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De la mafia psicotónica a la poesía disonante

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¿Qué tienen en común la gastronomía, la mafia y la poesía?

En un primer momento tal vez uno piense que no mucho, pero en primer lugar la gastronomía y la mafia han sido fundidos de manera magistral en un libro que deleitará por igual a gourmets como a los amantes de la historia.

La mafia se sienta a la mesa (Marginales Tusquets), es una original publicación que se convierte en una serie de recomendaciones gastronómicas que resultan ser un viaje culinario magnífico para el lector, y que los amantes de la historia amarán, ya que además aporta mucho al conocimiento de la buena y alta cocina.

En La Mafia se sienta a la mesa se describen las comidas que ocupan un lugar preeminente en la gastronomía mafiosa, como la organizada para preparar el desembarco de Garibaldi en Marsella en 1860 o la que celebraba la «toma» del Bronx por Maranzano. Así, entre bocado y bocado, los nombres de Mussolini, Roosevelt, Churchill y Sinatra se mezclan con los de Don Vito, Calogero Vizzini o Lucky Luciano en este suculento libro que, para satisfacción de los gourmets, ofrece los menús, las recetas y los vinos de los festines mafiosos más relevantes.

Suena delicioso ¿verdad?

Pues bien, es así como el lector se sumergirá en el trepidante mundo de la cocina de la mafia y con el competitivo mundo de la alta cocina, la fama, la vanidad, la ambición y la exclusividad culinaria.

De lectura ágil, La mafia se sienta a la mesa es un libro entretenido, que apuesta por un público amante de los libros policiacos y de la alta cocina, pero que buscan algo novedoso, divertido y singular. Sin duda esta obra lo logra con creces.

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Pero, ¿y la poesía?

La poesía, al igual que la comida, entra por el gusto, por el suave deleite de cada uno de sus ingredientes, acaricia el corazón de manera suave, y así, el artista, el poeta nos invita a perdernos con su manjar de letras y sentimientos.

Rodolfo Naró (Tequila, Jalisco, 1967) publica en Planeta Lo que dejó tu adiós, una serie de poemas nostálgicos una obra que destaca por el cuidado, elaboración, diseño, transportando al lector con el alma de sus letras a la remembranza por un mundo dejado en el pasado pero que la nostalgia y la memoria traen a un presente solitario, ya que en el silencio y la meditación es preferible leer en voz alta estos poemas.

Lo que dejó tu adiós nos ofrece el trabajo de un poeta consolidado en uno de los géneros más complicados de la literatura que es la poesía, porque si bien algunos erróneamente la consideran este género excluido de las letras, esta labor brinda equilibrio y dedicación al trabajo literario desde lo más profundo del sentimiento de su creador.

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Una obra más que recomendable ya que nos permite conocer el trabajo poético de una de las voces más destacadas y autorizadas del género que las letras mexicanas poseen.

La mafia se sienta a la mesa y Lo que dejó tu adiós, dos obras fundamentales que te recomiendo leer.

@plumavertical

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“Mujer en sueño y otros poemas”, obra del magistral poeta Ludwig Zeller

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Tocando el corazón de manera suave, el artista visual y poeta surrealista chileno radicado en México desde hace muchos años, Ludwig Zeller (Chile, 1927), reedita su poemario Mujer en sueño (1975) acompañado de una serie de poemas nostálgicos publicados por la editorial Almadia, una obra que destaca por el cuidado, elaboración, diseño, que no era de esperar menos para una obra que lleva el nombre de Zeller.

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Ludwig Zeller transporta al lector con el alma de sus letras a la remembranza por un mundo dejado en el pasado pero que la nostalgia y la memoria traen a un presente solitario, ya que en el silencio y la meditación es preferible leer en voz alta estos poemas.

Mujer en sueño y otros poemas nos ofrece el trabajo de un poeta consolidado en uno de los géneros más complicados de la literatura que es la poesía, porque si bien algunos erróneamente la consideran excluida de la literatura, esta labor brinda equilibrio y dedicación al trabajo literario desde lo más profundo del sentimiento de su creador.

Una obra más que recomendable ya que nos permite conocer el trabajo poético de una de las voces más destacadas y autorizadas del género, y que editoriales como Almadia difunden sobriamente su obra.

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Insomnio con escamas

Un pez cruza mi sueño cada noche

Y abre un túnel de incienso en las almohadas,

Sobre el vidrio que es piel, que corta el aire

Pega después sus párpados, escucha: las aguas me rodean

De una a otra pared siento temblar sus hojas cristalinas.

¿Todo está aquí? ¡Respóndeme! Ola de vientre

Oscuro, signos que alguien dibuja allá en el fondo

Como estrías del mismo espejo siempre.

Si venimos del pez, del hueso ardiente

Empeñado en abrirse en sus espinas, si no hay piedad

Si en el estanque pasan la red día tras día,

¿En dónde están los ojos que nos miran, en dónde la raíz

De ese lamento, las ascuas del insomnio en las agallas

Que se inflan, se prolongan, buscan un metal frío?

