la azotea. Hay un viento helado que me despeina y enfría mi cara y manos.

Hurgo en mis bolsillos para tomar la llave con forma de rombo de mi apartamento.

Un trozo de papel muy bien doblado en forma de carta fue introducido por debajo de la puerta en mi ausencia, que al entrar a mi pequeño ‘hogar’ me da inmóvil la bienvenida.

Imagino de quién puede ser, aunque no cómo llegó aquí la misiva. No había tenido noticias suyas desde que partió a los Balcanes hace ya ocho meses cuando huía de Antonio, el padre de su hijo. En un par de años solamente intercambiamos algo de correspondencia sin mayor importancia.

¿Será posible que haya regresado?… por supuesto, reconozco esa manera de doblar una hoja, es inconfundible, sólo ella lo hace de esa forma tan estilizada a manera de flor como aquella primera ocasión en el colegio en las que me confesaba sus travesuras de adolescente.

Continúo observando. Ese trozo blanco de papel me grita que su remitente me necesita, tal vez tanto como yo a ella.

No sé, quizá pasada la medianoche saldré a buscarla, y en está ocasión sí pueda mirarla a los ojos y decirle que la amo.

Jorge Iván Garduño
@plumavertical

Sociedad herida

Estándar

Indagando por los rincones de mi mente,

Voy descubriendo resplandores de lucidez,

Una lucidez aterradora,

avasallante,

Que pretende subyugar mi mente y mi cuerpo

A un mundo estridente.

 

De pronto te das cuenta de lo infinitesimal del espacio,

De la nada que se vuelve la materia,

Del vacío que va creando el ser humano de su vida;

¡para!,

¡detente!,

¡no sigas!

Se me aturde la cabeza de tanta vaguedad.

 

El despertar a la llamada realidad,

Nos vuelve conscientes de lo absurdo,

Tonto y estúpido que es la materia vuelta sociedad

Y que algunos llaman

capitalismo,

socialismo,

neoliberalismo,

O nombre parecido sólo para saciar su sed de poder, y

anarquismo.

 

A Juan de la Selva

Jorge Iván Garduño
@plumavertical

Suspiro de luz

Estándar

Un tenue suspiro de luz se filtra por la ventana que apenas si deja pasar la gruesa cortina, esto, aunque no permite iluminar la habitación, sí nos concede distinguir las sombras frías, grises y alargadas de los objetos que nos recrean un paisaje que bien parece sacado de un fresco de Piero Della Francesca.

Se vierte en una taza un líquido blanco y cremoso como cada mañana, deteniéndose un par de centímetros previos al borde. Se eleva el caliente vapor como un camino que en su intento por alcanzar el cielo es detenido por el mugroso techo. La bebida de Don Antonio López Trejo está lista.

Jorge Iván Garduño
@plumavertical

Bella alma mía

Estándar

Duermes,

Cobijada por mis manos,

Has caído en un profundo sueño,

Me recuerdas a ese cuento,

Que las mamás te leen de pequeño,

Mi durmiente amada,

Tanta medicina hace que pierdas tu alegría,

Entiendo que no soy ese caballero

que viene a rescatarte con espada afilada,

Ni tampoco el príncipe azul del cuento

que ha vencido dragones

ciclones

o escalado lo más alto de diez mil torres,

Eres mi bella amada,

Y yo sólo un hombre que te ama,

Que escalaria veinte mil torres,

Atravesaría cien ciclones,

Y me enfrentaría a todos los dragones,

No por ser el principe azul de un cuento,

O el valiente caballero

que nunca nada

ni nadie le puede hacer nada,

Sino el hombre que quiere compartir mil batallas,

Junto a la mujer que sueña,

No con su principe azul o valiente caballero

Sino con el verdadero hombre que

comparta y haga suyas

sus batallas.

12:5315072010

@plumavertical

Memoria infinita [Para Gabriel García Márquez]

Estándar

Recuerdo tu rostro,

Ese rostro sonriente, avispado,

Que inevitablemente al correr de los años deja su huella imborrable

 

Como tantas huellas dejas tú

Por las calles de Cartagena

De tu hermosa Colombia

 

Y en nuestros corazones de quienes somos tus fieles lectores

Cómo poder olvidar ese extraño lugar llamado Macondo

En el que las mariposas amarillas revolotean libres

Y se posan sobre la casa de los Buendía:

Úrsula, Aureliano o Amaranta

 

Cien años de soledad pueblan este inmenso espacio

Y sí… confirmado está

Tus recuerdos se retiran del escenario

Me entristece saber que nos vas a olvidar

Y ahora nos tocará a nosotros a ti diariamente la historia volver a contar

 

Pienso que dejaste en tus libros tu memoria

Una memoria infinita, vasta,

Que con cada línea trazada

A cada palabra plasmada

Con cada obra publicada

Nos obsequiaste lo más entrañable de tu alma

 

Gracias maestro

Con profundo respeto

Para ti

Gabo.