De ese país que lentamente se alza en las paredes

Secas del día y las semanas salen a recibirme las escamas,

Me incorporo entre llagas, pregunto por amigos

Que no existen, que son polvo molido por la lluvia,

Me pesa cada trozo, cada porción del alma que recuerdo.

¿Estáis allí?, pregunto. ¿Estáis allí? Invisibles

Golpean las agujas en el telar sediento

De la imagen y los vidrios se quiebran, se endurecen

Sobre la cicatriz de la corriente. Veo lágrimas

En el rostro final, el pez que vuelve cada noche en sangre

Que respira en mi almohada, que se quema en mi oxígeno

Y despierta…

Tras el vidrio estoy solo,

Tal vez en otro sueño, dando gritos.

Jorge Iván Garduño

@plumavertical

Este texto ha sido publicado en:

http://efektonoticias.com/noticias/espectaculos/mujer-en-sueno-y-otros-poemas-obra-del-magistral-poeta-ludwig-zeller

“Los días que no se nombran. Antología personal” de José Emilio Pacheco

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El libro póstumo de José Emilio Pacheco, Los días que se nombran. Antología Personal (Ediciones Era), es una amplia puerta de acceso a la obra poética de este escritor mexicano.

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Siendo una compilación de más de 200 poemas entre los años de 1958 a 2009 que el propio José Emilio Pacheco seleccionó en vida y que planeaba presentar como una actualización de su poesía, pero tras su muerte se ha convertido en el primer homenaje editorial al autor.

La idea de los editores al concebir esta obra, es la de acercar a un público distinto, un público joven a los temas que el escritor mexicano plasmó en su obra poética y a los principales registros poéticos.

La selección de poemas que reúne la antología se divide cronológicamente. Los primeros poemas de Pacheco (de 1958 a 1966) quedaron más atentos a la naturaleza, emociones humanas y a la historia; los siguientes (de 1969 a 1983) cada vez más preocupados por la política, equidad, justicia y por hablar en nombre de todo aquello que no tiene una voz.

Los últimos poemas (1986-2009) son de una intensidad narrativa más elocuente, como si hablaran otros personajes desde otros tiempos, desde otros lugares, siendo la transparencia y la sintética, elementos que destacan entre líneas.

La consecuencia de los actos a través del tiempo, son una de las constantes que hay en la poesía de José Emilio Pacheco, y que se define como una especie de filosofía breve, cotidiana y muy útil para comprender un espíritu joven de algunas de las realidades humanas.

Los días que no se nombran. Antología personal incluye poemas de las obras Los elementos de la noche (1958-1962), No me preguntes cómo pasa el tiempo (1964-1968), Islas a la deriva (1973-1975), El silencio de la luna (1985-1996) y La edad de las tinieblas (2002-2009).

Jorge Iván Garduño

@plumavertical

Este texto ha sido publicado en:

http://efektonoticias.com/noticias/mexico/los-dias-que-no-se-nombran-antologia-personal-de-jose-emilio-pacheco

“Tiempo en vuelo”, poemario de Francisco Alcaraz

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Tocando el corazón de manera suave, Francisco Alcaraz (Culiacán, Sinaloa, 1979) llega con Tiempo en vuelo una serie de 34 poemas nostálgicos publicados por la editorial Buró Blanco bajo el sello Posdata Editores en la colección Lágrima de Batavia, en una edición en que cabe destacar su cuidado y elaboración.

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Alcaraz transporta al lector con el alma de sus letras a la remembranza por un mundo dejado en el pasado pero que la nostalgia y la memoria traen a un presente solitario, ya que en el silencio y la meditación es preferible leer en voz alta estos poemas.

Tiempo en vuelo nos ofrece el trabajo de un poeta que está consolidándose en una de los géneros más difíciles que es la poesía, porque si bien algunos erróneamente la consideran excluida de la literatura, esta labor brinda equilibrio y dedicación al trabajo literario desde lo más profundo del sentimiento de su creador.

Una obra recomendable para conocer el trabajo poético de una nueva generación especializada en este género que ha sido de los más recurridos por los grandes escritores y artísticas, senderos que Francisco Alcaraz transita con excelente pericia.

 

Tengo un pasado y un futuro

para tirarlos por la borda.

Tengo edad de merecer, pero nada

merezco  todavía. Una edad de pesadilla,

como la Navidad en que despierto

y no sé distinguir si a la distancia

el sol nace o se oculta,

y me lleno de espanto

de sólo imaginar que duermo

a esa hora por nadie establecida,

pero cierta, en que mi hermano abre

los regalos en mi ausencia.

 

Fragmento de  Igual que este verano

Jorge Iván Garduño
@plumavertical

Bella alma mía

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Duermes,

Cobijada por mis manos,

Has caído en un profundo sueño,

Me recuerdas a ese cuento,

Que las mamás te leen de pequeño,

Mi durmiente amada,

Tanta medicina hace que pierdas tu alegría,

Entiendo que no soy ese caballero

que viene a rescatarte con espada afilada,

Ni tampoco el príncipe azul del cuento

que ha vencido dragones

ciclones

o escalado lo más alto de diez mil torres,

Eres mi bella amada,

Y yo sólo un hombre que te ama,

Que escalaria veinte mil torres,

Atravesaría cien ciclones,

Y me enfrentaría a todos los dragones,

No por ser el principe azul de un cuento,

O el valiente caballero

que nunca nada

ni nadie le puede hacer nada,

Sino el hombre que quiere compartir mil batallas,

Junto a la mujer que sueña,

No con su principe azul o valiente caballero

Sino con el verdadero hombre que

comparta y haga suyas

sus batallas.