Jorge Iván Garduño
Versalles, Ciudad de México
@plumavertical

Días de guardar

Estándar

Como un suspiro que se destroza con el viento

La carne trémula de nuestros años

Se desgarra pidiendo libertad

Encadenando mis manos a mi cuerpo

Mi corazón a mi pecho

Y mis pies enraizados al suelo

Me rebelo a mis sentimientos

Y mi alma se perturba con tu adiós

Se quiebra nuestra voz

Tus palabras no dicen lo que tu alma calla

Tu silencio habla lo que callan tus palabras

Percibo ese débil susurro desahuciado

En lo que se ha convertido nuestro diálogo

Una escena brutal de dos amantes sospechosos

Que se retiran por caminos solitarios

La mirada atraviesa el alma

Como el sendero que el relámpago ilumina

Haciendo que tiemble tu corazón de niña

Y mi mano se anime a tu mejilla acariciar

Acercando mi cuerpo ¡quiero gritar!

Pedirte que te quedes por lo menos un día más

No puedo articular muchas palabras

En los últimos años me has estropeado

Con el danzar de tus caderas

El movimiento de tus piernas

Y el exuberante sabor de tu cuerpo almendrado

Intenso aroma en la habitación deja tu cabello

Como el camino que marca en el desierto un camello

O la mujer que se impregna en el corazón del hombre como sello

Esta llama se apaga y ya brinda el último destello

Me alejo con convicción

Desterrado pero con la mirada al sol

Tranquilo, emocionado, recordando lo que fue nuestra canción

Las hojas del otoño danzan por mi rostro

Mis zapatos a cada paso se ensucian con el polvo

Brinco uno, dos, tres charcos

Ya te dije adiós.

@plumavertical

La Fuga [Fragmento]

Estándar

–Silencio– dice el muchacho con voz entrecortada.

Avanza con lentitud y el corazón palpitante por un callejón estrecho, mientras que por los flancos se elevan grandes estructuras de departamentos que imponentes hacen sentir su aplastante presencia.

Luego de varias horas de una lluvia intensa en la ciudad, la negrura de la piedra de la que está formado el suelo, sustenta ya grandes, ya pequeños charcos de agua.

Es casi media noche… el ambiente está en calma y prácticamente es posible respirar –si fuera esto posible– un silencio abrumador.

Sopla un viento frío que como olas en el mar embravecido rompe sobre la piel del muchacho, al tiempo que un anciano permanece recargado, exhausto, sobre el dintel de una casa ubicada al inicio del callejón. El endeble viejo observa con vista cansada el camino que le espera por delante, sin ánimos de adentrarse a ese lugar hostil.

Sin energía, el joven hace un esfuerzo por animar a su viejo amigo posando su mano derecha sobre la espalda de éste y al instante advierte la humedad de las ropas de su compañero. ¿Pero, cómo es esto posible?, se pregunta el muchacho, y es que se resguardaron del torrente.

Nuevamente repite el movimiento, el roce en esta ocasión resulta más prolongado, lo que le permite percatarse de que esa humedad no es producto de la llovizna… es sudor, sudor que brota de esa piel longeva mal oliente por la excitación del momento… está empapado, hirviendo en sudor salado.

Avanzan más deprisa -deben seguir, el chico lo sabe bien-, si no se apresuran en breve les darán alcance y será en vano todo esfuerzo hasta este momento realizado.

El abuelo se abre paso a través del solitario callejón, por su mente deambulan rostros abatidos, indiferentes, tal parece ser una premonición sicalíptica; apoya su peso sobre su amigo recargando una mano sobre él, mientras desliza con suavidad la otra por la rugosa piedra que conforma la pared del lugar.

Sin la velocidad esperada, se internan en un herrumbroso paisaje dominado por sombras disonantes que se cruzan en su camino buscando ser cómplices de estas almas prófugas, mas sus perfectas antagonistas resultan ser tres grandes bombillas industriales que se levantan aproximadamente cinco metros por encima de ellos, dos a su derecha y una a la izquierda, frente a ellos.

Tres atalayas que observan cada uno de los movimientos permitiéndoles que se acerquen para -en el momento indicado- aplastarlos sin conmiseración.

Con pequeños y muy breves pasos, ahora avanzan pausadamente hasta donde les permiten sus pies entumecidos continuar su periplo. El agua se filtra ya por el par de zapatos del más joven, y las mejillas de su compañero comienzan a ceder al frío, al tiempo que las narices de ambos han sucumbido al aire helado que como vidrio cortante se quiebra frente a sus rostros.

A cada respiro se saben acorralados, sienten en el fondo de sus pechos el cruel efecto vibratorio de los pasos de aquellos a quienes tanto temen.

Jorge Iván Garduño
@plumavertical
 

Su boca es fuego

Estándar

Las llagas en su boca son notorias.
Busca un lugar dónde pasar la noche.
Y es que hace un par de años conoció a una mujer, y hoy tiene que mantener a un bebe y a la madre de éste… y son ellos quienes lo observan desde la banqueta protegidos por la noche y por un viejo árbol que es su cómplice al resguardarlos de las lacerantes luces de los vehículos que presurosos pretenden cruzar la avenida Reforma.
La luz escarlata indica “alto”.
El hombre, de aproximadamente treinta años y de ojos negros, aprovecha para presentarse frente a los automovilistas que se detuvieron por la indicación del semáforo.
Continúa… levanta las manos… balbucea algunas palabras que nadie escucha… muestra a su indiferente público un par de objetos. Es como si sus movimientos los tuviera ya bien ensayados, producto del paso del tiempo practicándolos.
Mi mirada se complace al observarlo…
Ingiere una infusión.
Aproxima a su rostro la luz ardiente que su mano izquierda sostiene…
Escupe el líquido ingerido, como si de ello dependiera la vida…
Y una enorme, grande bola de fuego cubre al hombre.

@plumavertical