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@plumavertical

Días de guardar

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Como un suspiro que se destroza con el viento

La carne trémula de nuestros años

Se desgarra pidiendo libertad

Encadenando mis manos a mi cuerpo

Mi corazón a mi pecho

Y mis pies enraizados al suelo

Me rebelo a mis sentimientos

Y mi alma se perturba con tu adiós

Se quiebra nuestra voz

Tus palabras no dicen lo que tu alma calla

Tu silencio habla lo que callan tus palabras

Percibo ese débil susurro desahuciado

En lo que se ha convertido nuestro diálogo

Una escena brutal de dos amantes sospechosos

Que se retiran por caminos solitarios

La mirada atraviesa el alma

Como el sendero que el relámpago ilumina

Haciendo que tiemble tu corazón de niña

Y mi mano se anime a tu mejilla acariciar

Acercando mi cuerpo ¡quiero gritar!

Pedirte que te quedes por lo menos un día más

No puedo articular muchas palabras

En los últimos años me has estropeado

Con el danzar de tus caderas

El movimiento de tus piernas

Y el exuberante sabor de tu cuerpo almendrado

Intenso aroma en la habitación deja tu cabello

Como el camino que marca en el desierto un camello

O la mujer que se impregna en el corazón del hombre como sello

Esta llama se apaga y ya brinda el último destello

Me alejo con convicción

Desterrado pero con la mirada al sol

Tranquilo, emocionado, recordando lo que fue nuestra canción

Las hojas del otoño danzan por mi rostro

Mis zapatos a cada paso se ensucian con el polvo

Brinco uno, dos, tres charcos

Ya te dije adiós.

@plumavertical

La Fuga [Fragmento]

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–Silencio– dice el muchacho con voz entrecortada.

Avanza con lentitud y el corazón palpitante por un callejón estrecho, mientras que por los flancos se elevan grandes estructuras de departamentos que imponentes hacen sentir su aplastante presencia.

Luego de varias horas de una lluvia intensa en la ciudad, la negrura de la piedra de la que está formado el suelo, sustenta ya grandes, ya pequeños charcos de agua.

Es casi media noche… el ambiente está en calma y prácticamente es posible respirar –si fuera esto posible– un silencio abrumador.

Sopla un viento frío que como olas en el mar embravecido rompe sobre la piel del muchacho, al tiempo que un anciano permanece recargado, exhausto, sobre el dintel de una casa ubicada al inicio del callejón. El endeble viejo observa con vista cansada el camino que le espera por delante, sin ánimos de adentrarse a ese lugar hostil.

Sin energía, el joven hace un esfuerzo por animar a su viejo amigo posando su mano derecha sobre la espalda de éste y al instante advierte la humedad de las ropas de su compañero. ¿Pero, cómo es esto posible?, se pregunta el muchacho, y es que se resguardaron del torrente.

Nuevamente repite el movimiento, el roce en esta ocasión resulta más prolongado, lo que le permite percatarse de que esa humedad no es producto de la llovizna… es sudor, sudor que brota de esa piel longeva mal oliente por la excitación del momento… está empapado, hirviendo en sudor salado.

Avanzan más deprisa -deben seguir, el chico lo sabe bien-, si no se apresuran en breve les darán alcance y será en vano todo esfuerzo hasta este momento realizado.

El abuelo se abre paso a través del solitario callejón, por su mente deambulan rostros abatidos, indiferentes, tal parece ser una premonición sicalíptica; apoya su peso sobre su amigo recargando una mano sobre él, mientras desliza con suavidad la otra por la rugosa piedra que conforma la pared del lugar.

Sin la velocidad esperada, se internan en un herrumbroso paisaje dominado por sombras disonantes que se cruzan en su camino buscando ser cómplices de estas almas prófugas, mas sus perfectas antagonistas resultan ser tres grandes bombillas industriales que se levantan aproximadamente cinco metros por encima de ellos, dos a su derecha y una a la izquierda, frente a ellos.

Tres atalayas que observan cada uno de los movimientos permitiéndoles que se acerquen para -en el momento indicado- aplastarlos sin conmiseración.

Con pequeños y muy breves pasos, ahora avanzan pausadamente hasta donde les permiten sus pies entumecidos continuar su periplo. El agua se filtra ya por el par de zapatos del más joven, y las mejillas de su compañero comienzan a ceder al frío, al tiempo que las narices de ambos han sucumbido al aire helado que como vidrio cortante se quiebra frente a sus rostros.

A cada respiro se saben acorralados, sienten en el fondo de sus pechos el cruel efecto vibratorio de los pasos de aquellos a quienes tanto temen.

Jorge Iván Garduño
@plumavertical